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Isao Inokuma, el último hombre de honor (1)

Isao Inokuma frente a Doug Rogers en los Juegos Olímpicos de 1964.
Isao Inokuma frente a Doug Rogers en los Juegos Olímpicos de 1964. Foto: Cordon.

Fui un niño enfermizo y no tenía demasiada fortaleza mental, pero un día me hice la promesa de que nunca me dejaría derrotar por nadie.

Isao Inokuma (1938-2001)

En algunas culturas, el honor importa más que la propia vida. La japonesa es una de ellas. Solo los nipones podrían haber adoptado con naturalidad la muerte como ritual. Sin tan siquiera promesas de un paraíso ulterior. La vida como una compleja entrega al honor de morir gloriosamente.

Ningún samurái quiso jamás morir de viejo. Un final noble, temprano y, a ser posible, violento era un signo de predilección de los dioses. Vivir hermosamente y morir de manera bella. El emblema samurái, el efímero capullo del cerezo, personifica ese ideal.

El seppuku, popularmente conocido como harakiri (literalmente: «corte del vientre»), fue, por ello, una práctica popular durante el Medievo entre los guerreros ancestrales que anhelaban su redención espiritual, trufando así de sangre relatos y leyendas. No fue, sin embargo, una práctica feudal alejada completamente del espíritu del Japón moderno. El siglo XXI llegó a conocer los últimos casos de una ceremonia oficialmente prohibida en 1873 como pena judicial.

Existen decenas de casos documentados de quienes, desde entonces, se han sometido a un harakiri voluntario, siendo el más numeroso el de los muchos soldados nipones que prefirieron morir antes que aceptar la rendición del país tras la Segunda Guerra Mundial. 

No todo fueron, sin embargo, motivos belicosos. En 1970, Yukio Mishima, el para muchos mejor escritor que ha alumbrado el país del sol naciente, realizó un seppuku semipúblico como protesta por la miseria moral y la degradación que, según sus cánones ultranacionalistas, suponía el haber abandonado las antiguas virtudes japonesas y haber adoptado el modo de vida occidental. El dramatismo de la acción fue mayor aún si tenemos en cuenta los relatos de la época, que hablan de que uno de sus allegados, Masakatsu Morita, intentó hasta tres veces decapitarlo sin éxito, teniendo que ser un tercer camarada el que pusiese fin al sufrimiento de un Mishima que ya se había rebanado las tripas hacía algunos minutos.

Lo ancestral pervive en lo contemporáneo hasta tal punto dentro de los códigos de vida nipones que el último harakiri censado por las autoridades japonesas data de una fecha insultantemente reciente: el 28 de septiembre de 2001. Quien murió entonces no fue un guerrero samurái. Tampoco un soldado. Ni siquiera un artista o un artesano. Muchos, sin embargo, defenderán que la última persona que decidió poner fin a sus días de esta manera fue todo ello al mismo tiempo.

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5 comentarios

  1. No leeré las siguientes entregas del panegírico sobre este señor porque en principio, y a contracorriente del sentir general, no me interesan estas personalidades obsesivas con tendencia a la autodestrucción, que en aras de conseguir a toda costa sus delirantes objetivos, convierten sus propias vidas y las de los que les rodean, en un infierno en la tierra.

    • José Manuel Cortés

      Precisamente por eso me interesan estas vidas: no para idolatrarlas si no como ejemplo a no seguir. Se aprende de los aciertos de los demás pero también de sus errores.

  2. Para Bad Shadow:

    ¿Y por qué lo haces publico? ¿Porque crees que le interesa a alguien o para intentar influir en que no se publiquen este tipo de artículos?

    • Supongo que lo hace para evitar la santificación en la que suelen caer estas biografías. Sobre todo cuando pasan por filtros tan de moda como los diversos «Si quieres puedes»,»Si no lo consigues es porque no lo deseas de verdad», «Dispuesto a hacer lo necesario» o la que yo más odio: «El segundo es el primero de los perdedores».

      Como ejemplo, las diversas hagiografías de Michael Jordan, pero puede escoger Vd. su deporte o ídolo favorito.

  3. Manuel Montero

    Los campeonatos del mundo de judo de 1961, fueron en París, no en Moscu. Inokuma no participó en ese campeonato, el equipo japonés lo componía Sone, Kaminaga y Koga, a los tres los derrotó Geesink.

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