
Este artículo es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 44 «Distopías»
Por favor, no, Jot Down, no me hagáis esto… ¿Un número sobre distopías? No lo pienso leer. Desde luego no os voy a escribir nada. Con la que está cayendo, apenas la pandemia digerida, la catástrofe climática que solo empieza, la guerra en Europa que no termina… ¿De qué vais, de cuarto jinete del Apocalipsis? Con Black Mirror estrenando temporada, El juego del calamar convertida en la serie más vista de Netflix, El cuento de la criada acumulando premios… Mi pareja lleva años avisándome de que no hay nada visible para los optimistas. De que nos falta un guion a los buenistas. Años debatiendo con ella de por qué no se estrenan utopías. De si el huevo o la gallina. ¿Y ahora vosotros también?
Uy, pues a ver si aquí está el tema. Mira, revista de blanco y negro, ¿ponemos un poco de color en este mundo gris? ¿Hablamos, llamadme loco, de utopías? ¿Ordeno un poco nuestras controversias conjugales, nos hacemos terapia y me pagáis el artículo?
La palabra utopía, no desvelo nada, la inventó Tomás Moro en 1516 para titular un libro y la isla en la que imaginó un sistema político-social ideal para organizar la vida de sus habitantes. Y esta letrita u que pone delante de topía, el lugar, sirve para dos posibles prefijos griegos. Puede ser un οu lugar, es decir, un no lugar, o puede ser un eu lugar, un buen lugar. En cuanto a distopía, el lugar difícil o anómalo, la primera vez que se oye en público es cuando la pronuncia en 1868 John Stuart Mill, un filósofo inglés, para meterse con la política de su Gobierno. En los dos casos se trata de imaginar mundos alternativos al real, que pueden ser en otro topos, en otro lugar, aunque también en otro tiempo. En el caso de las utopías, el autor se imagina una sociedad ideal y feliz, en el de las distopías, horrible y alienante. Son definiciones un poco simplonas, aunque de momento nos valen, ya las iremos afinando y pervirtiendo.
El derbi lo van ganando las distopías por goleada. Basta con abrir el catálogo de una plataforma de series, la cartelera del cine o la puerta de una librería. No hay mucho debate. Lo que sí se puede discutir es si la hegemonía de la distopía conducirá a nuestras sociedades a la catástrofe que anuncian las propias obras. Si estas creaciones de la literatura, el cómic, las series, el cine o el pensamiento serán profecías autocumplidas. O si acaso será posible sacar algo bueno de tanta desgracia. Ya que justo es la vuelta al cole, propongo proceder en tres partes, en plan disertación de filosofía, como hacen los alumnos de bachillerato en la selectividad francesa.
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Excelente articulo
Si trabajaríamos las utopías, entraríamos al área de la esperanza y por lo tanto pondríamos a prueba nuestra fé, la que fuera.
«Los creadores solo nos ofrecen catástrofes, fines del mundo, totalitarismos, muerte y destrucción. Resignémonos, parece que nos estén diciendo. Cierto es que el contexto no ayuda al optimismo».
O lo que es lo mismo, todo el futuro de éstos creadores termina con el mundo, la humanidad o su esclavitud, nunca con el fin del capitalismo.
El lector que juzgue.
El capitalismo es ahora como un parásito aferrado a un órgano vital. No puedes matarlo sin aniquilar también a su víctima. Las distopias nos presentan esa realidad. Es el paradigma de una aniquilación que, en el fondo, nos merecemos, precisamente por haber dejado que las cosas alcancen el punto actual.
No sólo está nuestra voluntad. Cuando por luchar por una utopía o por no caer en una distopía vas a la cárcel se genera miedo e indiferencia hacia la causa que se busca. Desde el poder se pretende desmovilizar criminalizando la protesta.
Sería interesante que dierais un repaso a las utopías que existen y con base: el pensamiento regenerativo (o culturas regenerativas), el movimiento solarpunk, libros como ‘No nos sobran las ideas’, ‘Utopía no es una isla’ o ‘Contra la distopía: La cara B de un género de masas’, ‘Sembrando semillas’… El pensamiento de Jacques Fresco… La novela ‘Ecotopía’ o la nueva ciencia-ficción novelada ‘ecologista’… O la clásica de Star Trek con un futuro… son un prisma poliédrico de esas utopías realistas a las que aludís… No se trata del optimismo ciego o de la utopía inverosimil de las comunas de los 60… se trata también de hacer una autocrítica de las utopías para despojarlas de ese poso de ingenuidad, pérdida de tiempo y desesperanza que trae… Porque como diría Manu Chao, citando a Metro de Madrid… ‘Próxima estación: Esperanza’.
Saludos utópicos
Creo que analizar las consecuencias sólo lleva a actuar reactivamente. Yo hice un trabajo individual buscando la trazabilidad del enigma con la utopía vs la distopia. El lenguaje ha creado un efecto de tracción hacia una utopía de mundo no sostenible, no natural.
Si a alguien le interesase mi trabajo de búsqueda de la trazabilidad del problema os invito a leer este corto ensayo. Creo que analizar las consecuencias sólo lleva a actuar reactivamente. Yo hice un trabajo individual buscando la trazabilidad del enigma con la utopía vs la distopia. El lenguaje ha creado un efecto de tracción hacia una utopía de mundo no sostenible, no natural.
Si a alguien le interesase mi trabajo de búsqueda de la trazabilidad del problema os invito a leer este corto ensayo. Case history del primer Metaverso (ideasinimaginables.blogspot.com)