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Sobrehumanos

Superhumanos Ilustración Emiliano Bruner.
Ilustración: Emiliano Bruner.

El ser humano debe gran parte de sus asombrosas capacidades mentales a su imaginación visual, que le permite proyectar imágenes en el pasado y en el futuro, recordando y prediciendo eventos, reales o ficticios. Además, tiene la capacidad de organizar su pensamiento en una estructura lingüística, una poderosa herramienta que le permite contar una y otra vez, verbal o mentalmente, todo lo que ha pasado, así como todo lo que nunca pasó. Imágenes y palabras generan, en nuestra cabeza, una biblioteca de Babel, un repositorio infinito de todo lo que conocemos, de lo que recordamos y de lo que podemos imaginar, lo real y lo irreal, las verdades y las mentiras, los hechos y todos sus contrarios. Y, dado que una imagen o una palabra no tienen peso ni ocupan lugar, todas las posibles combinaciones de imágenes y palabras acaban teniendo, a nivel mental, la misma importancia, o por lo menos la misma capacidad de influir y afectar a nuestros pensamientos.

Este gran superpoder de los humanos es, a la vez, su maldición, porque, como todos los superpoderes, es difícil de controlar, y es fácil no saber medir su alcance, sus efectos, ni sus consecuencias. Así que los recuerdos se vuelven angustias y tristezas, y las predicciones se vuelven miedos, incertidumbres y ansiedad. Imágenes y palabras sustentan y nutren un parloteo interior del que es muy difícil escaparse, rumiaciones que acaban generando infelicidad. De ahí que todas las culturas y las sociedades humanas hayan coincidido, desde siempre, en reconocer un elemento básico de nuestra naturaleza: el sufrimiento.

Las tradiciones orientales, los estoicos, o los filósofos modernos coinciden en que el sufrimiento está implícito en nuestra especie, a raíz de un presente agobiado y empequeñecido por el efecto desbordante de un pasado que ya ha pasado y de un futuro que todavía no ha ocurrido. No es casual que, entre los pocos comportamientos que nos diferencian cualitativamente de otros primates, están el llanto y el suicidio. La pandemia de ansiedad, estrés y depresión empezó con el origen de nuestro mismo linaje y, a pesar de que muchas tradiciones filosóficas y espirituales hayan ofrecido un amplio abanico de posibles curas y tratamientos, sigue devastando sin remedio.

Hoy en día se puede quizá tener la cuenta de sus efectos gracias a indicadores cuantitativos (la venta de psicofármacos y las ganancias de los profesionales de la salud mental), pero con toda probabilidad, y a juzgar por los registros históricos, todo ello siempre ha estado ahí, más o menos tapado, ignorado o indocumentado por limitaciones y convenciones culturales propias de cada época.

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7 comentarios

  1. Dos ideas:
    ¿El gran desarrollo de los lóbulos parietales nos dotan de un gran superpoder, tal como lo defines, al ser capaz de proyectar en imágenes visuales del futuro y recordar imágenes del pasado o en realidad es más bien un defecto de un musculo llamado cerebro con unas capacidades limitadas (como cualquier otro musculo corporal) de concentración para percibir el presente, el aquí a ahora?. Al darle tanta importancia a la meditación (una técnica de concentración) creo que ya estas dando una respuesta: el cerebro no tiene superpoder alguno y solo con las tecnicas que aprendemos en el medioambiente social tal como la meditación o las tecnicas de concentración occidetales logramos manejarlo un poco.
    ¿Cuanto tiene que ver en las visualizaciones del futuro y el pasado la existencia de otro órgano limitado tal como los ojos?. Ojos con múltiples carencias para la percepción visual fija tales como movimiento constante, parpadeos, cortes de percepción, imagen borrosa fuera de la pupila, etc.. lo que nos da una capacidad limitada de tiempo , de escasos minutos, de percepción visual de lo que tenemos delante de nuestros ojos, lo cual nos obliga a »abandonar» indeseadamente la visión externa actual y crear visualizaciones momentáneas de imágenes del futuro y del pasado.

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