Literatura

Missed in Translation

lost in
Lost in translation, 2003

0.

La primera vez que vi Lost in Translation no pensé en literatura. Pensé en Tokio, en la soledad a pleno neón, en Scarlett Johansson mirando por la ventana como si esperara que la ciudad le devolviera su reflejo. Años más tarde, cuando empecé a leer la historia de ciertos escritores hispanohablantes, la película volvió sola a la memoria. No por el amor improbable entre los protagonistas, ni por el humor torpe de Bill Murray frente a un anuncio de whisky japonés, sino por el título. Perdidos en la traducción.

No se trataba de un desajuste cultural de turistas, sino de autores que lo tenían todo menos la llave de acceso al club literario global: el inglés. Juan Rulfo, Vicente Aleixandre, Miguel Delibes… sus libros eran monumentos, pero a la hora de cruzar la frontera editorial quedaron atrapados, como si la aduana les hubiera estampado un sello invisible: “sin idioma válido”. Mientras otros autores se subían al tren del boom o del Nobel con traductores a tiempo, agentes agresivos y profesores de inglés, ellos se quedaron en tierra, mirando cómo partía el convoy.

1.

Hay escritores que lo tenían todo menos una lengua extranjera. En la literatura latinoamericana del siglo XX, nadie encarna mejor esa paradoja que Juan Rulfo. En 1955 publica Pedro Páramo y, casi de inmediato, la novela se convierte en una obra fundacional. El silencio, los murmullos de los muertos, la geografía árida: todo un continente cabía en sus páginas. Gabriel García Márquez reconocería más tarde que esa novela le dio la clave para escribir la suya.

Pero fuera de México el eco fue otro. Las editoriales estadounidenses mostraban interés, los agentes tanteaban, y sin embargo los contratos no llegaban. Había un obstáculo sencillo y devastador: Rulfo no hablaba inglés. No podía negociar con editores extranjeros, ni defender su obra en entrevistas, ni siquiera mantener una conversación básica que lo hiciera visible en ese circuito cultural donde se decidían los destinos de los libros. Mientras sus contemporáneos viajaban a París o Nueva York para consolidar sus carreras, él se quedaba en su oficina del Instituto Nacional Indigenista, cada vez más silencioso. Cuando Pedro Páramo se tradujo al inglés, la fiesta del boom ya estaba en marcha y los focos iluminaban otros nombres. El gran novelista de los muertos se convirtió, para el mercado global, en un escritor fantasma.

2.

Vicente Aleixandre tampoco pudo aprender inglés. En 1977, cuando ganó el Nobel, el jurado lo presentó como un poeta universal. Universal, sí, pero con traductores de por medio. Su poesía, llena de imágenes y complejidad, llegaba a los lectores anglosajones filtrada por versiones que a menudo simplificaban el misterio de sus versos. Aleixandre podía recibir periodistas en su casa de Velintonia, podía hablar de la Generación del 27 o de las heridas de la guerra, pero no podía viajar a Estados Unidos y dar una conferencia sin intérprete.

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7 comentarios

  1. Cuando terminé de leer Pedro Páramo me di cuenta de que sin ella no existiría Cien años de soledad. Es una literatura tan condensada (destilada?) que linda con la poesía.

  2. Siguiendo el hilo del razonamiento del autor, los escritores en español más afortunados por su dominio del inglés serían Borges y Javier Marías.

  3. Inglés se puede aprender en una academia.
    A escribir como Rulfo o Delibes, no.

  4. Es una pena que estos grandes escritores no hayan tenido el reconocimiento merecido, lo que me lleva a pensar sobre esto de saber inglés para tener visibilidad, y yéndome por las ramas se me ocurre que es muy parecido a la vejez. Empieza de a poco, en mi caso allá por los sesenta/setenta, con los Beatles especialmente; no se adueña de todo tu organismo, pero ahí está el espejo y hoy las redes, pero cuando se instala en tu vida ya no hay vuelta atrás. Entendés el mundo a mitad. Y a veces ni eso. Para colmo JD permite que retahílas de versos en inglés no lleven la traducción debida; se forma un malhadado agujero blanco después de la obligada lectura. “Cómo será cuando nos olviden de nuestro lenguaje, aquel que por geografía única supo decirnos dónde estábamos, cómo éramos y con quienes solo con el timbre y sonido de la palabras. ¿Oiremos sólo un eco o un coro de ecos que por la distancia nos llegará desafinado? Seguramente entonces seremos otros sin saber que antes fuimos nosotros”. Gracias por la lectura, estimado.

  5. Iván Batty

    Juan Carlos Onetti.

  6. Àngel Guimerà

  7. Discutible tesis. ¿El asunto es que no se triunfa en el mercado inglés por no saber inglés? ¿O es porque hemos asumido que los anglohablantes (es decir, el imperio: EEUU y GB) tienen el hábito de despreciar todo lo que no suene a anglófilo o lleve el marchamo de esa lengua imperial? Si se pierden a Pessoa, a Machado, a Miguel Hernández o a tantos miles, pues allá ellos. Yo espero seguir disfrutando de las (buenas) traducciones a mi idioma de (buenos) escritores de todos los continentes y épocas. Son el mercado y el poder, amigo, no un asunto de lenguas.

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