Arte

Des del centre: el prisma dodecaédrico de Eugènia Balcells

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From the Center

En 1982, mientras el mundo seguía creyendo que mirar era dominar, Eugènia Balcells apuesta por no mover la cámara durante dos años. Planta su trípode en la terraza del edificio en el que vive —un apartamento en el bajo Manhattan de Nueva York —, y desde allí graba el mundo sin tocarlo. No busca el ángulo perfecto ni el instante decisivo: busca la vibración de lo que persiste. Así nace From the Center, una pieza de videoarte multicanal que, décadas después, sigue desafiando la velocidad con la que hoy cambiamos de plano, de encuadre, de vida.

La obra consistía en doce canales de vídeo simultáneos, cada uno orientado hacia un punto distinto del entorno urbano, como si Balcells quisiera construir su propia bóveda celeste sobre la isla, cartografiando no las estrellas, sino las anomalías de la mirada contemporánea. No se trata de una instalación contemplativa sino un instrumento de visión: el famoso panóptico ideado por Jeremy Bentham a finales del Siglo XVIII. Las lentes elegidas para cada canal funcionan como órganos especializados, y el montaje revela una arquitectura de la percepción donde todo se mueve alrededor de un centro inmóvil. El mundo pasa, la cámara permanece. Y en esa permanencia, en esa renuncia a intervenir, reside la potencia de una obra que no narra, no explica, no interpreta: simplemente insiste.

Cuando From the Center se presentó en la segunda edición del Festival Vídeo celebrado de San Sebastián —primer festival de videoarte del que se tiene constancia en España—, se consideró una instalación revolucionaria en la forma y en el fondo. La obra no tenía inicio ni final. El espectador podía entrar en cualquier momento, ser engullido por esa rueda de imágenes y sonidos que documentaban fragmentos urbanos sin espectacularidad: esquinas, tráfico, pájaros, la Luna… pero lo que parecía una simple reiteración del paisaje cotidiano se transformaba en una experiencia perceptiva: el espacio dejaba de ser coordenada para convertirse en conciencia. Guadalupe Echevarría, programadora del festival, dejó anotaciones manuscritas en el dossier de la artista donde apuntaba que la obra representaba «la exploración de múltiples modos de ver, mirando en todas las direcciones desde un mismo sitio».

El proyecto no era solo estético: era una reflexión técnica y filosófica sobre la percepción. Cada monitor funcionaba con su propia cinta magnética en loop, sincronizado en imagen y audio, lo que permitía una reproducción constante e hipnótica. Según la terminología de archivo, el conjunto se define por su rigurosa sincronización: las doce imágenes y sus correspondientes sonidos se alineaban como un mecanismo de relojería urbana, devolviendo al espectador una ciudad sin centro fijo, donde el único eje posible es la mirada misma. La propuesta de Balcells no imitaba la vida: la reorganizaba.

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Dossier From the Center (Eugènia Balcells, 1982). Anotaciones de Guadalupe Echevarria sugiriendo cambios. Archivo Festival San Sebastián.

Peter Van Riper

En el campo sónico de From the Center, si uno afina el oído, no escucha solo Nueva York. Escucha a Peter Van Riper. No es un músico al uso, más bien se podría definir como una especie de modelador de atmósferas auditivas. Mientras Eugènia Balcells se afanaba en recopilar el universo que la contenía sobre la azotea de su estudio en Bowery y Grand Street, él convertía el aire en vibración, el espacio en frecuencia. Van Riper (1942–1998) fue un explorador radical de las fronteras entre arte, ciencia y percepción. Participó en el movimiento Fluxus tanto en Japón como en Estados Unidos, jugó con hologramas antes de que fueran cool, y trató el sonido como un fenómeno físico y emocional a la vez: no como música, sino como arquitectura invisible.

La historia dice que fue pareja de Balcells durante los años ochenta en Nueva York. Pero la historia, como siempre, se queda corta. No es tanto que compartieran un tiempo y un lugar —lo hacían—, sino que compartían un método: estar en los márgenes, mirar desde los pliegues. Junto a Barbara Held y otros músicos experimentales, Balcells exploraba las posibilidades del vídeo como lenguaje. Van Riper, mientras tanto, hacía del sonido un instrumento de interrogación. Se encontraron en ese punto exacto donde los sentidos se confunden. Y From the Center fue su campo de pruebas común.

La pieza —instalación, experimento, visión— tiene, además de los ya comentados doce canales de vídeo, doce canales de sonido, cada uno grabado y compuesto para ocupar su espacio en la cúpula perceptiva que rodea al espectador. Van Riper no acompañó la imagen: la tradujo. Lo que suena en From the Center no es ambientación ni banda sonora: es un sistema auditivo que expande la imagen sin explicarla. En uno de los canales —el número dos— recita un poema de Balcells con una voz que parece llegar desde el subsuelo de la Gran Manzana. Es un susurro que construye arquitectura. Un eco que no recuerda, sino que activa.

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Eugènia Balcells. DES DEL CENTRE, 1982. Into one another.

Eugènia Balcells

Eugènia Balcells nace con una lente en la sangre. No una metáfora poética: una lente real. Su abuelo paterno, Eduard Maria Balcells, es ingeniero e inventor y diseña  —entre otros muchos artilugios— unas gafas prismáticas que permitían mirar en varias direcciones a la vez. No se trataba de corregir la vista, sino de multiplicarla. Ver en plural. De ahí viene ella: de una genealogía donde la visión era problema técnico, pero también misterio óptico. Y aunque Eugènia no heredó la caja de herramientas de su abuelo, sí heredó la inquietud. La pregunta no fue “¿qué se ve?”, sino “¿cómo miramos?”.

Nacida en Barcelona en 1943, se formó como arquitecta técnica. Sin embargo, en lugar de levantar estructuras, las desmontó. Abandonó pronto el plano cartesiano por el eje poético. Se fue a Nueva York en 1968, no para encontrar un estilo, sino para perder el que le ofrecía su tiempo. Al otro lado del Atlántico, Balcells descubrió que mirar podía ser también una forma de callar. Allí, entre artistas que rompían todo y músicos que escuchaban lo inaudible, empezó a fabricar su propio instrumento de visión. El gesto más radical de su obra no fue crear imágenes, sino dejar que sucedieran.

Su obra se sitúa entre lo tecnológico y lo espiritual. Es ambas cosas al mismo tiempo, sin pedir permiso. Utiliza luz, sonido, espacio, como otros usan palabras. Lo que proyecta no es contenido: es una forma de presencia. Eugènia Balcells no quiere discípulos, quiere ojos que aún no sepan que están viendo. Fundó en Castellar de la Selva un centro donde arte, ciencia y filosofía se hibridan no como disciplinas estancas que se rozan con cautela, sino como materiales combustibles que, al contacto, generan una forma distinta de conocimiento: un saber que no explica, que ilumina.. En 2025, la Generalitat le otorgó la Creu de Sant Jordi. Pero si algo distingue a Balcells es que nunca ha necesitado reconocimiento para seguir desapareciendo en su obra. Como su abuelo, inventa sin alardes. Como la luz que atraviesa un prisma: entra como una y sale como muchas. Eso es mirar. Y eso, en su caso, es herencia.

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Imagen promocional de Años Luz de Eugènia Balcells

Des del centre

En Des del centre, la instalación definitiva presentada en 2025, el MNAC no solo recupera From the Center: lo inscribe en la historia. Donde antes había un conjunto de monitores dispuestos en galería o con proyecciones simultáneas, ahora se levanta una estructura arquitectónica construida a la escala del asombro. Bajo la cúpula monumental de la Sala Oval, el museo ha edificado una bóveda física —literal y simbólica— que reproduce en el espacio lo que la obra original proponía en imagen y sonido: un centro desde el que mirar en todas las direcciones posibles, sin desplazarse.

La instalación adopta la forma de un círculo de monolitos —doce, como los canales de vídeo y sonido originales— que, desde una perspectiva celeste, evocan los doce signos del zodiaco. No están ahí para adornar ni representar, sino para organizar el espacio simbólicamente, como si cada canal encarnara una forma distinta de percepción del mundo. Son ejes visuales que emiten su propia frecuencia, energías orientadas desde un mismo centro hacia el caos exterior. El visitante, al entrar, no se coloca frente a nada: queda dentro, como en el núcleo de una carta astral. La bóveda iridiscente que recubre el conjunto está fabricada con tejido holográfico que responde a la luz ambiental, cambiando de color a cada instante. Se trata de un globo óptico inspirado en el observatorio japonés Super-Kamiokande, pero también en las pinturas románicas que decoran la colección del MNAC. No es casualidad: Des del centre se piensa como un instrumento de visión mística, una máquina de percepción que hace dialogar la física cuántica con la intuición medieval, lo más avanzado de la técnica con lo más antiguo de la espiritualidad.

Aquí no hay espectadores: hay cuerpos implicados en una coreografía sin coreógrafo. Ya no es la cámara la que permanece fija, sino el visitante. Y en ese centro inmóvil, cada fragmento proyectado desde el exterior compone una visión circular del tiempo, del espacio y de uno mismo. Des del centre no muestra: alinea. Como si la artista hubiese decidido que la única forma de ver el presente es dejarse atravesar por él como lo hacen cada segundo millones de neutrinos. A diferencia de la instalación original de los años ochenta, que funcionaba como una propuesta portátil, una partitura abierta al montaje, esta versión se concibe como una obra cerrada, precisa, monumental. Des del centre no invita a revisitar el pasado sino a recalibrar el presente. Ya no se trata solo de ver desde un punto fijo, sino de comprender que ese punto se ha trasladado al interior del espectador. Ahora no es la cámara la que permanece inmóvil: es uno mismo. El mundo gira. Y mientras gira, Balcells sigue preguntando —en silencio, con luz— desde qué lugar miramos cuando decimos que estamos viendo.

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Vista de la instalación multimedia ‘Des del centre’ de la artista Eugènia Balcells, en la Sala Oval del Museu nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, 2025. Cortesía de Estudi Eugènia Balcells y MNAC.

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2 comentarios

  1. Pingback: El arte inmersivo de Eugènia Balcells: una reflexión sobre la percepción y el tiempo - Hemeroteca KillBait

  2. victoria Balcells Canela

    un articulo muy bueno. A mi hermana Eugenia Balcells le gustaria mucho ponerse en contacto con la autora-

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