
Este artículo está disponible en papel el nuestra revista trimestral nº 49 Especial Vanguardias
Un falso tópico afirma que lo jondo es tradicionalista por naturaleza. Pero la propia historia de esta música demuestra que la experimentación, la heterodoxia y la transgresión forman parte de su ADN desde el principio.
A la Bienal de Sevilla la llaman La Vietnam por ser fuente inveterada de conflictos y acres discusiones, a menudo en torno a la oposición entre tradición y vanguardia, ortodoxia y heterodoxia, pureza y transgresión. El debate nunca parece acabar, los bandos se antojan irreconciliables, siempre atrincherados en sus extremos. La cuestión sigue haciendo correr ríos de tinta y recalentado los mares de silicio de internet sin que haya un claro atisbo de luz. A veces incluso se llega a negar la condición de flamencos de algunos herejes, expulsados sine die del paraíso de lo jondo. Pero, ¿es tan radical la separación entre una cosa y otra? ¿Son flamenco y vanguardia, como tantos pretenden, como agua y aceite?
La última Bienal fue dirigida por un joven periodista y gestor cultural sevillano, Luis Ybarra, de veitiocho años, y se presentó desde el principio como una vuelta al orden después de una edición, la de 2022, marcada por el atrevimiento y la búsqueda de nuevos caminos al margen de los cánones tradicionales. Incluso el lema de este año, «Ole de nuevo», apuntaba a un detalle elocuente: la posibilidad de la afición de decir «ole» en el momento justo e inequívoco, sin exponerse al desconcierto que provocan las propuestas más innovadoras.
«Lo primero que detecto en este debate», afirma Ybarra, «es que históricamente se usan determinados términos como sinónimos que no lo son: música experimental, vanguardia, modernidad… Y al revés también ocurre: esta Bienal ha sido, de hecho, una reflexión sobre términos como tradición y vanguardia, que se consideran antagónicos, pero desde mi perspectiva no lo son. El flamenco es, en esencia, vanguardista y contemporáneo, y tan moderna es la Tremendita como José de la Tomasa. Radicalmente moderno es Chacón: nadie ha evolucionado tanto la cartagenera o la malagueña en sus ocho estilos como él. El cante, la guitarra y el baile son expresiones contemporáneas, porque los artistas las están creando. Lo que sucede es que se confunde modernidad y moda».
Para el director de la Bienal 2024, «los límites están en la expresión de cada uno. Creo que artistas tan aparentemente distintos como Rafael de Utrera o José Valencia y la Tremendita son sumamente honestos consigo mismos, les mueve la inquietud artística y no quieren apropiarse de un público, que no les pertenece y eso era también lo que caracterizaba a Paco de Lucía o a Enrique Morente, que nunca dijo: «Voy a hacer Omega para conectar con este público o entrar en este circuito de festivales». Unos y otros son puros».
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