Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) no le escapa al debate, al contrario, lo propicia. Desde sus libros, sus columnas periodísticas, sus participaciones en tertulias y su canal de YouTube, hace un culto de la retórica mordaz y la argumentación lógica. Tiene un estilo sereno, reflexivo, con sentido del humor. Como escritor, inició su carrera con una novela, La conjetura de Perelman (Ediciones B, Barcelona, 2011), y luego se volcó al ensayo: Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Círculo de Tiza, Madrid, 2016), Poscensura (Flash, Barcelona, 2017), Arden las redes (Debate, 2017), La casa del ahorcado (Debate, 2021), La trinchera de letras (Nobel, 2024). También incursionó en la crónica con Nadie se va a reír. La increíble historia de un juicio a la ironía (Debate, 2022). La guerra cultural, los mecanismos de la censura y los ataques contra la libertad de expresión son asuntos que le preocupan especialmente y de eso se ocupa la sección Cultura de El Confidencial. Detesta los razonamientos nacionalistas. Dice que siempre se había considerado de izquierdas hasta que empezó a interesarse por la verdad. Se burla de que ahora le digan que es fascista. Aceptó muy rápidamente la propuesta para entrevistarlo y nos recibió en su casa de El Escorial.
Gracias por contestar tan pronto el correo y aceptar la invitación a la entrevista.
Bueno, siempre contesto el correo porque no tengo WhatsApp ni uso redes. Las redes sociales me las llevan, o sea, no tengo acceso al mundo exterior.
Cuando te escribí, me dijiste que sí, encantado, pero que preguntara a la revista.
Es que a mí sí que me pasa que a veces algún redactor quiere hacer algo conmigo y luego le dicen que no en el medio.
¿Suponías que en Jot Down te iban a decir que no?
No, no Jot Down en particular, pero me pasa habitualmente, incluso que me hacen una entrevista y luego no se la publican. Me ha pasado últimamente.
¿Por qué?
Porque digo muchas burradas.
O sea, ¿poco inteligentes?
Estúpidas, totalmente. (Risas). Será por cuestiones de política editorial que yo desconozco, porque pueden ser medios tanto de izquierdas como de derechas. A mí lo que me fastidia es que una persona haga una entrevista y luego no se la cojan.
Hay en Argentina periodistas que, cuando algo es complejo, le piden a sus entrevistados «explícamelo fácil para que entienda la gente». En este caso te voy a pedir que expliques, para alguien que no vive aquí, qué son la derecha y la izquierda en España, porque son categorías que no significan lo mismo en todos lados. Antes, por ejemplo, hablaste de medios de derechas y de izquierdas.
Yo me refiero con derecha e izquierda actualmente a dónde está tu línea roja en cuanto a tu exigencia de que te digan la verdad. Nos dejamos mentir según nuestra inclinación moral, más por un lado que por otro, y compramos en pack muchos pensamientos prefabricados, y yo creo que eso está en Argentina igual que está en España, ¿no? Creo que está en todas las democracias.
¿La moral ha cooptado la política?
La moral y la política siempre han estado unidas. Yo creo que lo que está fuera hoy es la ética, por eso un valor absoluto como la verdad o como la libertad de expresión va tantísimo por barrios en función de quién siente atacada su verdad o quién siente atacada su libertad de expresión. Yo siempre me había considerado de izquierdas, como toda mi generación. Era como un mandato, era algo como que estaba en el ambiente, hasta que empecé a interesarme por la verdad. Y entonces vi que había muchos asuntos en los que la gente que yo consideraba afín despreciaba la verdad. Porque la verdad no tiene ideología, la verdad es muy puñetera. Entonces, en el interés por la verdad perdí el interés por la moral.
Cuando hablas de la verdad, ¿te estás refiriendo a la verdad histórica, a la política, al periodismo?
La política se encarga de ofrecernos dilemas que muchas veces son falsos. Porque no hace falta tomar una decisión final ni elegir entre las opciones que se nos proporcionan. Estoy intentando pensar en un ejemplo… Yo soy favorable a que haya aborto. Soy favorable a que exista una regulación que nos permita poder eliminarlo para que una señora o una pareja no tengan que afrontar la responsabilidad que supone tener un hijo. Yo estoy a favor de eso, y se dice que eso es una cosa de izquierdas. Pero sé que la verdad no está con mi posición moral sobre este asunto, porque yo no soy quién para decir cuándo empieza algo a ser un ser humano. No lo sé, nos movemos en un terreno de imprecisión. O sea, estamos en contra del asesinato, pero podemos estar a favor de que el aborto sea libre y voluntario y no sometido a nada más que la voluntad de la madre. Yo ahí veo que hay una incongruencia. Cuando hablas de esta incongruencia, hay quien puede decirte: «Es que esto que tú estás diciendo está dando armas al enemigo que quiere considerar que la vida es sagrada desde la concepción o desde no sé cuándo. Estás regalando argumentos al adversario».
Cuando yo empecé a percibir que esto era común, este reproche moral sobre asuntos que tienen que ver más con la verdad que con la posición política o la decisión política en la que tú puedes poner tus fichas, me empecé a distanciar muchísimo de la izquierda, sin haberme arrojado en brazos del otro lado, al que le pasa exactamente lo mismo.
Hay un libro muy inteligente publicado en 2005, de una autora argentina, que ya en el título plantea el dilema: Fornicar y matar.
¿Quién es la autora?
Laura Klein. Es muy interesante porque usa dos palabras que, desde los posicionamientos en pugna, no suelen usarse. El planteamiento es: hablemos con todo sobre la mesa. Es que eso es lo difícil, hablar con todo sobre la mesa.
Porque hay partes de la realidad que tú tienes que menospreciar a la hora de tomar una posición política maniquea. Por eso siempre recurrimos a fenómenos históricos, como los nazis conquistando Europa y matando a los judíos, podemos situarnos en un parámetro histórico para hablar del mal absoluto y de una decisión sin ningún tipo de riesgo con la verdad, pero en términos actuales, yo encuentro que es muy difícil. Y también me pregunto a veces cómo hubiéramos pensado en eso en aquel momento, porque hay grandes mentes que se vieron seducidas y que negaban la realidad. Mi autor favorito era nazi. Knut Hamsun es noruego. No era nazi en sus novelas, era nazi en sus posicionamientos políticos, y fue castigado por Noruega cuando los nazis perdieron la guerra. Pero es bastante interesante estudiar su biografía porque Hamsun, para apoyar el nazismo, tenía que negar una parte de la verdad que le estaban dando sus propios hijos: «Oye, en Alemania están desapareciendo los judíos». Y él decía: «Fake news, no os creáis, es propaganda del enemigo, es mentira». El caso de Hamsun es muy interesante porque se trata de una persona con una sensibilidad monstruosamente desarrollada que está demostrando una gran insensibilidad no solo hacia la verdad, sino hacia el dolor ajeno. Entonces, me interesa mucho ver cómo personas muy admirables por otros motivos han eludido una parte de la verdad porque esa parte de la verdad era letal para su posición política. Y yo creo que eso lo hacemos todo el rato en asuntos de interés público que nos polarizan. La polarización es un sesgo que impide a dos grupos humanos situarse en el terreno de la verdad. Más allá de la pelea, más allá de todo lo que se diga, de cómo afecta la democracia, la polarización es una negación pertinaz de la verdad en beneficio de la moral de parte.
¿La polarización no existió siempre en España?
Sí, lo que no existían eran las redes sociales. Es que el cambio tecnológico es muy masivo, antes existía una opinión pública que venía filtrada por los medios de comunicación. Entonces, la polarización es lo de siempre pero con un trampolín tecnológico aterrador. Es lo mismo que pasa con los linchamientos; linchamientos ha habido siempre. Cuando Hannah Arendt publicó Eichmann en Jerusalén recibió no sé cuántas cartas de judíos irritados, insultantes, amenazas de muerte. Precisamente a Hannah Arendt, por buscar la verdad. ¿Qué buscaba esa señora, hacer daño a los judíos, mearse en las víctimas? No, lo que pasa es que el juicio a Eichmann le parecía algo sobre lo que pensar, y algo sobre lo que pensar es algo distinto a algo sobre lo que tomar una posición. ¿Cuál fue la reacción en su tiempo? La misma que hoy, pero con una diferencia: había que escribir una carta y echarla al buzón; yo creo que la tecnología ha hecho que el odio pueda reposar menos tiempo porque es instantáneo. Entonces, no pensamos dos veces y se han amplificado las vías de comunicar ese odio y resentimiento.
Recuerdo a Ricky Gervais, que en un monólogo hablaba de esto: la facilidad con que se dicen cosas terribles en las redes, atacando a alguien desconocido porque no te gusta lo que hace o dice.
Claro, y luego también toda la programación de este medio de comunicación implica la inmediatez. En la inmediatez somos todos más tontos. O sea, yo miento, propago bulos, me equivoco, me vengo arriba, digo una estupidez, mucho más en YouTube o mucho más en Twitter. Por eso ya no lo uso, no uso Twitter.
¿Te ibas de boca?
Claro, me iba de boca, cosa que en un artículo me pasa menos, aunque también me puede pasar, y en un libro intento que no. Creo que no me pasa. ¿Por qué? Por el tiempo que requiere. A veces se dice que se ha empobrecido mucho el debate público, pero es que el debate público se tiene que empobrecer si el canal en el que se expresa es este.
Igual, a vos te gusta debatir.
Sí, a mí me gusta, sí.
Escuché un debate que organizó Ricardo Moya con vos y Ayme Román.
Sí, un encanto Ayme.
Y otro con un humorista.
Con Joaquín Reyes, él estaba un poco incómodo, pero fíjate qué bonito porque ese debate se ha visto muchísimo. A él le noté incómodo, y me puse incómodo yo porque el público del teatro estaba muy de su parte y para mí fue difícil afrontar esa situación. Y luego vi que en YouTube muchísima gente le insultaba y eso también me disgustó mucho. Esto es una cosa que no hemos contado ni él ni yo, pero nos vimos después. Nos encontramos en una fiesta de Penguin Random House donde había muchísima gente, nos saludamos y fuimos haciéndonos los encontradizos hasta que acabamos los dos borrachos, después del acto protocolario. Nos acodamos él y yo en una barra y estuvimos hablando de lo que había pasado en nuestro debate. Nunca me había pasado eso y fue una experiencia realmente bonita porque toda la aspereza que se ve en ese vídeo, esa tensión, desapareció; por eso a mí me gustan los debates. Se me dio mejor el debate con Ayme Román, fuimos los dos muy amables, nos escuchábamos y no teníamos público. Pero después de un mal debate, yo creo que ya hay un pequeño vínculo. Si una de las personas no es vil y no es un enemigo y le importa un carajo cómo se siente el otro, yo creo que después de un debate desapacible como aquel ya se ha creado un vínculo que no existe jamás en las redes sociales.
Claro, en un cara a cara y borrachos… (Risas). Empezaste escribiendo novelas y se me ocurre que quien escribe ficción cultiva un perfil más bajo. ¿Qué te llevó a escribir artículos de opinión, libros de ensayo, tener ahora un canal de YouTube, ir a debates y tanta exposición pública?
A ver, tengo que empezar un poco antes. Yo soy hijo de un profesor de Murcia, de la pública, y de una ama de casa. Mis padres no conocían a nadie, no tenían un amigo periodista ni un amigo escritor, de hecho no tenían una vida social. Luego nos fuimos a vivir a Marruecos porque mi padre sacó allí una plaza en un instituto de estos para que los marroquíes estudien la selectividad y vayan a la universidad española, y allí tuve una profesora de literatura que fue la que me despertó el picorcito de querer hacer eso que ella enseñaba, una profesora de esas que te cambian la vida, como esas de las que mucha gente habla, que parece que fuera siempre la misma profesora, pues la mía se llamaba Pilar García Madrazo, que ya murió. Y me fui a Madrid a estudiar con dieciocho años, no conocía a nadie, no tenía capital social. Y como no tenía eso, tuve que ir probando. Yo quería hacer novelas, pero no tenía un duro y hubo un momento en que empecé a hacer artículos de opinión. Me ofrecieron dinero a cambio de hacer algo que yo no tenía ningún interés y me gustó mucho, tanto me gustó que he dejado de escribir novelas y he empezado a escribir ensayos porque, una vez que tú escribes artículos, empiezas a participar de la discusión pública. Y ahí es donde empezó a molestarme muchísimo que me mintieran. Fue muy gradual. Y esto lo digo admitiendo que yo he mentido, siempre involuntariamente. O sea, que he propagado un bulo porque no he comprobado un dato, que me equivoco y que yo también soy un agente de la mentira. No soy tan riguroso como para no caer en eso, lo que pasa es que intento siempre luego hacer un desmentido y pedir perdón. Pero el interés por la verdad ha dominado los últimos años y por eso hago ensayos sobre temas en los que entiendo que no se dice la verdad o que hay una capa de propaganda.
Y los libros te permiten más tiempo de investigación.
Ahora sale uno que llevo desde 2018 investigándolo. Es un libro sobre la violencia de género en España y lo que hay detrás.
¿Imaginas las reacciones?
Tiene novecientas cincuenta notas al pie. O sea, he intentado no decir nada que no esté apoyado en algo.
¿Las reacciones?
Me imagino que bastará ver la portada del libro, pero no me importa. A mí a eso me ha llevado el interés por la verdad, no el interés por la justicia.
Como decías, ya ocupás un lugar en el debate público y sabés, supongo, que los libros que sacás a la calle son vistos a partir de lo que significa tu nombre en la portada. Juan Soto Ivars aleja a un gran grupo de lectores…
Y acerca a otros que no siempre me gustan, pero también uno escribe o hace las cosas pensando que el tiempo pasa y que los textos quedan. Yo lo que intento es no arrepentirme con el paso de los años de lo que he escrito, que también me pasa. He escrito textos que no me parece que sobrevivan al paso de cinco años. Entonces, intento escribir algo no para la gente que lee ahora, sino para que queden, que esto se dijo.
¿Por qué España no estalla si hay tantos fascistas? Aproximadamente la mitad de la población es tildada de facha o fascista.
Yo soy fascista (Risas).
Por eso la pregunta. Porque el fascista quiere eliminar al otro…
Hasta que le pegan un tiro en el cuello al fascista y descubrimos que había mucha gente interesada en eliminar al otro o que lo justifica. Vosotros tenéis en Argentina un tipo que dice zurdos hijos de puta, ¿no? Es que la moral política está tan alejada de la verdad que llega a imantar a las personas que participan de ella. Entonces, fascista o zurdos hijos de puta son dos mentiras que se vierten sobre poblaciones heterogéneas y gente que discute entre sí. Yo creo que lo que significan esas etiquetas es «no escuchéis a esta persona» y eso me sugiere que hay cierta sensación de amenaza en quien la profiere. O sea, quien quiere censurar o apartar o aislar una voz puede ser que lo haga porque le irrita, pero yo creo que casi siempre lo hace porque lo teme, y a veces lo teme porque encuentra verdad en lo que esa persona dice y le da miedo cómo esa verdad puede trastocar sus propios pensamientos. Yo creo que tiene que ver con las enfermedades. La herejía es una medida de higiene: es un hereje, no le escuchéis, los libros que tiene, a la hoguera, hay que purificar todo esto, hay que limpiarlo. Eso es miedo a ser contagiado uno. Porque sabes que no todo lo que dice es mentira o está equivocado. Herejía significa error. Entonces es el error pertinaz y obstinado en la negación del dogma. Es una figura interesantísima. Entonces, yo siempre interpreto que quien dice «no leáis a este» utilizando la palabra fascista, zurdo, hijo de puta o progre o woke o cualquier etiqueta, tiene cierto miedo. Tiene que ver con esa homosexualidad latente en el homófobo. ¿Por qué me da tanto asco esa práctica? Porque a lo mejor no me da tanto asco, entonces tengo que vomitar sobre ella, tengo que atacarlo. Es el miedo al contagio. Esto antropológicamente está estudiadísimo, el tabú y el miedo al contagio. Hay un libro de Mary Douglas que se llama Pureza y peligro, donde habla de por qué las cosas son tabú. Mary Douglas iba por África a investigar a los aborígenes de los sitios más recónditos y les preguntaba por el tabú. Lo que desarrolla, que también lo hace Freud, es la idea de que en el tabú el gran miedo es ser contagiados por eso que es intocable. Tiene que ver con la epidemia. La lepra no se toca, ¿por qué no se toca? Porque te vuelves tú leproso. Al hereje no se le toca, ¿por qué? Porque te vuelves tú hereje. No puedes leer sus libros, no puedes escuchar su voz, tienes que atacarlo. Y yo creo que eso está en la orden del día.
Escribiste La casa del ahorcado: cómo el tabú asfixia la democracia occidental, todo un libro en torno al tabú. ¿Qué disparó la idea de que el tabú servía para explicar la actualidad?
Muchas cosas… que fuéramos tratados como niños cada vez más, que cada vez había más palabras que te manchaban si las pronunciabas. Esto que empezó con la corrección política —esta palabra no se puede decir, da igual el contexto—. Y por ahí me empecé a interesar. Luego también te dabas cuenta de que no solo funcionaba con las palabras, funcionaba también con la ropa. Yo viví en directo el surgimiento en España de una palabra que era fachaleco: era un chaleco de esa tela de plástico con plumas dentro, muy abrigosa, que no pesa; a mí me regalaron uno y pensaba: «Fíjate esto, qué bien, cuánto abriga y qué poco pesa y cuánto cuesta, nueve euros, es fantástica esta prenda». Y de pronto se empezó a llamar fachaleco porque era una prenda un poco de pijete.
Pero pijete no es lo mismo que facha, ¿no?
Ya, pero a partir de tener el nombre se convirtió en una prenda un poco asquerosa para cierta gente.
Hay un ejemplo parecido sobre el lazo amarillo que contás en La trinchera de las letras…
A mi mujer le pasó en Cataluña. Ella tenía una bufanda amarilla y, cuando en el año 2017 fue todo esto de la independencia, el lazo amarillo se convirtió en una seña de identidad y de pronto ya no podías llevar una bufanda amarilla. Podías llevarla, pero tenías que soportar que te considerasen de un grupo. Y como no quieres, te la quitas. Esto a mí me fascina.
Bueno, las marcas de identidad a partir de la ropa —o de algunos accesorios— son comunes.
Porque también uno elige. Una persona que lleva hoy un pañuelo palestino, yo sé lo que piensa sobre la flotilla Global Sumud, no me hace falta preguntarle. Y lo divertido es cómo eso afecta a los que no piensan igual, pero gustan de la prenda. Por eso te decía lo del fachaleco, porque me parecía una prenda muy barata, muy poco pesada, muy cómoda y muy abrigosa y que de pronto eso fuera como un estigma para alguien que quiere ir abrigadito… Me parece más interesante en el rechazo que en la asimilación.
¿Cómo te llevas con la palabra intelectual para vos?
No me ha interesado nunca eso, esa palabra. Yo le tengo respeto a la gente que son intelectuales y lo asocio a la carrera académica, alguien que tiene una educación muy ordenada y que ha hecho una tesis doctoral.
Claro, esos son los académicos, pero el intelectual es también aquel que piensa su tiempo y escribe sobre él, que genera conversación pública a partir de lo que produce intelectualmente. Pienso también en la figura de los intelectuales orgánicos de Gramsci que sostienen un proyecto político. En Argentina se usa mucho la palabra intelectual en ese sentido, y desde los sectores de izquierda suele decirse que la derecha no tiene intelectuales.
Claro, aquí se dice que la derecha no tiene artistas… No sé, no le he dado muchas vueltas a la palabra intelectual o me ha despertado siempre pereza, pero, por ejemplo, yo creo que Javier Marías era un intelectual, en el sentido en que en España se ha manejado, desde que yo tengo uso de razón, la palabra intelectual. Un señor que estaba en la Real Academia Española, tenía una formación humanística absolutamente desproporcionada, tiene la mejor traducción que existe del Tristram Shandy de Laurence Sterne, producía artículos de prensa en los que estaba en la órbita de una socialdemocracia liberal muy crítica con los gobiernos del partido que representaba. Para mí, eso es un intelectual en el buen sentido, pero me daría pereza llamar así a Javier Marías.
¿Porque para vos tiene una connotación negativa la palabra?
No, no. Me da pereza, no sé por qué. Es que ya te digo, no es algo en lo que haya pensado mucho. Sí le tengo respeto, porque si yo no me considero a mí mismo un intelectual, es porque me falta formación… Mira, el debate que tuve con Ayme Román fue el debate con una intelectual; el que tuve con Joaquín Reyes, no, en el sentido en que yo lo veo. Ayme Román, que es mucho más joven que yo, tiene unas lecturas y un orden en las lecturas que yo no tengo, veo que se ha trabajado su mente como un ejercicio, con un propósito, y con unos caminos que están marcados por la academia y por su curiosidad. Yo ahí veo a una intelectual y ese trabajo suyo es algo que admiro porque yo no lo tengo. Ahora bien, ¿veo su palabra como la verdad revelada? No, tengo muchas cosas que discutirle. Y esto me pasa también con Elizabeth Duval, una mujer trans que me parece de las jóvenes más inteligentes, más articuladas del momento, una escritora que cometió el error de meterse en un partido político, pero ya lo ha dejado. Tengo algunos libros suyos, escribe muy bien, tiene buen estilo.
¿Escribe ficción?
Ensayos y novelas. A mí me gustan más los ensayos, tiene un poemario también. Ha estado en la Sorbona, sabe muchísimo más que yo, ha leído a muchos más autores que yo y es un placer oírla, sin que me convenzan muchas cosas que ella piensa. Yo entiendo que eso, en el buen sentido, es un intelectual. Luego están los malos intelectuales, que son los que tienen una pura muralla de citas de autoridad con la que esconden un vacío que es que no estás aportando nada, no estás diciendo nada, ni siquiera sé de lo que estás hablando. Que es el intelectual posmoderno por excelencia. Y luego, tirando de Gramsci, el papel que quieren los movimientos políticos en su intento de imponer una hegemonía, pues a veces maltratan a los intelectuales como hacía el nacionalcatolicismo en los años cuarenta y a veces ensalzan a los intelectuales equivocados, que están llegando a conclusiones a las que yo ya había llegado y le están dando todo ese armatoste de citas y de referencias y de prestigio.
Recuerdo un programa de Juan Carlos Ortega sobre la gente de la cultura. ¿Lo has escuchado?
Sí, sí, siempre. Es muy gracioso.
Hizo un programa en la SER cuando Pedro Sánchez se tomó una semana para reflexionar. Era la parodia de un evento con la gente de la cultura que apoyaba al presidente, con llamados de oyentes que gritaban consignas como “que los hijos de puta dejen de insultar” o “gracias por pensar por nosotros”.
Por eso te decía que en España, más que los intelectuales, es la gente de la cultura la que sí merece la caricatura… La filmografía de Pedro Almodóvar no debe ser jamás manchada o aplastada por su posicionamiento político, ¿no? Pero el posicionamiento político de Almodóvar en los últimos dos años es de una genuflexión constante ante Pedro Sánchez.
¿Crees que es una exigencia desde el poder o es un convencimiento?
Me da igual. Sí, me da igual. No estoy en la cabeza de toda esa gente, pero no sé. España es la coña de los manifiestos. Es la gente que siempre firma todos los manifiestos. Es que firmar un manifiesto es una cosa muy siniestra, ¿no? Si tienes una opinión sobre las cosas del mundo, unirte gregariamente a lo que ha escrito una entelequia o un grupo de gente es como un acto de mediocridad total. Si dices «yo me sumo a una recogida de firmas en un barrio para que cambien unos semáforos», pues sí, ahí sí. Pero articulando, por ejemplo, una crítica contra el periodismo, como se hizo en esos cinco días de reflexión… uso la etiqueta irónicamente porque no eran cinco días de reflexión… Hubo un manifiesto que firmaron periodistas.
¿Qué dijeron los periodistas en ese manifiesto?
Que había que parar la máquina del fango y los bulos contra el gobierno. Todas las informaciones que se estaban publicando en ese momento —que ahora están en procesos judiciales— eran, como mínimo, veraces. Todo lo que se estaba publicando desde medios de comunicación de la fachosfera, como decían… Claro que entre todas las informaciones se pueden encontrar dos o tres que eran bulos o que eran incorrectas, pero la relación que tenía la mujer del presidente con distintos empresarios para que financiasen su cátedra, y el posible trato de favor que hubo en particular con uno de ellos (sabemos ahora que Barrabés) en contrataciones públicas después de financiarle su cátedra, se parece al tráfico de influencias. Y empezó a informarse sobre ello. Y hubo periodistas que lo llamaron bulo en un manifiesto. No me importa si lo hacen desde el convencimiento o si lo hacen porque siguen una orden, o una moda, que es casi lo más común. «Si ha firmado éste, firmo yo también».
¿Hay una necesidad de sentar posición sobre cada uno de los temas públicos y todos juntos para demostrar un consenso, que todos los de una comunidad pensamos lo mismo?
Mira, cuando se firma un manifiesto, las firmas son lo de menos: se señala al que no lo firma. Si yo me pongo el lazo amarillo o pongo la bandera estelada en mi balcón, no estoy señalándome a mí, estoy señalando a los que no la han puesto. Y cuantas más sean las esteladas, más se van a ver los que no la han puesto. Esto es otro mecanismo antropológico viejísimo. Viejísimo. Cuando señalas a otro, te estás señalando tú; y cuando te señalas tú, estás señalando a otro. Siempre funciona así. Entonces, yo entiendo que el manifiesto de los periodistas me pareció particularmente grave porque la profesión del periodista, según me enseñaban a mí, es fiscalizar al poder.
¿Y te pidieron que firmaras?
¿Cómo me van a pedir que firme? No, no. Yo me dediqué a insultarlos desaforadamente desde que se conoció la lista de nombres (Risas). A mí me enfadó muchísimo porque estaban llamando mentirosos a los que decían la verdad. Yo puedo compartir que hay una inquina contra el gobierno, a veces desaforada y exagerada, puedo compartir que nos hemos metido en un tono malísimo y muy poco constructivo, y yo el primero. Pero es que estaban llamando mentira a cosas que se han ido demostrando que eran verdad, y estaban señalando a buenos profesionales por hacer el trabajo que ellos no estaban haciendo. Para mí ese manifiesto es lo más grave que ha pasado en mi profesión desde el crack financiero (Risas). ¿Pero qué hacéis firmando eso? Ver a Iñaki Gabilondo firmando eso me dolió en el corazón. Pero bueno…
Decías que antes eras de izquierdas y cuando te empezó a hacer ruido alguna relación con la verdad, ya no. ¿Eso te costó amistades, grupo, conexiones, capital social?
Sí, pero… vamos a ver… Yo creo que la redistribución de la riqueza es necesaria. Y creo que el sistema extractivo de impuestos en España es un desastre. Creo dos cosas a la vez. Yo sé que hay un argumento que es de izquierdas: que la redistribución es necesaria. Una sociedad que no redistribuye la riqueza es una sociedad en la que yo no quiero vivir. Pero sé que el socialdemócrata de pedigrí es el último que fiscaliza lo que se hace con el dinero de sus impuestos. Le importa un carajo. Está contento de pagar impuestos, dice «es que son para la sanidad, para la educación», pero luego no se preocupa. No, fíjate lo que han construido con el dinero que sacan a los trabajadores. Hay que atacar eso. Entonces, yo no sé si he dejado de ser de izquierda o si me he vuelto facha; yo lo que te digo es que intento pensar en los asuntos admitiendo siempre que el otro no es tan idiota. Últimamente, al tema de los impuestos le estoy dando muchas vueltas porque me doy cuenta de que neoliberales, fans españoles de Milei, gente como Juan Ramón Rallo, gente muy muy muy liberal, liberal en el sentido de que el Estado tiene que desaparecer y tal, están haciendo un trabajo que yo creo que tendrían que estar haciendo los socialdemócratas. Yo considero que el socialdemócrata tiene que preguntarse dónde está yendo el dinero y qué están haciendo con él. Y la motosierra esta famosa la voy a empuñar yo, socialdemócrata, para quitar toda la basura que han construido: la red clientelar, las duplicidades, todo el malgasto inmenso de la fortuna del que produce el trabajo.
¿Para que no venga un loco con una motosierra?
Claro. Pero curiosamente en España quienes fiscalizan esto son gente que no cree en el Estado. A mí estas cosas me rompen la cabeza. Y esta conversación la tengo mucho con amigos que son muy socialdemócratas. Les digo: «¿Por qué siempre voy yo a decirte, mira, me he dado cuenta de este pufo que han hecho no sé qué ministerio? ¿Por qué tú nunca me cuentas a mí cómo están robándonos el dinero o cómo se ha creado este observatorio que no vale para nada, sino para dar sesenta sueldos a gente cuyos resultados jamás se van a exigir? ¿Por qué soy yo el que está cabreado con todo esto? ¿Por qué es un anarcolibertario de estos locos que piensan que podemos vivir sin los demás? ¿Por qué tiene que ser ese el que te pase una lista de las subvenciones que se han dado este año a chorradas, subvenciones millonarias? ¿Por qué es él el que está cabreado y no tú, que eres el que defiende que con el dinero de los impuestos tenemos que crear un Estado de bienestar?». Son contradicciones centrales, son como zonas de sombra que están situadas en el centro mismo de lo que hoy llamamos izquierda y derecha. Me fascina. Me fascina. Si la crítica que hizo Milei cuando llegó después del peronismo de los Kirchner, si esa crítica tan agresiva, pero con otro punto de partida, la hubiera hecho un socialdemócrata, posiblemente hubiera ganado el socialdemócrata, porque yo creo que a la gente no le gusta que le roben, pero tampoco le gusta que la dejen tirada, ¿no?
Hay quienes analizan esto, por lo menos en Argentina, con la lógica del péndulo. Se usó mucho la expresión «el feminismo se pasó dos pueblos» para hablar de que el hartazgo de un extremo llevó a votar por el contrario.
Claro, pero mira, en el tema del feminismo yo también creo que dentro de lo que se considera la izquierda tradicionalmente hay suficientes argumentos para combatir un identitarismo de género. El feminismo hegemónico, por tirar de Laclau y de todos estos, es un fenómeno muy identitario, que separa el pueblo oprimido, con un sexo, y el pueblo opresor, con el otro. En un discurso muy resumido viene a entenderse así. Entonces, tiene su mito nacional, el patriarcado, que luego es fascinante cómo nadie sabe cuándo empezó ni nadie sabe cuál es su grado de vigencia, pero este es el mito fundacional: venimos de milenios de opresión y, como vivimos en esta época, vamos a combatir al opresor. Pero se hace en términos nacionales, identitarios. Y si algún hombre quiere participar, en segunda fila, calladito, escuchando y aprendiendo, porque por ciencia infusa el sexo oprimido ya tiene la sabiduría, tiene todo. Entonces, puedes ayudarnos, pero pórtate bien. Yo creo que ese movimiento podría ser combatido con argumentos de izquierdas, de la Revolución Francesa, con argumentos típicos de la izquierda o materialistas.
Pero ahí viene lo de darle de comer al enemigo.
Sí, pero tengo la impresión de que en España estamos en lo que has dicho tú: el pendulazo, que viene por el hartazgo de que nadie se autocontrole. Un movimiento identitario que parte a la sociedad en dos sin prestar demasiada atención a condicionantes de clase… ¿Cómo es posible que haya tenido que venir gente de la extrema derecha a reprochártelo? ¿Cómo es posible que desde dentro no hubiera como mínimo un debate? Un «oye, si vamos por aquí va a acabar la gente tan hasta las narices que nos vamos a la lona». Pero también es moral. Es decir, ¿esto es lo que queremos exactamente? Es muy interesante en España porque, con la idea del pendulazo y viendo las barbas del vecino argentino afeitar, yo veo a muchas activistas como Leticia Dolera, Pamela Palenciano —activistas muy beligerantes de la ola esta última—, que están cambiando totalmente sus posiciones. Están diciendo: «hemos olvidado a los chicos y no podemos humillarlos». El libro que publico en noviembre se llama Esto no existe y es sobre las denuncias falsas en el sistema español de violencia de género. Es una selva virgen para investigar porque nadie ha querido mirar ahí. En Argentina creo que es parecido porque hay disparidad de penas: el mismo acto no se castiga igual en hombre y mujer. Llevamos veinte años con un sistema de disparidad penal que ha activado una serie de mecanismos brutales de protocolos, etcétera… Nosotros hemos creado un escudo; las mujeres que están solas con un maltratador en su casa necesitaban un escudo que antes de la ley no tenían, porque estaban solas. Esa gente necesitaba un escudo, y se les dio. Pero nadie se preocupó de que el escudo pudiera ser utilizado como espada, que es lo que pasa con las denuncias falsas.
¿Y qué dices de este argumento? Después de milenios de patriarcado, no nos vamos a preocupar porque paguen un par de inocentes.
Claro, es el argumento nacionalista. Pero entonces digamos que son veinte años ya y se dan cifras falsas. Desde el Estado, desde el poder judicial, se dan cifras abiertamente falsas en las que nadie cree, como que solo hay un 0,001 % porque son las que se condenan. Pero muchas mujeres han sufrido las denuncias falsas a los hombres. Porque los hombres que pierden el contacto con sus hijos durante cuatro años de proceso, aunque luego queden absueltos, tienen madres que son abuelas de esos niños y tienen hermanas que son tías. O sea, es mentira que esto sea una batalla de hombres contra mujeres. Y entonces yo lo pongo en el libro y digo: «¿cómo es posible que este libro no lo haya escrito una feminista antes que yo?». ¿Cómo es posible? Es lo mismo que te estaba diciendo antes, ¿cómo es posible que no sea un socialdemócrata el que coja la motosierra y diga “voy a salvar eso antes de que venga uno a destruirlo del todo”?
¿Se lo has preguntado a alguna feminista?
Se lo pregunté a Ayme Román.
¿Y?
Ayme es una tía muy joven… Ahora hay también una feminista que se llama Raque Ogando… Feministas que son muy jóvenes y están mucho más cerca de denunciar estas cosas. En parte por interés de salvar el edificio, en parte también porque les importa. Les importa que en el intento de erradicar una injusticia se esté cometiendo otra. Hay mujeres que estuvieron en el apoyo unánime y acrítico a una ley que iba a tener unas consecuencias de las que se avisó en el momento y que se han cumplido punto por punto, que entonces eran jóvenes pero ahora tienen hijos.
¿Cuáles son esas consecuencias que están sufriendo?
Hay una jueza feminista que se llama María Sanahuja, que era jueza decana de Barcelona en el año 2004 cuando se aprobó la ley, y dijo: «esto, en procesos de divorcio difícil, va a disparar las denuncias espurias. Porque se va a convertir en una herramienta gratuita». En España, si tú y yo nos divorciamos, tú te pagas tu abogado y yo me pago mi abogado, pero si tú me denuncias a mí, tú ya no te pagas tu abogado, te lo paga el Estado. Y luego, el Código Penal se ha ampliado en relación a cómo se entiende que cualquier pequeña cosa puede llevar a matar a una mujer, que todo es una pirámide y este rollo que se hace… Claro, el Código Penal está muy, muy exagerado; entonces tú me puedes denunciar por algo que ni siquiera es mentira, pero tú me has llamado «hijo de puta» y yo te he dicho «ojalá te mueras». Bueno, pues cuando yo he dicho eso, tú ya no estás mintiendo en tu denuncia. Yo te he deseado la muerte.
Muchos te critican diciendo te detienes en casos particulares, que son los menos. O, también, que te preocupan las cancelaciones, los hinchamientos, denuncias falsas más que por el machismo, la violencia, el racismo…
Sí, claro que me preocupa. A mí un racista no me puede preocupar menos. Quiero decir, ¿qué se puede hacer? Una persona que considera que un negro es inferior, ¿qué vas a hacer? Si perecemos bajo el prejuicio de los racistas, algo habremos hecho mal para permitir que la gente sea tan burra. No me interesan los asesinos en serie, tampoco, ¿qué puedo hacer? Pero sí me interesan los sistemas. Nosotros hemos creado un sistema de protección prodigioso y no nos hemos preocupado de los efectos secundarios. Hemos creado una quimioterapia para un cáncer —el maltrato a las mujeres es un cáncer y creo que hay un consenso casi absoluto en eso—, y hemos creado una quimioterapia de la que estamos negando los efectos secundarios. Entonces, yo digo, hay que hablar de los efectos secundarios. Si te quedas calvo, no se puede decir que es un caso particular, porque lo estamos generando nosotros. Yo como Estado puedo intentar ponérselo lo más difícil posible a la gente que quiere matar a su mujer. Puedo intentarlo, pero eso no deja de ser lo que un anormal hace.
Desde la perspectiva de género no se trata de alguien fuera de la norma sino de hijos sanos del patriarcado. Y las mujeres, víctimas.
Eso es nacionalismo.
Vos hablás del victimismo fanfarrón.
El dolor de alguien que se te parece no legitima que tú te consideres víctima. Mira, yo soy de Murcia, los murcianos tienen fama de ser muy gañanes, si alguien se ríe de un murciano, eso a mí no me tiene que afectar por ser murciano; si matan a tres murcianos por ser murcianos, a mí no me han matado. Detesto el nacionalismo, es que no puedo con él. No puedo con él y entonces lo detecto en sitios donde la gente a veces no lo ve tan claro, como en el tema del género. Yo sé que hay mujeres que sufren lo indecible y digo que hay que proteger e intentar desde el Estado que eso no ocurra o que haya plataformas de salvamento rápidas, eficaces. Pero como Estado tenemos la responsabilidad de medir los efectos secundarios de nuestras medidas de protección. Que se lo digan a los gazatíes. Tú, como Israel, tienes derecho a defenderte y a existir, eres un Estado y tienes derecho. Ahora, tenemos que fiscalizar lo que estás haciendo para defenderte y, si te pasas de la raya, te pasas de la raya. No podemos negarlo. No podemos negar la realidad. En Israel hay gente que lo niega. Yo tengo amigos que lo niegan, que es todo propaganda. Hay que fiscalizar al que se defiende también. En España hemos hecho una bestialidad con esto, muy, muy heavy. Hay mucha gente afectada. De hecho, me llevó a ese tema la mentira. Te decían que en un año —en 2013, creo—, de 169000 denuncias que ha habido, solo 19 han sido falsas: el 0,001. Eso es una mentira, no es racional ni siquiera. Es que no es racional, es que no es posible, es que no hay ningún delito para el que solo haya esas denuncias falsas, no puede ser. Esto es una mentira colosal. ¿Por qué se dice esa mentira?
¿Por qué?
Porque se quiere ocultar a la población los efectos secundarios de un fármaco. Si mañana hay una nueva epidemia y hay una vacuna que es una puta mierda, se intentará ocultar a la población que esa vacuna es una puta mierda. Porque tu prioridad es que se la pongan, porque algo bueno hace. Pues con la violencia de género igual. Es que es todo el rato así, y esto es lo que a mí me mueve, ese movimiento estúpido que es negar la realidad. Yo respeto las causas, pero no pueden negar la realidad. Volviendo a coger el ejemplo de moda de Palestina, ¿por qué nadie se pregunta por qué no vimos ningún militante de Hamás armado? Nos llegaban imágenes de Gaza con gente corriendo, niños y mujeres. Dos años. Si todo lo que se opone al ejército israelí fueran mujeres y niños, ya se los hubieran cargado. ¿Por qué nadie se pregunta «y los tíos del pasamontañas»? ¿Por qué nadie se extraña? A mí la falta de extrañamiento es lo que me produce, a veces, casi rencor, rabia… Habéis sido muy cínicos negando esto. Primero, no os hacéis ningún bien a vosotros mismos porque la verdad se acaba sabiendo; segundo, es que nos preocupan las víctimas…
(Acotación de nuestro fotógrafo) Y tercero, habéis alimentado a Vox.
Claro, es que se lo merecen. Los argentinos se merecen a Milei, que salga bien lo de Milei o salga mal es indiferente, pero los pueblos tienen lo que se merecen. Nosotros nos merecemos lo que venga. Yo no me voy a quejar, cuando gane una Meloni voy a decir «pues que le ponéis la alfombra». Y los medios de comunicación se merecen cerrar. ¿O no?
(También Ángel) No todos, Jot Down no (risas).
Jot Down está muy bien. Jot Down y El Confidencial. Pero damos vergüenza ajena, muchas veces damos vergüenza ajena, tratando a la gente como si fuera subnormal, todo el rato.
Me interesa la situación española y no siempre es fácil de seguir a la distancia. Por eso miro tus vídeos en YouTube (risas).
Pues haces muy mal, porque yo no paro de mentir.
Hablabas antes de Israel y Palestina, un tema muy presente aquí. ¿España es un país antisemita?
A ver, tenemos cierta tradición de echar a los judíos de aquí, ¿no? Yo no sé si España es antisemita, creo que todos los países son un poco antisemitas, porque el judío es el diferente que se parece demasiado a ti y te produce inquietud. Entonces, yo creo que el antisemitismo es una condición muy consustancial del pueblo judío. Y lo despierta porque son diferentes y se parecen. Mira que los movimientos woke de antirracismo, a los judíos siempre los han considerado blancos.
Quedaron del lado de los opresores.
Claro. Pero en el siglo XX yo no sé si hay alguien que tenga más muertos para presumir. Digo, en las Olimpiadas de la víctima, ¿no? Yo creo que sí que hay antisemitismo, pero no militante. Alemania y España tienen muy presente lo que han hecho con sus judíos, España con los Reyes Católicos y Alemania en pleno siglo XX. Entonces, los judíos quieren vivir ahora en Alemania porque saben que allí el antisemitismo no puede ser militante. Y aquí en España, creo que, aunque haya una distancia, también pervive una idea de que los echamos y al sefardí se le tiene un cariño. Es algo como una cosa de orfebrería, porque no hay judíos en España y no suponen una amenaza para la paranoia de la gente. Pero yo me niego a aceptar que no hay antisemitismo y que el antisemitismo no tiene algo que ver con la condición judía en sí, que lo despierta: un pueblo sin país que vivía entre los demás, pero mantenía unos códigos superrestrictivos que le separaban de los demás. O sea, gente que está perfectamente integrada, pero no. Porque los judíos tienen un algo distinto, demasiado sutil como para que se note, por eso les necesitaban hacer caricaturas con las narices… A Stefan Zweig nada lo distinguía de un austriaco. No hay una diferencia física y creo que esto siempre está en las sociedades, ese miedo al ligeramente diferente, mucho más que al opuesto. Sí, yo creo que en España hay ese antisemitismo, pero pese a todo esto que está pasando ahora, con la última guerra, que sí que ha despertado un movimiento antiisraelí muy fuerte, yo ahí no veo un antisemitismo militante en esos momentos. Hay gente que sí. Hay gente que celebró la masacre de Hamás del 7 de octubre. Yo tengo una lista.
¿De políticos?
Sí. De políticos. De Sumar, de Podemos, de la CUP. Hay gente que el 7 de octubre puso «Palestina libre del río hasta el mar» y no había respuesta todavía del ejército israelí, no había represión. Pero no creo que sea muy extendido, la gente tiene miedo de ser antisemita.
¿Y por qué el Gobierno de Sánchez toma tanto la causa de Palestina?
Porque ya no está de moda el cambio climático. El Gobierno de Sánchez hace lo que hace Greta Thunberg. Hay causas que sintonizan en un momento dado y ellos son arúspices, ven dónde está el tema que les puede beneficiar. Mira a Pedro Sánchez, qué legitimidad tienes tú para defender ahora al pueblo gazatí si acabas de darle el Sáhara a Marruecos, y se supone que te importaba mucho el Sáhara. «Sáhara libre», esto pasó hace dos años y ahora, no sabemos por qué, algo pasa con Marruecos y «toma, quédate el Sáhara». Ahora abrazamos la bandera palestina y ayer era Chiapas y antes los tupamaros y la madre que nos parió cada vez. Vamos eligiendo a ver qué pueblo oprimido nos conviene. Y esto lo digo del PSOE, no lo digo de la gente que estaba manifestándose por la masacre en Gaza, creo que ahí hay mucha gente naturalmente conmovida y horrorizada y más o menos desinformada. Pero Sánchez, ¡por favor! Tiene imputados al hermano, a la mujer, a su fiscal general y a dos secretarios de organización. ¿Cuánto le importa Gaza? Una puta mierda. Tiene problemas más importantes, basta ponerse en su lugar. Tu mujer está imputada, la van a meter en juicio, la va a juzgar un juzgado popular, a tu hermano le han pillado con el carrito del helado con la plaza que le dio un presidente de diputación, has elegido a dos secretarios de organización que eran, uno putero y el otro, sobresueldos; y tu fiscal general está para ser juzgado en el Tribunal Supremo. ¿Cómo te va a importar Gaza? ¿Quién se lo puede creer? Este tío no duerme por las noches. Tiene montado un cirio espectacular, tiene que aguantar en el cargo todo lo que pueda.
Hoy me decía una colega de Barcelona que España nunca ha estado mejor económicamente.
Está bastante bien la situación económica, mejor que nunca no sé, no sé… Muy mal tampoco tiene que ir, porque lo usaría la oposición… Yo lo que no sé es cómo vive la gente, o sea, cuando veo el sueldo medio, ¿cómo hacen para vivir? Me parece que hay mucha economía sumergida… Con el dinero declarado, no sé cómo cojones vive la gente. En España consideramos que una persona que cobra 60000 euros al año es rica. Ahí está el límite de rico. Eso no es ser rico. Tal y como están los precios de las cosas, 60000 al año es clase media y depende de los hijos que tengas y de la ciudad en la que vivas.
¿Y políticamente, cómo está el país?
Sánchez ha conseguido llevar a la práctica las ideas que Errejón trajo de Argentina. Hay un libro que se llama El personaje, que es una biografía política de Errejón, que sabes que acabó destruido por las denuncias falsas. Pues Errejón es el que lee a Laclau y además se va a Bolivia a estudiar el MAS [Movimiento al Socialismo, el partido que llevó al Gobierno a Evo Morales] y es el que trae la idea contemporánea de la polarización, no entre izquierda y derecha, sino entre los de arriba y los de abajo. Y luego, los hombres y las mujeres. Errejón mete los dos. Está muy bien contado en el libro, es de Luca Constantini, y cuenta muy bien cómo entran los movimientos estos bolivarianos de Podemos / Sumar, pero no los consiguen llevar a la práctica porque son unos novatos. No saben jugar al juego de los mayores, que es la política del PP y del PSOE, de organizaciones fuertes. Entonces Sánchez, que se ha opuesto tanto a Podemos y que destruye a Podemos y crea a Sumar, destruye finalmente a Sumar y ahora es el rey de la izquierda en España. Un señor de derechas, porque la trayectoria de Sánchez era de la parte más derechista del Partido Socialista.
¿Puedo usar el titular «Sánchez es de derechas»…?
Es que Sánchez es el Kirchner español porque ha conseguido que la verdad dé igual, que dé lo mismo. Sánchez no ha leído a Laclau, pero es muy listo para coger las estrategias; debe tener también gente muy inteligente que sí, que lea y que le ayude a hacer todo esto. La verdad es la verdad que emana del Estado, siempre es contingente a los intereses del momento. Entonces, la amnistía era inconstitucional e imposible hasta que hizo falta decir que la amnistía era constitucional y deseable. Yo creo que Sánchez nos ha enseñado mucho a todos sobre España. Es un maestro.
¿Lo consideras un buen político?
Sí, sí. Igual que Franco fue un gran político al final, ¿no? Sánchez es un gran político porque consigue llevar a la práctica sus delirios. ¿Qué nos ha enseñado Sánchez sobre España? Que si tú le dices a tu electorado que no vas a hacer algo y en el primer día después de las elecciones lo haces, no te castiga. ¿Y cómo consigues que no te castiguen cuando acabas de mearles en la cara? Porque les has meado en la cara, les has dejado con cara de gilipollas, porque te creían y defendían tus mentiras. ¿Cómo lo consigues? Agitando diversos sonajeros, tirando salchichas como a los perros. Sí, os he mentido, pero viene la ultraderecha. O, mira, están los israelíes matando en Gaza. Siempre va cogiendo algo, que son salchichas que tira, y la gente va detrás. Y los que estamos en contra no podemos evitar tirarnos a por la salchicha. O sea, yo estoy discutiendo con la gente sobre lo que Sánchez quiere que yo discuta con la gente.














Universidad de Castilla-La Mancha
16 de Septiembre de 2025
«Casi 3 millones de denuncias por violencia de género en España desde 2004 y solo un 0,0082 % han sido falsas, según la Fiscalía»
Eso ya lo dice todo sobre este personaje que se pasea por los programas de televisión donde puede soltar sus tonterías.
No hay más ciego que el que no quiere ver.
Putin gano las uñtimas elecciones con el 90% de los votos, no se te ocurrira llamarle dictador no? De verdad das esa cifra y no te das cuenta de que es precisamente la cifra tan ridícula la que se delata a si misma?
Vale, ahora busca el número de Autos de sobreseimiento (libre -o sea, absoluciones antes de sentencia- o provisional), súmale el número de sentencias absolutorias y mira qué porcentaje de entre todas las denuncias globales es y luego nos explicas lo del 0´0082%.
Ese porcentaje corresponde a las SENTENCIAS FIRMES por denuncia falsa, es decir, las denuncias que se denuncian, y para las que después se sigue un proceso judicial penal completo
Es una manera sesgada y parcialísima de computar el fenómeno.
Contemos mejor las denuncias que primero se formulan y después no se ratifican. Seguro que son unas pocas más.
Conocí a este individuo hace muchos años, cuando iba de joven literato en Madrid. Soto Ivars es un escritor fracasado; fracasado porque nadie le hizo ningún caso a lo que escribía, porque no valía gran cosa.
Así que se metió en la industria política, de opinador a sueldo, como tantos otros. Escribe lo que quiere leer los de un lado, poniendo a parir lo que hace el otro.
No tengo la menor duda de que, si por azar, lo hubiera contratado el otro bando, haría exactamente lo mismo por él. No hay más.
Has dado en el clavo Roberto, es el epítome de arribista que triunfa hoy día gracias a los mecanismos que tan sibilinamente critica en la entrevista: divide y vencerás. Contratado por El Confidencial para hacer cuña con su cuate Olmos (otro para echarle de comer a parte) y funcionar de azote del progresismo. Si mañana le propusiera La Vanguardia hacer lo propio en sentido contrario, lo haría encantado.
No hay más ciego que el que no quiere ver
» ¿Cómo lo consigues? Agitando diversos sonajeros, tirando salchichas como a los perros. Sí, os he mentido, pero viene la ultraderecha. O, mira, están los israelíes matando en Gaza. Siempre va cogiendo algo, que son salchichas que tira, y la gente va detrás».
Juan, 70000 palestinos asesinados no son «salchichas». Eran personas, que tenían vidas y familias, que tenían el mismo derecho a vivir que tú, tu mujer y tu hijo.
Precisamente es lo que critica de Sanchez, como utiliza temas graves como simples señuelos… un poco de comprensión lectora.
Lo que le critica a Sánchez es que Palestina no le importa, que es pura pose. Porque ya sabes que Soto Ivars es capaz de leer el pensamiento de los demás, es listísimo. Y porque el único motivo por el que te puede espantar el asesinato de 70000 personas es por pose y por hacerte el sensible.
Hmm, muy ingenuo el razonamiento.
Y muy ingenuo pensar que un político no agita una bandera por interés propio. Y revisa quien da el dato de los 70000 ya que estás.
Cierto, lo de 70000 no es un dato fiable. Cuando empiecen a desenterrar cadáveres de los escombros, se comprobará que Israel ha asesinado a muchísimas más personas.
Pero tú seguirás mirando a otro lado, que no eres de agitar banderas.
¿Tú crees que a Sánchez le importa algo que no sea él mismo?
A lo mejor, solo a lo mejor, la mayoría sabe perfectamente que Sánchez o el que sea (los políticos en general) surfean las olas que más les convienen… y preferimos que surfeen la ola correcta, ya sea por convencimiento o por pose. Es más, lo que hay que intentar, desde la sociedad civil, es crear ondas en el agua hasta generar esa puñetera ola, a ver si algún político, siempre que no sea tan lerdo como Feijoo, aprovecha la oportunidad y se sube a ella, que se lo estás poniendo a huevo.
Contexto: situación grave, como por ejemplo un genocidio.
Contendientes:
– Señora Ay: apoyo total explícito al que ejecuta el genocidio (tal vez por convencimiento).
– Señor Fj: ni sabe ni contesta, miedito a posicionarse, se pone de perfil (tal vez por convencimiento, tal vez por interés propio).
– Señor Pdr: denuncia públicamente en foros internacionales lo que ocurre como genocidio, y señala sin dudar a quién lo perpetra (tal vez por interés propio).
Propuesta de Juan y adláteres: desde la más absoluta ecuanimidad, y curados hace ya tiempo de todo partidismo (mal que solo afecta a Los Demás®), declaramos que: aquí lo lógico es darle con todo a Pdr, hostias.
Dando por hecho el genocidio.
Claro que hay “genocidios” que importan (o sirven) y otros que no. Porque en Sudán mueren a patadas y no veo yo mucho velero…..
¿Y a ti te preocupa Sudan o solo para usarlo como argumento para atizarle a la izquierda de tu país?
Siempre será mejor protestar por un genocidio que por ninguno, como haces tú.
Pensamiento vacío, vacuo. Falta de sustancia. Alucinando que este hombre tenga voz cuando no tiene voz propia. Pero bravo por Jot Down pues siempre es bueno desenmascarar las máscaras vacías de contenido.
Bueno, el Señor Pdr. no denunció nada en foros internacionales. Sus declaraciones, que no denuncias, han sido siempre en foros nacionales, que son los que verdaderamente le importan.
Lo internacional solo interesa para que el piloto del Falcon vaya acumulando horas de vuelo.
Pero vamos, bastante antes que el Señor Pdr dijese nada, fue el estado de la República de Sudáfrica, el que denunció a los genocidas ante el Tribunal Penal Internacional. El Señor Pdr no ha tenido guebos para dar ese paso, no sea que los genocidas suban a internet sus audiovisuales de Pegasus, en los que el rey de la morisma le mariconea como a Pdr le gusta.
Mucha desesperación y empeño veo yo por parte de la derecha en desprestigiar la posición de Pedro, del PSOE y de la izquierda en general en cuanto a lo de Palestina; a lo mejor es que sabéis que habéis metido la pata hasta el fondo y le habéis puesto a huevo a Pedro que, una vez más, os mee en la cara.
Más preocupados tendríais que estar de tener a unos líderes tan lerdos que no son capaces de subirse a la ola de Palestina, cuando lo tenían en bandeja porque primero es lo éticamente correcto, y segundo es lo que piensa la mayor parte de España, muchos votantes de derechas incluidos. Sorprendía ver en las manis grandes hasta a unos cuantos con pinta de cayetanos de los que nunca aparecen normalmente.
Os creéis que tener a un lerdo como Feijoó y una psicópata como Ayuso no os va a pasar factura; solo piensa en que allá por la primavera parecía que estaba todo atado y bien atado y al gobierno listo de papeles ya; y como ahora, patinazo tras patinazo (incendios, apoyo al otro psicópata de Mazón, Gaza…) van quedando fuera de juego una tras otra.
Y el discurso de Ayuso os hará mucha risa, pero me pregunto si hace tanta gracia fuera de las fronteras de la Comunidad de Madrid.
Solo tenéis que seguir así y lo mismo, en 2027, os lleváis una sorpresa.
Un perfil así siempre da juego en una entrevista para JotDown. Especialmente el cajón de comentarios es más que interesante.
Lo único bueno de esta entrevista, que no he conseguido terminar de leer, es que retrata a este tipo al que no sé cómo calificar. Ya el título de la entrevista es una aberración y un insulto:»la mujeres que están solas con un maltratador necesitaban un escudo y se les dio». Las mujeres no estás solas con un maltratador: es la sociedad entera la que ha estado tolerando el maltrato y ha tardado décadas en calificarlo como la salvajada que es. A las mujeres no se nos ha dado ni concedido nada, lo hemos peleado y denunciado y aún falta mucho para que bocazas vacuos como este individuo dejen de ocupar páginas soltando este mejunje de ideas absurdas que deberían ocupar otros más inteligente y con ideas mejor articuladas. Palestina no está «de moda». Denuncias falsas ha habido siempre y en ambos sentidos, la cosa es que ahora se utilizan las escasas proporcionalmente de algunas mujeres para combatir una guerra necesaria para que se ejecuten las leyes y evitar que los hombres continúen degradando a las mujeres. Cuando dice que a Errejón lo echaron con denuncias falsas ya no he podido continuar. No soy partidaria del linchamiento mediático ni de que una tipa como Fallarás se lucre con el dolor ajeno, pero lo de Errejón era un clamor.
Te rogaría que en afirmaciones del tipo «…los hombres continúen degradando a las mujeres» concretes cuáles o utilices el término «algunos hombres» para no generalizar y meternos a todos en el mismo saco. Gracias.
Imposible, no intentes hacer que el pero cante que si insistes te muerde. Demasiadas personas están en trincheras para que el mensaje de Ivars cale en la sociedad española. Hay mucha gente que coge su fusil y se dedica a pegar tiros a todo lo que crea que está fuera de su pensamiento
en lugar de preocuparte tanto por not all men, sed críticos con los de vuestro sexo, afead conductas y comentarios. Si los hombres no ponéis frenos a esos algunos hombres en comportamientos tan extendidos y aceptados, tendréis que seguir lidiando con la generalización. No hay más.
Cuando dices en lugar de querrás decir además de, espero.
Aparte de que das por hecho que no lo hacemos, lo cual me parece muy aventurado por tu parte, más aún sin conocerme/nos.
Siempre hay un poco más, afortunadamente.
Saludos.
Claro que hay más. Esto atañe a hombres y a mujeres.
Caramba, tampoco. Es muy duro leer esto. En nuestra vida diaria, digamos que hacemos lo que buenamente podemos y eso de ser culpables de todos los pecados machistas es una generalización un tanto exagerada. Pero si así lo entiendes, pues allá va el comentario.
Parece ser que lo que era un clamor es que Errejón es un imbécil y un hipócrita. Ahora, que lo suyo sea reprensible plenamente habrá que verlo en su sitio, que es un tribunal, no en los foros de internet ni en la calle. Afortunadamente todavía, vivimos en un estadio civilizado y no rige la ley de Lynch.
Sobre Palestina: efectivamente, que ese crimen, que ese genocidio que clama al cielo, sea moneda de cambio de politicastros, que cambian el foco de manipulación cada pocas semanas y de algunos activistas que tienen mucho de izquierda «estilo de vida» es también una verdad como un templo. A lo mejor lo poco o mucho que pueda hacer desde fuera – en este tema o en otros – la ciudadanía occidental sería más, si no existiera ese estilo de política de simulacro.
Sobre el escudo. Desde un punto de visto ácrata o de ignorancia jurídica, cabe la diatriba contra la expresión. Por supuesto, que los derechos se pelean y se ganan: todos, de todo orden. Una vez ganados hay que articularlos formalmente a través del ordenamiento jurídico de un Estado, o sea desde el Derecho. En la sociedad democrática (o que aspira a serlo, el poder popular pleno por definición siempre es una aspiración), la Ley es expresión de la voluntad popular de todas y todos. Es decir, que los derechos se pelean, se ganan y luego nos los tenemos que dar a nosotros mismos con determinados procedimientos para que realmente sean efectivos. Otra cosa es hablar de un orden ácrata que no existe (de momento).
¿Porqué hay tantos mensajes que reconocen que lo de Gaza es un crimen, pero a renglón seguido solo critican a quienes dicen eso mismo; pero ni de coña a quienes se ponen de perfil cuando no es que lo apoyan directamente (Vox, Ayuso…)?
Ah, es que algunos de izquierda se ponen el palestino solo por pose. Teeeeerrible oiga: pongamos todo el foco en esto, que es lo relevante: probablemente es la izquierda, con su política simulacro, la culpable de que la gente que dice que Israel lo está haciendo de puta madre, diga, muy a su pesar y obligados por hordas de perroflautas, que Israel lo está haciendo de puta madre.
Hostia, hay que tener la cara de cemento armado eh.
Porque están hasta arriba de que les moralicen y detestan que haya que estar en un todo. Que Israel hay hecho una barbaridad no puede obviar la historia entera de las guerras entre ambos estados, ni puede obviar el 7-O, ni lo que es Hamas. Y esto no tiene nada que ver con los partidos políticos españoles, esos no pintan nada aquí, tiene que ver con comprender un conflicto geopolítico con la complejidad que tiene, no con una banderita y que malos son unos y buenos otros, ese es un razonamiento de primero de infantil.
Porque todos los grandes sabios tienen claro que el conflicto empezó el 7-0. El siglo anterior, en el que Israel se dedicó a robar territorio y a asesinar a palestinos no cuenta, era un ensayo sin importancia.
Te recomiendo que abras un libro, hay algunos bonitos.
¡Anda! Otro lelo que se traga todo lo que lee en los libros! Me recuerdas a mi abuela que decía: «Esto ha de ser verdad porque lo pone el «piriódico» y además lo han dicho en la radio y después en la «tilivisión». ¡Espabila, pasmaooo!
No le respondo, que ya he visto que no le gusta discutir.
¿ Insultando? Nivel.
A ver, es que ya basta de ese excusarse de la derecha en todo, basado en que «oyeee que nosotros también estamos de acuerdo en que [ genocidio | dictadura | machismo | racismo | ] está fatal; pero claro, nos impedís vosotros el decir las cosas a las claras, porque el problema es que vosotros lo criticáis todo MAL».
Hombreeee basta ya de semejante deshonestidad intelectual y caradura.
Se ha puesto usted demasiado nervioso.
Llevo muchos años defendiendo públicamente la causa de los palestinos como para no tener complejo ante insultos como los suyos. Palestina y lo que no es Palestina se están usando de modo recurrente en el estilo de política polarizada y de simulacro que ahora abunda con el populismo. Quien gobierna suelta una liebre cada semana o cada medio mes, en función de lo jugoso que sea el asunto. Es decir, que su acción es impostada y junto a lo que pueda ser funcional y efectivo se mezcla mucha ganga. Ya quisiera yo haber visto a mi paisano Julio Anguita en este mar de falsas banderas, poniendo a más de uno en su sitio. Esto es lo que digo en este momento y en este asunto de los comentarios a la entrevista de Soto Ivars. Que hay que ser progresista, no progre: que el teatro, en los escenarios.
No dude de que cuando tengo que criticar a Ayuso, Abascal y al sursuncorda también lo hago, pero lo hago cuando a mí me parece.
Sí, admito que este tipo de cosas me sacan un poco de quicio, no lo niego.
Yo hago mi crítica sobre el contenido que leo; no puedo saber si usted tiene una larga y acreditada trayectoria en defensa del pueblo palestino, si es usted más o menos progresista, o si se pasa el día zurrándole a Abascal y Ayuso en cualquier otra parte.
Yo lo que sé es que aquí, sobre este tema, ha elegido otro objetivo: la izquierda progre, la izquierda pose… Y es totalmente legítimo; lo que pasa es que veo que es un patrón que no para de repetirse en todas partes y, particularmente, en Jotdown: pase lo que pase, la culpa es de la izquierda. ¿Sube la ultraderecha? La culpa es de la izquierda, que es muy radical. ¿Genocidio en Gaza? Uf, vaya teatro… ¿Y Sudán, qué? (esto me lo dicen más arriba). ¿Los jóvenes cada vez más machistas? La izquierda, que hace el feminismo pero lo hace MAL.
Y todos, todos los que van por ahí, son o han sido de izquierdas. A la derecha la criticarán en su casa, pero lo que es aquí… no lo sé, Rick.
Yo me disculpo porque no quiero personalizar nada en particular en usted; ni dudo que sus críticas sean hechas desde la mejor intención de mejorar a la izquierda. Pero, sinceramente le digo que tanto purismo de izquierdas y apelaciones a la excelencia me parece o hacer el gilipollas, o ir disfrazado de algo que no se es; y hacerlo con un tema como Gaza, donde está clarísimo quién está en el lado correcto (con todos los matices que se quieran hacer), y quién no (apoyando el asesinato de inocentes con entusiasmo), ya ni te cuento.
Si hablamos de teatro, sacar en procesión a Anguita, alguien que, como está muerto, cada uno puede hacerle decir lo que quiera cual marioneta, y al que toooodos, hasta la derecha, hacemos la ola porque ya no está… pero mira tú, no entiendo cómo no llegó a presidente, dónde estarían los votos de tantos fans que tiene, en aquel momento… pues eso. Como yo le voté en su momento, también me voy a permitir decir que no tengo tan claro si lo que tendría que decir al respecto iría en la línea que usted pretende. Sí, Anguita era muy crítico con el PSOE y la izquierda de postal; pero no era tonto precisamente, y entendería perfectamente, en el caso de Palestina, a quién es necesario sacarle las vergüenzas.
Y sí, me he leído la entrevista antes de comentar; y sé que, en ella, Soto Ivars habla también de eso de acallar las críticas internas, y tal, y que se hace mucho en la izquierda y eso cercena la búsqueda de la verdad… esto no va por ahí. Mire, no sé ni por donde empezar a decir lo que me parecen la sarta de sandeces y perogrulladas que dice este tipo como si fueran cosas profundísimas de las que solo él y tres más se han dado cuenta; y que, en el debate político, las hace todo dios, a izquierda derecha y centro, y lo sabemos todos: pero él lo focaliza todo en la izquierda. Seguirle el juego me parece una soberana gilipollez, francamente. No podemos centralizar el debate político de izquierdas en cosas que no son únicas de la izquierda, sino transversales a cualquier movimiento político y social (será que en la derecha no hay arribistas, chupópteros, o gente temerosa de salirse de la línea marcada por el líder o por el discurso dominante…). Habrá entonces que hablar de qué valores consideramos exigibles, e ir a por quien los incumple flagrantemente; y no a ver si el que los cumple lo hace de manera perfecta.
Quizá en su momento no, pero a la izquierda, a día de hoy, no le falta autocrítica: le sobra. No quiero decirlo en el sentido de que haya que dejar de hacerla, sino que hay que dejar de hacerla tanto por todo y todo el rato, que se ha convertido ya en la razón de ser de la misma.
A ver si me expreso con más claridad, porque se ve que no lo consigo. No lo consigo, pues ha llegado este chaparrón de disquisiciones. Intentaré ser sintético.
1. Estoy hablando de lo que estoy hablando.
2. De lo que hablo se justifica por los argumentos que doy.
3. No me cuelguen que si soy de derechas (no), que si soy de izquierdas (sí), que si soy el porquero (probablemente) o Agamenón (desde luego que no).
4. Estoy hablando de tres cosas:
a) que Errejón, el hipócrita, haya hecho lo que haya hecho, merece o no su condena tras un juicio, con todas las garantías.
b) que Palestina y cualquier otro tema tienen que entrar en la arena de la política por sí mismos, no por cálculo espurio. (Politica, en sentido clásico, es prudencia y, desde luego, por tanto, cálculo, pero práctico, por principios, no por interés).
c) la cuestión jurídica.
5. A partir de ahí ya estamos en otra pantalla.
La izquierda española gobernante y sus corifeos (a ojos al menos de algunos izquierdistas españoles con criterio propio) se han deslizado a un populismo estomagante. Se justifica cualquier cosa. Y no es que la revolución esté a la vuelta de la esquina.
El tsunami que nos va arrasar nos va a poner a cada uno en nuestro sitio.
Y todo esto es así por mucho que Vox sea un partido de ultraderecha siniestro y cutre y en el Pp sean unos sistémicos lerdos.
Sobre el punto 4 b, se podrá desconfiar de que Sanchez podría hacer más por Palestina y no lo ha hecho, sus «corifeos» podrán invocar la realpolitik y la responsabilidad de no poner a España enfrentada tan directamente a Trump. Pero ésa es la crítica que se le hace preciasamente desde Podemos.
Yo desde luego pienso que a caballo regalado no le mires el dentado. Si el gobierno de mi país se opone al genocidio en Gaza bienvenido sea, que lo diga porque le viene bien el rédito no lo sé, (porque tampoco creo que las razones que se esgrimen de cortina de humo ante su hermano, o su mujer o su numero tres en el juzgado tengan el recorrido que la derecha cree que va a tener, entre otras cosas porque, no votando al psoe ni harto de vino, sé como se las gastan las cloacas del estado). No sé si son sinceros en el Gobierno, pero sé que en este asunto están dónde hay que estar, contra el genocidio.
A mi el que me parece estomagante es Soto Ivars que vende mercancia averiada a gente muy despistada, ya no solo porque lo haga escribiendo en un medio de derechas (¿desconfiamos de Sanchez o de la izquierda y no de EC?) si no porque su discurso machacón es el cuestionamiento del avance de los derechos que ha traido la democracia, en éso sigue la estela de la ola del tsunami que estás señalando, Soto Ivars es la espuma.
Te habías explicado perfectamente y soy yo a quien tengo tendencia a desvariar. Simplemente, opino que enfocar cuestiones como la de Palestina, como lo haces, no aporta nada puesto que es un poco brindis al sol («todo el mundo debería ser bueno») y es por tanto contraproducente. Entiendo lo que usted critica pero es que si aplicamos eso a todo, es imposible avanzar, nos ponemos palos en las ruedas, y dejamos vía libre a que venga el tsunami y haga lo que quiera, mientras estamos ocupadísimos echando cuentas de si esto o lo otro lo hicimos con intención pura del corazón. Lo siento, me parece improductivo y hacer el parguela. Y luego, lo que dice Arryn.
Sobre el resto de mi disertación, una vez más no quiero personalizar en usted ni ponerle etiquetas; pero me flipa cómo hay tantísima cantidad de gente de izquierdas que lo único que les anima a escribir en internet es o poner a parir a la izquierda, o darle la razón a la derecha, o ambas. Cada uno que haga lo que quiera, faltaría más, yo solo digo lo que me parece, como todo el mundo.
Voy a confesarle una cosa. Desde que ha intervenido insultando sin ningún motivo, más allá de creerse en posesión de la verdad absoluta, no he leído lo que escribe. Leo en diagonal y he contestado a bulto.
Creo que a determinada gente el haber llegado a 70 diputados, haber (des)gobernado una temporada y tener ahora cuatro diputados les ha sentando fatal. Se ve que las esfuerzos vanos y las expectativas rotas, causan melancolía y frustración.
Si dar la opinión propia (y diferente a la tuya) equivale a «creerse en posesión de la verdad absoluta», cerremos internet. Lo mismo podría decir yo de ti.
Nunca entenderé a quienes hacen su opinión pública, y luego lloran si les llevan la contraria.
Pues nada César, que llevas toda la razón.
Lo clamoroso de Errejón es que se auto percibía como un castigador y le entraba a todo lo que se movía. Que se sabía y se callaba.
También es clamoroso que Mouliá tiene muy pocas luces encendidas (sus últimas declaraciones son algo lisérgico) y que la denuncia no hay por dónde cogerla.
Ya lo de las mujeres y los hombres, esa generalización sobre ellos y esa infantilización de ellas, empieza a ser tirando a cansino. Y la ley con la Constitución en la mano no debería hacerse aprobado nunca. Vulnera clarísimamente la igualdad y el principio de presunción de inocencia.
«lo de Errejón era un clamor»
¿Y si era un clamor por qué no le denunciaste tú, por ejemplo?
menuda tontería. Quiero decir que no ha de extrañar que haya sido denunciado porque su conducta con las mujeres estaba generando mucho ruido hasta convertirse en un clamor, es decir que estaba enterado de ese comportamiento incluso quien no hacía nada por averiguar en qué andaba este personaje (como yo misma). Y tiene que denunciar quien puede probar algo, de lo contrario se estaría haciendo lo que aquí se debate: la denuncia en falso. Así que reclamarme por qué no denuncié es un absurdo.
Llama la atención el fuerte cuñadismo que impera en los comentarios. Gente muy enfadada con el entrevistado, pero incapaz de argumentar su postura o de discrepar más allá del burdo ad hominem y la descalificación de trazo grueso. No es difícil entender que ni siquiera se han molestado en leer la entrevista y que, por desgracia, abundan quienes embisten como cabestros y sienten alergia ante cualquiera que trate de introducir matices o de ser ecuánime al abordar temas polémicos.
Me han convencido los robustos argumentos que presentas para afirmar que los que no tragan a Soto Ivars son unos cuñados.
Como por ejemplo «chiribiri» o «tururú».
Luego leeré la entrevista. Ahora mismo, tras un vistazo a los comentarios, sí que puedo decir que el pensamiento religioso (con cualquier contenido: uno y su contrario) se mantiene en la sociedad secular.
Parece que los perros se lanzan rabiosos sobre los que no quieren casarse con nadie.
The Cuñadest
No uso nunca este término de «cuñaaaaoooo». Todos tenemos alguno o alguna y lo somos a su vez de otros y otras. Sí, ya sé en qué contexto se emplea, pero aún así…
A la cuarta pregunta responde Soto con sinceridad y acierto: «Es que digo muchas burradas». Y efectivamente lo confirma en todas las respuestas posteriores.
Este señor jamás ha sido de izquierda. Lo atestigua su enorme empanada mental en lo referido al tema impuestos, mezclando churras con merinas.
La falsedad de las denuncias falsa, la falacia del argumento cuñado de un pesado que piensa que tiene la razón por sacarse la foto con el cigarrito.
https://sapabogados.com/denuncias-falsas-por-violencia-de-genero-mito-o-realidad/
no pienso leer la entrevista, solo escribo para recordar la miseria humana que es este señor. un saludo
Paradojicamente te has retratado.
Una palabra muy bonita, «paradojicamente». Pero conviene ponerle tilde.
Tilde, dónde? Cuñaooo
Juan ya tiene pareja, lo siento.
Soy lector asiduo de Jot Down y este tipo de entrevistas son mis favoritas. Y digo que son mis favoritas ya no por la entrevista ni por el entrevistado, si no por la masa borreguil que aparece en los comentarios a vomitar las mismas estupideces y soflamas de siempre. Claro ejemplo de lo que denuncia Juan Soto Ivars. Todo argumentos ad hominem sin haber dedicado un mísero segundo a pensar en qué tiene o no tiene razón. Todo respuestas emocionales en una época en la que nos enorgullecemos de ser más racionales que nunca. ¿Dónde ha quedado el debate tranquilo con argumentos en el que cada parte daba al menos la opción a la otra a que le convenciese de que estaba equivocado?.
A veces me pregunto si la sección de comentarios -salvo pequeñas excepciones – sólo sirve como altavoz de indocumentados cuyas opiniones son respetables pero de ninguna manera aceptables. Y sin embargo, son los que más alto rebuznan..
Señores de Jot Down, les propongo que, en vez de un límite, empecemos a pedir un mínimo de palabras para poder comentar. Así nos ahorraríamos leer estupideces de menos de 140 caracteres que, si bien breves, son a menudo muy indigestas.
Bravo señor Pucio! No podría haberlo expresado mejor. Un saludo
La pedantería del cuñao y de sus admiradores, sin duda también del plagiador Pérez.
Soto Ivars es una persona muy preocupada por la búsqueda de la VERDAD…y trabaja para El Confidencial. No hay más preguntas, señoría.
Excelente entrevista a un personaje muy representativo en los tiempos que corren. Soto-Ivars pretende ser una especie de adalid de la libertad, pero Soto-Ivars es una exhibición ambulante de ideología y subjetividad, y su concepto de verdad es, evidentemente, eso tan laxo de ¨mi verdad¨.
Soto-Ivars dice que percibe un mandato en su generación para ser de izquierdas, como algo que estaba en el ambiente, hasta que empezó a interesarse por «la verdad». Pero resulta que esa percepción tan particular la tiene en una España que siempre ha sido plural y en la que el PP ganaba elecciones (Soto Ivars es nacido en el 85, calculen).
Dice Soto-Ivars que calificar a alguien de fascista a alguien es una mentira equivalente al «zurdos hijos de puta» de Milei. Evidentemente, no es así: el fascismo es un movimiento político real, histórico, originado en Italia tras la Primera Guerra Mundial, y perfectamente estudiado y catalogado. La ideología fascista existe, y hay personas que siguen a día de hoy el sistema de pensamiento fascista y que pueden consecuentemente ser designados como tales. Otra cuestión son términos despectivos como «facha», estos sí censurables y evitables.
Afirma Soto-Ivars que el socialdemócrata de pedigrí (sea lo que sea que Soto-Ivars entiende por esto) es el último que fiscaliza lo que se hace con el dinero de sus impuestos («es que son para la sanidad, para la educación», pero luego no se preocupa). Debe ser que en su particular realidad no existieron las Gurtel, Púnica, financiación ilegal del PP, etc etc etc, y solo despilfarran y tienen chiringuitos los políticos de izquierda.
Dice Soto-Ivars que no te pueden importar los crímenes de Gaza si tienes problemas personales. ¿Y esto por qué? Ni idea, pero es «la verdad» de Soto-Ivars, que de tan sobrado que va llega a leer mentes ajenas.
También según el ínclito Soto-Ivars cuando Sanchez ha dicho a su electorado que no iba a hacer algo y luego va y lo hace, éste no le castiga aunque les haya meado en la cara. ¿Y qué pasa con las promesas incumplidas (subidas de impuestos, programas electorales irrealizados, etc) por el resto de políticos elecciones tras elecciones? No se sabe, porque esto no es mearse en la cara de nadie, según los muy peculiares sesgos cognitivos de Soto-Ivars.
Y así todo. Un personaje de su (esta nuestra) época.
No sé cómo lo haces Juan, «Ni de izquierdas ni de derechas» pero criticando siempre a la izquierda.
Cómo te dirán bastantes antropólogos, el gran tabú de nuestra sociedad liberal occidental no es lo políticamente correcto. El gran tabú es la propiedad privada, y a Juan siempre lo encontrarás defendiendo, indirectamente éso sí, las posturas de los que poseen propiedades privadas a lo grande, que para éso se dan cita en el El Confidencial, con Rallo, Olmos o Espe Aguirre. A Juan lo encontrarás dando guerra cultural con el invento de la cultura de la cancelación, que es el «quítame esa paja» de los que siempre han tenido altavoces a su servicio y se «ofenden» en los tiempos de las redes sociales. Va de equidistante pero solo hay quien ver quien le rie las gracias en los comentarios, votantes de Vox o aledaños. Juan es de mucho hombre de paja y mucho de ser el novio en la boda, el muerto en el entierro y el niño en el bautizo. Abonado a la no política porque sabe que para su interés el campo es mejor dejarlo al poder económico, que es el poder de siempre, al que rinde pleitesía.
En tiempos de Juan del Val aquí tenemos otro opinólogo patrio.
Tan amigo de la verdad que dice ser y no aclara que no se puede ser antisemita por atacar a Israel en contrapartida a Palestina, dado que ambos pueblos son semitas
Una persona que se pregunta cosas,que reflexiona,que intenta racionalizar,una persona que no repite esloganes…..un rara avis en España
Es de las peores entrevistas que he leído en años, en Jot Down Vaya nivelón de bobadas y más bobadas, intentando hacer el chiste fácil… Hay personas que calladitas están más monas..
Otrosí: “yo era de izquierdas, pero una vez una loca del coño escribió en Internet ‘… los hombres…’ en vez de ‘… algunos hombres…’ y claro… me vi obligado a dar por convalidado el tema del feminismo, y jurar odio eterno a la izquierda”.
Claro que sí Juan. Lo importante de todo esto es que tú te vayas con la conciencia tranquila a la cama.
No sé, pero nunca he entendido la manía contra los judíos. Pero si son como nosotros, algunos hasta rubios con ojos claros, no como esos tizones de la selva. Tampoco como los asiáticos con esos ojos como ranuras de hucha y rostros de limón. Yo no tendría ningún problema en alquilar cualquiera de mis pisos a judíos, en serio. Si son judías, guapas y con dinero, pues miel sobre hojuelas.
«La lepra no se toca, ¿por qué no se toca? Porque te vuelves tú leproso.» En gallego medieval, «leproso» se decía «gafo» o «gafoso». Y, por cierto, hace años yo leía El Confidencial, me parecía siendo de derechas de los diarios más rigurosos de este país; desde luego, en esa época, más que El País. No sé si alguien descolgó un teléfono o qué, pero últimamente es una vergüenza, no sé si tanto por lo que decide contar y por cómo lo cuenta sino, sobre todo, por lo que decide obviar… y lo de leproso viene a cuento, porque el entrevistado se dejaba en aquellos tiempos leer con gusto, para mí era uno de los motivos para abrir El Confidencial, pero no sé si se le habrá pegado el resentimiento de Alberto Olmos con el universo mundo, pero ahora me deprime y no lo soporto… A Olmos lo sigo leyendo, porque aunque no siempre me guste lo que cuenta, siempre sí cómo lo cuenta.
cambió la dirección, estaba Zarzalejos (que ahora tiene una columna ocasional y creo que un cargo honorífico) y metieron al de ahora que, en fin…
yo sigo leyéndolo, en especial a Esteban Hernández, pero sí que es verdad que ha bajado unos cuantos peldaños en amarillismo.
j
Hombre, una vez que lo has leído y conoces al personaje le ves el truco a la legua. No repite sloganes, cierto. Pero hace marketing del mal, de propagandista del poder de siempre, de ahí que escriba en EC, (Vamos yo me lo imagino defendiendo a Rockefeller en la matanza de Ludlow con total desparpajo mientras llora por buscar la «verdad») y aunque reviste su discurso de persona interesada por la objetividad con cierto barniz culto, se le ve lo burdo de su razonamiento en cuanto a que defiende la tesis de que si hay nazis es por qué hay gente de izquierdas que los obligan a serlos. Como dice Gorigante: Mira no, si eres nazi has ido tú solito ahí y nadie te ha llevado de la mano. Y así tan simplona mente elimina cierto resquicio de culpa que le quedará al que no le cuadre demasiado y le provoque disonancia cognitiva.
Cuando dices en lugar de querrás decir además de, espero.
Aparte de que das por hecho que no lo hacemos, lo cual me parece muy aventurado por tu parte, más aún sin conocerme/nos.
Siempre hay un poco más, afortunadamente.
Saludos.
Pues a mi siempre siempre me ha parecido un tipo que no va por ahí en posesión de la verdad y que procura andar por ahí con una postura bastante prudente. Bastante alejado del hooliganisno que se estila últimamente.
Claro está que con cosas como lo de la defensa de Anónimo García o Arcuri se ha buscado enemigos a patadas. No se lleva denunciar la desigualdad ante la ley según sean tus cromosomas.
Desconozco los entretelones de la discusión política en España, pero este señor reflexiona con argumentos válidos y expresa varias sensateces, y en especial modo una que me duele como argentino y peronista: tuvo que llegar este sociopático de Milei a presidente para encarar la inflación, una lacra añeja que ni los peronistas y otros gobiernos pudieron domar. Y ya van más de cincuenta años. Si no presentan una receta válida para vencer esa percepción catastrófica y cotidiana, el peronismo no volverá nunca al poder. Lo que sería una verdadera lástima porque volveríamos al siglo XIX o XX con tantos postergados, además de ser nuevamente una colonia
Los países que no son colonias se cuentan con los dedos de las manos. El tema no está entre ser una colonia o no, hay que preguntarse qué papel te entrega la metrópolis. Si es beneficioso, por qué rechazarlo?
¿Beneficioso? ¿Para quién? No para nosotros ciertamente que somos el “patio de atrás” porque la “América es para los americanos”. Para usted «el tema no está», pero para mí sí. Entre otras cosas con Milei corremos el riesgo vergonzoso de terminar desacreditados como ese país (no recuerdo si era Trinidad Tobago o Costa Rica) que votó favorablemente en la ONU la invasión al Irak, debido a las famosas e inexistentes armas de destrucción de masas. Esta gente no da puntada sin hilo. Solo al sentir la palabra social o socialismo te invaden o bombardean, ahora de lejos con mayor eficacia, porque nuestras democracias no son iguales a las suyas. Para salvar bancos y financieras como en la crisis del 2008 son socialistas, para lo demás no. Como decía el Pepe Mujica, la “bendita libertad” y la imperfecta democracia de EEUU están a salvo porque no hay una embajada yanqui en los USA. Irán, Chile, Guatemala, Nicaragua, Cuba, ahora Venezuela… Braden o Perón.
Como tantas veces ocurre, una mirada (progresista) desde fuera, pone las cosas (a los progres) en su sitio.
Algún fan se va a sentir decepcionado con usted.
Siento decir que gastarse los dineros de los préstamos en reflotar el peso con respecto al dolar no es salir de la inflación. Es endeudarse aún más para seguir con lo mismo pero además dando un parón en seco a la economía. Qué Trump se haya gastado ingentes cantidades de dinero en darle un respiro a Milei de cara a las elecciones para vender a saldo las riquezas del país a 5 mangantes.
El truco es el siguiente:
• Nuestro intrépido protagonista se hacer pasar por izquierdista auténtico que ataca, desde la tristeza y la rabia de ver los auténticos ideales progresistas pisoteados, a la izquierda “progre”, a la falsa, la de baratillo. Esto es muy hábil, primero porque ¿qué izquierdista va a estar en desacuerdo con eso? Nos encanta situarnos en la verdadera izquierda. Y segundo, porque realmente hay mucho izquierdista puro que se la pasa haciendo esto mismo todo el día.
• Para que algo no sea calificado como izquierda “progre”, nuestro protagonista establece unos requisitos dignos de la 2ª venida de Jesucristo. Nunca es suficiente. Así, nadie pasa el corte: PSOE, evidentemente no; Podemos: buf no, Charos y perroflautas, la progresía en máxima expresión; Sumar: tampoco, la izquierda caviar, Errejón, la modelitos… TODO es izquierda progre, no hay salida, no hay opción. Todo mal.
• (Opcional) Salpicando el reguero de condiciones imposibles de cumplir, se intercalan alabanzas a las sensatas reflexiones de intelectuales de extremocentro como, por ejemplo, Soto Ivars (que básicamente, están haciendo el mismo truco de prestidigitación aquí descrito); o se asiente aprobatoriamente ante afirmaciones de que un Milei apoyado por Trump, es la receta correcta. El verdadero izquierdista sabe que, aunque duela, tiene que darle la razón a la derecha cuando la tiene. Lo que, curiosamente, es prácticamente siempre.
• Objetivo: vamos a ver si hacemos picar a unos cuantos incautos más, y como mínimo, les desmovilizamos el voto. Con un poco de suerte, hacemos que compren todo el mensaje, y empiecen ellos mismos a hacernos el trabajo de repetir la misma historia del pobrecito izquierdista desencantado allá por donde pasan.
Para certificar las credenciales de izquierdista auténtico, sin dejar de desmovilizar: salpimentar con invocaciones a una izquierda mítica, nebulosa, que cumplía esa sí todos los requisitos; la del obrero sudoroso, la «de antes». Oraciones a San Julio Anguita, patrón de la coherencia, azote de mercaderes.
Justo a todo aquello que, cachisss jopetas, no puedes votar porque están todos muertos ya.
Plas, plas, plas, plas (aplausos)
Como mínimo veraces dice, si se ha dicho hasta que Begoña era un tío. Solo ve la paja en el ojo ajeno.
No le verás hablar de tráfico de influencia con el hermano, el novio, la cuñada, o los padres de Ayuso, o de la hermana de Moreno Bonilla, que consiguió en la Junta de Andalucía la dirección de un conservatorio con 10 puntos menos de méritos que la primera en la lista, el fiscal se negó a investigar y hablaba de la discrecionalidad del puesto.
Gente como Soto Ivars lo que están haciendo es atraer a despistados bienintencionados de izquierdas para meterlos en ese bucle paralizante de autorreproches sin fin. Todo aquello de lo que habla no es patrimonio único de la izquierda: la cultura de la cancelación solo le interesa cuando viene de un lado, no cuando la derecha te veta a una banda en un festival; las mentiras, como bien dices, lo mismo, los bulos continuos de la ultraderecha no parecen preocuparle lo más mínimo (si se le preguntase directamente, diría que sí, que claro, que igualmente; pero luego eso ocupa cero espacio en su discurso).
Sobre el genocidio en Palestina no le resulta relevante que los suyos apoyen explícitamente a quien lo comete; sino que la cuestión importante es si el gobierno y la izquierda están en contra por intereses electoralistas o por pose (ambas cosas que no son ciertas en el 95% por ciento de los casos).
Peña que no es de izquierdas superpreocupada por decirle todo el rato a la izquierda cómo tiene que hacer las cosas bien. Y cuela. El objetivo es que el debate político de la izquierda pase a enredarse en estas cuestiones, en vez de estar dándole la batalla a la derecha y exponer sus vergüenzas. Particularmente en Jotdown y foros similares, se ve que funciona bastante bien en muchos casos.
Soto Ivars y otros similares saben perfectamente quién y para qué les pagan. Les pagan para bien o desmovilizar el voto de izquierda de aquellos que les compren el discurso de que todo es progresía y no hay esperanza; o directamente para dar, a gente que cree ser de izquierdas porque votó alguna vez a partidos de izquierdas cuando la moda era esa, las excusas que estaban buscando para hacerlo ahora a la (ultra)derecha y sentirse bien con ello.
¿Has sido tú quién lo ha dicho?
Porque, no cabe duda que si alguien ha dicho eso, que lo dudo, ha sido para favorecer a Sánchez.
Entrevista pesada e insulsa para generar tráfico. Esta entrevista es un clickbait de manual.
Y la cantidad de «pesaos» que pican porque lo que les gusta es discutir de lo que sea hasta la extenuación. Solo hay que fijarse en los repetidos -como el ajo- nombres que replican y vuelven y vuelven… ¡Si se les quemara la casa morirían abrasados con tal de acabar su contraréplica para fulano!
Ohhhhhh-ohhhhhh
Round the world we go
watching Glasgow Celtic
Putting on a show!!!!
Ohhhhhh-ohhhhh
Everywhere we go
Watching Glasgow Celtic
Putting on a show!!!!
¿Con los cribados de cáncer en Andalucia, con los muertos de la Dana en Valencia, con los 7291 ancianos abandonados a su suerte en Madrid, con la violencia desatada en Torre pacheco y este mierdecillas paniaguado se pone a dar lecciones a la izquierda? Que se la ve la boca antes.
Para mierdecilla, tu argumento.
España es un país súper garantista.
El 50% de las denuncias por violencia de género quedan sobreseidas y del resto un pequeño porcentaje acaba en condena.
Es falso lo que muchos afirman de que basta la palabra de una mujer para condenarte.
Y es una boludez lo del Soto Ivars sobre que a las mujeres se les ha dado una espada.
Victimismo de masculinidad frágil.
Además ya me estoy hartando de poner ONDACERO por la mañana y escuchar a este personaje frivolizar sobre el cambio climático.
Luego pongo Antena3 y también sale soltando chorradas.
Con Iker Jiménez también sale mucho aunque renuncié a ese programa hace milenios.
Y encima ahora también me lo encuentro aquí.
Eso sí luego se queja de censura y de que en España nadie se puede expresar libremente.
Los rebuznos y gruñidos de los zurdos de m….da ante las exposiciones de Soto Ivars, te indican que está totalmente acertado en sus planteamientos y que explica perfectamente cómo puede evolucionar un ser humano: izquierdista y revolucionario en la irreflexiva juventud y anticomunista en la madurez. Persistir en lo primero es de eso, de ser unos zurdos de m.
Hay gente que se engorila mucho, llega a tamaño gigante.
A mí me recuerdan a estos del PP que, antes de la rendición de Eta, como dijeras algo minimamente matizado sobre el asunto de marras ya te llamaban etarra y te ponían al nivel de los macacos vascos.
Pues estos engorilados con gigantismo, lo mismo al otro lado. Mira que Pedro Sánchez está dejando mojones por el camino (Sáhara, el nepotismo con la esposa y el hermano, la basura del trío Lalala…) y como se te ocurra solo señalarlo con el dedo eres un fascista. Ea, sí, monito guapo, todos semos fascistas.
La desgracia de Gorigante, y de la izquierda en general, es que toca defender a alguien que es de derechas, léase Pedro Sánchez porque la derecha de siempre se ha echado aún más al monte y es indistinguible de la extrema derecha.