Hace meses coincidí en Guadalajara con el autor de esta entrevista. Nos abrazamos con amistad de años. Celebramos que su cuerpo estaba fortalecido, ante la enfermedad que lo acechaba. Hoy nos falta Antonio Rivero Taravillo y no puedo digerir la tristeza de ser la última entrevistada del poeta descomunal, el traductor notable, el amigo amplio.
Gracias por tanto, querido Antonio. Que tu poesía nos acompañe en el estrago de tu ausencia.
Julia Santibáñez
Es una tarde ajetreada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Todo el mundo viene y va de una actividad a otra (hay más de veinte simultáneas) y la escritora Julia Santibáñez (Ciudad de México, 1967) no es excepción. Hemos acordado vernos para la entrevista al término de una de las presentaciones en las que participa como titular de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), que exhibe un intenso y variado programa en la FIL. La cita es en el stand de Andalucía Cultura, donde está representada Jot Down. Santibáñez llega con varias personas de su equipo que la ayudan en este frenesí de mesas redondas y lanzamientos editoriales. Viene cargada de libros y algo acelerada por cubrir en poco tiempo una larga distancia en medio de la muchedumbre que en las últimas horas del día llena los amplios pabellones de este centro expositor de la capital de Jalisco (y de la literatura en lengua española en su conjunto durante más de una semana). Se sienta, se relaja, hablamos o más bien platicamos, como se dice en México.
Usted es muchas personas y facetas a un tiempo, pero empecemos por el principio, su vocación de escritora. ¿Cómo surge y qué recuerda usted de sus inicios?
En casa no se leía mucho, pero había una buena biblioteca, razonablemente buena, por no exagerar. Y ahí descubrí yo los libros. Fui una niña bastante solitaria, como que no me era fácil llevarme con otros niños. Era tímida, entonces encontré en los libros una suerte de compañía, amistad, escape, disfrute, y luego empecé a escribir, como les sucede a muchos. Leyendo, pues, empecé a querer comunicar las cosas que se me ocurrían, o los cuentos que yo quería leer, luego pequeños poemas que también descubrí, la poesía, en una antología muy general (no recuerdo el título), pero empecé a aprender poemas.
Después supe de Amado Nervo, de Gabriela Mistral, de José Asunción Silva, en fin.
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