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Carlos Alcaraz, Iga Swiatek y casi todo lo que nos dejó la temporada 2022 en el mundo del tenis

Iga Swiatek. Foto Cordon Press. alcaraz
Iga Swiatek. Foto: Cordon Press.

Diecinueve años después (Andy Roddick, 2003), un tenista fuera del llamado Big 4 (Nadal, Djokovic, Federer, Murray) ha conseguido acabar la temporada como número uno del mundo. Carlos Alcaraz, a sus diecinueve años, no solo se ha consolidado como el más regular de la temporada, sino que ha conseguido su primer grande en el US Open, el más joven en conseguirlo desde Pete Sampras en 1990. Si a eso le sumamos la irrupción del danés Holger Rüne, número once del mundo y una semana mayor que el español, la consolidación de Felix Auger-Aliassime a los veintidós años, los destellos de Musetti (veinte), Sinner (veintiuno) o la formidable temporada de Casper Ruud (finalista de Roland Garros, el US Open y las ATP FInals a los veintitrés), uno podría sentirse tentado de calificar 2022 como «el año del relevo». Sin embargo, no conviene ir tan rápido.

Es cierto que, de los tres grandes tiranos de las últimas dos décadas del tenis, uno ya ha anunciado su retirada a los cuarenta y un años, Roger Federer. Ahora bien, eso no quita para constatar que Novak Djokovic y Rafael Nadal han ganado tres de los cuatro grandes de este año, más las ATP Finals. Prácticamente, todo lo que han jugado sanos se lo han llevado. Pese a no poder jugar en Australia, Indian Wells, Miami, Montreal, Cincinnati y el US Open por problemas burocráticos derivados de su negativa a vacunarse contra el coronavirus, Djokovic ha acabado el año número cinco del mundo… y eso que no le han contado los 2000 puntos por ganar Wimbledon. En ese caso, directamente, habría sido top 3.

Por su parte, Rafael Nadal empezó el año ganando veinte partidos consecutivos y enlazando triunfos en Melbourne, Open de Australia y Acapulco, más la final de Indian Wells. Ahí, llegó su primera lesión, en una costilla. La segunda llegó en Roland Garros, donde insinuó una pronta retirada del tenis por sus intensos dolores en la planta del pie. La tercera, en Wimbledon, un desgarro abdominal que le impidió jugar las semifinales contra Nick Kyrgios. A partir de ahí, todo ha sido un dejarse llevar combinado con los rigores de la paternidad. Aun así, y pese a tirarse dos meses sin ganar un partido, ha acabado como número dos del mundo. ¿Relevo, decíamos? Mejor no ir tan deprisa. Vamos con los matices de una temporada muy intensa y esperanzadora, pero que no ha tenido tanto de revolucionario como parece.

1. En un año presidido por la igualdad, el nombre propio que ha destacado sobre todos ha sido sin duda el de Iga Swiatek. La polaca, campeona de Roland Garros, el US Open y otros seis torneos del circuito WTA, consiguió durante la primavera una racha histórica de treinta y siete victorias consecutivas, la más larga desde que Steffi Graf ganara sesenta y seis entre 1989 y 1990, empatada con Martina Hingis y sus también treinta y siete en 1997. A sus veintiún años, ha doblado en puntos a la segunda del ranking, la tunecina Ons Jabeur. No tiene pinta de que la cosa vaya a acabar aquí.

2. La regularidad y el dominio de Swiatek eran necesarios en el tenis femenino después de años de cierta zozobra. Desde el apogeo de Serena Williams, toda aquel que llegaba a lo más alto acababa cayendo con fuerza: Naomi Osaka, una jugadora espectacular, está ahora mismo prácticamente fuera del circuito por problemas extradeportivos; Ashleigh Barty, su sucesora, se retiró después de ganar el Open de Australia transmitiendo una sensación de alivio sorprendente en una deportista de veinticinco años. No hemos sabido prácticamente nada de Paula Badosa después de un año excepcional. Emma Raducanu y Leylah Fernández, las sorprendentes finalistas del US Open 2021, apenas se han dejado ver en las rondas finales de 2022… La WTA necesita una imagen de solidez que solo le puede dar Swiatek. Ahora, queda que las demás den un paso adelante.

3. Por ejemplo, Caroline Garcia. La francesa tuvo un final de año sencillamente espectacular, con victoria en las WTA Finals incluida. Por ejemplo, Elena Rybakina, la kazaja de origen ruso que se llevó el triunfo en Wimbledon. Por ejemplo, la propia Ons Jabeur, que ha pasado de ser conocida por su religión a ser admirada por su tenis. Por ejemplo, Coco Gauff, quien, a los dieciocho años, juega ya como una veterana pese a su mejorable final de temporada. Si Sabalenka consigue una mínima regularidad en el saque —quizá sea demasiado pedi— y Simona Halep sale indemne de su proceso de dopaje (en tenis, pasa mucho) y logra estabilidad junto al siempre polémico Patrick Mouratoglou, tal vez en 2023 veamos algo más de emoción.

4. Quien no estará, en principio, será Serena Williams. Digo «en principio» porque todo el mundo dio por hecho que el US Open iba a ser su último torneo, pero ahora ya no está tan claro. No es fácil dejar un deporte en el que debutaste como profesional a los catorce años. Ahí sigue su hermana Venus compitiendo en torneos de mala muerte pese a haber ganado verdaderas millonadas en su carrera. No necesitan el dinero, necesitan la adrenalina. Han sido educadas así desde niñas y parar en seco es un paso complicado. Veremos si Serena al final disputa algún partido en 2023 o no. De no hacerlo, hablaríamos del final de una carrera grandiosa, a la altura de las mejores de la historia.

5. De hecho, no sería descabellado decir que ha sido la mejor de todas, lo que pasa es que estas clasificaciones históricas siempre indignan a alguien, así que mejor no ser demasiado dogmático al respecto. Digamos que ganar veintitrés grand slams entre finales del siglo XX y principios del XXI no es lo mismo que ganar veinticuatro entre los sesenta y los setenta, como hizo Margaret Smith-Court, cuando el tenis femenino aún estaba muy lejos del actual nivel de profesionalismo y globalización. Habrá quien prefiera la estética de Steffi Graf, la voracidad ofensiva de Martina Navratilova o la contundencia de martillo pilón de Chris Evert… pero no cabe duda de que Serena ha marcado su época y resiste sin problema cualquier comparación.

6. En cuanto a las españolas, el año ha sido malo. Difícil poner matices a esta afirmación. Solo Paula Badosa mantuvo una cierta capacidad competitiva, aunque, tras rozar el número uno en la gira norteamericana de primavera, ha tenido que conformarse con el trece al final del año. Por detrás, un vacío enorme. Hay que caer hasta el puesto número cincuenta y seis para encontrar a Garbiñe Muguruza, que solo ha conseguido ganar doce partidos en todo el año después de un muy esperanzador 2022. Detrás de ella, no se vislumbra relevo o al menos no al mismo nivel. No hay ni una sola española menor de veintitrés años entre las ciento cincuenta mejores del mundo.

7. Vamos al circuito masculino, donde los principales titulares ya están comentados: Rafael Nadal ganó el Open de Australia y Roland Garros en la primera mitad del año y a partir de ahí solo consiguió la victoria en nueve partidos más (cinco en Wimbledon, tres en el US Open y uno en las ATP Finals). Djokovic ganó Wimbledon ante un renacido Nick Kyrgios, mientras que Carlos Alcaraz se imponía contra todo pronóstico en el US Open ante una de las grandes sensaciones del año, Casper Ruud. Vamos a profundizar un poco en esta ensalada de nombres.

8. Empecemos por Nadal. ¿Cómo calificar su temporada? ¿Cómo calificar nuestras expectativas de cara a la siguiente? Es imposible. Hablamos del número dos del mundo y doble ganador de grand slam. ¿Qué clase de declive es ese? Uno puede apelar a sus lesiones, pero lesiones ha habido siempre y ha sabido salir adelante. Uno puede apelar a su edad (treinta y seis años), pero Federer se quedó a un punto de ganar Wimbledon a un mes de cumplir los treinta y ocho. Tal vez se le haya visto algo descentrado en estos últimos meses, con un discurso más pesimista, como si su cabeza estuviera en otro lado. Probablemente, ese otro lado sea la familia y todo el mundo necesita un período de adaptación al respecto.

9. Sigamos por Djokovic. Empezó el año en un centro de detención en Australia, condenado por la opinión pública mundial por su negativa a vacunarse contra el covid. Lo acabó como campeón de las ATP Finals y número cinco del mundo pese a perderse hasta seis grandes torneos y no recibir los puntos de campeón de Wimbledon. A sus treinta y cinco años, tiene pinta de que en 2023 va a ganar hasta el challenger de El Espinar. Su físico sigue donde estaba y su cabeza parece más relajada, como si todo el drama australiano hubiera servido de catarsis más que otra cosa. Pensar en que este hombre pueda acabar con veinticinco grandes no es una locura, pero aun así eso no explicaría todo su dominio: trescientas setenta y tres semanas en el número uno se acerca más.

10. Hablando de número uno del mundo, lo de Carlos Alcaraz es una auténtica locura. De acuerdo, si Nadal no se hubiera lesionado… si Djokovic se hubiera vacunado… pero de condicionales no vive el deporte. Lo que cuenta es la realidad. Y en la realidad, Alcaraz no solo ha sido el mejor del mundo, sino que lo ha sido sin poder jugar siquiera las ATP Finals y con casi mil puntos de diferencia sobre el segundo. Su evolución ha sorprendido a todos: semifinalista en Indian Wells, campeón en Miami, protagonista de dos encuentros épicos ante Nadal y Djokovic en Madrid, ganador más joven de un grande en treinta y dos años en Nueva York… los hechos se explican por sí mismos.

11. Lo que está por saber es si Alcaraz ha llegado para quedarse o si ha sido un fogonazo al que seguirá una trayectoria más tranquila. No creo que haya nada malo en ser número uno del mundo y campeón de un grande con diecinueve años, pero si tuviera que buscar una desventaja sería la gestión de las expectativas. Si haces eso en tu segundo año serio como profesional, ¿qué esperar de ti en el tercero o en el cuarto? Volviendo al ejemplo de Pete Sampras (y hablamos de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos), necesitó tres años para reajustar su juego después de su triunfo en el US Open. Hasta 1993, cuando ganó Wimbledon y Nueva York, y acabó el año como número uno, no empezó de verdad su dictadura. Tres años de entreguerras. Tengámoslo en cuenta con Carlos y no quememos al chico antes de tiempo, por favor.

12. El perdedor de la final del US Open —y la de Roland Garros… y la de las ATP Finals— fue Casper Ruud. El noruego no tiene un tenis que enamore por su vistosidad, pero es una roca difícil de mover. Se puede cuestionar su talento todo lo que uno quiera, pero nadie llega a tres finales como esas por casualidad. Menos en un momento como el actual, con tantos y tantos buenos jugadores. Ruud tendrá difícil hacerse un hueco entre tanta estrella, pero de momento es el número tres del mundo. Bajarle de ahí no será fácil.

13. Ha sido una temporada extraña para el tenis italiano. Matteo Berrettini, finalista de Wimbledon el año pasado, ha encadenado una lesión tras otra, con lo que no ha podido competir al más alto nivel con un mínimo de continuidad. Jannik Sinner parece uno de los grandes del futuro, cuartofinalista de los cuatro grandes con veintiún años recién cumplidos, pero apenas le ha dado este año para acabar número quince del mundo, con una «pecheada» histórica en cuartos de final del US Open contra Alcaraz, cuando sacó para ganar el partido en el cuarto set. Lorenzo Musetti también tiene una pinta estupenda, pero debería haber ganado las NextGen Finals, como hicieron antes Tsitsipas, Sinner o Alcaraz, y no lo hizo. En ese sentido, 2023 puede ser una exhibición transalpina o una decepción descomunal. De los tres, Sinner me parece el más completo, pero Musetti es una debilidad.

14. Hablando de las NextGen Finals, el ganador fue Brandon Nakashima. De explosión algo tardía —veintiún años— el estadounidense lleva unos cuantos meses apuntando alto y lo que nos dice este título es que nunca lo gana un cualquiera. En general, el año ha sido muy bueno para el tenis estadounidense: Taylor Fritz se coló entre los diez mejores del mundo y llegó a semifinales de las ATP finals; Frances Tiafoe jugó el quinto set de unas semifinales de grand slam, y Tommy Paul completó un año más que decente, con triunfos sobre Nadal y Alcaraz. Recordemos que el último campeón estadounidense de grand slam fue Andy Roddick, en 2003. El último finalista, también Roddick, en 2009. Hay ahí muchas cuentas pendientes.

15. El final de año de Felix Auger-Aliassime dejó una mezcla de esperanza y frustración entre sus aficionados. Se impuso en tres torneos consecutivos bajo techo, pero fracasó en los dos más importantes: París-Bercy y ATP Finals. El canadiense dejó pasar una oportunidad de oro en Roland Garros ante un Nadal visiblemente venido a menos y en Australia, cuando dejó escapar dos sets de ventaja en cuartos de final ante Daniil Medvedev. En los demás torneos grandes, no ha existido, y eso es preocupante. Su relación con Toni Nadal no parece haberle dado ni un ápice de la fuerza mental que este supo insuflarle a su sobrino. El tenis está ahí, pero hace falta algo más.

16. Algo más tiene, sin duda, Holger Rüne. Vaya final de año: finalista en Bulgaria, campeón en Estocolmo, finalista en Basilea y campeón en París-Bercy en un vibrante tercer set ante el mismísimo Novak Djokovic. El danés apunta a ser la gran némesis de Alcaraz en el futuro, no solo por su rivalidad deportiva, sino por sus distintos comportamientos sobre la cancha. Donde el murciano es sobriedad y contención, Rünees un exceso constante de emociones, lo que le llevó a tener una bronca sonora en la final de Basilea con el juez de silla, Mohammed Lahyani, y posteriormente con Stan Wawrinka en la primera ronda de París-Bercy, cuando el muy veterano suizo le «recomendó» que «no se portara como una nenaza» en la pista.

17. Hemos hablado de los campeones de los cuatro grandes y de uno de los finalistas. Nos quedan los otros dos y empezaremos por Nick Kyrgios. El australiano decidió tomarse el tenis en serio durante unos pocos meses y los resultados fueron excelentes. La duda, ahora mismo, es si se propondrá extender esos picos de forma más allá de la hierba de Wimbledon o quedarán circunscritos al mes de julio. Si hubieran contado los puntos del torneo, Kyrgios habría rozado el top ten del ranking, lo que no está nada mal si tenemos en cuenta que se ha tirado los últimos dos meses y medio de semivacaciones. 

18. Hemos dicho varias veces que Wimbledon no repartió puntos y no hemos explicado por qué. Movido por las sanciones del gobierno británico a ciudadanos rusos tras el inicio de la invasión a Ucrania, Wimbledon decidió vetar la participación de jugadores y jugadoras tanto de ese país como de Bielorrusia. En respuesta, la ATP, que no organiza el evento, pero sí puede decidir cuántos puntos le otorga para su ranking, prefirió no dar ninguno en señal de protesta. La ATP es una organización transnacional cuya razón de ser es precisamente estar por encima de nacionalidades y gobiernos. Ahora bien, aún no está claro por qué tuvieron que pagar sus propios socios. Djokovic, Kyrgios, Norrie y Nadal fueron los más perjudicados por esta medida.

19. En lo que a rusos se refiere, otro año sólido de Andrei Rublev, aunque sin especial brillantez. En cuanto a Daniil Medvedev, empezó el año como un tiro tras su triunfo en el US Open de 2021: llegó a la final de Australia, se puso dos sets arriba ante Rafa Nadal… y ahí se acabó su temporada. No se sabe exactamente qué pasó —más allá de que el manacorí jugó de escándalo, claro— pero tras disponer de un 0-40 para finiquitar el partido en el tercer set, acabó perdiendo esa manga, las dos siguientes, y no se ha vuelto a saber de él al nivel que nos tenía acostumbrados. Hablamos de un hombre que fue número uno del mundo durante varias semanas, pero al que parece faltarle el compromiso con el esfuerzo que requiere la élite. No sería de extrañar un 2023 «horribilis» para Daniil.

20. Hablemos, por último, de dos nombres inquietantes: Alexander Zverev estaba ante su gran año. Había llegado al número tres del mundo, estaba en semifinales de Roland Garros ante Rafa Nadal, solo un par de errores cruciales le habían apartado de llevarse el primer set… y justo cuando empezaba el tie-break del segundo se torció salvajemente el tobillo. Una de esas lesiones de salir en muletas. Atroz. Tanto, que no ha conseguido volver a las pistas en todo el año. Por talento, el año que viene debería estar ahí arriba. Otra cosa es lo que diga el cuerpo, claro.

21. El otro nombre inquietante: Stefanos Tsitsipas. Se peleó con todo el mundo el griego, pero sobre todo con Kyrgios. Sí, tiene un revés precioso a una mano, pero la cabeza a pájaros. Siempre que llega un tie-break, parece imposible que se lo lleve. La falta de respeto con la que culminó el año en las Finals, tirando pelotas a su propio palco y declarando que Rublev no tenía talento para ganarle invitan a pensar que este chico necesita un amigo que le calme y le devuelva a la senda que le llevó al triunfo en las Finals de 2019 y a la final de Roland Garros 2021. Y lo necesita con urgencia.

22. Acabemos con un repaso del tenis español masculino. Alcaraz y Nadal coparon los dos primeros puestos de la clasificación ATP. La última vez que dos compatriotas acabaron primero y segundo del mundo fue en 1996, cuando lo hicieron los estadounidenses Pete Sampras y Michael Chang. Ahora bien, quedarse solo en sus éxitos sería injusto: Pablo Carreño ganó Cincinnati, aunque el resto de su año fuera mejorable; Alejandro Davidovich-Fokina perdió varias oportunidades a lo largo de la temporada, pero jugó su primera final de un Masters 1000 en Montecarlo. Roberto Bautista se quedó a cincuenta puntos de volver al top 20, y Albert Ramos, a sus casi treinta y cinco años, nos dejó alguna que otra perla y acabó entre los cincuenta mejores del mundo. Es difícil pedir más, la verdad, pero, por si eso fuera poco, ya está Martín Landaluce llamando a las puertas. A sus dieciséis años, el madrileño ganó el US Open junior. Puede que en un par de años estemos hablando de él en el circuito profesional. O antes. Nunca se sabe.

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30 Comentarios

  1. Tengo muchas ganas de la temporada que viene.
    Saber si Carlos es el ahora o le costará asentarse como le costó a Sampras o a Nole, qué hará Djoko sin restricciones por Covid, el físico de Nadal (le doy favorito en RG aún con muletas), Sinner, Rune, Auger….
    En féminas espero y deseo un dominio de Iga. Me cae muy bien.

  2. Muy interesante artículo, como siempre.
    Por si hay algún interesado, la semana pasada se celebró en Valencia la copa Faulcombrigde, que llevaba 20 años sin jugarse; es un Challenger ATP 90, o sea que no es un torneo de primera fila, pero siempre es agradable ver tenis en directo ( y más en Valencia, donde no tenemos muchas oportunidades ).
    Antiguamente se jugaba en marzo, no sé si el cambio de fecha es temporal.

  3. Ya que Guillermo lo menciona, aprovecho para una catarsis personal y decir que las frustraciones más grandes de mi vida como espectador de deportes en general, fueron la derrota de Federer en Wimbledon 2019, y el British Open de golf del 2009, donde Tom Watson se quedó a un pelo de ganarlo con 59 años, cosa que hubiera pulverizado todos los récords de longevidad. Los aficionados lo recuerdan como el Open que perdió Watson. Casi nadie recuerda al ganador, Stewart Cink. Como bien decía Borges, la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece.

  4. La temporada deja sensaciones claras en la WTA (la dictadura de Iga no parece amenazada salvo causa sobrevenida), y engañosas en la ATP: sí, es brutal lo que han hecho Carlos Alcaraz y Nadal, pero todos sabemos que de no haber mediado la cacicada que le hicieron a Djokovic en Australia (siempre ha de recordarse que le permitieron ir para luego utilizarlo políticamente) , seguro que el #1 no sería de Alcaraz y probablemente Nadal no hubiera ganado en Australia. Por si esto fuera poco, la siguiente cacicada es la del veto a rusos y bielorrusos (¿Por qué? Ellos compiten para sí mismos, no es como un deporte colectivo) que de paso resta la friolera de 2000 puntos al serbio. Y de postre, el Us Open deja jugar a norteamericanos no vacunados pero no al balcánico. Conclusión, aparte de los puntos escamoteados en Londres, añádanse los potenciales del Us Open, Australia y Masters 1000. No hay mal que por bien no venga parece haber interiorizado Novak, porque su tramo final de temporada es todo un aviso para 2023, reforzado gracias a las tropelías que los mediocres han perpetrado contra una persona que si algo ha demostrado es integridad y coherencia con sus ideas (se esté o no de acuerdo con ellas. A este respecto cabe recordar que nunca ha dicho estar en contra de la vacunación como torticeramente se ha vendido).
    Por lo demás, dije desde Australia que Medvedev probablemente nunca vuelva a su nivel. Algo hizo clic en su poco amueblada cabeza desde que se encaró con el público cuando Nadal enardeció a la grada: ahí perdió el partido, en el terreno psicológico y no en el tenístico.
    De Tsitsipás llevo tiempo diciendo que necesita deshacerse (deportivamente) de sus padres y contratar a alguien que le imponga mano dura.
    A Sinner no le pongo como aspirante a nada importante en 2023, le falta colmillo. Baste un dato, Rune y Hurckacz tienen ambos un M1000. El danés apunta a crack como Alcaraz, el polaco es un jugador gris como pocos.

    No veo a nadie salvo Djokovic y Nadal ganando los GS el año que viene, salvo lesiones o cacicadas como las del coronacirco. A Alcaraz le costará refrendar lo de este año pero, como bien apunta Guillermo, necesita un par de años para gestionar las expectativas.

    • Orsonwelles

      Creo que después de 110000 muertos oficiales y 150000 muertos reales en nuestro país directamente relacionados con el corona virus empieza a ser ofensivo que algunos antivacunas sigáis denominándolo coronacirco como si todo hubiese sido una pantomima.

      No os vacuneis si queréis,pero un poco más de respeto no vendría mal.

      Por lo demás muy de acuerdo con el artículo en prácticamente todas sus explicaciones.

      • Reclamas respeto cuando me tildas de antivacunas. Señáleme, orondo avatar, dónde he manifestado en mi mensaje algo de lo que pueda usted inferir que soy antivacunas. Por la misma regla de tres podría llamarle a usted totalitario o fascista.
        No es incompatible criticar el coronacirco y el 90% de medidas que se han tomado, que literalmente no han valido para nada más que sembrar el pánico cerval en la población, con estar a favor de la vacunación. Pero quizá el aunar ideas dispares no esté a la altura de sus meninges.

        • Blunsburibarton

          Es tan poco útil discutir contigo la inconveniencia de la primera frase del segundo párrafo anterior, en la que vienes a decir alegremente que el 90 por ciento de las medidas tomadas por la mayoría de los gobiernos occidentales solo han servido para infundir pánico, que no me extraña en absoluto que haya gente que te pueda calificar de antivacunas.

        • Orsonwelles

          Efectivamente no lo ha afirmado rotundamente en este texto, lo que sucede es que usted es un viejo conocido de esta revista y lo ha dejado reflejado en otros escritos. Incluso con el desliz de dejar su identidad al descubierto para que se comprobase en sus redes sociales que se mostraba claramente contrario a todas las medidas de seguridad que se recomendaban por la mayoría de expertos médicos.

          El orson welles de la guerra de los mundos no estaba orondo todavía por cierto.

          Un saludo

          • Mi perfil es público a propósito. No encontrarás en dicho perfil ninguna manifestación que te haga pensar (salvo que seas de mente obtusa) que estoy en contra de las vacunas. Pero si te sientes cómodo en tus esquemas mentales de blanco y negro no te lo reprocho, es la tendencia mundial. Yo prefiero analizar, procesar la información, y en base a ello, pensar por mí mismo y sacar conclusiones.

    • Blunsburibarton

      Tu frase: «el Us Open deja jugar a norteamericanos no vacunados pero no al balcánico» es desacertada, como poco. Da a entender que el US Open tiene potestad para conceder la entrada en los Estados Unidos a los extranjeros que juegan al tenis como si no hubiese existido, en septiembre de este año, una prohibición del gobierno de los Estados Unidos a que entrasen en el país personas que no poseyesen un certificado de vacunación, sean estrellas mundiales del deporte o comentaristas de Jot Down.
      Tu análisis simplista del asunto Djokovic en Australia obvia los intereses cruzados, por un lado, de la organización del torneo y del gobierno de Victoria y, por otro, del gobierno federal de Australia. Omite que probablemente la organización del torneo y el gobierno del Estado de Victoria acordaron con Djokovic una fórmula de entrada en el país. No tiene en cuenta que Djokovic probablemente falsificó un certificado médico que le permitía, en una primera instancia, dar apariencia de legalidad a su entrada en territorio australiano. Y olvida que la expulsión del país se acordó finalmente por el órgano judicial correspondiente que resolvió en una resolución fundada en derecho.
      Un saludo.

      • Absurda la prohibición la mires por donde la mires. Y lo de Australia, en fin, no voy a ahondar más en lo evidente: que Djokovic fue usado pública y políticamente como chivo expiatorio. Afortunadamente existe la justicia poética, y el cantamañanas de Scott Morrison no revalidó su mandato en mayo.

      • Orsonwelles

        Touchè!!Magnifica respuesta Blunsburibaton, difícil explicarlo mejor.

        No sé si Dani es antivacunas o simplemente contrario a todas las medidas que recomendaban los especialistas médicos: mascarillas, distancia social, colegios etc etc

        Ninguno de nosotros somos médicos, pero parece que en nuestro cuñadismo extremo sabemos hasta de virus, increíble.

        Si no es antivacunas,disimulas muy bien, la verdad.

        • O sea, que para ti llevar mascarilla al aire libre (equivalente a llevar una gorra amarilla) es una medida racional, ¿no? O que viajar a Talavera o Molina de Aragón está bien, pero viajar a 100km no, ¿verdad? O que llevar mascarilla en el transporte público a estas alturas es razonable, ¿no? (España, único país de Europa que todavía mantiene tan sensata medida). Por saber de qué estamos debatiendo.

          • No es cierto que España sea el único país europeo que mantiene la mascarilla en el transporte público. Al menos en Grecia también (otra cosa es que la gente haga caso y se sancione o no).

          • Orsonwelles

            Si a todas las preguntas.

            Es razonable porque conciendo bien a nuestra sociedad la única forma de hacer que la gente se habituase a las mascarillas eran este tipo de medidas. La única forma de que la gente la llevase en interiores era crear un hábito en el exterior,sino nadie la llevaría.
            Somos un país de picaresca.

            • Bravo, tus argumentos son contrarios a lo que de verdad debería contar, es decir, la ciencia. A cambio antepones la superchería y la superstición. Nada nuevo bajo el sol de España, país secularmente cateto y atrasado, lo que tiene su reflejo en la sociedad.

              • Orsonwelles

                Tienes un problema serio de comprensión lectora

                • Y tú de totalitarismo «softcore». Prefieres aplicar medidas irracionales «porque sí» en lugar de pensar. Para tu información, la mascarilla en interiores, para ser realmente efectiva, había que cambiársela cada 4h. y ponérsela tan apretada que dejase marca, como los cirujanos en los quirófanos. ¿A cuánta gente conoces que así lo haya hecho? ¿Acaso crees que las tasas de gripe etc. en los países asiáticos son muy diferentes de las de occidente? Te lo pregunto porque en Japón, China etc. la mascarilla se suele llevar no por motivos sanitarios, sino por educación y respeto al prójimo a la hora de estornudar y cuando hay catarros. Sobre todo en Japón.

                  • Orsonwelles

                    Para no tener formación médica ni científica eres bastante atrevido en tus afirmaciones.

                    No estaría de más que revisases la multitud de factores (no sólo educativos) que hacen que en oriente sea tan extendido el uso de la mascarillas. Te doy algunas pistas: gripe española,infecciones de SARCS , Tsunami etc etc

                    Por suerte,la mayoría de la gente en nuestro pais fue lo suficientemente generosa y solidaria como para adoptar medidas que, siendo un verdadero engorro, probablemente evitaron varias decenas de miles de muertos más. Pero claro para entender esto hay que dejar de mirarse el ombligo y ponerse en el lugar de los otros,y eso cuesta.

                    Supongo que creerse un outsider produce una falsa sensación de rebeldía que a determinadas edades ayuda.

                    • Vale campeón, tú debes de ser como los que salían al balcón que parodiaron los geniales Pantomima Full: «Aplauso al del aplauso». Tengo bastante formación pero esto no va de medirse la chorra sino de sentido común. Entiendo que ahora se pase por la fase de no aceptación tras una catarsis como la del Covid y mucha gente se niegue a hacerse ciertas preguntas cuya respuesta arrojaría conclusiones desalentadoras para muchos: que les han robado 2 años de vida porque de haber tomado medidas más compatibles con la normalidad la tasa de muertes no habría variado significativamente ni para más ni para menos. Lo único que hubiera pasado es que habrían muerto más o menos las mismas personas pero a un ritmo mayor. Con lo que se ha perpetrado ha ocurrido eso y encima mucha gente ha cerrado negocios, se ha quedado en el paro y los psicólogos no van a dar abasto para atender sus consultas, por no mencionar el gasto en ansiolíticos y antidepresivos que van a elevar el gasto farmacéutico hasta dejar la seguridad social tiritando.

                    • Claro que sí campeón. Te voy a dar datos: como bien sabes cuándo apareció la pandemia en marzo de 2020 España e Italia desgraciadamente lideraron el ranking MUNDIAL de muertos por 100000 habitantes durante meses, el índice de mortandad en esa época era en torno a 1,5%, es decir que al ritmo que íbamos los muertos habrian sido sobre 450000 en nuestro país ( equivalente a los muertos de nuestra guerra civil).

                      Tras un estado de alarma prorrogado y una serie de medidas más o menos acertadas resulta que a nivel mundial somos el país número 30 en el ranking de muertos por 100000 habitantes y con unos índices de paro similares a los de la prepandemia.

                      Pero Dani,experto epidemologo, considera que esto se trataba de simple sentido común fácilmente solucionable.

                      La diferencia es que lo que yo argumento no son opiniones,sino datos objetivables,pero claro tiene que costar darse cuenta que uno estaba equivocada desde su atalaya dorada.

                      Pantomima full son unos fenómenos, eso es cierto. Te recomiendo el vídeo » Todo mal» que seguro que te puedes sentir identificado.

                    • Los datos no tienen en cuenta el contexto, por no hablar de que ha habido más muertes de las oficialmente reconocidas. En Europa las diferencias no han sido significativas respecto a letalidad. Países que al principio iban bien como Portugal terminaron por converger porque la única solución pasaba por encerrar a todo el mundo en casa. En el momento en que abres fronteras es ridículo aplicar confinamientos, como aquí en España donde te recuerdo que fuimos el único, repito el único país del mundo sometido a un encierro salvaje a nivel de todo el territorio. Sobre las cifras de paro, si te las crees tienes un problema de Tezanitis, pero por poner un ejemplo, trabajar y no llegar a fin de mes de poco sirve. Eso sí, que no nos falte Netflix y demás basura audiovisual para anestesiar conciencias.

                    • Una vez más tu argumentos se basan en opiniones y juicios de valor sin ningún dato objetivo.

                      Datos objetivos son que Suecia implementó medidas mucho más laxas que sus vecinos noruega o Dinamarca y los datos de mortalidad son totalmente diferentes. Y no es casualidad.

                      Los datos que expuse antes precisamente tiene en cuenta el contexto porque parten de una foto fija en la que un país está totalmente sobrepasado por una pandemia mundial y poco a poco consigue bajar la curva ( repito: pasar de ser el país con más muertos al 40 no se hace por casualidad, sólo hay que ver la mortalidad en Brasil o Estados Unidos por ejemplo).

                      Se trataba de ganar tiempo mientras se desarrollaba vacunas y evitar los máximos muertos posibles. Con errores se consiguió.
                      Era una situación extraordinariamente difícil de gestionar porque había dos situaciones que proteger: la vida y la economía. Se optó priorizar la primera,pero gracias a los ertes la situación económica se superó mucho mejor de lo que los más optimistas podríamos preveer. Un pais con una dependencia enorme en el turismo, con empleo estacional, construcción y hostelería no era nada fácil de sacarlo adelante.

                      Dani que además de conocimientos epidemologos también sabe de macroeconomía seguramente lo habría hecho mucho mejor,no me cabe duda.

                    • La solución para aunar economía y salud era sencilla: la solución sueca. Que quien quisiera se quedase en su casa pero al resto que nos dejasen en paz. Incluso ha habido mucha gente mayor que prefería vivir con todas las consecuencias a estar encerrado. Pero tú validas el discurso oficial rayano en la propaganda gubernamental. Normal, en estos tiempos de hiper corrección política salirse del carril cuesta, y la intemperie e independencia de criterio cotizan a la baja. En tu foto fija no tienes en cuenta las consecuencias respecto a la salud mental de la población así como el múltiple cierre de negocios y vidas truncadas provocadas por medidas muy discutibles. Y ya no digamos la dictadura de los estados de alarma pasándose por el forro la constitución. Prueba de ello son los millones de multas revocadas y las sentencias judiciales a posteriori. Pero no quiero quitarte la ilusión de ser un superhéroe sin capa y yo un insolidario de manual. Sigue en pie blanco y negro que como ya he dicho antes, es más confortable.

                    • Me hace gracia que pongas el modelo sueco como una alternativa valida. Como ya te he comentado anteriormente la opción sueca provocó porcentualmente muchos más muertos que sus vecinos ( noruega y Dinamarca) que optaron por medidas más proteccionistas. Creo que un sólo muerto de más ya no compensa pq la economía se puede reactivar,pero los muertos no. Y la diferencia de mortalidad fue notable en esos países.

                      Por otro lado es obvio que el modelo sueco no es extrapolable a España por muchos motivos. En primer lugar porque las relaciones sociales son totalmente diferentes a las nuestras, es un país donde la forma de relacionarse es mucho más individualista y con menos contacto físico. Absolutamente nada que ver con las sociedades mediterránea o latinas donde estamos todo el tiempo dándonos abrazos y besos. Me sorprende que no lo tengas en cuenta. Lo mismo sucede en nuestro tiempo de ocio relacionado con los bares y el tapeo.

                      En segundo lugar la sociedad sueca es especialmente reacia a cualquier vulneración de sus derechos individuales por lo que un confinamiento ni siquiera se les pasaría por la cabeza.

                      Como también sabrás en España la emancipación de los jóvenes es muy tardía por lo que es muy habitual que en una mismo vivienda convivan hasta 3 generaciones de la misma familia con el evidente riesgo de contagio que eso supone q los mayores. Cuestión de empatía claro.

                      En cuanto a lo de ser héroe,no considero que nadie que se quedara en casa lo fuese ,pero si que aplicaron algo que tanto te gusta: el sentido común. Seguir lo que la mayoría de los expertos que si saben recomendaban. Y no hablo de políticos,sino de médicos.

                      Habría que ver tus opiniones si en lugar de mediana edad tuvieses 80 años o una enfermedad autoinmune…

                      Todo se resume en un cuestión de empatía,…ni más….ni menos.

                    • Todo eso de la contraposición en la forma de relacionarse de las sociedades protestantes vs católicas etc. es cierto, pero no deja de ser un dato más que elude, por ejemplo, que Suecia es el tercer exportador de música popular tras EEUU y UK. Es decir, que es una sociedad a la que le gusta ir a bailar y rozarse en los bares. Pero bueno, más allá de lo que dices, puede ser falta de empatía o aplicar mi sentido común. Ya he comentado que quien quisiera confinarse estaba en su derecho, y el resto ya actuaríamos como estimáramos oportuno. Sí, estoy apelando a la libertad y responsabilidad individuales, algo utópico en España, pero yo me siento muy alejado de la forma de sé ser de mis compatriotas, aunque me encante vivir aquí, por supuesto. Pero no comulgo con la superchería y superstición con que se ha impregnado al comportamiento durante la pandemia, y eso incluye el uso de la mascarilla al aire libre e incluso en interiores cuando todos sabemos que casi nadie se las ha cambiado cada 4 horas. Y no entro en la vulneración de derechos básicos constitucionales como la arbitraria restricción de movimientos.

  5. Víctor Vila Álvarez

    Gracias por los artículos de tenis en general, en éste solo un apunte: Pablo Carreño ganó Canadá.

  6. Blunsburibarton

    Aún resuenan en mi cabeza unas cuantas afirmaciones sobre Alcaraz de estas a las que no estamos acostumbrados.
    Tras la victoria en el USOpen contra Sinner:
    «Me encantaría que ganara Alcaraz 30 GS. Tiene posibilidades de ganar muchos.»
    «Alcaraz y Sinner pueden dominar el circuito los próximos 10 años.»
    Tras ganar la final del USOpen:
    «Alcaraz está al 60 por cien de su potencial.»
    «Tiene todo el potencial para ser uno de los mejores.»
    Las frases anteriores no son palabras de un periodista o de un aficionado. Son las de su entrenador. Jamás hemos oído algo así del entorno de Nadal. O de otros grandes tenistas.
    Invitan a pensar a que debería de haber un relevo. Y a que Carlos Alcaraz debería de, en algún momento de la temporada que viene, derrotar a Djokovic en uno de esos partidos que tendríamos que recordar en los años venideros.
    Wilander acaba de decir hace poco que a Nadal aún le quedan tres o cuatro años en el tenis. A ver, el manacorí tiene 36. Me cuesta creer que esté en las pistas con 39 o 40. El último GS de Federer fue en Australia en el 2018. En el 2019 su final de Wimbledon contra Djokovic. En 2020 una semis en Australia. Y luego la nada. A mí me da que ese declinar puede ser el que le suceda a Nadal salvo que tenga una lesión grave que lo aparte definitivamente.
    Con Djokovic no me atrevo a pensar lo mismo. Juega con la rabia de superar la cifra de GS de Nadal. Y veo factible que lo consiga. A no ser que aparezca el Alcaraz que nos ha anunciado su entrenador. Ya veremos.

    • Federer aun tenía un buen nivel con 38 tacos. No sé si Nadal y Djokovic lo tendrán también a esa edad, pero sería aventurado dar por hecho que no.

      Me han sorprendido tantas veces… y a ambos les he visto momentos brillantes este mismo año; Ya hemos visto el nivelón del Djoker últimamente. A poco entonado que esté en la hierba de Londres ni le tosen; Nadal al final del quinto set ante Medvedev se movía como el rayo, el viejo parecía el ruso. Por no hablar de RG, donde Zverev jugó el mejor primer set de su vida en París y aún así el gato al agua se lo llevó el mallorquín, lesión del alemán aparte.

      Es obvio que las distancias con el resto cada vez son más pequeñas, pero jugando al 80% son casi imbatibles.

      Pienso que Nadal y Djokovic acabarán sus carreras con 25 GS o así, lo mismo hasta empatados.

  7. «Se puede cuestionar su talento todo lo que uno quiera, pero nadie llega a tres finales como esas por casualidad. Menos en un momento como el actual, con tantos y tantos buenos jugadores.» [CITATION NEEDED]

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