Arte y Letras Filosofía

No hay luz sin sombra

Sueño luz sombra
Ilustración: Trinidad Ballester.

Sueño. Manifestaciones de la Sombra

Estoy hablando con mi mujer en la vieja casa de mi abuela materna, en el barrio de La Xerea de Valencia. Hace más de cuarenta y cinco años que no voy a esa casa.

Tengo una gran herida en mi pecho como si fuera una gran hucha y está abierta de parte a parte, mi tórax es como una gran cartera portafolios por cuya boca se puede ver mi interior, que está semivacío, seco, en penumbra.

Con tranquilidad tomo mi corazón con las manos y lo saco de su sitio, lo desconecto de venas y arterias que tienen aspecto de tubos de fontanería. Me pongo a limpiarlo con cuidado junto a una cortina de abalorios, de esas que se emplean en las casas de verano para que no entren las moscas. La limpieza se me hace incómoda porque la bayeta tropieza con los abalorios y no puedo manejarla libremente. 

El corazón parece más un artefacto mecánico que un órgano vivo, de una aleación metálica flexible, gris, bastante grande, quizá de cincuenta centímetros de ancho por treinta de alto.

Estoy tranquilo, en todo momento mi presencia de ánimo no coincide con lo que está ocurriendo. A todo esto, mi gran herida está abierta en todo momento, siento la frescura del ambiente en mi interior, estoy cerca de un balcón y corre una ligera brisa de primavera.

Termino y vuelvo a colocar el corazón en su sitio con toda normalidad. Entonces me intriga cómo he podido vivir estos minutos sin el corazón en su sitio y se lo pregunto a mi mujer. Ella contesta sin mirarme que es normal, que para eso está el pensamiento y sus consecuencias.

Es entonces cuando yo siento una gran molestia en el corazón, comienzo a marearme, voy tropezando hacia atrás, me siento desfallecer, creo que voy a morir, llego hasta el balcón exterior y me apoyo en la barandilla de espaldas y cuando estoy a punto de caer al vacío, mi mujer se da cuenta y me coge, me abraza fuertemente y le digo muy bajito que a lo mejor nos caemos a la calle. Ella me mira fijamente a los ojos, está muy preocupada.

En ese momento me despierto. Estoy durmiendo boca abajo y tengo mi mano derecha semicerrada entre el colchón y mi corazón, de modo que lo está presionando, siento una fuerte taquicardia, el pulso es muy pleno, me retumba hasta el oído. 

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