Somos María López (1980) y Javier de Riba (1985). En la crisis de 2009, a falta de trabajo nos salió la idea de colaborar juntos. Empezamos un proyecto de reciclaje de tablas de skate junto con Edu Pi, que es quien le puso el nombre de Reskate. Recolectábamos tablas usadas y desechadas, las recortábamos por donde la madera estaba sana y después las repartíamos entre artistas plásticos para que intervinieran sobre ellas. Este proyecto nos llevó a trabajar con más de cien pintores, ilustradores y diseñadores, y a exponer por varias ciudades europeas. Nuestro papel era organizativo, de comisariado y de carpintería. A veces interveníamos alguna tabla, pero sobre todo llevábamos la comunicación gráfica y el montaje de las exposiciones. Justamente para cada exposición desarrollábamos una imagen nueva que además rotulábamos a mano en la pared de la entrada de cada galería donde se mostraba el proyecto. De allí que comenzamos a pintar cada vez más grande y a buscar nuestro propio camino como autores. Desde entonces la gente nos conoce como «los de Reskate».

Sois dos en este proyecto. ¿Cuáles son vuestras pautas en el proceso de trabajo? ¿Qué peso adquiere cada cual en el binomio de Reskate?
Ambos compartimos todas las fases de un proyecto. Hablamos los temas que queremos tratar, sacamos ideas y nos las mostramos con bocetos muy sucios. Después nos lo vamos pasando del uno al otro para ir puliéndolo estéticamente. De este modo los estilos se entremezclan y el resultado es más interesante de lo que hubiéramos conseguido solos. Cabe decir que María está más especializada en tipografía y lettering, y Javi en ilustración, pero depende del proyecto los papeles pueden mezclarse.
Lo bueno de ser dos es que nos cuestionamos mucho entre nosotros y eso nos da seguridad al acabar. Con el tiempo hemos conseguido alejar el ego personal para crear bajo un mismo nombre y sentirnos ambos representados.
La naturaleza y, si puede decirse así, el activismo social están presentes en vuestras obras, y si se me permite, veo influencias de «cartel publicitario costumbrista» en vuestro estilo gráfico. ¿Qué es lo que os inspira?
Nuestro trabajo atrae las miradas y entendemos eso como un superpoder. Qué mejor que utilizarlo para el bien. Lo que realmente nos inspira son todas esas personas que trabajan en iniciativas que pretenden mejorar la sociedad de manera colectiva. Nosotros tratamos de poner imagen a esos impulsos y casi siempre lo hacemos con elementos naturales que se entremezclan con la composición.
Nuestras grandes referencias estéticas son el modernismo y la propaganda política, pero tratamos de pulir cosas como puede ser la manera de representar a la mujer en los carteles modernistas. En ellos normalmente se mostraba de manera pasiva, como simple reclamo atractivo. En nuestras obras tratamos de representar a la mujer como una parte activa de la sociedad.

Tenemos dos líneas de trabajo que llevamos desarrollando desde hace diez años en paralelo: una con la estética retropublicitaria que comentas (Reaction Project) y otra con pintura fotoluminiscente, donde realizamos murales que tienen dos lecturas, una diurna y otra nocturna que se complementan (Harreman Project).
En la línea del Reaction Project desarrollamos una estética que se nutre de las gráficas vintage de carteles, cajas de cerillas o incluso de cajitas de caramelos de farmacia antiguos. Es una estética que combina texto e imagen de una manera muy eficaz comunicativamente, de cuando la publicidad era bonita. Hacemos uso de esas herramientas utilizadas tradicionalmente para vender productos o atraer al individuo, para lanzar mensajes por el bien común. En estos murales encontramos dichos y refranes que nos inspiran y creemos que es importante asociarles una imagen para que se retenga mejor este mensaje. El hecho de que gran parte de nuestras obras se encuentren en el espacio público, actualmente saturado por publicidad, nos parece muy interesante.
Los murales que hacemos siempre tienen relación con el entorno y buscan reforzar la identidad del lugar, que es una parte muy importante de nuestra inspiración. No es lo mismo pintar en una ciudad que en otra. Además, si el lugar tiene una lengua minorizada intentamos hacer la intervención en esa lengua para asegurarle su espacio. En el Estado español hemos hecho murales en euskera, catalán/valenciano, galego, caló y montañés, además de en castellano. Estamos buscando la manera de completar este proyecto con murales en aranés, aragonés, asturleonés, fala de Xàlima o extremeño, árabe, tamazigh…

¿Cuál es el último trabajo que habéis pintado?
Acabamos de aterrizar de Liverpool, Inglaterra. Hemos pintado un mural fotoluminiscente en el centro de la ciudad. Ha sido un encargo del Departamento de Cultura de Liverpool y el Departamento de Transporte del Reino Unido para comunicar un proyecto de descarbonización de las carreteras en este país. Para ello hemos realizado una obra siguiendo una línea de trabajos dentro del Harreman Project que llevamos dos años desarrollando. Se trata de una serie de murales de jóvenes con la cabeza en una nube y con elementos en las manos que relacionan la pieza con historias locales.

Por la noche aparece con claridad la cabeza y la mirada de estos niños y niñas. Con esta serie pretendemos hablar de la invisibilización de sus preocupaciones, tan a menudo subestimadas. Es interesante ver que se puede tratar un tema de interés social desde un punto de vista artístico. Es una manera muy poderosa de atraer la atención de la gente, ya que cada vez estamos más insensibilizados ante tanta saturación de publicidad a nuestro alrededor.
Y supongo que tendréis «vuestro mural», ese que os marcó de alguna manera especial. ¿Coincidís en esta respuesta o tenéis cada cual vuestro mural especial?
Para nosotros cada mural tiene vinculado un recuerdo del viaje, el proceso, la gente que hemos conocido… Como normalmente producimos una edición limitada en serigrafía de cada mural, cuando cruzamos nuestro estudio de Barcelona, donde tenemos todas estas obras colgadas, se nos despiertan todos esos recuerdos. Puede que el mural más bonito tenga una mala experiencia detrás o al revés. Es difícil elegir uno. Es como elegir entre los hijos que no tenemos :D.
Por ejemplo, el primer mural que hicimos dentro de la serie de los jóvenes con la cabeza en una nube fue en Mérida (Extremadura). La idea surgió inspirada por la patrona de la ciudad, Eulalia. La historia dice que fue una niña que en el siglo IV, a los doce años, se enfrentó al poder establecido pidiendo libertad y respeto a sus creencias. El gobernador de Lusitania rechazó sus demandas y la torturó como represalia. La pasearon por las calles para que la sociedad escarmentara y se dice que en ese momento una niebla apareció para cubrir esa atrocidad. Hoy en día, cuando aparece niebla en Mérida, se le llama «la niebla de la Mártir». Se ha representado múltiples veces a Eulalia, pero casi siempre como una mujer en vez de la niña que fue. Esa invisibilización e invalidación de los jóvenes como elementos activos que deben formar parte de la sociedad es un lastre que se sigue perpetuando. Suyo es el futuro y suya debe ser también la decisión sobre el presente.

Este mural lo pintamos en La Antigua, un barrio al lado del circo romano. Durante las reuniones previas con los vecinos para realizar una propuesta acorde, el relevo generacional en el activismo del barrio se mencionó como una de las grandes preocupaciones.
De este proyecto estamos muy orgullosos del resultado, pero hay que decir que el proceso fue muy duro: lo pintamos a finales de diciembre de 2022 entre lluvias y nieblas, se nos echó el tiempo encima, nos fuimos a medio pintar para pasar Santo Tomás y Navidades en Donostia, y el 2 de enero de 2023 volvimos para acabarlo. Lo bueno es que al acabar se nos acercó una vecina anciana que vivía en frente a contarnos que hacía poco su marido había fallecido y que con ello se le despertó tal miedo que le hacía dormir con las persianas cerradas. Nos dijo que desde que empezó a vislumbrarse la cara de Eulalia por su ventana ya no las cerraba más. Nos dijo que desde entonces se siente acompañada y ya no tiene más miedo. Saber que nuestro trabajo puede abrir unas persianas es más poderoso de lo que parece. Saber que incidimos en la vida de la gente nos marca.
Hemos visto que algunos murales vuestros se pueden disfrutar en la oscuridad de la noche. Habladnos un poco de Harreman Project.
Creemos que nos hemos anticipado a tu pregunta. Pero sí, una de las partes interesantes de este proyecto es utilizar esta pintura fotoluminiscente tan especial de un modo expresivo. No solamente de manera decorativa o anecdótica. Nos parece muy poderoso el hecho de que aparezcan nuevos elementos en el mural durante la noche, de manera que la obra se puede interpretar de múltiples maneras. En su versión diurna puede generar incógnitas que se despejan al caer el sol. Por otro lado, al necesitar de una instalación de luz especial, es una buena manera de iluminar lugares oscuros de ciudades mediante el arte.

Qué supone para Reskate el que vuestras intervenciones tengan espectadores en ciudades por todo el mundo.
Que nos llamen de otros lugares del mundo para realizar nuestro trabajo nos lo tomamos como una evidencia de la internacionalidad de nuestro lenguaje artístico y de los mensajes que tratamos. Nos damos cuenta de que las preocupaciones acostumbran a ser las mismas: medio ambiente, cultura, pérdida de identidad, lucha feminista, conocimiento…
Tener murales que ahora mismo estén emitiendo mensajes que nos parecen inspiradores nos hace sentir útiles. Modificar el entorno mediante los murales nos lo tomamos como un reto con una responsabilidad enorme y ver que conseguimos que la gente se identifique con ellos, los sienta propios y los defienda nos enorgullece. Las intervenciones dejan de ser nuestras en el momento en que acabamos de pintar. Entonces comienzan a ser de los espectadores.
También habéis hecho varias exposiciones en salas, además de proyectos de diverso carácter expositivo. ¿Os encontráis más cómodos en la calle o en galerías de arte?
Nos cuesta mucho desvincular una obra del lugar donde se encuentra. No es lo mismo un cuadro en una iglesia que en un centro social. El espacio condiciona de alguna manera las obras. Es por esto que trabajar en lugares específicos, pensando una obra para un lugar, nos parece más completo. Y si es en el espacio público, un lugar de libre acceso, mejor.
Lo interesante de trabajar en la calle es que se puede traspasar la frontera del marco para conseguir sumar fuerzas con el entorno. Un ejemplo de ello sería una valla publicitaria que pintamos en Rivas Vaciamadrid. El proyecto trataba de intervenir sobre las clásicas vallas que anuncian futuras promociones residenciales. Investigando sobre esta localidad encontramos que el nombre proviene del árabe, «Faḥṣ Maŷrit», que quiere decir «campos de Madrid». Se conoce que durante el periodo andalusí, aquí estaban los cultivos que abastecían a Madrid. Pintar en esta antigua valla un «Todo esto era campo», en el escenario de grúas y construcciones residenciales detrás, es la obra completa.
En este tipo de intervenciones con estética de cartel, el mural es la obra original. Normalmente los carteles están pensados para reproducirse y situarse donde sea, pero las reproducciones de nuestros murales en serigrafía artesanal tienen un original en un lugar concreto. Como somos unos amantes de la obra gráfica, después de realizar un mural producimos ediciones limitadas con el diseño adaptado y traducido al sistema de la serigrafía. Es una manera de propagar el mensaje y que la gente se lo haga suyo en su entorno.
Hemos realizado exposiciones de nuestros trabajos, donde nos parece importante mostrar la historia que hay detrás de cada obra, no solo como una experiencia estética. En 2023 presentamos el proyecto Reaction, el de estética retropublicitaria, en la Casa Elizalde de Barcelona. El espacio nos gustó mucho porque es un centro cultural de gran reputación en la ciudad y hay un tráfico constante de gente. Allí pudimos presentar el proyecto al detalle, no solo con las obras y fotos de los murales, sino también con charlas, visitas guiadas, vídeos de procesos, bocetos e incluso la ropa que utilizamos para pintar, con indicaciones de dónde viene cada mancha de pintura. Nos pareció una exposición muy completa que acercó a la ciudadanía una disciplina artística que resulta todavía algo desconocida para el público general.
Por otro lado, el proyecto Harreman, el de pintura fotoluminiscente, nació como una exposición de serigrafías con una galería.
¿Hay algún lugar concreto en el que os gustaría plasmar vuestro trabajo? Que penséis y digáis: «joder, nos encantaría poder realizar un mural en ese lugar concreto» y por qué.
En nuestras ciudades. En Barcelona nos encantaría. Estuvimos a punto de hacer un mural de 400 m² en Sants, el barrio donde tenemos el estudio. Conseguimos presupuesto, permisos y apoyo en todo el barrio. En el momento de votar la propuesta los propietarios, un vecino que siempre se opone a todo consiguió parar el proyecto. Pensar que un vecino cruzado puede decidir una cosa que afecta a todo un barrio es muy triste, y más teniendo vecinos e incluso al Ayuntamiento de Barcelona a favor. Curioso también que el que decide si se hace o no el mural es justamente el que no lo verá desde su ventana. En Barcelona hemos pintado uno de medio formato el año pasado y de manera efímera pintamos la fachada del Ayuntamiento de Gràcia en 2017, pero el gran formato permanente se nos resiste.
En Donostia conseguimos pintar en Riberas de Loiola. Uno que ponía «Bakoitza bere garaian» (Cada cosa a su tiempo). La idea hablaba de todo el tiempo que ha tenido que esperar el barrio para conseguir mejoras, pero también de que no pudimos meter la grúa para pintar hasta que no estuviesen maduros los tomates del huerto de debajo.
Nos gusta dejar huella en los lugares que han dejado huella en nosotros. Aunque cuando nos llaman de ciudades o pueblos en los que no hemos estado nunca nos parece muy enriquecedor. Gracias a nuestro trabajo conocemos rincones que puede que nunca hubiéramos visitado y, al dejar parte nuestra, ya forman parte de nosotros.
Estamos ya muy inmersos en 2025. ¿Qué proyectos tenéis en marcha en el corto y medio plazo?
Ahora nos vamos a Breda, Países Bajos, por cuarta vez. Pintamos por primera vez allí en 2021 y desde entonces hemos vuelto para montar una expo de Reaction (2022) y también con un proyecto personal de Javi (2023), en el que pintó con un taller participativo un suelo de 400 m² en la plaza del Castillo de Breda con 120 voluntarios.
Ahora vamos a pintar un mural dentro del Stedelijk Museum para una exposición colectiva. Como María tiene miedo a volar, vamos en tren o coche siempre que podemos. Esta vez vamos en coche, así que a la vuelta de Países Bajos nos hemos organizado para hacer coincidir este viaje con otro proyecto en Reims, Champagne (Francia). Allí pintaremos un mural fotoluminiscente dentro del proyecto de jóvenes que buscan un futuro más próspero. Es la segunda vez que vamos a Reims a pintar un mural.
Más adelante tenemos un proyecto en Córdoba y otro en Jena (Alemania). En este caso será también la segunda vez que pintaremos un mural de gran formato en esta ciudad alemana. Por lo que parece, tenemos clientes satisfechos, ya que tendemos a regresar a lugares donde ya hemos trabajado. Este será nuestro mural más grande hasta la fecha. ¡Tenemos muchas ganas!












