Sociedad

El escudo y la espada de las denuncias falsas: Halloween para tertulianos

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Imagen promocional de Halloween, 1978

Dice Juan Soto Ivars, en su reciente entrevista en Jot Down, que las denuncias falsas en materia de violencia de género son claramente superiores a las reconocidas en las cifras oficiales de la Fiscalía General del Estado. Afirmaba también que estas denuncias implican la trágica perversión del escudo —la Ley de Violencia de Género— que el Estado proporcionó a las mujeres maltratadas, un escudo que se convierte en espada contra hombres inocentes. Como todo tema complejo, requiere para su análisis una exposición argumental que examine sus múltiples aristas y matices. Voy a intentar seguidamente exponer y tratar los aspectos más relevantes que, desde una perspectiva jurídica y ética, permiten definir tan polémica cuestión.

La oscura cárcel de la violencia de género. Ahora que estamos en Halloween, me parece especialmente oportuno definir la violencia de género como la convivencia entre Laurie Strode y Michael Myers en un mismo hogar. Pocas situaciones antijurídicas generan tanta vulnerabilidad, dolor, pánico e indefensión a la víctima. Porque convive con un verdugo que la tortura en soledad, sin testigos. Porque ese verdugo está obsesionado con ella. Porque la tortura es cotidiana, atroz y se desarrolla en ese oasis que debería ser el hogar. Porque sabe que, si le planta cara, la cólera del verdugo crecerá exponencialmente y pondrá en riesgo cierto su vida. Porque muchas veces está atada al verdugo por dependencia económica, emocional o familiar —terror al daño que pueda causar a los hijos si osa denunciarle—. Porque sabe que, precisamente por ejecutarse su tormento entre las sombras y lejos de la mirada del mundo, sus posibilidades de probarlo son menores. Porque sabe que, si se atreve a denunciar y absuelven a su verdugo, le espera lo peor.

Todas estas razones justifican con creces la instauración de medidas cautelares destinadas a proteger a la denunciante y evitar la sádica locura de devolverla a la casa donde reside su verdugo para encontrarse con él tras la denuncia, así como para impedir que la persiga durante el tiempo que dure el proceso penal. Una de las principales críticas que pueden hacerse a la actual política de violencia de género del Gobierno es la insuficiencia de medios policiales destinados a proteger a las víctimas, lo que ha derivado en la muerte de algunas denunciantes con orden de alejamiento vigente. Si los concejales del PP vascos tenían escolta en los tiempos de la extinta ETA, por idéntica razón las mujeres con medidas cautelares vigentes deben contar con protección policial que garantice intervenciones inmediatas si el terrorista doméstico que las persigue se persona donde están.

Por el mismo motivo, es vital establecer protocolos de apoyo psicosocial a las denunciantes, de modo que se atrevan a dar el paso y se mantengan firmes durante todo el proceso, evitando que, por chantaje emocional, vulnerabilidad económica o sentimiento de desprotección, retiren la denuncia. En el papel, la actual Ley de Violencia de Género los contempla estupendamente, pero su muy deficitaria financiación provoca que, en la práctica, sean bastante precarios.

La presunción de inocencia del denunciado. Ningún Estado de Derecho puede dejar en manos de una persona la posibilidad de destrozar gratuitamente la vida de otra. Porque, como cualquiera entiende, hay locos y miserables de todos los sexos. Locas que denuncian falsamente por venganza y miserables que amenazan con la denuncia para obtener beneficios económicos en un divorcio. Son una ínfima minoría, pero los derechos humanos de cada persona —incluso de una sola persona— son absolutamente sagrados y no pueden sacrificarse en aras de ningún dogma o fin superior. Por ende, nunca me ha gustado el lema «hermana, yo sí te creo». Como sucede con todos los dogmas, es perverso sostener que las denuncias por violencia de género son, por su propia naturaleza, verdaderas y reflejan un maltrato real. Por eso, yo más bien diría: «hermana, aquí tienes todas las herramientas que un Derecho Penal avanzado y garantista te ofrece para probar tu verdad».

Del mismo modo que apoyo las medidas cautelares y de apoyo psicosocial vigentes en la Ley de Violencia de Género —dado que la desprotección de la víctima en esta clase de delitos tiene consecuencias fatales—, reclamo que los procesos penales de esta índole se desarrollen con la máxima celeridad y con todas las garantías, buscando así que las medidas cautelares se transformen cuanto antes en condenas penales o se levanten si el acusado es inocente.

Un dato muy relevante: algo más del 70 % de las sentencias por violencia de género fueron condenatorias en 2023; el 30 % restante, absolutorias (). Y muchos otros hombres ni siquiera llegaron a juicio, archivándose el proceso en fase de instrucción —se hace por auto y no por sentencia, de modo que esos autos absolutorios no se contabilizan en la estadística—. En 2021, el 42 % de las denuncias se archivaron en esta fase sin llegar a juicio (). En cuanto a medidas cautelares, se concedieron cerca del 70 % de las solicitadas, rechazándose algo más del 30 %. Con estos mimbres, es insostenible afirmar que la Ley de Violencia de Género no respeta la presunción de inocencia.

Las denuncias falsas. La ultraderecha y los misóginos en general suelen equiparar denuncia falsa con caso desestimado. Esto es una soberana estupidez. Una denuncia falsa implica no solo que tu denuncia sea archivada —en tal caso habría decenas de miles de denuncias falsas por decenas de tipos penales, desde la estafa al robo con fuerza, todos los años—, sino que se pruebe que denunciaste sabiendo que las imputaciones eran mentira, o que lo hiciste con negligencia flagrante. Esto no es imposible, pero requiere acreditar ese dolo o negligencia grave, y no la mera desestimación de la denuncia, que, como vimos antes, no es en absoluto extraña en los casos de violencia de género. De hecho, en los últimos años decenas de mujeres han sido condenadas por denuncias falsas en esta materia. El porcentaje de condenadas equivale al 0,0082 % de las denunciantes, una cifra muy similar a la de condenados por denuncia falsa en relación con cualquier otro delito. Y es que, reitero, tumbar un caso penal con base en la presunción de inocencia es relativamente fácil; probar que te denunciaron falsamente por estafa, robo, lesiones o tráfico de drogas es muy difícil, porque debes acreditar que el denunciante sabía que estaba mintiendo —por ejemplo, que te denunció afirmando que estuvo contigo en un bar el día en que supuestamente le agrediste y tú puedas probar que estaba en misa— o que te denunció con una falta de diligencia obscena —por ejemplo, porque un tipo que pasaba por la calle le dijo que tú traficas con droga en tu casa—.

Los estándares probatorios. ¿Es aceptable condenar a alguien con base en el testimonio exclusivo de la víctima? Sin duda, y pasa todos los días cientos de veces. En delitos de lesiones acontecidos en un callejón, robos con fuerza en una zona despoblada… y agresiones domésticas. El mero testimonio de la víctima es suficiente para sostener una condena penal siempre que se den tres requisitos: a) ausencia de incredibilidad subjetiva; b) verosimilitud del testimonio; c) persistencia en la incriminación. El juez escucha y se asegura de que el relato es verosímil y de que no hay contradicciones ni cambios de versión con el tiempo (cuando una denuncia es falsa, acaban apareciendo si el interrogador es mínimamente hábil) entre las declaraciones ante la policía, el juez instructor y el juez penal que juzga en fase de juicio oral. En temas de violencia de género, muchas veces también se practican periciales psicológicas que avalan la solidez del testimonio y la existencia de traumas o daños psicológicos derivados de la agresión, lo cual da un plus de rigor al testimonio respecto de otros, como el del ciudadano que afirma haber visto la cara de quien le robó el reloj sin género de duda.

Por tanto, es rotundamente falso que la presunción de inocencia se vea mermada en los juicios por violencia de género. Los estándares probatorios son idénticos a los de cualquier proceso penal, y la condena con base en el testimonio exclusivo de la víctima se da con la misma frecuencia que en cualquier otro delito cometido en ausencia de testigos. Finalizo con un consejo a las víctimas: grabad con el móvil o una grabadora a vuestro agresor sin que lo sepa. Eso evitará que os juguéis la condena a una sola carta. Y es absolutamente legal siempre que seáis parte de la conversación.

Mi conclusión después del análisis expuesto es simple: las denuncias falsas en materia de violencia de género son, como sucede con todos los delitos, residuales. Las condenas y absoluciones por violencia de género, así como las pruebas que las motivan, son equiparables a las de cualquier delito que se comete generalmente sin testigos. Las víctimas están hoy intolerablemente desprotegidas debido a la falta de inversión pública en medidas de seguridad y apoyo psicosocial. Y los que difunden bulos sobre esta cuestión, sosteniendo que las denuncias falsas son generalizadas y fomentando la desprotección de una categoría de víctimas singularmente vulnerable y destrozada vitalmente por el delito —hasta el punto de perder la vida en no pocas ocasiones—, son absolutamente miserables.

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16 comentarios

  1. KlingonCome

    Choto Ivars ha encontrado una ola en la que surfear en el auge reaccionario. Siempre que haya un fenómeno enfrentado al poder ahí estará Choto para apuntarse al carro. Lo que ocurre es que aquí ya no se trata de poder vs oposición, porque a nadie avispado se le escapa que el verdadero poder no lo detenta el gobierno, al menos no este gobierno. El conglomerado reaccionario, del que Choto forma parte, tiene una abrumadora presencia en medios como en redes, desde donde influye en la opinión pública y marca la agenda política, además de gobernar en numerosas CC.AA y ayuntamientos. Si eso no es poder, díganme qué es. Y ahí está Choto, vendiéndose como un outsider cuando no es más que un palmero esperando la siguiente ola de la que sacar el correspondiente rédito.

  2. Coyote Manchado

    Lo que no me entra en la cabeza es,que el señor Ivars,pueda soltar esa mentira y quedarse tan tranquilo cuando hay pruebas de que las denuncias falsas no llegan,ni siquiera,al 1%.
    Bueno!,También sabemos de que pie cojea el señor Ivars,

  3. Gustav de Vigan

    La pregunta es por qué tienen altavoz los Soto Ivars, los Iker Jiménez o los Juan del Val.

  4. María José Furió

    Gracias por la información. Ya era hora de que tomara la palabra alguien con conocimiento de los hechos desde el punto de vista de la ley y no de la opinión. Habría que añadir el dato del porcentaje de agresiones que no se denuncian respecto del de la denuncias falsas. Sigo sin entender por qué se le ha dado tanto espacio a Soto Ivars para perorar sobre un tema que le queda grandísimo.

  5. John Mallory

    «El porcentaje de condenadas equivale al 0,0082 % de las denunciantes, una cifra muy similar a la de condenados por denuncia falsa en relación con cualquier otro delito.»

    https://future.inese.es/8-de-cada-10-fraudes-al-seguro-movil-son-denuncias-falsas-de-robo/
    «8 de cada 10 fraudes al seguro móvil son denuncias falsas de robo»

    https://www.20minutos.es/motor/actualidad/una-de-cada-10-solicitudes-de-indemnizacion-al-seguro-son-un-intento-de-fraude-5009348/
    «Una de cada 10 solicitudes de indemnización al seguro son un intento de fraude»

    Claro, los dos enlaces anteriores tienen truco, porque no son porcentajes de condenas judiciales, sino estudios exhaustivos de compañías de seguros que, éstas sí, tienen un interés evidente en perseguir las denuncias falsas, incluso si luego no se llegan a sustanciar en procesos penales porque no les compensa.

    Lo siento pero parece que no, en general no existe interés por perseguir las denuncias falsas. Ni en violencia de género ni en muchos otros delitos, así que creerse las estadísticas oficiales al respecto no deja de ser un auto de fe y que las cifras en violencia de género sean similares a las de otros delitos no dice nada sobre el porcentaje real de denuncias falsas.

    Con la violencia de género, que las denuncias falsas son el 0,000…1% pero luego no es difícil conocer algún caso de primera mano, o que justo cuando un político de izquierdas sufre una denuncia de este tipo sea falsa (ya es casualidad, oiga, con la dificultad estadística de que sea así), ocurre otro tanto que con las okupaciones, que no existen pero luego tampoco es difícil encontrarse a alguien que las sufra, mientras las empresas de desokupación florecen a diestro y siniestro (¿cómo es posible, si su mercado objetivo es un bulo? La pregunta que nunca responden).

    Como bien dijo Castelao hace casi 100 años, «mexan por nós e temos que decir que chove».

  6. T'serclaes de Tilly

    Venga, a mezclar estadísticas, como si fuese lo mismo una cosa que la otra. Como si no hubiese mujeres que no denuncian porque total, no era para tanto o al final te pueden matar igual. Como si el interés de las aseguradoras siempre fuera pagar y no escaquearse del pago y subirte la prima. Como si no se llamara okupa a cualquier situación, incluso renta antigua o subidas desproporcionadas del alquiler porque la burbuja tira a éso, a subir precios. Como si altavoces mediáticos o empresas de seguridad no tuvieran intereses personales en difundir un miedo a que si sales a comprar el pan te okupan la casa porque son parte interesada.

  7. Yo no conozco a nadie a quien hayan okupado su casa.
    Ni siquiera considerando okupa a un inquilino moroso que es otra cosa.
    Respecto a denuncias falsas, España es un país con sobradas garantías procesales y nadie va a ser condenado solamente por la palabra de una mujer, sin testigos ni pruebas periciales.

    • No sabía si contestar a esta entrada o no, dado que hay un tiempo para ello y este ya ha pasado. Corro, además, el riesgo de reiterar entradas que hice en otros artículos y de aburrir por ello al personal (pecado supremo, en estos tiempos). No obstante, mi experiencia personal es tan dolorosamente divergente de su afirmación (Yo no conozco a nadie a quien hayan okupado su casa) que no puedo evitar hacer algunas referencias al respecto:

      1. Hombre suramericano, ya jubilado, se va a su país a visitar a sus hijos. Una mujer, liberada sindical, aprovecha su mes de ausencia y ocupa su casa (primera vivienda); tras años de episodios que desconcertarían al mismísimo Kafka, incluyendo un periplo judicial monstruoso, el hombre fallece sin volver a pisar su inmueble, que es recuperado casi una década más tarde por sus descendientes. Lo fascinante es que la mujer enseña en los juzgados documentación no sólo falsa, sino que no resiste el más mínimo análisis, y contesta con evasivas «infanta style» en el mejor de los casos y con exabruptos en otros. Sale indemne.

      2. Jubilada amiga mía, que reside con su hija y alquila un piso (su antigua vivienda) al propietario de un restaurante (notorio por su éxito y sus ingresos) lidia con cinco años de impago. Al recuperarlo, lo encuentra destrozado; lo que vale tanto como decir que no lo recupera enteramente. El individuo también, hasta el momento, no ha tenido que asumir la más mínima consecuencia por sus acciones.

      3. Una antigua casa de vecinos, hace algunos años, se ve okupada parcialmente por un grupo de romaníes. Hay varias familias ancianas en régimen de alquiler en el edificio, yo conozco a un matrimonio que llevaban toda su vida allí y formaban parte de la vida del barrio desde antes de mi llegada (ya han fallecido ambos). Los invasores someten al lugar a una destrucción metódica (arrancan tuberías y cableado, tiran basuras en el interior…) hasta que el inmueble se declara en ruina. Hoy hay viviendas de lujo, por cierto. Los Romanís forman parte de una especie de brigada de demolición informal, o eso es lo que parece.

      Y tengo varios ejemplos más, tan o más sangrantes…. pero es inútil. O tengo muy mala suerte, o usted la tiene inmejorable en lo que a sus experiencias se refiere. Y he coincidido además con gente que ha tenido en su cercanía, o de primera mano, experiencias de pesadilla.

      Hablo de España, porque de mi país de origen «atesoro» experiencias que entran en el campo del realismo mágico (limitado a la magia negra, me temo).

      ¿Casos excepcionales?

  8. Es evidente queel número de denuncias falsas reales siempre será superior al de las que acaban demostradas y por tanto resultan en condena, porque los delitos hay que demostrarlos.
    Igualmente pasa con las agresiones machistas que siempre serán más las reales que las demostradas.
    En cualquier caso el número de denuncias falsas sin duda es menor ,muy menor, al de las reales y es una mala excusa para los machistas .
    Como cuando hablas del paro y no falta facha que te diga que el que no trabaja es porque no quiere.

  9. Como mujer que soy, escribo para desearles que vivan la experiencia de sufrir una denuncia de este tipo que no esté fundada.
    Suerte con la experiencia, amigos.

  10. Claro que hay denuncias falsas, es como la vida misma. Eso no quiere decir que las mujeres no deban de tener protección. Y artículos como este no hacen si no darme la razón al darme de baja de la colaboración.

  11. 2023: 199.282 denuncias , 60.172 sentencias, dónde fueron las 138.000 denuncias en las que no hubo sentencia. No llegaron a juicio. Eso no lo dice el aliade que ha escrito el artículo. Tampoco ha leído el libro, porque ni se había publicado cuano escribió ese planfletillo. Por este seguidismo del mantra indocumentado gubernamental , sin duda por las subvenciones, dejé de ser socio aportador de $ de Jotdown.

  12. El dia que al planchabragas aliade adicto a la soja intravenosa que firma el articulillo una mujer despechada,desequilibrada,malvada o que sea las tres cosas a la vez -tengo amigos que han tenido y tienen que sufrir a este tipo de mujeres- le casque una denuncia falsa tras otra hasta el punto de arruinarlo o llevarlo al borde del suicidio veremos si entonces se atreve a escribir articulos panfletarios como el que este en cual ataca a Soto Ivars.

    Ahora mismo la infausta ley de violencia de genero es una trituradora de hombres,de familias y de rebote de niños que son usados como peones de ataque y que es muchos casos crecen sin un padre o una referencia masculina.

    • Pero qué amigos vas a tener tú que tengan mujeres, pedazo de infraser con el pito triste, si eres tan espantachochos que los alejas hasta por personas interpuestas. Ridículo, pringado JAJAJA

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