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Esa apariencia de objeto fiero, con las botas, los vaqueros desgastados, las camisetas con logos provocativos y el cráneo rapado, daba la errónea impresión de una tía dispuesta a lanzarse al cuello del primero que osase mirarla ni siquiera mal. Pero, si te fijabas solo un poco, te dabas cuenta de que era una forma estupenda de esconderse de todo el mundo, y de que no se notara a primera vista su delgadez enfermiza, su baja estatura y esa mirada. Pero los ojos son difíciles de ocultar. Y, una vez que te mirabas en ellos, lo entendías todo. Esos ojos enormes, bellísimos, pero siempre suplicantes. Ojos azules que se volvían negros de la intensidad con la que miraban el mundo y pedían amor, comprensión.
Todo eso antes de que abriese la boca para cantar. Sinéad O’Connor posee esa facultad que solo pertenece a los grandes: conseguir con sus canciones hacerte olvidar tu entorno, tus preocupaciones. Aunque bien es cierto que un porcentaje de la población no se conmueve ni jamás lo hará por esta artista. Entre ellos están los ofendidos por algunas de las cosas que hizo Sinéad a lo largo de su vida. Yo no tengo esos prejuicios, de hecho, comparto —aunque no con la enorme magnitud de la dedicación de esta artista— su interés por las Escrituras. Y la verdad es que me encantan las pintas que solía llevar.
Repasemos su vida y su carrera, como homenaje a una voz y a una artista irrepetible.
Una infancia terrible
«Cuando recuerdo mi infancia, me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende […]. La infancia desgraciada irlandesa es peor que cualquier otra infancia desgraciada, pero la infancia desgraciada irlandesa católica es la peor de todas…».
Este texto podría haber sido el comienzo del libro de recuerdos de Sinéad, Rememberings (Penguin Books), publicado en 2020 (traducido al castellano como Remembranzas y editado por Libros del Kultrum en 2021), pero no, pertenece a Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt, que también son unas memorias. Aunque, desde luego, no hubiera desentonado nada con algunos momentos de la narración, sin embargo, esto no es esa novela, aquí no nadie se muere de hambre. Pero, a pesar de todo, verán ustedes:
Sinéad nace en Dublín el 8 de diciembre de 1966, y le ponen el nombre de Sinéad Marie Bernadette. Es la tercera de cuatro hermanos; los dos mayores, un chico y una chica, se llaman Joe y Éimear, y John es su hermano pequeño. Sus padres, Marie y John, se habían criado en el barrio de Crumlin —un suburbio pobre del sur de Dublín— y allí se quedaron. Cuando nació el más pequeño, se trasladaron al barrio de Glenageary, en la otra punta de Dublín, una zona con más posibilidades. El matrimonio no duró ni diez años: en 1975, el padre abandonó a la familia. Los hijos se quedaron con la madre, y allí estuvo Sinéad hasta que cumplió los trece años. Ese período de tiempo fue infernal, puesto que la madre padecía un delirio que, entre otras cosas, la llevaba a castigar a sus hijos (a Sinéad sobre todo) de una forma brutal.
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Estimada Grace:
¡Muy buen artículo! Lo he disfrutado mucho.
Con un mensaje sobre la foto final de Sinéad. . .
Jn. 3, 16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Descansa en paz Sinéad y en la misericordia del buen Dios. Amén.
Saludos y gracias por tanto.
Ignacio Javier Romero.
Magnífica voz y artista, pero por mucho que se la intente ensalzar, se notaba que la pobre no andaba muy bien de la azotea.
Todavía recordaré cuando ví en su época la secuencia de cuando rompió una foto del Papa y me dije para mis adentros: le queda poco para irse con el Dalai Lama a las montañas del Tíbet. Uyyyyy casi acierto.
Eso sí, la sensación de tristeza al saber de su fallecimiento sigue ahí.
Creo que las enfermedades mentales no son una cuestion a trivializar…
Hace poco escuché en YouTube una interpretación de Sinéad de “Danny Boy” en televisión, año 1993. A capela. Me resultó estremecedor. No sé si Dios existe. Los ángeles por lo visto sí.
Me la crucé un par de veces por Dublin, no dije nada por supuesto. Era de dominio público que su equilibrio mental era precario, de hecho por redes de manera periódica se despedía y anunciaba su suicidio, luego aparecía diciendo que se había convertido al Islam. Al final creo que la mayoría de la gente la compadecía (los irlandeses respetan mucho a sus artistas y han visto y vivido lo suficiente como para comprender de donde venía alguna de las performances de Sidnead como la de la foto del papa), pero a la vez nadie tenía claro como podía ser ayudada, comenzando por su entorno, hasta que llegó el final que no sorprendió a nadie.
Qué importante es lo que diga el dominio público
Te ha salido una hagiografía que tiene el mismo problema de todas las hagiografías: suelen contar la verdad a medias a parguelas por aquello de mejorar el dramatismo. Por ejemplo:
“Sinéad nace en Dublín el 8 de diciembre de 1966… El matrimonio no duró ni diez años: en 1975, el padre abandonó a la familia.”
“Sinéad sufrió todas las penalidades imaginables: era recluida en una habitación sin luz durante horas, no comía durante días. Cuando el padre la descubría en ese estado, la llevaba al médico.”
Aquí parece haber un problema, porque o el padre abandonó la familia o no.
“La contrata el dueño de una discoteca, al que engaña con la edad (tiene trece años…”
“Sinéad huyó de casa y, cuando su padre la pilló, decidieron que ingresara en otro colegio…”
El mismo problema de coherencia. ¿No los había abandonado? O sí o no. ¿O tenía recaídas?
Por lo que yo conozco, que es poco, ella fue cantante de una única canción. De esos los ha habido a patadas. Además, cantaba en inglés. Ya sé lo mucho que os gusta los anglosajones a los de jotdown. Si de vosotros dependiera no habría más música que esa.
A mí no me dice nada el inglés ni los poperos. ¿Te lo puedes creer? Prefiero las chirigotas del Airon, que a esos sí que les entiendo y, sinceramente, contribuyen más a mi bienestar que tod@s estas sant@s de la pérfida Albión.
Bueno, no sólo fue una «one-hit wonder», también fue una artista con altas dosis de originalidad cuando mostró al mundo lo antisistema que era para vender más discos (¡lo de insultar lo religioso no se le había ocurrido a nadie antes!).
Mujer y feminista, luchadora.DEP
Buena en todo. Su música lo mejor, su voz era el canto de una sirena.
Hola Grace
La cancion «Success…» es de Loretta Lynn (cantante country), no de Loretta Young (Actriz)
Saludos