
Impiccheranno Geordie con una corda d’oro,
è un privilegio raro;
rubò sei cervi nel parco del re,
vendendoli per denaro.
1.
Gabry Ponte se coló en la memoria colectiva en 1999 con Blue (Da Ba Dee), una marcianada eurodance de esas que uno juraría haber odiado pero acaba tarareando en la ducha. Formaba parte del trío Eiffel 65, que vestía como astronautas y vendía millones de discos mientras los críticos miraban hacia otro lado. Después del pelotazo, Ponte hizo lo que se espera de un tipo sensato: siguió pinchando, produciendo y navegando con soltura por el océano algo viscoso del pop electrónico comercial. No se hizo el raro, ni el conceptual, ni el maldito. Pero entre temazo y temazo, ha dejado caer guiños que no se esperan en la pista de baile: una melodía antigua, una frase de otra época, un verso que no suena a Ibiza sino a cadalso. Este año representó a San Marino en Eurovisión, lo cual dice mucho y no dice nada. Lo relevante es que, dentro del ecosistema mainstream, Ponte ha encontrado la manera —inteligente, sigilosa— de filtrar algo de nobleza en el envoltorio del beat.
Uno de los temas más insólitos del repertorio de Gabry Ponte se titula Geordie. Suena como cabe esperar de una producción electrónica de hace más de una década: tempo medio, base limpia, sintetizadores suaves que flotan sin hacerse notar demasiado. Hay una voz femenina que se mueve entre la dulzura resignada y un temblor que no acaba de romper. Nada del otro mundo, en apariencia. Pero de pronto, en mitad del paisaje digital, irrumpe una frase que descoloca: «Impiccheranno Geordie con una corda d’oro, è un privilegio raro». La frase no encaja. No se canta, no se baila, no se grita. Se queda. Como esas cosas que uno lee sin entender del todo pero que no se le van de la cabeza. La cuerda de oro. El privilegio raro. Un tipo llamado Geordie al que van a colgar con elegancia.
Hay letras que se evaporan en cuanto termina el tema y otras que se agarran a la conciencia con la precisión de una aguja. Esta pertenece al segundo grupo. No importa el beat, no importa el diseño de sonido: la frase perfora el andamiaje electrónico como si hubiese sido escrita en otra época, con otra caligrafía, para otra función. A partir de ahí, la canción deja de ser un artefacto pop y se transforma en un enigma. ¿Quién es Geordie? ¿Por qué una cuerda de oro? ¿Qué hace eso en medio de una pista dance? Lo que parecía un desliz de productor se revela como una grieta por la que asoma algo muy antiguo. Y uno no puede hacer otra cosa que seguir esa grieta.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Magnífico, muchas gracias. Siempre me intrigó la letra de esta canción, sobre todo la versión de De André.
No conocía esta canción, mucho menos de sus origines, pero la figura de Huntly es un clásico de la historia de Escocia, algo parecido a uno de vuestros «grandes de España» de antaño..
Hay esta canción muy famosa en Escocia que hace mención a Huntly, pero no será el mismo Huntly sino anterior al Huntly del Geordie del articulo, pero de la misma dinastía. Se llama «The Bonnie Earl o Murray», y versa sobre el asesinato de el «guapo» conde Murray, posible amante de la reina, a manos de Huntly, un noble y rival, en el año 1592…
Ye Hielands and ye Lowlands,
O, whaur hae ye been?
They hae slain the Earl o’ Moray,
And laid him on the green.
He was a braw gallant,
And he rade at the ring,
And the bonny Earl o’ Moray,
He might hae been a king.
O lang will his lady
Lok frae the Castle Doune
Ere she see the Earl o’ Moray
Come soundin’ through the toun.
Now wae be to ye, Huntly,
And wherefore did ye sae?
I bade ye bring him wi’ ye,
And forbade ye him to slay.
He was a braw gallant,
And he played at the glove;
And the bonny Earl o’ Moray,
He was the Queen’s true love.
O lang will his lady
Lok frae the Castle Doune
Ere she see the Earl o’ Moray
Come soundin’ through the toun.
Anónimo…
Toda esa de zona de Escocia, lo que se llama The Borders, las fronteras, plural porque se iba cambiando continuamente, no habia una sola frontera con Inglaterra, pues tiene una tradicion literaria extraordinara…
Walter Scott y James Hogg recogian toda la tradicion popular / oral que existia, hoy en dia conocido como The Border Ballads, muy recomendable. Cuentan que una señora mayor echo la bronca a Walter Scott por matar la tradicion al ponerlo todo por escrito…
Walter Scott era un lunatico reaccionario con una capacidad para trabajar simplemente extraordinario…ves la cantidad de libros que escribio Scott y te quedas anonadado…
Era una zona fuera de la ley durante siglos, de clanes que robaban ganado y se peleaban entre ellos, un western absoluto y permanente hasta 1603, cuando Elizabeth, la reina virgen, nombra su sobrino Jacobo VI de Escocia – hijo de Maria Estuardo – como su sucesor y se produce la Union de las Coronas. La anarquia se acabo…
Habia una parte de las fronteras, una zona, que se llamaba «the debateable land», la zona discutible, unos kilometros que no era de ni de Escocia ni de Inglaterra, sino que se estaba siempre en guerra….
Tipos duros los de los Borders, alli es de donde el rugby…
En cuanto a James Hogg, escribio un libro memorable que se llama «Las Confesiones de un Pecador Justificado», la primera vez que aparece la figura del doble en la literatura escocesa. Un librazo la verdad…
Bill Douglas tenia una version para llevar al cine, pero se murio antes de tiempo. Segun he leido, se lo ofrecieron a Ingmar Bergman (!!!) quien afirmo que no era posible una adaptacion al cine de aquel alucinante libro…
Sigue el guion por ahi. Un amigo productor escoces me dijo hace un par de años que tiene un ejemplar…no se porque se me paso pedirselo…
Pingback: La balada tradicional Geordie: De la versión de Joan Baez a Gabry Ponte - Hemeroteca KillBait