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La traducción, el modesto arte de pasar fronteras

traducción
Ilustración: Pablo Amargo.

En un brillante ensayo sobre lo intraducible1, Anne Carson recordaba el juicio contra Juana de Arco, un proceso que estuvo atravesado por la traducción a distintos niveles y acabó llevando a la Doncella de Orleans a la hoguera. Aunque Juana de Arco era analfabeta y hablaba el francés propio de la época, en el juicio todas sus frases fueron traducidas al latín. Saber lo que dijo realmente en aquel momento es imposible, no solo porque se cree que pusieron en su boca cosas que no había dicho, sino también porque parte de la experiencia que interesaba al tribunal eclesiástico era incomunicable —en ese sentido, era intraducible—. Como señala Carson, hay una gran distancia entre Juana de Arco y sus frases. No se atribuye la autoría de muchas de ellas: oye voces desde la adolescencia. El tribunal quiso que les explicara, en términos comprensibles para todos, qué le decían, quiénes eran, cuál era la naturaleza de esas voces. Durante meses de interrogatorios las preguntas se sucedieron: ¿a qué huelen sus voces?, ¿en qué lengua le hablan?; a lo que ella respondió: «Pregúntenme el próximo sábado» y «En una lengua mejor que la suya», respectivamente. Carson cree que, con estas respuestas, la heroína se estaba resistiendo al cliché, que no estaba dispuesta a traducir su experiencia a una narrativa teológica convencional. 

Es evidente que Juana de Arco no quería compartir con sus captores algo tan íntimo, y puede que no quisiera profanar ese lenguaje celestial bajándolo a ras del suelo, pero también que hay algo en la experiencia de Juana, en el lenguaje de la locura, que se resiste a la comunicación. De hecho, se le resiste incluso a ella. Está tan alejada de una parte de su lenguaje que piensa que viene de otros: el arcángel Miguel, santa Margarita o el mismísimo Dios. Esta «otredad» del lenguaje hace que sea prácticamente incomprensible para quien no haya sufrido una experiencia psicótica. En otras palabras, no nos es posible saber cómo se sentía Juana de Arco (diga lo que diga Morrissey), igual que no podemos llegar a entender del todo qué sentía Virginia Woolf cuando oía cantar a los pájaros en griego. 

En un momento de su ensayo, Carson se pregunta cuál es la relación exacta entre traducción y locura. Si me preguntasen a mí, diría que en cierto modo son lo contrario. Un psicótico cree que las palabras son de otro cuando en realidad son suyas; al traducir, tratas de hacerlas tuyas aunque sabes que son de otra persona. En mi caso, ambos mundos se mezclaron cuando traduje Illustrations of Madness, un interesante libro sobre el caso de James Tilly Matthews, un psicótico internado en el tristemente célebre hospital de Bethlem2. Pese a las evidentes diferencias entre traducción y locura, del lenguaje literario también se podría decir algo parecido a lo que dijo Juana de Arco de sus voces: se trata del mismo idioma, pero a la vez es un idioma distinto, superior, y, una vez que lo oyes, no puedes hacer otra cosa que seguirlo a donde te lleve. Cuando Nicanor Parra, después de haber abandonado la lectura de una mala traducción al español de El rey Lear, leyó el libro en inglés, muchas frases le impresionaron, eran como salidas de otro mundo, y se reconoció por completo en ellas: vio en el verso blanco de Shakespeare una anticipación de su propia antipoesía. A sus setenta y seis años, accedió a traducirlo, o a reescribirlo, y la experiencia fue tan importante que llegó a sentir que todo lo que le había ocurrido en la vida lo había llevado a encontrarse con ese libro: «Yo no me imagino a mí mismo ahora sin El rey Lear. […] La sensación que tengo es que yo nací para traducir El rey Lear»3

Yo no iría tan lejos como Parra, pero es cierto que, aunque no entraba en mis planes ser traductora, una serie de circunstancias fortuitas me llevaron a traducir Illustrations of Madness y antes el imponente In the Heart of the Heart of the Country, de William H. Gass. Supe de la existencia de Gass por un relato suyo incluido en una antología editada por Richard Ford. Se trataba de «The Pedersen Kid», un relato que fue creado por su autor para engañar a un dolor de muelas y acabó convirtiéndose en uno de los más míticos de la literatura norteamericana. La historia, sin apenas trama y sostenida únicamente en el brillante estilo de Gass, me dejó desconcertada, y lo que menos pude imaginar entonces es que años después tendría que vérmelas con ella para tratar de desentrañarla. Como conté en el epílogo de este magistral libro4, para traducir los relatos que lo componen tuve que hacer un poco como uno de los personajes creados por Gass: Emma, la protagonista de «Emma Enters a Sentence of Elizabeth Bishop’s». Emma trató de reducirse al mínimo, de negarse hasta el punto de ser prácticamente inapreciable, para poder introducirse en un poema de su admirada Elizabeth Bishop y ser ella misma verso. La traducción es, en buena medida, un acto de desaparición. Tuve que despojarme de miedos, inseguridades y, sobre todo, de mi propio estilo para prestar mi voz a Jorge Segren, narrador de «The Pedersen Kid», al ama de casa fascinada por los insectos o al poeta «jubilado del amor» que protagoniza el relato que da título al volumen.

Aunque no llegué a conocer a William Gass personalmente, me crucé unos cuantos e-mails con él. Tuve suerte de que el primer libro que traduje fuera de un autor tan sensibilizado con la labor de la traducción —él mismo había hecho sus pinitos como traductor de Rilke y había reflexionado sobre el proceso en Reading Rilke—. Cuando traduje The New York Stories5, de Elizabeth Hardwick, para Navona, ella ya había fallecido; sin embargo, en los últimos años de su vida fuimos casi vecinas. Casualmente, en 2006 estuve viviendo muy cerca de donde ella vivía, en la zona del Lincoln Center, en el West Side neoyorquino. Me gusta pensar que alguna vez me crucé con ella por la calle. Como tantos lectores, quedé deslumbrada por la voz desvelada y doliente de Sleepless Nights (Noches insomnes), por la fina ironía y la elegancia de su autora. Lo que no todo el mundo sabe es que esa voz que muchos descubrimos entonces, y que empezó a despuntar tras la muerte de su marido, el poeta Robert Lowell, venía de lejos. Hardwick llevaba publicando relatos, muchos de ellos magníficos, en revistas tan prestigiosas como The New Yorker desde los años cuarenta. Los relatos recogidos en The New York Stories abarcan un periodo de casi cincuenta años y muestran la evolución de la escritora a lo largo del tiempo. Algunos de los primeros, como «Evenings at Home», recuerdan al estilo sureño de Flannery O’Connor; otros posteriores nos hacen pensar en Edith Wharton. Es a finales de los años setenta cuando se produce un cambio de rasante en su escritura: Hardwick se decide a prescindir de la trama y su prosa se libera. Es la época en la que escribe Sleepless Nights y firma también algunos de sus ensayos más brillantes, muchos recogidos en Seduction and Betrayal. Women and Literature. 

Decía Flaubert que una buena frase en prosa debería ser como un buen verso en poesía: imposible de cambiar. Esto puede decirse tanto de la escritura de Gass como de la de Hardwick —no en vano, eran los dos escritores norteamericanos favoritos de Susan Sontag—. El objetivo de la traducción literaria es claro: que de la versión en español se pueda decir lo que decía Flaubert. En el caso de Gass, la mayor dificultad era encontrar la palabra justa, dar con un término que recogiera el máximo número de connotaciones del término original. En Hardwick está, además, la cuestión del orden. Se ha dicho que la escritora es la «reina de los adjetivos» y no es raro encontrarse con una larga hilera de ellos (acompañados muchas veces por su correspondiente adverbio) delante del sustantivo, cosa que suena muy poco natural en nuestro idioma. El gran Julio Cortázar, escritor y traductor, describía este problema de forma muy bella en «Carta a una señorita en París». El narrador del relato, que está cuidando la casa de Andrée en Buenos Aires mientras ella está en París, se siente culpable por «tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar». En el cuento, que puede leerse como una metáfora de la traducción, se dice que mover una pequeña taza «altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro». Al trastocar el orden de las palabras, una no puede evitar pensar que está perpetrando una especie de allanamiento de morada. El sentimiento de culpa se atenúa cuando pienso que en realidad no estoy alterando la casa diseñada y decorada por el autor, sino que estoy creando otra, una reproducción lo más fiel posible, de manera que cuando el lector entre en ella sienta que está en la casa construida por el autor.

Por supuesto, no es tarea fácil y más de una vez me he preguntado si siendo escritora merecía la pena que pusiera mi lenguaje, mi mente y mi tiempo al servicio del texto de otro. La respuesta siempre ha sido sí. Nunca se sale indemne de una traducción, pero tampoco se sale de vacío. Lydia Davis escribió un libro sobre los placeres de envolverte durante una temporada en la sensibilidad de otro autor (en su caso, Proust, Flaubert o Leiris). Además, traducir tiene un impacto positivo en la escritura. Javier Marías afirmó que su prosa ganaba en flexibilidad y soltura después de traducir; Lydia Davis empezó a desarrollar esa prosa minimalista por la que es conocida en oposición a las largas frases de Marcel Proust; Jhumpa Lahiri acabó dando, más que un giro, un «volantazo» a su carrera, cambiándose no solo de carril, sino también de carretera: Lahiri empezó a escribir en italiano, el idioma del que traducía, al descubrir una nueva voz, y, en cierto modo, se convirtió en una nueva escritora. 

En mi caso, traducir a Gass y a Hardwick me ha ayudado a conocer mejor mi lengua; a ser más consciente de la importancia del ritmo y la puntuación; a estar más atenta a las sutilezas de las palabras y la sintaxis. Entre todos los placeres de la traducción literaria, me quedo con el que se produce al alcanzar ese nivel de intimidad con otro escritor y la inmersión en otra época y cultura. Hay que tener en cuenta que no solo traducimos palabras, también trasladamos experiencias, metáforas, entre distintas épocas y países. En ese sentido, somos «pasadores de fronteras». Frente a las fronteras que nos separan, las traducciones contribuyen al intercambio cultural. Mientras escribo este artículo leo la noticia de que los libros traducidos de otros idiomas están enriqueciendo el mundo editorial británico, caracterizado por la insularidad. Se trata, por tanto, de una labor muy valiosa y, pese a ello, no muy reconocida. Por suerte, parece que algo está empezando a cambiar. La visibilidad de las traductoras —tengo entendido que somos mayoría— es cada vez mayor, y la repercusión de libros como La impostora, de Nuria Barrios, o This Little Art, de Kate Briggs, con traducción de Rubén Martín Giráldez6, sugiere que los lectores están cada vez más sensibilizados con este modesto arte.


Notas

(1) Carson, A. «Variations on the Right to Remain Silent». A Public Space, n.º 7, 2008.

(2) Haslam, J. Ilustraciones de la locura. Madrid: AEN, 2020. En la misma editorial, también con traducción mía, se publicó El último asilo, de Barbara Taylor (2020).

(3) Hurtado, M. L. «Parra traduce a Shakespeare». Apuntes, n.º 103, 1992.

(4) Gass, W. H. En el corazón del corazón del país. Madrid: La Navaja Suiza, 2016.

(5) Hardwick, E. Historias de Nueva York. Barcelona: Navona, 2022.

(6) Briggs, K. Este pequeño arte. Jekyll & Jill, 2020.

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10 Comentarios

  1. Agustín Serrano

    Qué maravilla de profesión la dedicada a traducir y, con ello, descubrir lo que realmente quien escribe quiere decir. Como una especie de arqueología psicológica y sensorial.

    Como lector y escritor, y viceversa, -aunque no lo parezca, dicho orden importa-, tengo que decir que hay entre ambas actividades un traductor invisible. Un ente capacitado para convertir lo recibido a través de la placentera lectura o lo expresado con la tortuosa escritura, en placer, en ganas de vomitar o en olvidar para siempre… si no lo entienden, que nadie lea jamás lo que he escrito, por favor!!

    Además, no es un ser único y omnisciente, son varios los que permanecen tras nuestros ojos, como seguratas de discotecas… seleccionando qué clase de historias entran y cuáles no. Eso sí, porque el proceso no tarda más de un par de segundos, su decisión final depende de lo que marque su scanner de matices, sentidos, contextos…

    Pobre Doncella de Orleans

    Mi fantasma de la traducción… silencioso y delirante inquisidor con hábito de eterno lector, pero sin el de escritor como profesión, suele estar siempre receptivo con lo que escribe García Nieto.

    Saludos.

  2. Francisco Clavero Farré

    Quizá modesto, pero también esencial a la cultura, difícil y grande. Cuánto reconocimiento a los buenos traductores que nos hacen llegar libros en principio inaccesibles.

  3. MacNaughton

    Pero que es eso de romantizar a la traducción en un país que siempre ha despreciado dicha actividad como España?

    No vale la pena ser traductor en este país, al no ser que formes parte de un grupo muy selecto de los 3, 4, o 5 traductores literarias…y aun así…no te salen las cuentas…

    Yo soy uno de los «afortunados» en el mundo audiovisual supongo, siempre tengo trabajo y sin embargo no tengo suficiente para parar ni siquiera dos semanas en verano… no puedo llevar una vida normal siendo traductor en España…

    El otro día me llama un cliente muy afortunado, un productor cuyo padre franquista era productor de cine en época de Franco, y me dice que tiene 900 euros para los subtitulos en inglés de una pelicula…

    900 euros es lo que se pagaba en los 90 por unos subtitulos- 150.000 pesetas – y se lo digo y se ofende y ya…

    Yo me voy a Berlin, no puedo permitirme España mas, si sigo aquí, acabo en la calle… Berlin es mas o menos el mismo precio que Madrid y los sueldos son dos o tres veces mas altos…

    Los que mandan en el mundo de la cultura en España son casi todos de familias de Franco, nunca han llegado a fin de mes en la puta vida…

    …además no te insultan en Alemania. Yo traducido no se si 6 o 7 millones de palabras a estas alturas, no ha servido para nada, te pagan el mismo como el primer día… te viene un puto chulo del franqusmo y sus berrinches y sus enfados…

    Y eso que no hay menos de 6000 por subtitulos en un presupuesto de una peli…

  4. MacNaughton

    PD: lo que hay que hacer es buscar un trabajo razonablemente pagado y estable, y traducir textos que te gusten en tu tiempo libre, ser un traductor dominguero, como hay y siempre ha habido Sunday painters, mi abuelo era un Sunday painter, gente a quien le gusta pintar en su tiempo libre… mi abuelo pintaba paisajes, un poco en la línea de William McTaggart, tenia cierto talento, alguno no esta nada mal…

    Y traducir es muy bonito y no deja de ser misterioso, pero llegas a una edad que el cuerpo no aguanta, necesitas parar, es un trabajo muy intenso pero muy mal pagado… tampoco haya una jerarquía apenas, ni siquiera en algo especializado en teoría como el cine…

    La idea de que uno sea experto en traducir textos de cine, no se contempla en la industria española, sino siempre la presión es hacia abajo en precios…. es muy estúpido, porque en el cine, todo el mundo es especializado en algo, el equipo técnico es eso, pero el papel del traductor no se considera así, sino nos consideran unos turistas mas o menos de paso….

    El caso que menciono arriba es absolutamente típico. Te reprochan por pedir una tarifa profesional, que es la obligacion de cualquier profesional que se toma en serio….

    Al final, te quemas, y pasas el día jorobado…

  5. MacNaughton

    PPD: o te hinchas de textos de la teoría de la traducción, yo me pase un temporada así, leyendo «La Tarea del Traductor» de Walter Benjamin, por ejemplo, y luego el comentario de Antoine Berman sobre aquello, leyendo a Lawrence Venuti (el gran Venuti le decimos en mi casa) leyendo aquellos compendios de textos sobre la teoría de la traducción que se llaman en inglés «Translation Studies Reader» lleno de reflexiones de sabios de la antigüedad a nuestro tiempo sobre aquel «modesto misterio» como la llamaba Borges, sin olvidarme de algún libro de por ejemplo de Adam Thirwell, ahora editor de The Paris Review, que encontré en una librería de Amsterdam, algún que otro ejercicio propio que es leer en paralelo un texto en espanol y la traducción de un profesional que admiras, cosa que hice yo con una novela de Javier Marias y Margaret Jull Costa que es una traductora fantástica, a ver como Margaret resuelva esto o aquello, amen de traducir bastante poesía y algunos cuentos por mi cuenta, tres o cuatro de Quiroga, por ejemplo…..

    Pues todo esto forma parte de la formación obligatoria de un traductor yo diría, pero en la industria audiovisual espanola no sirve absolutamente para nada…. el traductor no tiene la categoría de un profesional, sino se le considera un especie de administrativo que habla dos idiomas…

  6. MacNaughton

    Habría que hacer algo con estos del cine, no?

    No con la gente de la nueva hornada de estos 3 o 5 últimos años, sino con los históricos, los Fernando Bovairas y Gerardo Herreros y muchos otros mas que son unos abusones y unos ladrones y unos putos jetas…

    …porque todos estos pijos meten en sus presupuestos de cada peli no menos de 6000 euros en traducciones, y mas o menos lo mismo en subtitulos, y sin embargo no nos pagan ni la mitad, y eso que 90% es dinero publico o bien del ICAA o bien de las teles… quien cojones se creen esta gente?

    En pocas palabras, nos roban los productores franquistas del cine espanol una y otra vez…

    Tal es así que con mas de 50 tacos me estoy considerando irme de la industria tras casi 30 años porque no puedo seguir asi….

    Estos putos asesinos zafios y viles del cine espanol… que les parta un puto rayo….

  7. MacNaughton

    O sea Fernando Bovaira, tal vez el productor con mejor curriculum, es un comisario político del Grupo Prisa en el cine espanol…

    Fernando Bovaira y yo tenemos una cosa en comun: nuestro primer crédito en el cine es de «Perdita Durango» de Alex de la Iglesia, Bovaira como productor, yo como currante en la rodilla final…

    A Fernando Bovaira le nombran jefe de Sogetel en el 95 o el 96, sin un solo crédito en el cine, con un presupuesto anual de 20 o 30 millones de euros para gastar en pipas…

    Sin un solo crédito…. como es posible? Pues porque es del entorno de Cebrian / El Pais, es decir, ala reformista del Franquismo… Así es como funciona la industria en España…

    Ese señor lleva dos decades dándonos por culo a los adaptadores y traductores… es un profesional del sector absolutamente deleznable, como se ve en su lamentable filmografia… menudo jeta de tío….es tan corrupto que ni se da cuenta de ello…

    Son unos ladrones la mayoría de los productores en España, pero por encima del todo, they’re a bunch of fucking assholes…

  8. MacNaughton

    Pero no hay que desesperarse, chicos, en breve el ICAA y el ICEX organizaran una de sus habituales jornadas sobre la internacionalización del cine espanol, pasa cada 5 o 7 años, y todos los productores del cine espanol iran a allí a comer gratis y sentar cátedra sobre como el futuro del crecimiento de la industria pasa por la internacionalización del sector…

    … se llenarán la boca de bonitas palabras con sus mejores intenciones, con consignas y tópicos y cliches, y el día después volverán a llamar a sus adaptadores con un dinero africano, nada que ver con el resto de Europa…

    …somos el eslabón fundamental en dicha internacionalaclizacion y nos vienen con precios del continente de Africa… el ICAA tampoco jamas ha invitado a nadie internacional que yo sepa, nunca, no existimos para el ICAA tampoco..

    Yo tuve la suerte de trabajar con Carmen Balcells, toda una figura en el mundo de las letras, una figura imprescindible y decisivo en el bum de letras hispanas en los 60 y 70: agente de Vargas Llosa y Gabo y muchos mas… una leyenda del mundo de las letras…

    El día después de encargarme una novela, me había ingresado 3000 euros en la cuenta sin que me hubiese dado tiempo a emitir la factura ni siquiera… así era Carmen Balcells, daba gusto trabajar con ella…

    Y así son mis condiciones a partir de ahora en el cine. Los 6000 euros que figuran en un presupuesto, los quiero íntegros para mi, 3000 al empezar y 3000 al terminar, y si no os pienso montar un puto pollo con este tema con el Estado espanol, con la prensa internacional y con la comisión europea….

    Ese lugarteniente de Bovaira ELL, que un dia te esta llorando con que solo tiene mil euros para traducir un guión, y la siguiente vez te encuentras con el, se ha comprado la casa de Antonio Machado en Carrabanchel por un millón de euros…

    Los del cine en Madrid es la gente mas cutre y rata que hay….

  9. MacNaughton

    Lo que quiero ver yo son los inspectores de la Union Europea aquí para realizar una auditoria masiva de como se ha repartido dinero publico en el mundo de la cultura estos años, y más concretamente en el mundo del cine, desde la entrada de España a la UE a esta parte….

    Quiero ver yo eso y como imponen una multa masiva a España por la sistemático trato discriminatorio a europeos que nacimos fuera de la gloriosa reina (con sus 40 años de democracia en 500 años) desde el 86 a esta parte…

    No lo sabe nadie en el mundo del cine, pero los europeos tenemos los mismos derechos que cualquier español según los Tratados Europeos, por mucho que os joda… a subvenciones también… y a pre-compra de derechas de la tele…

    Y estoy seguro que España, con el beneplácito del Ministerio de la Cultura, ha fomentado una política de exclusión a los europeas residentes en España sin lugar a dudas, en materia de cine, desde hace 40 años….

    Ya está bien de ustedes. ya está muy bien de ese bando de pijos posicionados por Juan Luis Cebrián y el Grupo Prisa en los primeros 90 que han llevado el cine español al descredito total en el mercado internacional, en y aquella otra banda de Gonzalez Sinde o esta otra también que somos de cine…

    La traducción es el lenguaje de la Union Europea como dijo Umberto Eco, ya era hora que alguien en todo el puto país leyera los Tratados y los aplicara….

    Que puta vergüenza pais en política de cultura… sois la gente más excluyente en todo el universo.. y eso que habeis chupado más del bote que ningun pais de la Union Europea….

    «Somos los pijos españoles, nuestros abuelos ganaron la guerra civil, y nuestros papís la Transición y tenemos el First Certificate en inglés y somos los mejores en toooooooodo…»

    Que puto asco dais…

  10. MacNaughton

    Pero ha habido una regresión brutal estos años, tanto en el derecho de los Catalanes de opinar si quieren ser indies, a la gente trans, que no conozco yo a ese mundo pero estoy con ellos 100%, a muchos otros temas que dábamos por sentado, los derechos en temas LGBT han sido especialmente atacados por ejemplo…

    Pero eso existe también en el mundo del cine y hay que señalarlo, y nadie lo hace en el cine español que es un sector supuestamente progre que vive del dinero público pero no se les nota nada. Fernando Bovaira es el gran productor del cine español estos 25 años… Buf….. Nunca ha rodado una mujer ese señor. Si es alucinante. Habrá rodado 30 pelis, pero a ninguna mujer…

    ¿Y como es que TODA LA PRENSA, se olvida de eso? Y todos los comités del ICAA ¿Como es posible eso? Eso lo llamo yo corrupción…

    Los del cine español creen que pueden coger la pasta del ICAA y hacer lo que quieran, y según los Tratados Europeos, eso no es así. No es así, ¿vale? No es conforme con la legislación europea…

    Y luego con victimismo, y hay una parte del público que rechaza al cine español.. pero como no van a hacerlo, lo huelen, no es una industria democrática, es sectaria, machista, muuuy racista y muy clasista y en una palabra, excluyente….

    Yo una noche, fui al estreno de REGRESION de Alejandro Amenábar, con Carolina, mi novia de entonces (y cuanto la echo de menos a a Carolina con su sensatez y su concepto del orden).

    No quería ir la verdad, pero a ella le hacia gracia la idea de un estreno así y nos acercamos a la sala con todo el mogollón, y de repente me señala con el dedo algo con cara de pavor total y miro a ver lo que hay y los veo: cuatro o cincos skinheads allí haciendo el saludo fascista, apartado, eso si, de la gente que entraba por una valle, gritando «¡¡¡Lider, lider, lider!!! » a la gente que entraba….

    Me quedé pasmado por supuesto y intentaba ver a quien estaban saludando, si Alejandro Amenábar que entraba en ese momento, o Fernando Bovaira que iba detrás de él… «¡¡¡Líder, líder, líder!!!» decían de nuevo…. y me quedé perplejo la verdad…

    ¿A quien saludaban? ¿Al propio Amenábar? No creo. ¿A Fernando Bovaira? Con sus lazos con Juan Luis Cebrían no me parece descartable del todo, dado que ese era editor en jefe del periódico fascista «Arriba!» antes de regentar «El Pais», pero aún así, poco probable…

    Luego caí en la cuenta, que casi seguro que eran gente de Berlusconi enviado para apoyar a los ejecutivos de Tele 5 que era co-productor de la película… y cuyos ejecutivos estaban por ahí en sus smokings… Igual habían visto a Paulo Vasile o a unos de sus ejecutivos del departamento de cine, lo más seguro…

    «Líder, líder. líder» decían con el saludo fascista, el brazo en alto, sin rubor ninguno… Una «regresión» brutal, vamos….

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