Música

Le Parolier: «I Should Be Proud»

Martha Reeves and the Vandellas, intérpretes de «I Should Be Proud». Imagen Motown.
Martha Reeves and the Vandellas, intérpretes de «I Should Be Proud». Imagen: Motown.

A principios de siglo colaboré en uno de los canales musicales de la televisión digital. Un trabajo teóricamente alimentario que, sin embargo, me permitió algunas experiencias interesantes, desconcertantes, incluso gratificantes. Una de ellas fue mi encuentro en el ascensor con el salsero puertorriqueño Jerry Rivera, con quien tenía concertada una entrevista minutos después. El breve intercambio de saludos y presentaciones le bastó para comentar que amigos y compañeros puertorriqueños estaban siendo enviados a la conquista del Irak de las supuestas armas de destrucción masiva. «Negros e hispanos están siendo los primeros reclutados», lamentaba.

Una vez más, la cultura popular nos sirve para tener acceso a una información que no aparece en los medios convencionales. Las etnias y culturas no hegemónicas han sido carne de cañón en las estúpidas guerras de los siglos XX y XXI y, dentro del entorno contemporáneo de las músicas mediáticas, han seguido comunicando ideas y sentimientos a través de canciones y bailes, tanto para la diversión como para la denuncia. La cantante de Detroit Martha Reeves había perdido a un hermano en la absurda cruzada estadounidense contra el comunismo en el sureste asiático. Acompañada de su hermana Lois y Sandra Tilley, apodadas The Vandellas, grabó en 1970 una canción sobre un soldado muerto en Vietnam. El tema se centra en la presión sobre su viuda para que una medalla de plata y un entierro honorífico aplaquen su dolor. Los tres minutos escasos del pequeño drama musical afectaban directa y profundamente a la cantante.

«I Should Be Proud», de Martha Reeves and the Vandellas. Compuesta por Henry Cosby, Pam Sawyer y Joe Hinton.

Historia de una canción

«I Should Be Proud» se editó en febrero de 1970. A finales del verano de aquel año fue incluida en el álbum Natural Resources del trío de Martha. Se trataba de la primera canción protesta que publicó la exitosa factoría discográfica Motown, anticipándose a otros clásicos como «War», de Edwin Starr; «Ball of Confusion», de The Temptations, y el respetadísimo «What’s Going On», de Marvin Gaye. Igual que el político francés Jean Jaurès fue asesinado por su pacifismo en vísperas de la primera guerra mundial, muchas emisoras retiraron la canción de su programación por su mensaje antibélico.

Martha, que acababa de salir de un largo confinamiento por su adicción a los calmantes, canta con voz apagada un primer verso y nos introduce en un entorno de realismo cotidiano: «I was under the dryer when the telegram came» («Estaba bajo el secador cuando llegó el telegrama»). Una visita a la peluquería mucho más trascendente de lo que puede parecer si somos conscientes de la importancia del peinado y el cabello para las mujeres negras y de su carga reivindicativa frente a la eterna presión de la sociedad blanca por dominarlo con peines, calor, química, cremas y modas. Sabemos que un telegrama ha interrumpido esa cotidianidad rutinaria y rápidamente recibimos información concreta y dramática de su contenido. Con la frase «Private John C. Miller was shot down in Vietnam» obtenemos la conexión histórica y una información clave para valorar la canción, dado que en 1970 el descontento con la guerra de Vietnam era masivo. Al igual que el cuadro de Picasso convirtió en eterno el bombardeo de Gernika, la canción de Neil Young1 convirtió en universal el duelo por los cuatro estudiantes de la Universidad Estatal de Kent asesinados por la Guardia Nacional durante una manifestación pacifista. Phil Ochs, Barry McGuire, Pete Seeger, Country Joe and the Fish, Jimmy Cliff2, etc. El listado de canciones pacifistas inspiradas por la guerra de Vietnam es inacabable y el clima social no podía ser —aparentemente— más receptivo.

Trabajo en equipo

El trabajo en equipo es característico de Motown —compositores, arreglistas, músicos y cantantes—. En este caso, el equipo estuvo compuesto por Martha y las dos Vandellas, el arreglista Paul Riser y los Funk Brothers, entre ellos el saxofonista Henry Cosby, productor de la grabación y coautor de la canción junto a Pam Sawyer y Joe Hinton. El punto de vista elegido resulta especialmente dramático al contrastar una existencia convencional con la tragedia de la guerra y la muerte. Revelarnos la identidad del soldado fallecido no es una mera anécdota, sino un recurso que lo convierte en una persona con nombre y apellido. No es un desconocido: tiene una mujer que lo está esperando y, al igual que ella, tenía una rutina cotidiana que ya no volverá a repetir. «Through my tears I read» continúa reflejando la ceguera y el distanciamiento de la realidad producidos por el dolor a través de un hecho físico, casi mecánico: las lágrimas que el cruel informe ha motivado. Se trata de una canción que va en aumento, de lo meramente descriptivo a la rabia y la protesta.

«Ha muerto en combate en algún lugar del delta (del Mekong)», continúa el comunicado: es decir, es un héroe, un valiente que arriesga su vida por una tradición bélica que hasta entonces contaba con todo el apoyo social e histórico. Una batalla que resulta tan distante para la ciudadanía como lo está geográficamente de Detroit, donde viven los creadores. Encontramos más información sobre esta situación geográfica en el archivo de Time. Dice literalmente: «El extremo sur, pantanoso y bañado por el río Mekong, alberga a más de un tercio de la población del país, produce la mitad de sus alimentos y es la principal fuente de hombres, dinero y suministros del Viet Cong». Y continúa: «Los comunistas estuvieron a punto de apoderarse de todo en los duros meses de finales de 1964 y principios de 1965».

Estos prolegómenos concluyen dando paso al título, que se repetirá como una letanía a lo largo de la canción: «Me dicen que debería estar orgullosa», se lamenta. Debería… Pero no lo está. El dolor, el intelecto y la idea de la futilidad de la guerra le hacen ver la muerte de John como lo que es, un sacrificio gratuito e inútil. «Estaba luchando por mí», repite como un loro, reproduciendo el engaño patriotero que le han dado como excusa para matar y glorificar el asesinato. Inmediatamente contradice la consigna oficial: «Mi Johnny no luchaba por mí, luchaba por la maldad de la sociedad». El posesivo y el diminutivo abren una línea melódica de gran riqueza y nos demuestran a la vez la cercanía y la relación con el soldado muerto y la importancia que tenía en la vida de la protagonista. La estrofa concluye con una acusación simple, naíf y llena de rabia: «The evil of society».

Rabia y protesta

La segunda parte describe la angustiosa espera y el deseo de que no se confirme la mala noticia. «Rezaba día y noche para que mi Johnny no muriera». La protagonista ha puesto su esperanza en la espiritualidad y en sentimientos profundos e intensos. «El amor, la fe y la esperanza eran lo único que me mantenía con vida», un autoengaño, quizás también una exageración, que queda frustrado cuando «seis semanas más tarde llegó aquella carta fría y despiadada». La canción no ahorra críticas al lenguaje ni a la falta de humanidad de este tipo de comunicaciones. Seguimos recibiendo detalles minuciosos y realistas. Un tiempo de espera ¿largo?, ¿corto?, pero doloroso. «Private John C. Miller killed in action. Number 54327». Nos ha dado anteriormente el nombre; ahora añade su número de servicio, es decir, quiere que conozcamos su identidad civil y su identidad militar: una insistencia en que sepamos que quienes mueren son hombres reales.

Volvemos al estribillo, que incluye algunas variaciones. Le dicen de nuevo lo que debe sentir: «And they say that I should be proud», pero ella continúa y asciende un grado hacia el dramatismo añadiendo la palabra «morir». Ya no es la lucha, como en el primer estribillo, sino el resultado irreversible de la misma: «My Johnny didn’t have to die for me» («Mi Johnny no tenía que morir por mí»). La progresión se ha iniciado gradualmente en el primer estribillo y se va a intensificar en la tercera estrofa, en la que la protagonista rechaza la palabrería vacua y los rituales convencionales en honor de los héroes de guerra: «Le mandaron a casa con medallas de honor y gloria. Hasta el periódico local publicó la noticia en primera plana». Del entorno heroico y bélico hemos pasado al entorno local, al vecindario, y nos enfrentamos, una vez más, al retrato de una cotidianidad extinta para siempre. Sin embargo, el resto de la población integra el drama en su realidad conformista y se reúne para homenajear al fallecido. «But the whole town came to praise him»: una frase que connota la condena de los usos sociales hipócritas y rutinarios. Y, para terminar, otra queja sobre la palabrería huera: «Y me dicen lo honrada que debo sentirme».

La única respuesta que la protagonista es capaz de dar es el desprecio tanto por los honores como por la plata, el material valioso del que está hecha la medalla, y por ese algo inalcanzable y simbólico que es la estrella, forma de la misma condecoración. «But I don’t want no silver star», protesta, porque no acepta la situación, no considera que eso vaya a compensar la pérdida de alguien bueno que la estupidez humana le ha quitado: «Just the good man they took from me», dice. Más allá del nombre y el número, que ya conocemos, nos habla de su humanidad en claro contraste con esa maldad de la sociedad a la que culpa de su sacrificio. Y especifica: sabe que hay culpables y los culpa de su muerte.

No me olvides

«Forget Me Not» es otra canción de Martha and the Vandellas editada con anterioridad en Estados Unidos, en abril de 1968, que se convirtió en un éxito en Gran Bretaña en 1971, cuando alcanzó el puesto número once en las listas. Los autores fueron Richard Morris y Sylvia Moy.

La canción, una producción del enorme Norman Whitfield, constituye una especie de prólogo de «I Should Be Proud»: «Now we kiss goodbye», un adiós afectuoso con un beso que nos mete directamente en la historia. «Te vas a la guerra, la batalla ha comenzado. No quiero llorar mientras veo zarpar tu barco». La protagonista quiere dar muestra de una fortaleza y una generosidad seguramente fingidas. Le preocupa la gravedad de los peligros que él afronta: «Ahora que estás en alta mar, el cielo está oscuro y el agua te rodea…»; «No me olvides y que mi amor te reconforte y te sostenga», le dice, mostrando un romanticismo convencional. «Guarda mi recuerdo en tu corazón y nunca nos separaremos»: es la vieja idea del amor como salvación, consuelo y comunión.

La canción, menos dramática que «I Should Be Proud», va a continuar con una retahíla de recuerdos felices compartidos. No vuelve a nombrar directamente la guerra, sino que dice: «Ni la tierra, ni el mar, ni el tiempo nos separarán». Quizás los autores —recordemos, de raza negra y con voluntad de conquistar mercados y públicos para superar prejuicios supremacistas— decidieron no seguir esa línea narrativa porque quizás la sociedad todavía no había reaccionado contra la guerra. Como haría posteriormente Bush en Irak, el Gobierno estadounidense había prohibido las cámaras en las bases aéreas para mantener la moral pública. Solo cuando circularon fotos de los ataúdes cubiertos con la bandera, la ofensiva militar en Vietnam perdió el apoyo general. «Cada noche rezaré por la paz en la Tierra y la buena voluntad para todos los hombres», canta Martha.


Notas

(1) Crosby, Stills, Nash & Young, «Ohio» / «Find the Cost of Freedom» (Atlantic, 1970).

(2) «What Are You Fighting For» e «I Ain’t Marching Anymore» (Phil Ochs, 1963 y 1965); «Eve of Destruction» (Barry McGuire, 1965); «Bring ’Em Home» y «Waist Deep in the Big Muddy» (Pete Seeger, 1966 y 1967); «I-Feel-Like-I’m-Fixin’-to-Die Rag» (Country Joe and the Fish, 1967); «Vietnam» (Jimmy Cliff, 1970).

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