Arte y Letras

La cultura bastarda

Ilustración Pablo Amargo. cultura bastarda
Ilustración: Pablo Amargo.

La cultura, o es cultura bastarda o simplemente no es. La cultura nace de la mezcla, de la fusión, de la influencia, del mestizaje, de la contaminación, de la inspiración, de la copia, del reseteo, del ruido (artístico y cultural), de la tradición y de la traición a la tradición… Hay muchos cantos de sirenas que hablan de la pureza en el arte, el caso del flamenco es ejemplar, que reivindican un arte puro e inamovible, es decir, el no-arte, una foto fija conservada en formol que jamás, ni podrá ser, ni podrá cumplir con los objetivos de la creación. En definitiva, que nunca podrá ser útilmente inútil, siguiendo a Nuccio Ordine.

Amenazan hoy en día tiempos de pureza. Siempre han estado ahí las exclamaciones defendiendo y exigiendo una cultura de toda la vida pero ahora aún más. Entre otras razones quizás porque en estos tiempos la mezcla es más evidente, porque hoy en las obras culturales es más fácil ver los restos y rasgos de otras obras, de otros medios y de otras sensibilidades y banderas, y esto a algunos les molesta mucho. Otros piensan quizás que en lo de antes no había influencias. Pero la cabezona realidad es la que es y lo cierto es que la cultura siempre ha sido el resultado de una extraña y maravillosa alquimia, personal, social y creativa y siempre ha sido, es y será cambiante. Seguramente también influya que si miramos al pasado vemos la obra y no el proceso, vemos el resultado no el camino seguido ni el entorno, es decir, no vemos la cocina, no contemplamos cómo se van mezclando los ingredientes, no podemos asistir a esa mezcla, a esas influencias, a cómo la impureza ayuda a generar obras que hoy parecen puras. Vemos el oro, no la alquimia que ha transformado el plomo.

La cultura sufre muchos prejuicios, que si los videojuegos generan violencia, que si leer a Superman hace que los niños se tirano por el balcón, que si Lolita de Nabokov fomenta la pederastia, que El padrino blanqueó a la Mafia, etc… La exigencia de la pureza, el gesto agrio frente a la evidencia de influencias incorrectas es también uno de esos eternos prejuicios, insisto con el flamenco y no hay mejor ejemplo que las críticas que sufrió Camarón con La Leyenda del Tiempo. Esa visión de la pureza cultural que nace siempre de la mirada hacia atrás choca por definición con el propio proceso creativo que tiende a mirar hacia delante y que surge desde el presente, donde convive como se señalaba antes, con multitud de influjos, que se quiera o no, acaban influenciando y abriendo nuevos caminos, vías que después, con el tiempo, los nuevos puristas reclamarán como los únicos válidos, mostrándolos como ejemplos de la pureza del arte. Lo que hoy es transgresor mañana será puro. Lo curioso es como los puristas de hoy no se dan cuenta de esta realidad.

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