Deportes

El museo invisible de los deportes olímpicos

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Raygun (AUS) durante los Juegos Olímpicos de París 2024. (Credit Image: © Paul Kitagaki, Jr./ZUMA Press Wire)

En los pasillos del Comité Olímpico Internacional, donde las decisiones se toman con la solemnidad de un tribunal supremo, existe un archivo polvoriento de deportes que una vez brillaron bajo los cinco anillos. Estos deportes, apartados hoy al arcón del olvido, nos recuerdan que las Olimpiadas no son un museo de disciplinas fijas e inmutables, sino un organismo vivo que respira al ritmo de los caprichos culturales, las corrientes políticas y los intereses económicos de cada época. Para quien saborea el análisis deportivo, conviene asomarse a plataformas como Legalbet, donde se desmenuzan con rigor las apuestas concebidas como mero entretenimiento, y de paso se ilumina el laberinto de factores que decide qué deporte logra seducir a las multitudes y, en consecuencia, hacerse un hueco en la agenda olímpica.

El museo de los deportes perdidos

Imagine, si puede, un estadio lleno de espectadores vitoreando mientras dieciocho hombres se aferran a una cuerda gruesa, sus rostros contorsionados por el esfuerzo, sus pies buscando tracción en la tierra. Esta era la tira y afloja olímpica, un deporte que desde 1900 hasta 1920 formó parte del programa oficial de los Juegos. No era simplemente un juego de patio escolar magnificado; era una demostración pura de fuerza colectiva, estrategia y resistencia que requería meses de preparación y una coordinación casi telepática entre los miembros del equipo. Tuvo su edad dorada en aquel Londres de 1908, cuando el equipo de la City of London Police se llevó la gloria ante otros escuadrones de agentes, como la Policía de Liverpool o la División «K» de la Metropolitana.

Fue un torneo épico, narrado con la solemnidad de un combate medieval: el público hablaba de una tensión «electrizante», los periódicos dedicaban crónicas enteras a diseccionar el arte del agarre y la estrategia del ancla, y cada duelo entre cuerpos policiales encendía pasiones que hoy nos parecerían desproporcionadas para una cuerda y dos bandos. La disciplina sobrevivió en el programa olímpico hasta 1920, pero aquel dominio británico, y en especial el de la City of London Police, quedó incrustado en la memoria como un símbolo de fuerza, camaradería y una épica que ya no se estila, pero que se recuerda con cierta ternura y un pellizco de admiración.

Pero la tira y afloja no fue el único deporte en sufrir esta suerte. En 1992, los Juegos de Barcelona fueron testigos de algo verdaderamente extraño: la natación sincronizada individual. Sí, leyó correctamente. Durante una breve y surrealista temporada olímpica, los nadadores compitieron en rutinas sincronizadas… consigo mismos. La disciplina requería una coordinación perfecta entre movimientos acuáticos y terrestres, creando un espectáculo que era parte ballet, parte acrobacia, parte meditación en movimiento. Fue hermoso, fue bizarro, y fue efímero.

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4 comentarios

  1. La discriminación a la que ha sido sometido siempre el parchís, me ha parecido siempre escandalosa. En cambio. tenemos que asistir impertérritos a ese patético espectáculo de dos jovenzuelas dándose patadas lateralmente, tae kwondo creo que le llaman. Toda la vida o casi, entrenando sin descanso con enormes sacrificios para acabar en ese lastimoso espectáculo.
    «Mira, la nena ha vuelto con el bronce» «¡Pues vaya mierda, anda y tira, que te toca!» «Pero recuerda que llevas dos seises y al tercero te vas a casita».

  2. Josu Gómez Pérez

    El «tira y afloja» tiene una gran popularidad en Euskadi, y de hecho la selección vasca compitió oficialmente en el Mundial de 2014.

    La pelota vasca es otro deporte que fue oficial en 1900 y luego deporte de exhibición en varios Juegos (el último en Barcelona).

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