Entrevistas Música

Niño de Elche: «Niño de Elche tiene los días contados, estoy en pleno proceso de transformación»

Niño de Elche para Jot Down

Francisco Contreras, Niño de Elche (1985) es un artista multidisciplinar y exflamenco cuya obra destaca por dialogar con diversos lenguajes artísticos y por colaboraciones con artistas procedentes de otras disciplinas. En los últimos años se ha especializado en la performance, la electrónica y el teatro. Entre sus trabajos discográficos destacan Sí, a Miguel Hernández (2013), Voces del Extremo (2015), Flamenco. Mausoleo de celebración, amor y muerte (2022) y Cante a lo gitano (2024). En el campo de la práctica literaria, ha escrito, entre otros, Llamadme amparo (Espasa, 2021) y Conversaciones con un monje de madera (Espasa, 2025). Ha colaborado con artistas como Israel Galván, Pedro G. Romero, Los Voluble, Angélica Liddell, María Muñoz, Los Planetas, Rocío Molina, Rosalía, Raül Refree o C. Tangana, por citar algunos de los nombres propios más destacados.

El Ateneo de Málaga nos abre sus puertas para conversar con este creador cuya biografía artística transita, de manera radical, entre lo común y lo personal, una trayectoria profundamente marcada por la intención política y el cuestionamiento de los discursos convencionales. Bajo la implacable mirada del siglo XX, a escasa distancia del Aula Picasso, hablamos con Niño de Elche sobre el actual contexto humano, la importancia de los símbolos, el amor y Dios; la soledad, los algoritmos y Europa como sedimento de un tiempo.

Qué hermoso el vídeo que compartiste en redes. En el que sale Alicia Acuña. Bonito homenaje.

Sí, Alicia sale especialmente exuberante, muy ella. Me estoy haciendo un archivo personal, ya te contaré. Estoy trabajando con Juan López, artista y comisario cultural amigo, de Córdoba; a él le he encargado hacer este archivo porque ya no sé lo que tengo acumulado. Revisando distintos materiales, encontré ese vídeo tan espléndido. Y, bueno, todo lo que me queda por revisar. Parte de mi interés actual está en elaborar ese archivo.

¿Cómo una especie de Atlas? A lo Richter.

Algo así. Estoy dándole vueltas, recuperando cosas de hace quince años, materiales y trabajos que he hecho y otros que tenemos que recuperar. Todo lo que hago, ahora mismo, intento archivarlo. Todo. Y sí, yo creo que él, como trabaja con cámara, fotografía, vídeo, música, desde ahora se vendrá conmigo. En ese punto me encuentro. Juan está haciendo un archivo físico y, después, hará web de archivo. Tenemos mucho material. Y mi intención es trabajar con el archivo, otra gente y yo.

¿Qué te ha concedido ser Niño de Elche?

En el libro de conversaciones con Miguel Álvarez-Fernández, que titulamos Heterodoxias, hay un apartado que hablo sobre la idea del apodo. Sobre estas cuestiones, ha reflexionado muy bien Henry David Thoreau, el escritor anarquista, libertario, disidente, que tanto me gusta. El apodo siempre se ha visto como una especie de máscara, pero, claro, la máscara siempre es una extensión, o sea, es una amplificación. No tanto una ampliación, sino una amplificación. De ahí viene la idea de persona y de máscara en el mundo griego. Siempre he entendido mi apodo desde ese término. Al principio, no fue tanto eso, sino una identificación, un desplazamiento, para que no me confundieran con otra persona, pero, en el momento en el que se conforma ese apodo, o sea, Niño de Elche, en este caso, empiezas a dialogar con lo que significa Niño de Elche, con todos sus elementos; y ahí comienzas a construir una amplificación de esta cosa tan abstracta que son las identidades — culturales, personales, …—. Niño de Elche conlleva la palabra Niño y la palabra Elche. Niño es una idea política, muy fuerte, que invita a sumergirte en las ideas de infancia, que para mí son tan importantes, porque lógicamente es una idea muy política reflexionar sobre la infancia, sobre la educación, ahí es donde está realmente el meollo de la cuestión. Y después está la idea de Elche, una ciudad con una identidad no tan marcada como otras que están en su territorio, ciudades atravesadas por extremeños, manchegos, andaluces… Creo que Niño y Elche sí podrían contar parte de mi biografía, es decir, mi apodo artístico puede contar mucho de mi persona.

Ahora bien, anuncio ya en esta entrevista que esto tiene los días contados, ya estoy en el proceso de transformación. No sé cuánto durará, pero sí puedo contarte aquí, en primicia, que estoy en proceso de transformación, con todo lo que conlleva, porque en el momento que se transforme Niño de Elche en algo, mi voz no puede ser la misma, ni debería ser la misma, ni lo que yo haga debería ser lo mismo porque no seré el mismo y porque creo que ya la idea de Elche la he sobrepasado y la idea de Niño tal vez también, quién sabe. Tal vez esto sea una cuestión de crisis de los cuarenta…

Niño de Elche para Jot Down

¿Y crees que eso es posible?

Es mucho vértigo porque, claro, cuando hablamos de Niño de Elche, hablamos de una marca comercial, queramos o no; de un sello, de una forma de hacer, de un reconocimiento, pero creo que es el momento del desapego. Creo que ya ha llegado ese momento. No sé cuándo llegará el momento del cambio absoluto, pero como dice mi queride Paul B. Preciado, gracias a él entendí cómo tenía que hacerlo, la idea me lleva rumiando desde hace mucho tiempo, pero no sabía cómo abordarla. Hubo una frase magnífica de Paul, en los días que estuvimos en Arlés, y que es parte también del proyecto que vamos a presentar en Madrid, en Matadero, la conferencia performativa entre él y yo, me dijo: Paco, los cambios siempre se empiezan a poco. Los cambios de género, por ejemplo, tú cambias un calcetín y nadie lo ve; tú te cambias, te hormonas y nadie lo va viendo. Y hay un momento que, como él me contaba, en una playa te das cuenta de que has cambiado de género, de que era una persona transgénero, por cómo te miran, o por cómo te sientes.

Todo esto viene en relación a lo que supone en mí Niño de Elche, ese espejo, máscara, pero también lastre, porque conlleva la palabra Niño y la palabra Elche como acabamos de comentar. Conlleva, además, todo lo que ha sido mi tránsito por el cante flamenco, por el exflamenco, ya hemos empezado a desapegarnos incluso a esta idea del Ex. El otro día leía un texto maravilloso de Pascal Quignard, El origen de la danza, y Pascal ya me obligará a que me haga también otro anillo con el In, porque hay un texto que empieza que es Ex e In, In y Ex, sobre el origen de la danza, donde reflexiona sobre esos dos extremos. Yo me siento muy reflejado en esa idea, veremos dónde me lleva.

A lo largo de tu trayectoria quienes te escuchamos, contemplamos o leemos, en realidad, solo podemos hacer aproximaciones a lo que eres o haces porque te han habitado muchas personas en esa construcción política que es tu obra. ¿Cuántas pieles se ha ido quitando Niño de Elche?

Parte de este proceso que te contaba del archivo, como tantos otros, es una especie de intento de reconocimiento de todas esas pieles que tú comentas. La escritura me ayuda también a reconocerlas. Podría, quizá, solamente, enumerarlas… Todo está siendo tan arrebatador, todo lo que estoy haciendo, en tan poco tiempo que, realmente, presiento que no he reflexionado sobre muchas de las cosas que he hecho. El archivo me está ayudando a ello.

Es que no has tenido tiempo.

Claro. Te podré contestar de mejor forma dentro de unos años, incluso otra gente en unos años. Pero lo que está claro es que eso ha sido una constante en mí. El despojarte, desapegarte, desquitarte, todos estos verbos viven en mí. Construir y deconstruir va siempre de la mano, son procesos, mecánicas complejas que uno no llega a entender al cien por cien. Pero sí, está claro que hay un montón de pieles. Yo me veo más como un collage que como una cebolla.

Más que quitar, sumar, ¿no?, incorporar…

A veces, sí, o rasgar. El collage es que tiene estas técnicas, me estoy enterando ahora de todas las técnicas porque quiero hacer collage. Sobreponer, rasgar, recortar. Yo qué sé, hay un montón de verbos que nos pueden ayudar.

Has mencionado el desapego en un par de ocasiones. Tu trayectoria artística se configura desde este contexto porque el desapego implica pensar el lugar en el que tenemos que estar, lo que hay que querer.

Para mí es un motor. Hay un proverbio muy interesante que dice —muy trágico, por otro lado—: «nunca estamos donde estamos». Esto es una tragedia, pero, cuando lo asumes, te desapegas de cosas que crees que estorban; ese estar donde estás. Es una cosa que a mí siempre me ha interesado porque creo que es importante para poder pensar críticamente. Y mi trabajo tiene que ver con eso. Tiene que ver no tanto con una búsqueda, porque no sabemos dónde llevan muchas veces las preguntas, las inquietudes, sino con un hacer crítico, que, por ende, es un hacer autocrítico. Ese estar donde no estás. A mí siempre me interesó eso. Es uno de los grandes valores que creo que el arte me proporciona porque no me lo ha proporcionado la escuela estatal ni me lo ha proporcionado otro tipo de institución. Me lo han proporcionado las relaciones y las personas que he conocido a partir del mundo del arte.

Por eso el desapego es importante, porque, como hablábamos anteriormente, tiene que ver con ese proceso. Seguir con un proceso que nos llevará a la muerte, lógicamente. Eso lo sabemos. Pero, claro, la palabra experimental es una palabra que para mí ha tenido mucho sentido siempre porque tiene que ver con este tipo de experiencias. Para mí no ha sido una etiqueta estética. Yo me la he tomado muy en serio. Tal vez por mis relaciones con la performance, con la escritura, todo tiene que ver con eso. La idea del desapego tiene que ver también con la idea de desplazarse constantemente. Algunas veces me critican por ser demasiado escéptico. Escuchaba, en la entrevista a Carlos Blanco, este chico pensador, sobre esta cuestión. Sobre la idea del aprendizaje y la paradoja y contradicción que conlleva la idea del aprendizaje. Lógicamente nunca se puede saber todo de una materia, pero siempre se puede saber más de una materia. Cuando descubres esa cosa tan fascinante, en la religión o en las cuestiones espirituales, por ejemplo, te puedes convertir en un agnóstico o en un escéptico en el campo del pensamiento. Sí, yo estoy en esas, la verdad, y me reúno con mucha gente que está en esas también.

Niño de Elche para Jot Down

Tu idea sobre los saberes flamencos está muy vinculada al diálogo con otras disciplinas artísticas. Niño de Elche comienza en los tablaos, en esa suerte de pureza. ¿Cuándo te autorizas a llevar el flamenco a otros lugares? En el caso de que te autorizaras, claro.

A mí lo que más me ha enseñado esa parte de mi carrera que señalas no es tanto si conozco la música del flamenco y todo eso, que sí, sino que me ha enseñado más a conectar con una idea del trabajo, del esfuerzo, del dolor, de la incomprensión, de la burla. Yo si soy flamenco de una forma radical es, por un lado, porque experimento constantemente, porque me dejo atravesar por mi contemporaneidad, eso los flamencos siempre lo han hecho; y, por otro lado, porque he sufrido, en cierta forma, todas las injusticias laborales, míticas, de mofa, que han podido sufrir los flamencos, incluso los insultos a los gitanos también los he sufrido, porque, en según qué contexto, soy un gitano, claro. Yo me reconozco más ahí, en ese espíritu libertario, disidente, anárquico del flamenco. Ese espíritu siempre está en mí.

Por eso soy muy crítico con el flamenco más institucional, el flamenco más socialdemócrata del nuevo flamenco, del patrimonio de la humanidad, del flamenco de conservatorio. Soy bastante crítico, e incluso criticón. Nunca me encontrarás manifestándome a favor de que el flamenco esté pululando por ahí; algunas veces, incluso, me encontrarás en contra. En estas dos vertientes del flamenco es donde yo me encuentro realmente cómodo, que, paradójicamente, para haber entendido esto he tenido que ser exflamenco.

¿Hay élites dentro del flamenco?

Sí, las hay, claro que las hay. Hay muchos cantaores y cantaoras que están muy interesados en que esas élites se conformen, lógicamente, siempre alrededor de sus figuras. Por eso muchas de las propuestas que se han hecho en relación al flamenco a partir de asociaciones, fundaciones, lo que han intentado siempre es generar una élite que esté siempre abrazada a la institución estatal. No ha habido élites aristocráticas que hayan servido como un contrapoder a la institución, eso no lo ha habido.

Hablemos ahora de las críticas que recibes. ¿Te has visto en algún momento sobrepasado o especialmente dolido?

Ha habido algún momento, no tanto de llegar a no poder más, pero sí cuando yo era más activo en redes. Cuando tenía Twitter, por ejemplo, te metías en un territorio fangoso, donde el tuit no permite explicar ni reflexionar. El clickbait también ha sido terrible para poder hablar tranquilamente en una entrevista, por ejemplo. Bajé el pistón porque había un estrés excesivo dentro del mundo de las redes. Es cierto que eso no se traduce luego en tu día a día. Lo que sí hice fue negarme a hacer entrevistas como si fuera un futbolista o un político, me negué totalmente a eso. Para mí la entrevista siempre ha sido un espacio para conversar y poder verte reflejado y, a partir de ahí, empezar a reflexionar. Pero, claro, también vivimos en un momento en que las redes activan y facilitan la crítica y la destrucción popular de una forma muy rápida; es verdad que igual de rápido que lo hacen, igual de rápido se olvida; va todo tan acelerado que puedes hacer cualquier cosa, lo vemos en la política, en cualquier tema, hasta una guerra se puede olvidar en semanas: Ucrania, por ejemplo, o Nigeria, o tantas otras atrocidades que se están haciendo.

En realidad, pertenece a esta idea de tu ego, te crees que eres muy importante, de repente piensas que vas a salir a la calle —¡yo lo llegué a pensar!— y te van a pegar. Somos una mota de polvo, es de idiotas pensar en esa importancia o protagonismo. Tu libertad consiste en bajar tu ego.

Ahora que lo mencionas: quienes estamos en tu esfera más próxima, conforme has ido ganando músculo intelectual, hemos visto que tu ego cedía mucho espacio, iba perdiendo tallas.

Sí, sí, claro, es que el conocimiento, el proceso del conocimiento y de formación, si lo haces medianamente bien y bien guiado, creo que siempre beneficia. A mí me ha ayudado mucho todas mis lecturas en relación a la espiritualidad y a ese mundo, me ha ayudado muchísimo, me ayudaron a entender y a relativizar todo esto. Por eso me veo capaz de afrontar lo que te decía anteriormente: si no tengo que cantar más, pues no canto y no pasa nada, aunque me muera un poco más de hambre. Pero sí, he llegado a una cierta madurez en ese sentido.

He estado tres semanas sin cantar y he estado en la gloria. No tengo ningún apego a esa cosa del cantar, no hay nada más egocéntrico muchas veces que el cantar. Por eso las cantantes y los cantantes son bastante odiosos. Nunca me ha gustado la etiqueta de cantante, son seres endemoniados por el ego, sin duda. En el momento que eres un médium, cuando abres el canal, como dicen algunos teólogos, pues claro, puede ser que el demonio se introduzca. Y eso es terrible. Y eso es uno de los desapegos mayores que estoy trabajando. Y en mis proyectos artísticos, por eso hago algunos proyectos más pequeños, que tienen que ver con un proceso artístico en el cual participa mucha gente, pero desde el silencio, no estar todo el rato en redes. Este es otro gran peligro que me tiene particularmente cansado. Estoy barajando abandonar Instagram, pero, por otro lado, es la única situación donde uno puede llegar realmente…

O dejar de poner imágenes de uno/una en redes, compartir creaciones de otras personas, pero no de uno/una.

Pues es un vértigo porque hay un vacío. Todo vértigo conlleva un vacío y, bueno, lo hablábamos cuando trabajamos juntos sobre María Zambrano, esta cosa del sueño creador. En toda creación hay una especie de vacío. Estás en el precipicio, ves el precipicio y ves que hay un vacío real. Echamos muchas horas en construir una imagen. Hasta que no me vaya de las redes, no llegaré a ese momento. En nuestro caso, además, tiene que ver con la economía. Los miedos son muchísimos.

Niño de Elche para Jot Down

Vivian Gornick, a partir de la Virginia Woolf de Un cuarto propio, afirma que las mujeres debemos crear un espacio donde poder compartir nuestras biografías para encontrarnos. Instagram puede ser ese espacio de discursos no hegemónicos si vamos más allá del lenguaje del ego y de lo convencional. No hay que irse, hay que modificar el espacio.

Instagram tiene algoritmos muy complejos, no sé si podemos llegar a modificarlo. Es una batalla. Es la batalla del siglo XXI. Hace no mucho leí un libro titulado Contra el arte y contra el artista, en el que se menciona que ser artista es dedicarte al arte y dedicarte al arte supone aceptar una serie de lógicas muy perversas. Por lo tanto, si estamos contra el arte hay que eliminar la idea de artista.

Te comento esto porque me cuesta pensar que desde las prácticas artísticas podamos encontrar otra forma de relación, pero no sé si son las adecuadas como para desapegarnos tanto porque tenemos miedo a la economía, miedo a la imagen. Tenemos que cuidar la imagen, hacemos fotos promocionales, cumplimos los formatos que nos mandan desde la institución y desde la empresa, mil cosas que aún seguimos cumpliendo. Nosotros tenemos una especie de idea ficcional de que creamos otros espacios y tal vez no son los espacios que crea otra gente, pero no sé hasta qué punto son tan diferentes.

Apenas tenemos capacidad de decisión, en realidad. Nos hemos quedado sin margen. Hace no mucho, en una conversación a la que asistí entre los filósofos Lola López Mondéjar y José Carlos Ruiz, ambos apostaban por lo presencial y físico como único contrapoder frente a la agenda tecnológica.

Sí, estoy muy de acuerdo, por eso sigo haciendo conciertos y performance. Creo que mirarse a los ojos sigue siendo muy importante. Afirmar esto no nos convierte en personas nostálgicas ni que defienden un discurso tecnófobo, al contrario. El arte tiene ese sentido que mencionas, por eso seguimos creyendo en un museo, en la moda, en la sobremesa, en la conversación entre personas; seguimos creyendo en el deporte presencial, aunque Florentino Pérez piense otra cosa sobre el deporte presencial… Seguimos apostando por el mundo de la piel, lo sensitivo. Lo otro te da otra cosa y puede ser interesante.

Todo esto es muy curioso. Instagram me permite ligar mucho más de lo que he ligado en mi vida, mucho más.

Sinceramente, me da pena quitarme Instagram porque ligaría menos y me obligaría a irme a otros territorios. Tendría que salir con otra perspectiva cuando salgo a un bar de copas, yo qué sé. Tampoco tendría tantas dudas como las que tengo cuando alguien liga conmigo en Instagram ya que realmente no sé con quién estoy ligando.

Ahora que hablas de ligar. Eres una de las personas más amorosas que conozco, al tiempo que eres la persona que más peleas tiene con el amor.

Es que seguimos entendiendo el amor como amor de pareja.

No sé si el amor de pareja tiene sentido, ¿lo tiene?

Sí, yo qué sé. Yo creo que hay que seguir reformulando la cosa.

¿Fundar un nuevo orden amoroso?

Sí, sí. Por eso hago arte y por eso creo, ante todo, en la amistad. La amistad es para mí el hecho creador. El hecho creador es donde reside la fuerza del amor más latente. Hay una parte, en El Principito, donde el zorro le dice al príncipe que no llegue antes de la hora que han quedado porque, en caso contrario, no le permite ponerse nervioso. Eso es el amor, ese ponerse a hervir de emoción. La amistad tiene que ver con eso, el amor tiene que ver con eso. Todo esto es algo que aprendí de Ramón Andrés, de las conversaciones con él. Si yo no hiervo cuando voy al escenario, pues no tiene ningún sentido lo que estamos hablando. Ahí hay un acto amoroso. Si yo no hiervo porque voy a quedar contigo, no tiene ningún sentido. Es un sentido de la amistad, es un sentido de la creación.

Siempre hay algo nuevo en ese tipo de catarsis. Para mí, donde se dé eso, siempre se da el amor. Y después ya empezamos con las formalizaciones: pareja, familia, amistad… Pero que no perdamos nunca lo mágico que es eso. Lo importante: lo mágico. El escritor C. S. Lewis hablaba de esto en su libro Los Cuatro Amores, en el apartado sobre la amistad dice que toda amistad empieza con una pregunta: «¿Cómo, tú también?». El amor tiene que ver con esa armonización y con lo inexplicable. Cuando se pierde eso, cuando el amor es razonable… Si te fijas, la pareja tiene algo de raciocinio, de construcción y orden. Para mí, el amor ahí se pierde, por eso nunca me ha interesado esa fórmula.

¿Y no te da miedo la soledad? ¿Piensas en ella?

Leo muchísimo sobre ella y la experimento mucho. Cada vez más. La soledad es otra cosa para los que somos lectores y escuchamos música. El hombre solo no existe. Me acuerdo de mi abuelo que me hablaba mucho sobre ella. Él decía que la soledad era lo peor que te podía pasar. Pasaba mucho tiempo en soledad, escuchaba mucha música. Y paseaba mucho, cosa que yo también hago. También escribí sobre la soledad de mi abuelo cuando se sentaba en el banco conforme sus amigos iban muriendo. Si no me equivoco, está en Llamadme Amparo. Esa idea de soledad.

La familia tiene mucho peso en ti.

Creo que en todos. La familia es una institución perfectamente estructurada. Es curioso porque es una institución comunista que los movimientos de izquierda han considerado conservadora. Una institución en la que todo es de todos. Como dice, a modo de ejemplo, el profesor Anxo Bastos, tú abres el frigorífico de tu casa y nadie pregunta de quién es el yogur. La idea de apoyo mutuo anarquista está en la familia: pase lo que te pase, siempre estará la familia, la tribu. Tengo un sentimiento ambivalente porque entiendo lo conservador y atosigante que puede ser una familia por su estructura, pero también comprendo que es una estructura necesaria para que sea un contrapoder ante según qué elementos que pueden fagocitar al ser humano. La familia siempre es cobijo. Es una institución que siempre ha sobrevivido porque tiene un sentido en nuestra existencia.

Dicho esto, no he sido nunca partidario de los vínculos de sangre. He sido partidario de los vínculos —esto sí es una idea libertaria— de la amistad y los vínculos que te unan realmente al otro. Si ampliamos la familia a la idea de comunidad, entonces sí creo que es una institución muy importante. Súper importante. Y creo que ese espíritu es el que hay que ir reproduciendo en cualquier tipo de espacio. Más allá de las ciudades, de los géneros. Por eso sigo viviendo en cierta forma de familia, en cierta forma de relaciones de pareja, aunque sea otro tipo de relación. Porque es otro tipo de relación. Y todo tipo de rito. Esto sigue construyendo. Rito y orden son palabras hermanas. Si me pusiese en una balanza, yo sí estaría a favor de esta forma de construcción.

Al fin y al cabo, es lo de siempre. Ir ampliando, desgranando y entendiendo la idea del vínculo. Yo con mi madre siempre lo discuto sobre los vínculos de sangre. Ella me dice que la sangre tira. No comparto esta frase. La sangre no tira. Tiran los vínculos, los recuerdos, lo que hayas experimentado con esa persona. Y lo que te une a esas personas. Eso es lo que hay que conservar con la idea siempre de que sea modificable y cuestionable. Porque nos han contado muchas veces, desde estas instituciones o construcciones sociales, que tiene que ser para toda la vida, como nos enseña malamente la Iglesia. «Es que ya no eres la persona que conocí hace veinte años». Pues claro, es que las cosas y las personas cambian. La idea es cómo seguir alimentando esa flor, ese vínculo con los cambios. Cómo esa flor sigue creciendo y tú le achacas a la flor que siga creciendo.

Niño de Elche para Jot Down

Preferimos irnos a quedarnos y generar un nuevo vínculo.

Nuestra mala praxis con la idea de identidad. Y la idea del gusto y del deseo. Yo te deseo con veinte años, pero no con cincuenta. Es terrible, pero es así y hay que saber colocarlo. Sí, por eso el terreno de la amistad es tan mágico. Porque es una especie como de fórmula mágica que explota cuando menos lo esperas. Y el amor tiene que ser, tendría que ser eso, o parte de eso. La gente que sabe alimentar bien eso, me parece que son alquimistas.

¿Tienes alguna idea de Estado? ¿Por qué nos cuesta tanto impulsar un plan estratégico en materia de cultura pública?

Soy de la opinión de que el Estado es un ente opresor, represor, sin duda alguna. Es una institución alienante. Eso lo tengo claro y lo sé porque trabajo con él y desde él, a veces. Puedo hablar muy bien sobre ello porque quienes nos dedicamos a la cultura sabemos que, si hay algo alienante, o una maquinaria que el Estado utiliza para alienar, es la cultura. Eso y la educación, la cultura como un paraguas general. Esto es evidente, quien lo niegue creo que no está siendo honesto. Ahora bien, toda sombra tiene una luz, toda luz tiene una sombra. Ahí es donde yo siempre debato un poco con mis colegas anarcocapitalistas o liberales. Bueno, liberales no tanto, porque los liberales buscan un Estado pequeño.

Cuando te escuchan decir esto piensan que todo es negativo. Hasta en cualquier régimen más totalitario del mundo, de la historia, siempre ha habido luces. ¿Por qué? Porque siempre ha habido personas. Y porque siempre ha habido vínculos. Para mí ser de izquierdas siempre ha sido eso: tener confianza en el otro, en el prójimo. En el otro, en lo otro. Lo que pasa es que hoy, paradójicamente, se ha dado la vuelta. Ser de izquierdas es sospechar del otro. Y regular más. Y confiscarte más. Y perseguirte más.

La gente de izquierdas confiaba en el pueblo, en los saberes populares, en los vínculos, en el vecino. Ahora se sospecha del vecino. Sospechar del vecino es, precisamente, regular y lo que muchos movimientos de izquierdas buscan. No se dan cuenta de que, cuando eso lo trasladas a otras cuestiones, es igual de peligroso. Cuando piden regulación para según qué cuestiones es muy fácil de extrapolar a otras. Hay que tener mucho cuidado con el control al otro.

Estamos en un nuevo orden que ha nacido de las corporaciones tecnológicas y que ha alterado lo humano. Desde nuestra subjetividad hasta la manera de gestionar lo común. Parece que Europa anda totalmente perdida en sí misma y gestionando el actual siglo con variables del pasado.

Europa es otra, pero se empeñan en que no sea otra. Ese es un poco el drama de Europa. Sigue sumergida en su propia tragedia. Primero, yo creo que la Europa del siglo XX no se ha asumido. Ella misma tampoco nos ha asumido a nosotros. Esto es un mal que históricamente arrastramos.

Europa como idea institucional ha sido un fracaso. Lo de Gaza es lo último que lo certifica. Es el gran fracaso de la Unión Europea y de la OTAN, por supuesto.

¿Crees que el fracaso de los valores fundacionales de Europa es el triunfo de Ursula von der Leyen?

Claro. Esas ideas fundacionales fueron una ficción, nunca se cumplieron. Ni se cumplen las declaraciones de la Carta Internacional de Derechos Humanos. Son declaraciones, puedes declarar cualquier cosa. Quien lo creyó, pues tiene un problema: descreérselo. Pero está claro que, con cuatro elementos, no te digo una cosa muy profunda, hemos visto que la cosa europea fue un fake como ya denunciaban muchas organizaciones en aquellos años. ¿Que nos ha venido bien para algunas cuestiones económicas? Pues sí, pero que nos ha venido mal para otras cuestiones económicas, sin duda. ¿Y para las cuestiones morales? Sin duda alguna. Y cuestiones políticas, humanitarias, por supuesto. Insisto en lo que te decía en la cuestión anterior: Gaza ha sido la gota que ha colmado el vaso. Gaza ha certificado todo lo que se decía.

Ahora la putada es que no hay ideologías, pero sí hay eslóganes. Se ha perdido el sentido crítico. Y, paradójicamente, lo ha hecho la socialdemocracia. Te pongo un ejemplo, yo digo «no soy abolicionista», esta declaración te coloca, automáticamente, para mucha gente en la ultraderecha. O no estoy a favor de la Unión Europea, pues te coloca con Meloni. Todo así.

Leía hace unos días unas declaraciones de Pablo Bustinduy, político que, por otro lado, me parece bastante sensato, en las que afirmaba que Gaza está siendo masacrada a ojos de la ultraderecha europea. En Europa, la mayoría de los gobiernos son socialdemocracias conservadoras. La ultraderecha todavía no gobierna de manera mayoritaria, de hecho, no olvidemos que aún no gobierna en muchos sitios. Voy más allá, a la ultraderecha ni se la esperaba. La ultraderecha está encantada de que estos sigan haciendo el trabajo sucio, porque después ya llegarán ellos. Y ya harán lo que quieran con nosotros, porque estarán convencidos de que son los salvadores. Entonces, claro, continuamos con estas retóricas y dialécticas que no benefician nada. Porque falta autocrítica. Porque falta autoconcienciación de lo que se ha hecho. Porque reconocer la derrota. Y no la reconocemos. No se está reconociendo. Porque reconocer eso es reconocer nuestro bajo nivel moral.

Has hecho un viaje muy personal hacia la espiritualidad. Ha estado, de hecho, muy presente en esta conversación. Cuestión que ha llegado a impregnar tu mirada artística.

Creo en Dios porque creo en el amor y porque creo en el arte. Y me gusta el mundo de las religiones, claro. Pero no confeso ninguna religión. Esto es sospechoso para mucha gente. Para los católicos, por ejemplo, es muy sospechoso. Que no veas la Revelación de Jesús, piensan, «este no lo ha entendido bien».

Lógicamente no puedo estar de acuerdo con la idea fanática de que solamente la Revelación está en Jesús y que si no pasas por la iglesia es que no has entendido a Jesús. Jesús, la iglesia, por suerte, ya hemos comprendido que pueden ser caminos, no sé si diferentes, pero independientes, en cierta forma. Y, por supuesto, Dios y las religiones pueden ser caminos independientes. Puedes tener referencia a las religiones para llegar a Dios, o viceversa, pero yo ahora mismo estoy en esas.

Hace poco fui a escuchar a Pablo d’Ors, católico, cristiano, y una persona lo llamó hereje porque ante la cuestión de elegir entre Dios y la religión, él respondió que se quedaba con Dios. Yo estoy en esta idea. Una idea que, básicamente, está en muchos escritos de los grandes pensadores místicos españoles: Santa Teresa de Jesús, San Juan, Miguel de Molinos, San Pedro de Alcántara, Tomás de Aquino, San Agustín. Como en todas las ortodoxias es muy fácil: vete a las fuentes y comprobarás que no es lo que te han enseñado los traductores. La iglesia no ha enseñado todo lo que decían los padres de la iglesia. No lo enseñan. Yo creo en esto porque he leído a San Agustín y a Tomás de Aquino y lo siento como tal. Ahora, no he tenido una relación a través de Jesús. Yo hablo con Jesús como un personaje histórico, aún no se sabe si realmente existió o no. Mucha gente piensa que sí, otras piensan que no. Esto tampoco para mí es tan relevante. Pero para mí es un interesante predicador, como había tantos en su época, que marcó un hito por diferentes circunstancias, pero que yo no voy a evitar hablar de budismo, ni del mundo zen, ni del islam, ni de Confucio, ni de Lutero, porque crean que en Jesús está toda la verdad. Pues no, no lo creo. Y, sobre todo, no lo siento. Porque esta cosa de entender a Jesús como una revelación no es una cosa que te atraviesa. Nosotros venimos desde el espíritu del arte, de Kandinsky, hay que dejar espacio a lo inexplicable.

Niño de Elche para Jot Down

Lo Ex. Conviertes el prefijo en sustantivo. Quiero volver a sacar a pasear a Zambrano, quien decía que el exilio era el estado natural del ser humano.

El exilio se convierte en una cuestión territorial. Mucha gente está arraigada a su territorio, pero está exiliada en forma espiritual, emocional… Incluso, esto, hoy en día, se puede experimentar más por la cuestión tecnológica. Para mí es importante asociar esa idea de Ex con la idea de estar fuera, de tomar distancia. Recuerdo a Fernando Arrabal cuando le preguntaban por el exilio y él respondía que el exiliado ya era un estado que, incluso, si Franco les hubiera permitido volver, a Picasso y a él, no hubieran vuelto. Ahora bien, exiliado no significa apartado. No. Exiliado es, tal vez, un fuera, tomar distancia y encontrar a otros. Entender otro tipo de comunidad que tiene que ver con otra forma de operar.

El flamenco ya lleva el Ex intrínseco porque ser flamenco pertenece a eso. Aunque siempre se haya intentado vincular a las familias, a las tribus, pero qué va. Un flamenco siempre ha sido un ente extraño. Algo que nunca nadie ha sabido dónde situar. Y sigue pasando. Habla con la Junta de Andalucía. La Junta de Andalucía sigue sin saber cómo coño meter a un flamenco en la foto, ¿no? Le sigue siendo difícil. Sigue siendo incómodo. Es una piedra en un zapato. Por eso a mí me encanta tanto el flamenco.

Y esto es importante siempre remarcarlo. Y el prefijo ex es el que me ha ayudado a ser seguramente un flamenco muy radical. Por eso los discos que hago últimamente que han sido de flamenco no los podía haber hecho si no hubiese sido a partir del ex.

La muerte es aquello que dota de sentido a la vida. En la actualidad, nos encontramos con postulados filosóficos —como el transhumanismo— y corporaciones tecnológicas que anhelan romper ese pacto.

Asumir la mortalidad conlleva un montón de cuestiones que para mí son positivas para la vida. Esto es lo primero que hay que entender. Toda reflexión sobre la muerte será provechosa para que la vida sea más completa, más fascinante, más profunda. A mí me interesa la muerte porque ayuda a entender la vida, en toda su complejidad, y ayuda a reconciliarnos con las cuestiones sociales y políticas. La muerte como última justicia. Me ha interesado la muerte también como una explicación o un desarrollo para hablar de temas como el dolor, el vacío, la ausencia, la soledad. Cuando reflexiono sobre la muerte todo esto sale a la palestra. La muerte no es solamente desaparezco y pierdo cosas.

También me interesa como hecho, diríamos, trascendental. Y el arte, claro. Los que hacemos arte hacemos cosas para que trasciendan. Queremos trascender, queremos dejar una mota de polvo material o inmaterial, ¿no? El recuerdo, todo eso que se queda en otros seres. Como dice una frase de Yannis Ritsos, que he trasladado a un texto de mi último disco que va a salir ahora, con Refree: «Estaremos en todas partes. Nadie sabrá de nosotros, pero estaremos en todas partes». Y yo lo añadí: «Sonriendo». Esto creo que resume parte de mis intereses. Es uno de los últimos desapegos. Claro, esto es duro.

Tal vez haya que abrazar esto. No sé, es una pregunta que me hago constantemente cuando reivindicamos los muertos. ¿Sabes? Que es reivindicación de los vivos, lógicamente. Como todos los ritos funerarios que hacemos. Un rito funerario para los vivos. Vivir con nuestros muertos. Esta cosa de reivindicar los muertos me sigue dando mil vueltas. Esto de reivindicar los muertos, ¿cuánto? Es un hecho muy político y muy necesario. Pero necesario para los vivos. Claro, yo que soy tan fan de leer textos sobre el olvido.

¿Olvido o anonimato?

Lo que voy a hacer con Paul B. Preciado está relacionado con el anonimato. A partir de lo que le conté sobre mi nombre, mi cambio de nombre, todo esto, ¿no? Todo tiene que ver con un texto, que encontró Preciado, de un transexual de la Alemania del siglo pasado, no recuerdo ahora la época concreta, que firmaba como nadie.

La idea del anonimato también se puede convertir en escapismo, en un arte de la fuga. Entonces, ahí hay algo que me interesa. Es un poco ambivalente. Porque hay, por un lado, joder, un anonimato cuando te obligan, cuando sufres opresión, pero cómo convertir ese anonimato en un arte de la fuga. El anonimato tiene que ver con todo esto. No solamente con desaparecer. Es una lucha política.

Niño de Elche para Jot Down

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

6 comentarios

  1. Jaume Sisa, se transformó en Ricardo Solfa i en Armando Llamando. No le acabó de funcionar.
    Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman), i Camarón (José Monje Cruz) nunca cambiaron el nombre, a pesar de revolucionar su música. O incluso David Bowie (David Robert Jones), se transformó, sin cambiar de nombre.
    Suerte!

  2. Está bien eso de planear la propia transformación, pero es requisito indispensable saber en lo que uno quiere transformarse. Este no parece ser el caso de este artista, que no nos explica qué quiere ser de mayor. Lo único que nos dice es que no quiere ser lo que ha sido hasta ahora, lo que hace pensar una cierta insatisfacción con el papel artístico desempeñado hasta el momento. Tal vez sea que lo que pretende es alcanzar mayor éxito comercial.

  3. Parece que ya se quiere sacar el micrófono de la campanilla. Le va tocando. Suerte.

  4. Alonso Garrido

    La confusion reinante del momento:Un astuto impostor de dimensiones colosales como este haciendose pasar por creador.
    Desde hace años escalando en el paramo critico que nos rodea gracias a un entorno que facilita fenomenos agarrulados como este.
    En fin…

  5. Jose Andres

    ¡Vaya tío peñazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*