
Queridos hermanos, congregados una vez más en esta humilde capilla donde el incienso se confunde con el olor a celuloide quemado, elevemos hoy nuestras plegarias por otro funeral del Séptimo Arte. Levantemos el velo del duelo, no para despedir a un alma que partió tras el último suspiro, sino para velar a una criatura que nació muerta, que llegó sin aliento a nuestras salas, que jamás conoció el primer soplo de la gracia fílmica.
Hablo, hermanos míos, de La habitación de al lado, engendro del antaño talentoso Pedro Almodóvar, quien en su primer intento de hablar en lengua inglesa ha firmado su propio certificado de defunción artística.
Reunámonos, pues, hijos desconsolados de David Wark Griffith, en este templo de sombras y proyectores apagados, no para llorar al genio caído, sino para cumplir el trámite del pésame. Demos sepultura solemne a la última parida del manchego universal, no como quien despide a un ser amado, sino como quien acompaña al cementerio a un vecino molesto, a quien se concede la misa de difuntos sólo por cortesía cristiana y porque el reglamento parroquial así lo exige.
Elevemos, pues, nuestras voces en responsos, amados hermanos, y dejemos que el incienso del desengaño ascienda hasta las bóvedas del cielo cinematográfico. Porque aquello que se nos prometía como melodrama profundo —una meditación sobre la muerte, la amistad y la dignidad del último tránsito— no ha sido sino un sermón hueco, una homilía impostada, un cadáver fílmico que se derrumba bajo el peso de su propio ridículo y de sus excesos cromáticos, tan chillones como innecesarios.
Donde esperábamos lágrimas, hallamos bostezos; donde aguardábamos emoción, encontramos mueca; donde debíamos sentir la hondura del adiós, sólo escuchamos el eco vacío de un panfleto disfrazado de cine. Así es, hermanos: el alma prometida se nos ha fugado entre focos y cortinas, y lo que queda es una liturgia de colorido neón al servicio del dogma y del postureo.
Contemplad, congregación fiel, este féretro adornado con coronas de diseño y flores artificiales, bajo el cual no yace melodrama alguno, sino el cadáver del arte mismo. Al abrirlo, no encontramos el duelo ni el estremecimiento, sino una telenovela bermangiana en colores chillones, un sermón que pretende redimirnos de nuestra triste condición de comecagas inútiles mediante doctrina globalista.
Hermanos y hermanas, escuchadme bien desde vuestros asientos, porque hoy os traigo palabra y advertencia. La habitación de al lado, esa cinta que algunos veneran como revelación, no es más que un evangelio de oropel, una misa de propaganda envuelta en terciopelo y cristal. Allí la muerte se sirve como postre delicado, con vino blanco y zanahorias baby que ni siquiera crujen cuando las actrices las mastican.
Es la morgue hecha boutique, hermanos míos, la pena maquillada para que no incomode. Y aún así, ¡ay!, cómo predica la película, cómo levanta su dedo moral desde el púlpito de la obviedad, sermoneando sin piedad al pobre espectador. Porque sí, habla de eutanasia, pero no contenta con ello, nos pasa por el confesionario ideológico del autor: cambio climático, neoliberalismo, extrema derecha, fanatismo religioso, acoso sexual, Vietnam… ¡Sí, hijos míos, Vietnam! ¿Quién podría imaginar a Almodóvar hablando de Vietnam?
Amados hermanos en la fe del cine verdadero, contemplad este engendro que se desploma como templo sin cimientos, como basílica construida sobre la arena movediza de la autocomplacencia. La historia que se nos presenta es la crónica edulcorada de dos ultramega pijas que, en su último acto terrenal, deciden alquilar un Airbnb de lujo —sí, hermanos, un santuario con sábanas de lino y aroma de bergamota— para consumar la eutanasia. Y mientras esas dos criaturas de porcelana se preparan para morir envueltas en seda, el apóstol Almodóvar, desde su púlpito de Philippe Stark, nos alecciona con microeslóganes como quien reparte hostias de consigna. Cada frase, un cartelito ideológico; cada diálogo, un sermón wokista incrustado con calzador donde debería latir la carne dramática.
Mas os digo, hijos míos: todo termina como empieza, y nada cambia bajo el sol. La protagonista quiere morir desde el principio, y al final lo consigue, como si el viaje interior fuera innecesario, como si la redención no mereciera ni el intento. Su compañera, lejos de ser ángel disuasorio, parece más bien apóstol de la misma muerte que predica. No hay revelación, no hay epifanía, no hay milagro narrativo alguno: solo la muerte cumplida, y el director elevando la bandera de la eutanasia como único evangelio.
Hermanos y hermanas, congregados, escuchad la palabra amarga sobre el guion de esta cinta. Tan frío, tan aséptico, tan carente de pulso humano, que bien podría compararse —perdonadme el sacrilegio— con la compresa extraplana de Julianne Moore: incapaz de absorber una sola lágrima de emoción, ni una gota de verdad.
Ved, hijos míos, cómo el intento de solemnidad se transmuta en mofa, cómo el gesto grave se vuelve parodia. Hay frases, ¡oh Señor!, que al salir de las bocas consagradas de Tilda Swinton y Julianne Moore provocan en el público carcajadas involuntarias, risas que son pecado y penitencia al mismo tiempo. Porque he aquí el colmo del camp sin gracia: un director que ha olvidado la medida de su propio exceso, que ya no distingue entre lo sublime y lo grotesco, entre el milagro y la farsa.
Su talento, otrora fecundo, se estrella hoy contra un texto de mármol pulido, impermeable a toda emoción humana. Y ni siquiera las santas del oficio, Swinton y Moore, plañideras de lujo, consiguen insuflar alma a ese cuerpo muerto. Cómo dos sacerdotisas sacrificadas en altar ajeno, repiten con dignidad palabras que ningún ser humano pronunciaría jamás. Actrices universales reducidas a lectoras de prospectos, a funcionarias obedientes de un ministerio de la muerte.
Mis muy sufridos parroquianos, escuchad y compadeced conmigo este desfile de almas perdidas que el señor Almodóvar nos ofrece como si fuera catecismo moderno. ¡Qué paisanaje el suyo! Un catálogo de personajes diseñados no por la mano del creador, sino por el dedo ansioso de quien sueña con premios y alfombras rojas. Pijas cultísimas de verbo medido, maromos supersensibles de lágrima fácil, reporteras de guerra que han cambiado la metralla por el diván, escritoras de elegancia marmórea que parecen esculpidas más que vivas.
Mas, ay de nosotros, cuando todos ellos se reúnen en el mismo cofre, no surge tragedia ni redención, sino esperpento. Una pareja gay, atormentada por su fe, que se inmola por los sufrientes del mundo; un John Turturro, actor de talento, reducido a clérigo del ecologismo más ramplón, recitando panfletos contra el cambio climático y la huella del carbono; un entrenador vegano y sensible que anhela abrazar a una desconocida, pero no puede, porque nuestra cultura, oh hermanos, nuestra cultura impide ya hasta el calor del prójimo.Y cómo olvidar al malo malote, el policía —¡cómo no!— macho, religioso, intolerante, caricatura sin alma; o a esos curillas de opereta, metidos a la fuerza en la trama, solo para cumplir con el cupo del escándalo, haciendo guarrerías españolas que ni el mismísimo Valle-Inclán hubiera imaginado en confesionario. Una hija ausente como fantasma sin misa, un padre traumatizado por Vietnam —Vietnam otra vez, hermanos, qué cruz—, y una píldora letal comprada en la dark web, explicada con tal ligereza que el alma del espectador se evapora de pura incredulidad.«En la dark web se encuentra de todo», proclaman los personajes como si revelaran un misterio del rosario, y con esa frase, oh feligreses míos, el guion se derrumba como cirio apagado por el estornudo de una beata.
¿Así se aborda la muerte, hijos míos? ¿Con la frivolidad de quien añade una prenda al carrito de Amazon? ¿Dónde queda el temblor, el misterio, el respeto por el tránsito final? En esta película, la muerte ya no es misterio ni sacramento: es simple trámite electrónico, con factura incluida y envío en 24 horas.
Y la música, hermanos míos, ¡ay, la música! Esa que debería ser bálsamo del alma, coro de ángeles que nos guíe en la oscuridad de la trama, se nos vuelve aquí una losa, un peso que aplasta en vez de elevar. Alberto Iglesias, músico de tantas glorias pasadas, artesano que en otros tiempos supo acariciar la fibra del alma, parece en esta ocasión poseído por un demonio de la insistencia. No hay silencio, hijos míos, no hay pausa ni respiro; cada nota cae como martillo, cada compás como látigo. Todo está subrayado, todo enfatizado, todo gritado desde los altares de la obviedad. Donde la música debía acompañar, entorpece; donde debía elevar, ridiculiza. Y así, en lugar de armonía, escuchamos una procesión de homenajes mal ensamblados, un collage de ecos de películas clásicas que no dialogan con la imagen, sino que la ahogan.
Oh, amados hermanos, detengámonos y contemplemos el paisaje porque también aquí yace la ruina. Almodóvar, que en otros tiempos llenó sus encuadres de calor, carne y sangre, hoy se ha convertido en simple decorador de interiores: sus planos son fríos como lápidas, los objetos más vivientes que los que los habitan. Ved cómo los jarrones se alinean con más fervor que una procesión; los fruteros contienen fruta recién comprada, perfecta y brillante; los cuadros cuelgan con la firma como si fueran reliquias de un altar moderno. Todo dispuesto con el esmero de una revista cool de arquitectura, mas ¿de qué sirve la capilla si el sacerdote ha huido? Mientras alabamos los floreros, mientras nos perdemos en encuadres que recuerdan a cuadros de Edward Hopper, los protagonistas se disuelven en la nada: no hay alma, sólo decoración. Mirad, hermanos, los apartamentos donde agonizan estas damas que quieren ser señoras con un piso puesto, con un chalet, con piscina privada y un salón de té, un salón de té, un salón de té, ¿con esa mala leche y un salón de té? ¿Lo quiere usted esta noche o mejor por la mañana? A ver cómo te veo manejar la porcelana que le vas a dar un golpe, que la vas a romper, que si tú no rompes algo no sabes que hacer.
Hermanos míos, perdonadme esta ida de olla, pero esto que contemplamos no es drama humano, sino edén estilizado, un purgatorio de diseño donde la vida no duele, no mancha, no huele, no apesta. Aquí la muerte se ha puesto perfume de nicho y el sufrimiento lleva jersey de cachemir. No hay sangre ni sombra, ni el menor temblor de humanidad: sólo superficies pulidas donde la angustia resbala como gota de agua sobre mármol.Y no negamos, hijos míos, que la muerte toque también a los ricos; el Señor no discrimina en su guadaña. Pero lo que aquí denunciamos, con toda la fuerza del púlpito, es el escarnio de mostrárnosla así: entre suéteres de diseño, muebles de catálogo y copas de vino blanco que no se derraman. ¡Qué insulto, hermanos, qué insulto para quienes mueren solos en hospitales públicos, en camas duras, entre tubos y fluorescentes, sin un plano general que los ennoblezca ni un violín que los acompañe!
Porque en esta película, la muerte no es tránsito ni misterio: es una boutique, un spa ideológico donde los cuerpos se van entre cortinas beige y frases de autoayuda. Y claro, desde ese paraíso de revista de moda, hablar de los males del neoliberalismo suena a chiste malo de sacristía. Predicar contra el sistema desde el corazón mismo del sistema, desde el templo hollywoodiense del lujo y el ego, es como dar misa sobre un yate y pedir humildad entre copas de champán.
Bienaventurados, sí, bienaventurados los que no vieron esta cinta, porque de ellos será el reino del buen gusto y de la lucidez. Porque, creedme, hermanos míos, todo, absolutamente todo, en esta obra está impregnado del tufillo insoportable del dogma disfrazado de virtud: ese aire de superioridad moral e intelectual, ese pensamiento único que no se argumenta, sino que se impone con sonrisa beatífica, esa mirada altiva que reparte el mundo entre los justos —los que aplauden con entusiasmo— y los condenados —los que osan dudar, los que se atreven a decir un simple “no me gusta”. El espectador, pobre alma, queda atrapado en esta nueva inquisición estética: si aplaude, se salva; si calla, peca por omisión; y si se atreve a criticar, será señalado como hereje, reaccionario, insensible, negacionista, enemigo del progreso. ¡Ay de aquel que no comulgue con el nuevo catecismo wokista, porque será arrojado al fuego por hereje y pecador!
Y decidme, hermanos míos, ¿si esto no es traición al arte? ¿Si no es prostituir la libertad creadora en el altar del dogma moral? Almodóvar, otrora juglar de pasiones marginales, trovador de los cuerpos excluidos, ha cambiado la carne por consigna, el deseo por doctrina, y de esta forma, nadando a favor de la corriente del tiempo presente, el antaño iconoclasta y rompedor cineasta ahora se vuelve seminarista wokista, acólito fervoroso del pensamiento políticamente correcto, se torna en vulgar mamporrero de Soros o de esos filántropos que buscando la salvación de la Pacha Mama, desean borrar toda huella del carbono, es decir, a todos vosotros, hijos míos, que respiráis, que sudáis, que folláis, que coméis y que cagáis, es decir que aún vivís.
Permitidme, amados feligreses, que cierre esta humilde homilía con el epitafio que merece semejante despropósito. La habitación de al lado —escuchadlo bien, hermanos míos— no es obra de madurez, sino caricatura senil, reflejo de un genio que se contempla en el espejo de su propia vanidad y ya no se reconoce. No honra la vida, no consuela la muerte, no ilumina el tránsito entre ambas. No es canto ni rezo, ni siquiera lamento: es panfleto político, sermón de catecismo ideológico que pretende redimirnos a base de consignas.
No hay drama, sino proclama. No hay personajes, sino máscaras que se turnan para repetir las letanías del nuevo credo almodovariano: eutanasia, neoliberalismo, extrema derecha, fanatismo, acoso, homosexualidad, caca, pedo, culo, pis. ¡He aquí el nuevo rosario del cine políticamente correcto, hermanos míos, rezado entre flashes y alfombras rojas!
Oremos, hermanos, oremos con piedad por el alma extraviada de esta película que, hasta en el nombre, miente. Porque La habitación de al lado, mis queridos fieles, no tiene habitación alguna, ni al lado, ni arriba, ni más allá. Lo que tiene —y bien decorado, eso sí— es una habitación de abajo, un sótano de diseño, un mausoleo con wifi y ambientador de vainilla.
Que se cierre, pues, hermanos míos, la tapa del ataúd. Que se sellen sus bordes con los ocho clavos de la infamia: torpe, fría, aburrida, ridícula, inverosímil, cursi, impostada y panfletaria. ¡Ocho clavos para ocho pecados, ocho golpes de martillo que resuenan como campanas fúnebres en la catedral del artificio!
Y que doblen, sí, que doblen las campanas —no por respeto, sino por alivio—, porque la farsa ha terminado, y el aire, por fin, se purifica. Aquí yace, queridos míos, un Almodóvar perdido en el ridículo, un profeta que confundió la revelación con el postureo. Aquí yace su criatura más vacía, su parábola más hueca, su sermón más autocomplaciente.
Que el polvo lo reciba, que el olvido lo cubra, que los cinéfilos de buena fe cierren los ojos y murmuren una oración piadosa por el arte extraviado. Y que los vivos aprendan esta lección final, sencilla y eterna: nunca confundáis la muerte con boutique, nunca vistáis el duelo de pasarela, y nunca —jamás— llaméis verdad a lo que no es más que panfleto político.
Que el Señor, en su infinita misericordia, nos libre del tormento de volver a verla, que nos proteja del bucle eterno de su tedio y del eco interminable de su falsedad. Que el Cine la olvide, que los proyectores jamás vuelvan a iluminar su sombra, y que los críticos sobornados encuentren perdón por haberla aplaudido.
Id en paz, cinéfilos hermanos, que el Señor nos ampare, nos guarde y nos conceda mejores películas.
Amén.








GRANDE! GRANDE! GRANDE!
Viva Don Hipólito, uno de los escasos críticos de cine que se atreve a mostrar que el emperador está desnudo.
El Emperador está desnudo… Y todo el mundo ha visto que tampoco estaba tan dotado, después de todo :D
Almodóvar es un pelma, siempre lo ha sido, tengo la sospecha que «La ley..» y «Mujeres…» le salieron por casualidad.
No creo, Don Hipólito, que se haya transformado en un decorador de interiores, si no que siempre lo fue, un hombre de gusto exquisito, solo que para hacer cine no basta con tener este, es necesario tenerlos todos.
Respetuosamente.
Pero viste la version original o la doblada, Hipolito? Porque la adaptacion al ingles es simplemente espantosa…
La pobre señora que traduce para los hermanos A es dificilmente clasificable como traductora. Su trabajo ha sido rechazado por lo.menos en tres ocasiones por las agencias americanas de talento. Lo se porque luego me los mandan a mi para arreglar y veo su nombre en el archivo word: una con Robert DeNiro por cierto…
Que pasa con esa pobre señora? Cobra la tarifa mas baja imaginable en una industria notoria ya por ser cutre y ruin…el cine español…y por tanto nunca le falta trabajo…
Si no es PA, las agencias paran ese guion en ingles sin duda algina. Pero como es Pedro toman aquellos dialogos absurdos como poesia del maestro. Da para una comedia de Woody Allen…
Almodovar suele dialogar bien,en todo caso, nunca es pretencioso. Y sin embargo, la pelicula esta llena de dialogos horriblemente pretenciosos y artificiosos como «she had carved an abyss between us» y «the people of Bosnia won our hearts» cuando no directamente demenciales / inclasificables como «I dont want to abandon the party». Cualquier español.que habla ingles sabe que decimos leave a party, no abandon…
Resultado? La peli ni siquiera ha recaudado apenas 3 millones de dolares en el mundo anglosajon, un fracaso total que es directamente debido al sub trabajo de la adaptadora de los hermanos A.
Cambiaran algo la siguiente vez? Llamaran a alguien competente que cobra un fee profesional?
No creo. Porque Spain never changes, como dijo George Borrow hace dos siglos.
Dais risa y dais pena sois tan cutres y tramposos…
Un fiasco de imagen para la industria de cine en España dificilmente remediable…
Almodóvar, woke desde los 90. Qué pesado.
Para sobrevivir en el sector del cine español, conviene ser un chapuzas, un cutre, un tramposo… eso es la verdad… No conviene tener principios ni un concepto en lo más mínimo de la profesionalidad…eso solo estorba aquí… todo bonito y barato por favor…
Estamos hablando de Pedro Almodóvar, un icono de la cultura española y va y caga su debut en inglés, para todos los tiempos de los tiempos…. para lo que decimos con SIEMPRE… para la eternidad…
Así queda LA HABITACION DE AL LADO para siempre, con unos diálogos simplemente horrorosos indignos de cualquiera, mucho menos al maestro manchego…
La industria de cine en España parece tener un salvoconducto especial, pues evita el más mínimo escrutinio publico, no? Están todos estos directores que ruedan en inglés incumpliendo con la ley de propiedad intelectual de este país, del año 87, que protege el copyright de la traducción al considerarla una obra original.
Amenábar, Bayona, Cortés, y una muy larga lista de felones que dirigen peliculas en este país…que por otra parte, están medio locos…
Pero quien lo haría además? El escrutinio, digo.
Estamos hablando de un país cuyo Estado te llama para formar parte de un comité de asesoramiento de guiones y te ofrece un tanto alzado que luego, cuando te mandan los guiones resulta que está peor pagado que el sueldo mínimo de este país…
Jerarcas y figurones, como dijo Echevarría, eso les capta muy bien… los jerarcas y figurones del cine España…
En cuanto ir al mercado internacional diciendo que has escrito un guion en inglés cuando en realidad ha pasado por otros manos, eso en mi tierra se llama FRAUDE así a secas…
Eso es THE ROOM NEXT DOOR, un FRAUDE de pelicula, con un guion escrito a 4 manos entre Pedro y su pobre traductora que muy posiblemente ha pasado tantos años aquí que su cerebro en inglés ya no le funciona… algo así…
Has dado nombres de directores felones de cine español y aseguras que están medio locos. Por otra parte, parece por lo que cuentas que conoces bastante bien ese mundillo casposo del cine patrio…Venga, no te cortes, y cuéntanos cositas, chascarrillos, secretitos, anda, por fa, de esos directores tan locos, jeje.
Amenábar, Bayona, Cortés, y una muy larga lista de felones que dirigen peliculas en este país…que por otra parte, están medio locos… CUENTA, CUENTA
Ya se lo he contado todo…
A la hora de rodar en inglés, en lugar de contratar a un guionista profesional nativo inglés con su coste equivalente, aunque fuese al final del proceso de desarrollo con una intervención mínima, estos directores españoles se limitan a encargar una traducción a un precio lo más bajo posible, mucho más bajo incluso que el mundo de la traducción literaria en el mundo anglosajón, sin crédito, ni contrato con una cesión de derechos del copyright de la traducción… un trato simplemente infame para la persona responsable por el diálogo que dice el actor en plató…
Firman el guion en su propio nombre, como si ellos lo hubiesen escrito en inglés. Sus productores, al vender los derechos en el mercado internacional, están cometiendo fraude sin duda alguna, porque están mintiendo sobre la espina dorsal de la propiedad intelectual de la pelicula, cosa que está prohibido en todos los contratos.
Pero más allá de eso, es deshonesto, es nada ético, es cutre y feo y, como es inevitable con cualquier chanchullo, de vez en cuando va a salir mal, porque es un sistema opaco que premia al traductor chapuzas en la sombra y no al profesional que exige sus derechos según la ley…
Si algún productor de teatro en Madrid montara una obra traducida al español de otro idioma sin una cesión de derechos del adaptador / traductor, con su dinero y su crédito, viene la Guardia Civil y cierran la obra…
Si un editorial saca un libro traducido al español sin una explicita cesión de derechos del traductor, pueden retirar el libro de las librerías…
Y sin embargo, en el cine, sigue este sistema abusivo, injusto y ruin, a mano de los Almodóvar, los Amenabar y 30 otros directores más…
Alguien dijo que el cine español es malo mientras no se demuestre lo contrario, excepto el de Almodóvar, que es malo aunque se demuestre lo contrario. Una boutade excesiva, que requiere la salvedad de que se ha demostrado lo contrario no pocas veces. Y se sigue demostrando, pese a Almodóvar y su similfónico y similplúmbeo Amenábar.
Saludos, Carlo….. lo que sé de Almodóvar es que es un tipo muy simple, que si no se dedicara al cine, podría deseñar muestras de IKEA por ejemplo, no?
Un señor que nunca ha abierto un diccionario en la p vida. Porque los que sabemos idiomas, y yo sé dos muy bien y tengo nociones bastante buenas de otros dos o tres, pues nosotros sabemos que las palabras entre idiomas no corresponden, hay conceptos enteros inexistentes entre dos idiomas, como por ejemplo «la sobremesa» que no existe en el mundo anglosajón (tampoco existe ni la RAE, ni la Academia de Cine por cierto, pero las dietas mandan en España)…
En ese sentido, ha encontrado su pareja perfecta en su traductora. Una tía que traduce literal, lo más literal posible, como poesía vanguardista, pero en diálogos de cine…
Un ridículo total que si la han premiado en Venecia, es porque el y su hermano dan pena son tan zafios…
Que nivelazo esto del cine español, eh?
Bueno, que la nueva hornada de directores me perdonen, no va contra ellos…
La nueva hornada de directores de cine en España, tengo esperanzas en ello/as.
Es que los de mi edad no los soporto, los detesto, me han destrozado la carrera profesional con eso de rodar guiones en ingles por 1000 euros. Me han arruinado con sus estupidas trampas, estoy en proceso de bancarota gracias a ellos. Son muy malos compañeros, y THE ROOM NEXT DOOR es obra de todos ellos juntos con su mentalidad cutre de España.. .
La generacion de Fernando Trueba y Andres Vicente eran otra cosa, estos dos señores son mas internacionales que todos estos juntos… mira que Andres les da 30,000 vuelta a los subproductores de El Deseo…y muchos nombres mas…A Fernando, siempre tengo ganas de escuchar lo que dice…me cae de p madre F Trueba, siempre ha sido asi….
Y la generacion nueva, estos si que dan esperanza. He visto una pelicula el otro dia en un pase privado que es una obra maestra, me he echado a llorar viendola, cosa que nunca me pasa…me echado a llorar…
Igual es la mejor peli española que he visto en muchos, muchos años…
Hay que creer en el relevo…esta aqui, y son otra cosa estos nuevos directores… Almodovar ya es el pasado…
¿qué película es esa que te ha gustado tanto?
Ledesma o le des meno el resultado és, aunque hilarante, siempre negativo. Y, aunque me repita, como un clon ,o un Doppelganger cualquiera, agradecería conocer que tipo de cine aprecía, si es que se da el caso que le guste alguno, claro.
Es de agradecer que le saque los colores, o hasta punta, a lo más sagrado. Pero si no creemos en nada, ¿podemos creer en todo?
El Ledesma soso si escribe artículos sobre la cultura que aprecia:
https://www.jotdown.es/2024/07/por-que-%e4%b8%89%e4%bd%93-es-la-mejor-serie-del-ano/ (Series)
https://www.jotdown.es/2025/08/la-mejor-serie-de-superheroes-del-momento-y-la-unica-con-mas-violencia-explicita-que-los-informativos-actuales/ (Series)
https://www.jotdown.es/2025/07/por-que-%e7%b6%a0%e4%b9%8b%e6%ad%8c-es-lo-mejor-que-puedes-leer-este-ano-la-cancion-de-midori-y-el-derecho-a-las-cosas-bellas/ (Cómic)
https://www.jotdown.es/2025/03/comienza-el-lunes-de-buen-rollo-con-el-regreso-de-herman-dune-y-su-disco-grabado-en-la-tumba-de-leonard-cohen/ (Música)
https://www.jotdown.es/2025/02/envidiosa-o-por-que-nos-encanta-la-mujer-quilombo-en-la-ficcion/ (Series)
https://www.jotdown.es/2024/10/no-te-deseo-lo-peor-del-rock-visceral-a-la-belleza-en-lo-roto/ (Música)
https://www.jotdown.es/2024/08/el-mejor-podcast-de-ficcion-jamas-realizado/ (Música)
Cierto, y lo sigo. Entiendo pues que su nuevo avatar, i/o reencarnación, es el ángel caido! Dios sabe que no es mi papel el de San Miguel!
Hizo películas estupendas, muy divertidas, hasta que tomó conciencia de su grandeza como artista. Ahora le salen estas mierdas pretenciosas.
La crítica divertidísima como de costumbre. La ida de olla con letra de Auserón, para llorar de la risa…
Esperamos con ilusión, su perorata de la ultima película de Jaime Rosales. No nos fallará, ¿verdad?
Uno de los himnos nacionales de Escocia, «Scotland The Brave» va asi:
Tierra del rio brillante
Tierra de mis mejores esfuerzos
Tierra en mi.corazon para siempre
Escocia la valiente…
Tierra de mis mejores esfuerzos. Me gusta eso mucho. Asi somos los escoceses. Intentamos dar todo lo que tenemos.
Pero si te tratan como una mierda, te roban tu credito y tu fee, una y otra vez, como aquellos dos cretinos millonarios como Almodovar y Amenabar han hecho y 30 figurones mas, es muy dificil dar el mejor di ti…
Son muy.malos profesionales…
Almorránar es más pesado que una ballena muerta, embarazada y con paperas. De verdad habéis acertado en indicar que se equivocó de profesión y lo suyo es ser decorador kitsch de interiores. Por no hablar de la inconmensurable pérdida de aceite de algún personaje que se digne a aparecer en sus películas. Es un «must», un peaje, un precio a pagar… Sí, siempre fue un «woke» «avant la lettre». Qué cansinez, por diox…
la crítica de Ledesma tiene garra, no lo niego. Un tío que sabe escribir desde las entrañas, desde esa mala leche que en ocasiones es necesaria para espolear a los que se duermen en el cine de autor y su bazofia cinefágica. Su estilo es de navajero: Sí, pero igual que se agradece que alguien escupa en la comida antes de llevarla a la boca, en todo caso es un texto que muerde desde el humor.
Sigo pensando que provocar, por provocar es infantil. Siempre nos hace mirar el que rompe la vajilla, para llamar la atención. Y si, los niños nos enternecen. Hasta que crecen.
Me disculpe estimado, pero su culta retórica o perorata inflamada termina por asemejarse tanto a esa película desinflada en la cual se continúa a hablar, entre de otras cosas de Vietnam. Cuando relativizamos todo nos cargamos la Historia. Si en vez de Vietman hubiera dicho Gaza, ¿habría expresado aquella frase exclamativa y sarcástica? No lo creo. Tal vez su juventud lo disculpe, pero para uno que peina canas las napalm, las matanzas de civiles, las dos atómicas, las invasiones, los bloqueos continuan a ser una vívida y horrenda injusticia que no tienen que ser olvidadas, o lo que es peor, relativizadas. Es un poco pretenciosa esa cinta, lo reconozco. Sólo el final me sorprendió. La vida continúa con sus mismos rasgos. Linda SantaBárbara de vocablos que posee, Don Hipólito. Gracias por la lectura.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Pedrooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!
Me imagino la cara de Pedro, ese señor de ego tan subido, leyendo la crítica.
Que alguien se la pase.
Por cierto, estoy de acuerdo con lo de Radio Futura, es un descojone.
Suena a un proyecto fascinante esto de destrozar las últimas obras de cinco supuestos maestros del celuloide patrio. Me encanta la idea: uno por cineasta, cinco películas diseccionadas con bisturí afilado. Mi opinión general: Bravo por la audacia. En un mundo saturado de reseñas efímeras en TikTok o Letterboxd, un enfoque tan estructurado —cinco por cinco— huele a manifiesto. .Lo que más me seduce es el potencial para revelar patrones: cómo estos cinco bodrios reflejan el estado comatoso que vive España.
¿Soy el único que piensa que a los artículos de don Hipólito y sus alter egos les sobra la mitad? A partir del tercer párrafo más o menos empieza a dar vueltas como una peonza alrededor de los mismos argumentos repitiéndose más que la cebolla. Están bien, pero estarían mejor si alguien los podase sin misericordia. Creo que eso se hacía en el periodismo en papel porque el espacio era vital pero en la era digital eso ya no importa y se nota.
Pues si lees a Thomas Bernhard vas a alucinar.
Tengo que agradecer con lágrimas en los ojos, el respaldo que, ¡al fin!, encuentro para mis opiniones, tanto tiempo expresadas en solitaria travesía por el desierto. Gracias y háganme más caso.
¡¡JAJAJAJAJA!! Sí hombre, a partir de ahora yo le voy a hacer algo de caso porque hasta ahora, ni puto…
Leyendo éste y el resto de artículos del Döppelganger, hay que reconocer que el panorama del cine español es tan desolador que desde luego se merece críticas tan crueles.
Desde luego que no soy defensor de esta película, pero creo que se está cogiendo una mala costumbre en esta publicación y es el de publicar críticas cinematográficas que son bastante faltones con el director en cuestión y no un verdadero ejercicio crítico.
Sin ir más lejos, no hay más que recordar la crítica hacia «El Cautivo» de Amenábar, también bastante sangrante, con un grado de vitriolo mayor que la que se publicó con respecto a «El Brutalista» o sobre «28 años después», por citar dos casos recientes.