Música

Sinéad O’Connor: «Nothing Compares 2 U»

Sinéad O'Connor, 1988. Fotografía: Paul Bergen / Getty.
Sinéad O’Connor, 1988. Fotografía: Paul Bergen / Getty.

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Esa apariencia de objeto fiero, con las botas, los vaqueros desgastados, las camisetas con logos provocativos y el cráneo rapado, daba la errónea impresión de una tía dispuesta a lanzarse al cuello del primero que osase mirarla ni siquiera mal. Pero, si te fijabas solo un poco, te dabas cuenta de que era una forma estupenda de esconderse de todo el mundo, y de que no se notara a primera vista su delgadez enfermiza, su baja estatura y esa mirada. Pero los ojos son difíciles de ocultar. Y, una vez que te mirabas en ellos, lo entendías todo. Esos ojos enormes, bellísimos, pero siempre suplicantes. Ojos azules que se volvían negros de la intensidad con la que miraban el mundo y pedían amor, comprensión. 

Todo eso antes de que abriese la boca para cantar. Sinéad O’Connor posee esa facultad que solo pertenece a los grandes: conseguir con sus canciones hacerte olvidar tu entorno, tus preocupaciones. Aunque bien es cierto que un porcentaje de la población no se conmueve ni jamás lo hará por esta artista. Entre ellos están los ofendidos por algunas de las cosas que hizo Sinéad a lo largo de su vida. Yo no tengo esos prejuicios, de hecho, comparto —aunque no con la enorme magnitud de la dedicación de esta artista— su interés por las Escrituras. Y la verdad es que me encantan las pintas que solía llevar.

Repasemos su vida y su carrera, como homenaje a una voz y a una artista irrepetible. 

Una infancia terrible

«Cuando recuerdo mi infancia, me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende […]. La infancia desgraciada irlandesa es peor que cualquier otra infancia desgraciada, pero la infancia desgraciada irlandesa católica es la peor de todas…».

Este texto podría haber sido el comienzo del libro de recuerdos de Sinéad, Rememberings (Penguin Books), publicado en 2020 (traducido al castellano como Remembranzas y editado por Libros del Kultrum en 2021), pero no, pertenece a Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt, que también son unas memorias. Aunque, desde luego, no hubiera desentonado nada con algunos momentos de la narración, sin embargo, esto no es esa novela, aquí no nadie se muere de hambre. Pero, a pesar de todo, verán ustedes:

Sinéad nace en Dublín el 8 de diciembre de 1966, y le ponen el nombre de Sinéad Marie Bernadette. Es la tercera de cuatro hermanos; los dos mayores, un chico y una chica, se llaman Joe y Éimear, y John es su hermano pequeño. Sus padres, Marie y John, se habían criado en el barrio de Crumlin —un suburbio pobre del sur de Dublín— y allí se quedaron. Cuando nació el más pequeño, se trasladaron al barrio de Glenageary, en la otra punta de Dublín, una zona con más posibilidades. El matrimonio no duró ni diez años: en 1975, el padre abandonó a la familia. Los hijos se quedaron con la madre, y allí estuvo Sinéad hasta que cumplió los trece años. Ese período de tiempo fue infernal, puesto que la madre padecía un delirio que, entre otras cosas, la llevaba a castigar a sus hijos (a Sinéad sobre todo) de una forma brutal. 

«¡Jezabel!, ¡Jezabel!» era el calificativo con el que solía dirigirse a su hija antes y después de atizarle con el palo de hockey, no sin antes ordenarle que se desnudara y decirle que no era nadie, que no valía para nada. Después, en clase, su profesora de Primaria le preguntaba dónde se había puesto el ojo a la funerala o por qué lucía moratones en los muslos. 

Sinéad sufrió todas las penalidades imaginables: era recluida en una habitación sin luz durante horas, no comía durante días. Cuando el padre la descubría en ese estado, la llevaba al médico. La madre juraba que la niña había comido y, cuando volvían a casa, la encerraba de nuevo debajo de las escaleras.

A pesar de todo, Sinéad era como cualquier otra niña irlandesa. Veía Top of the Pops, programa en el que conoció a los grandes de la música y también a los grupos del momento. Gracias a su hermano mayor escuchó a artistas de los que se enamoró inmediatamente, como, por ejemplo, Bob Dylan, a quien conoció a través del álbum Slow Train Coming (no está mal tropezarse por primera vez con Dylan con este disco, la verdad). Al igual que yo y miles de chicas a finales de los setenta, escuchaba la radio por las noches desde un viejo transistor que tenía en el dormitorio.

La contrata el dueño de una discoteca, al que engaña con la edad (tiene trece años, pero, con un kilo de maquillaje puesto, le hace creer que tiene dieciséis). En la disco, lo pasa genial, se encarga de dar las entradas a los visitantes; pasa el resto del tiempo bailando, embutida en unos estrechos pantalones.

Sinéad huyó de casa y, cuando su padre la pilló, decidieron que ingresara en otro colegio (era el cuarto en pocos meses). Su nuevo colegio se llamaba An Grianán («El amanecer») y era un convento de monjas de clausura con dependencias dedicadas a dar clase a niñas problemáticas. Allí entabló una relación especial con la hermana Margaret. Esta monja de carácter bondadoso hizo amistad con Sinéad y fue capaz de sacar su vena musical, logrando que participase en los conciertos que organizaban en el colegio.

De allí fue directa a su carrera.

London Calling

La cogieron para cantar en Ton Ton Macoute tras poner un anuncio en Hot Press, el magazín irlandés de música. Al año siguiente recibió una llamada de Nigel Grainge y Chris Hill, de Ensign Records, en la que se mostraban muy interesados en lanzarla como solista pop del momento, con la imagen de entonces. Le propusieron ir a Londres para grabar unas maquetas con Karl Wallinger (World Party) y para allá que se fue sin pensárselo. Grabaron cuatro canciones, tres de las cuales irían en su primer elepé. 

Pasó los primeros meses en Londres acompañada por Fachtna, su recién estrenado mánager, visitando los tenderetes de Ladbroke Grove, donde escuchaba reggae y hablaba con los jamaiquinos. En esos años hizo muchas amistades entre la comunidad rastafari de Londres.

Para acompañarla en la grabación, los jefes le presentaron a Ali McMordie, el bajista de Stiff Little Fingers, que traía con él a un batería, John Reynolds, por el que Sinéad sintió un flechazo instantáneo. Cuando comenzaron a grabar el disco, Sinéad supo que estaba embarazada. Y esto, lejos de ser una buena noticia, se convirtió en un tema de discusión dentro de Ensign. Como ya he apuntado antes, la discográfica quería una fina y moderna solista pop, y este embarazo quebraba todos sus planes. Desde ese momento, empezó a sufrir presiones por parte de la compañía, pero definitivamente, y a pesar de todo, decidió seguir adelante. Como respuesta a las peticiones de la discográfica: ¡se rapó el pelo! Ella estaba encantada: «Parecía de Star Trek».

El león y la cobra

The Lion and the Cobra (título sacado de un verso del salmo 91) se grabó por segunda vez (por petición suya) y salió en 1987. Sinéad contó con la ayuda de su mánager en la grabación, y de glorias de la nueva ola, como Marco Pirroni, a la guitarra acústica, Kevin Mooney, al bajo, Rob Dean, a la guitarra eléctrica, y hasta con una estrella en ciernes: Enya. El resultado es un disco fabuloso que da a conocer una voz tremenda y unas letras increíbles, por lo profundas y originales.

«Jackie», la canción que abre el álbum, es un tema gótico, que recuerda a Siouxsie. Compuso el tema «Mandinka» después de ver Raíces en la tele. «Never Get Old» está dedicada a un niño de su colegio que entrenaba halcones. Y la perla del disco, «Troy», es una maravillosa y dura canción en la que habla de su madre, de la época en la que los dejaba fuera de casa, a la intemperie, y, a pesar de todo, de su amor por ella.

«Nothing Compares 2 U»

Personalmente, su segundo álbum me gusta un poco menos que el primero. Tal vez sea por la producción, porque las canciones están a la altura del primer disco. Por ejemplo, «I Am Stretched on Your Grave», o el tema que da título al álbum y que trata sobre la visita a una médium en la que se apareció su madre y le dijo: «I Do Not Want What I Haven’t Got»; por supuesto, la versión de Prince, que también va dirigida a su madre y por eso cambió un verso de la original; «Three Babies», una canción dedicada a los tres abortos que tuvo, y «The Emperor’s New Clothes», el tema más resultón del disco.

Entendemos que ella se considerase punk antes que una pop star, pero, cuando se publicó este segundo elepé, las cosas se desmadraron del todo. Su segundo mánager, Steve Fargnoli, había trabajado con Prince y arregló una cita para que ambos artistas se conocieran. Ese encuentro fue una de las cumbres del horror de la vida de Sinéad, y me niego a reproducir los hechos por respeto a su memoria.

En 1992 se produjo el incidente de la foto. Sinéad se había llevado un único objeto de la alcoba de su madre: una fotografía del papa. Ella llevaba tiempo deseando destruir esa imagen como protesta ante los abusos de la Iglesia, y, cuando la llamaron de Saturday Night Live, no se lo pensó. Su actuación incluiría una canción de Marley, «War», después gritaría: «Luchad contra el verdadero enemigo», y, a continuación, haría pedazos la foto

Tras convertirse en un referente mundial con su segundo álbum, se encontró baneada de casi todos los estudios de televisión, radio y prensa. Una campaña casi global en su contra, de quema y destrucción de discos, su imagen totalmente fundida por los telediarios del mundo (incluidos estos de aquí). En fin, algo que hubiese acabado con cualquiera que aspirase a ser una pop star. Menos con ella.

Ese mismo año decidió grabar un disco de jazz y canciones populares (I Am Not Your Girl). Escogió como single «Success Has Made a Failure of Our Home», un clásico de Loretta Young, porque era como una autobiografía de su situación.

Universal Mother

Mientras el mundo del pop, y el mundo en general, se olvidaba de ella, editó en 1994 su elepé más especial, que, además, cosechó buenas críticas. Un disco más personal si cabe que los anteriores. Sinéad había vuelto a Dublín, y desde allí viajó a Ámsterdam, donde grabó canciones de especial intensidad y pasión, como «Fire on Babylon», «John I Love You», «All Apologies» o «All Babies», al fin, una canción de esperanza en medio de tantas letras funestas. Hay dos alusiones a personas conocidas: «A Perfect Indian», dedicada a Daniel Day-Lewis, un amigo, y «Thank You for Hearing Me», dedicada a su ruptura con Peter Gabriel.

En 1997 salió Gospel Oak, llamado así por el barrio de Londres donde estuvo visitando a un terapeuta seis días a la semana. El tema que abre el disco, «This Is to Mother You», recuerda a «All Babies», con una letra más negativa, aunque, eso sí, tan magnífica como aquella. El resto de las canciones son baladas conmovedoras con algunos toques folk (no solamente la estremecedora versión de «He Moved Through the Fair») que siguen la estela de Universal Mother.

El disco del año 2000, Faith and Courage, significa un cambio de registro en Sinéad. No es que se dedicara a cantar sobre otros asuntos, eso no, pero el ambiente era diferente. Sus productores, esta vez, Dave Stewart y Adrian Sherwood, metieron tecno y guitarras, pistas de voz, etc., y realizaron un álbum muy moderno, pero igual de delicado que los demás. Las canciones más relevantes son «No Man’s Woman» y «Daddy I’m Fine», una carta dedicada a su padre, escrita en colaboración con Dave, que está genial. 

Al final, su amor por los rastafaris la llevó a Jamaica, con la banda de Sly y Robbie, para grabar un fantástico disco titulado Throw Down your Arms, con números clásicos del reggae que le gustaban. El resultado es desconcertante, por ser una irlandesa cantando este estilo, pero suculento.

A los especialistas en folk les gustó su elepé de música irlandesa tradicional, Sean-Nós Nua. Salió en 2002 y creo que no hay un disco de Sinéad que esté mejor cantado que este, y eso ya es decir mucho.

De sus clases sobre teología, que llevaba dando desde el 2000, salió la idea de grabar un disco con canciones inspiradas en las Escrituras. Theology tiene algún tema que no sé qué pinta ahí, pero el resto es imponente. Quizá le falta algún arreglo, pero está muy bien, considerando que son canciones religiosas y, por tanto, muy difíciles de grabar en versión pop. 

Después de este trabajo se dedicó durante unos años a cuidar de sus hijos hasta que lanzó en 2012 el álbum How About I Be Me (And You Be You)?, grabado en Dublín y producido por Daniel Lanois. Esta vez las canciones estaban inspiradas en películas que la cantante había visto con sus hijos. Este disco cuenta con canciones memorables. Desde la primera, «4th and Vine» hasta «Queen of Denmark» (de John Grant) o «Take off Your Shoes». Un disco con mayúsculas.

De repente, su música regresó al principio, al pop. En el siguiente fue todavía más patente. I’m Not Bossy, I’m the Boss es un disco (2014) absolutamente pop, aunque no obvia el tema político. El título apoya el baneo que hicieron las mujeres de la palabra bossy, término machista para referirse a las mujeres con poder. Pero las letras tocan temas que apenas había trabajado antes: amor, romance, etc. Producido por John Reynolds, que dio un toque hasta con sonidos de metal. Las canciones son vibrantes como nunca. Este disco auguraba un camino nuevo y el reinicio de una carrera, por lo demás, increíble. A pesar de todos los pesares, de sus depresiones, de sus otras enfermedades, siguió con ella, sin desmayo y, además, en la carretera, defendiéndola.

El fin

No voy a olvidarme de las colaboraciones que hizo con otros artistas, porque son relevantes y algunas magníficas. Grabó con muchos, los más relevantes: Peter Gabriel («Blood of Eden»), U2 («You Made Me the Thief of Your Heart»), Shane McGowan («Haunted»), más un largo etcétera.

Sinéad tuvo cuatro hijos, cada uno de un padre distinto. Jake, el mayor, ahora es el chef de un restaurante; Roisin es otra chef, pero vegana; Shane, el tercero, lleva ese nombre en honor del gran amigo de Sinéad, Shane McGowan, y el cuarto, Yeshua, es un chico ensimismado con los superhéroes. Por desgracia, el tercero se escapó del hospital donde estaba internado y se suicidó en 2022. Esto fue un año antes de la muerte de Sinéad, debida a (todos nos lo han dicho, ¿no?) causas naturales.

Ella ha dejado un poso indeleble en la cultura de su país y en el pop internacional. Su bravura, su, a veces, inconsciencia a la hora de meterse en terrenos muy difíciles sin pedir permiso, ni falta que le hacía, su sonrisa para enfrentarse a la opinión pública, su rigor a la hora de defender sus derechos como ser humano y mujer, con todos sus defectos, que no ocultaba. Todo eso la convierte en un referente mundial para todas las generaciones posteriores. Irlanda empezó a ser un poco más libre con ella. Su voz, imposible de olvidar, su apariencia frágil, pero su voluntad enérgica, perduran en la historia. We love U, Sinéad

Sinéad O'Connor, 2012. Fotografía: David Corio / Getty.
Sinéad O’Connor, 2012. Fotografía: David Corio / Getty.

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11 Comentarios

  1. Ignacio Javier Romero

    Estimada Grace:
    ¡Muy buen artículo! Lo he disfrutado mucho.
    Con un mensaje sobre la foto final de Sinéad. . .
    Jn. 3, 16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.
    Descansa en paz Sinéad y en la misericordia del buen Dios. Amén.

    Saludos y gracias por tanto.
    Ignacio Javier Romero.

  2. Magnífica voz y artista, pero por mucho que se la intente ensalzar, se notaba que la pobre no andaba muy bien de la azotea.

    Todavía recordaré cuando ví en su época la secuencia de cuando rompió una foto del Papa y me dije para mis adentros: le queda poco para irse con el Dalai Lama a las montañas del Tíbet. Uyyyyy casi acierto.

    Eso sí, la sensación de tristeza al saber de su fallecimiento sigue ahí.

  3. Hace poco escuché en YouTube una interpretación de Sinéad de “Danny Boy” en televisión, año 1993. A capela. Me resultó estremecedor. No sé si Dios existe. Los ángeles por lo visto sí.

  4. Me la crucé un par de veces por Dublin, no dije nada por supuesto. Era de dominio público que su equilibrio mental era precario, de hecho por redes de manera periódica se despedía y anunciaba su suicidio, luego aparecía diciendo que se había convertido al Islam. Al final creo que la mayoría de la gente la compadecía (los irlandeses respetan mucho a sus artistas y han visto y vivido lo suficiente como para comprender de donde venía alguna de las performances de Sidnead como la de la foto del papa), pero a la vez nadie tenía claro como podía ser ayudada, comenzando por su entorno, hasta que llegó el final que no sorprendió a nadie.

  5. Te ha salido una hagiografía que tiene el mismo problema de todas las hagiografías: suelen contar la verdad a medias a parguelas por aquello de mejorar el dramatismo. Por ejemplo:

    “Sinéad nace en Dublín el 8 de diciembre de 1966… El matrimonio no duró ni diez años: en 1975, el padre abandonó a la familia.”
    “Sinéad sufrió todas las penalidades imaginables: era recluida en una habitación sin luz durante horas, no comía durante días. Cuando el padre la descubría en ese estado, la llevaba al médico.”
    Aquí parece haber un problema, porque o el padre abandonó la familia o no.

    “La contrata el dueño de una discoteca, al que engaña con la edad (tiene trece años…”
    “Sinéad huyó de casa y, cuando su padre la pilló, decidieron que ingresara en otro colegio…”
    El mismo problema de coherencia. ¿No los había abandonado? O sí o no. ¿O tenía recaídas?

    Por lo que yo conozco, que es poco, ella fue cantante de una única canción. De esos los ha habido a patadas. Además, cantaba en inglés. Ya sé lo mucho que os gusta los anglosajones a los de jotdown. Si de vosotros dependiera no habría más música que esa.
    A mí no me dice nada el inglés ni los poperos. ¿Te lo puedes creer? Prefiero las chirigotas del Airon, que a esos sí que les entiendo y, sinceramente, contribuyen más a mi bienestar que tod@s estas sant@s de la pérfida Albión.

    • Bueno, no sólo fue una «one-hit wonder», también fue una artista con altas dosis de originalidad cuando mostró al mundo lo antisistema que era para vender más discos (¡lo de insultar lo religioso no se le había ocurrido a nadie antes!).

  6. Carmen Perez

    Mujer y feminista, luchadora.DEP

  7. Carmen Perez

    Buena en todo. Su música lo mejor, su voz era el canto de una sirena.

  8. Hola Grace
    La cancion «Success…» es de Loretta Lynn (cantante country), no de Loretta Young (Actriz)
    Saludos

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