
Bea Arthur, vestida de negro, con su característico pelo blanco y descalza, explica la receta de cordero que cocina cuando tiene invitados. Es el año 2002 y este show teatral será lo último que la actriz interprete en escena. Chistes, cotilleos de compañeros de profesión, su pianista y unas cuantas canciones. Una de ellas es la de Jenny, una sirvienta que hace camas y friega vasos en un hotelucho de mala muerte. En 1954 y 1955, Bea participó en las adaptaciones de Broadway y Off Broadway de La óera de los tres centavos, de Kurt Weill y Bertolt Brecht, aunque no interpretaría a Jenny hasta una reposición en el año 2000. Por si a alguien no le suena el nombre, Bea Arthur es la Dorothy de Las chicas de oro, siempre cargada de suficiencia y sarcasmo.
La ópera de los tres centavos fue compuesta en 1928 por Bertolt Brecht con música de Kurt Weill¹ y estrenada aquel mismo año en Berlín con su esposa, la gran actriz y diseuse, Lotte Lenya como protagonista femenina. Obtendría un éxito descomunal, pero la llegada al poder del nazismo —que incluyó a Weill en sus listas de música degenerada (Entartete Musik)— obligó a sus autores a huir de Alemania. Intriga protagonizada por mendigos, delincuentes, prostitutas y gente de mal vivir, La ópera de los tres centavos ha dado al repertorio popular dos conocidos standards, «Die Moritat von Mackie Messer» («Mackie el Navaja») y «Seeräuberjenny» («Jenny la de los piratas»). Las colaboraciones musicales de Weill y Brecht han pasado a la posteridad como una prueba de fuego para los cantantes que quieren conseguir determinado prestigio más allá de la mera farándula: Scott Walker, Ute Lemper, Sting, Nick Cave, etc.
La compañía del valenciano Salvador Soler Marí había estrenado en 1965 su adaptación de La ópera de los tres centavos, pero aquí vamos a referirnos al 4 de noviembre de 1970, cuando el Teatro Bellas Artes de Madrid presenta el espectáculo A los hombres del futuro, yo, Bertolt Brecht, basado en los poemas y canciones del dramaturgo alemán e inspirado en el show de la italiana Milva. Fernando Fernán Gómez se responsabilizó de las lecturas poéticas y Massiel fue la intérprete de las partes musicales, recogidas en disco dos años después2. Las adaptaciones corrieron a cargo del dramaturgo Lauro Olmo y son las que habitualmente se interpretan en castellano cuando se canta a Weill y Brecht. Existen versiones más recientes como la de Víctor Manuel, Miguel Ríos y Miquel Desclot para un disco de Miguel Ríos y Ana Belén3.
Fregando aquí y allá
«Jenny la de los piratas» («Seeräuberjenny») es una pieza fuerte para las voces femeninas que han interpretado a Weill y Brecht. Dentro de La ópera de los tres centavos puede cambiar de personaje y de lugar en la representación. Es una canción con cuatro estrofas de complicada estructura tanto literaria como musical. Los cuatro primeros versos son informativos: primero de la actividad de Jenny, y luego de los sucesos en el puerto y la ciudad que constituirán el núcleo de la historia. Una frase que se repite sirve al letrista y sus traductores para, a continuación, crear un suspense que va a aumentar con los dos versos siguientes, que en la versión de Olmo se constituyen en forma de preguntas. Las acciones y reacciones de Jenny serán la cuarta parte mientras la melodía va evolucionando siguiendo los conceptos y añadiendo expresividad a la narración. La presencia del terrible barco pirata en el estribillo servirá de conclusión.
Espigando internet, encuentro un blog donde adjudican a Nina Simone la adición del adjetivo «negro» al amenazador navío («black freighter»), que no existe en la letra original alemana, deduciendo que era una referencia de la pianista al Black Power. Por el contrario, se trata literalmente de la conocidísima adaptación al idioma inglés de Die Dreigroschenoper que llevó a cabo para su estreno en 1954 un compositor y letrista singular, Marc Blitzstein4, uno de los pocos personajes públicos que, a mediados del siglo XX, se declaró abiertamente gay. Las suyas han sido las letras standard que han interpretado desde Louis Armstrong hasta Steeleye Span, pasando por Bobby Darin, Nina Simone, Frank Sinatra o la misma creadora del personaje, Lotte Lenya, protagonista también de su presentación en Broadway.
Como toda la Groschenoper, la canción de Jenny es una crítica al sistema social de castas y denuncia las frustraciones, injusticias y conflictos que genera entre las personas que tienen la supervivencia como única finalidad de su existencia. La historia de Jenny es la de tantas personas explotadas e insatisfechas que sueñan, desean y necesitan escapar de esa situación. En su caso, su enorme rabia y frustración le conducen a una venganza sangrienta, aunque la canción no nos explica si esta tiene lugar en la realidad o son meros deseos de una persona con una vida sin horizontes. ¿Una historia de rebeldía o una denuncia de la alienación de las clases populares?
Para simplificar las cosas y en honor a la estupenda adaptación de Lauro Olmo y la increíble interpretación de Massiel, vamos a fijar la atención en la versión que ha quedado como clásica en castellano. Olmo traduce de manera literal el vocativo que, según la RAE, designa a una «persona respetable, de cierta categoría social» y cierta edad: «Señores», manteniendo el masculino de Brecht. Por algún extraño motivo, Víctor Manuel lo convierte en un «¡Ay, señoras y señores!» que quizás no hace sino debilitar la intención de la tirada de Jenny, la criadita obligada a proporcionar confort y bienestar para los demás como forma de vida. «¡Oh, señores, hoy así me veis fregando aquí y allá y deshaciendo camas!», canta Massiel. La protagonista se queja también de la miserable propina que recibe, «tres centavos», que le condenan a una situación de dependencia y a asumir una actitud servil. Precisamente su monólogo musical va a expresar su rebelión y su sed de venganza. Ella nos dice que, aunque viste de andrajos y trabaja en un establecimiento miserable, tiene un secreto que le da fuerza y esperanza en su vida también miserable: «Ignoráis quién soy yo de veras», afirma en la segunda parte musical de la estrofa, un desafío que se va a repetir a lo largo de la canción.
Y es que Jenny nos avisa de que se va a alterar el curso de la vida, no dirá exactamente cómo ni cuándo, pero le oímos profetizar que «Una tarde en el puerto gritarán». Brecht/Olmo han conseguido intrigarnos. «Me verán aparecer en la ventana» continúa en un verso que la versión original alemana dice: «Me verán sonreír junto a mis vasos»5, que mantiene la idea de servidumbre, mientras que la ventana de Lauro Olmo nos habla de ese resquicio en las construcciones por donde entran el aire, la luz, la salud y tal vez la libertad.
Con velas y cañones
Cuando llega el estribillo, Jenny canta que «Con velas y cañones, una nave pirata en el muelle entrará». Brecht, por su parte, especifica que lleva ocho velas y cincuenta cañones («Und ein Schiff mit acht Segeln / Und mit fünfzig Kanonen»), comunicándonos la idea de fuerza y poder. En cambio, su protagonista sigue recibiendo órdenes: «Me han dicho: “Seca los vasos, muchacha”, y me han dado de propina un real», es decir, una moneda anticuada ya en 1970 para insistir en la idea de la pobreza extrema de la joven. El original dice «penique» porque la acción de Die Dreigroschenoper tiene lugar en la Inglaterra del XVIII. Hablamos de un dinero y una servidumbre que Jenny se ve obligada a aceptar a pesar de sus previas amenazas y jactancias. «Me embolsé la moneda», dice, con lo cual casi nos asegura que está fantaseando y que ella misma sabe que no va a pasar nada porque lo único que es cierto es que necesita ese paupérrimo real. Pero sigue trabajando y cantando con un convencimiento extraño: «Y fui dispuesta a hacer una cama que ninguno mañana deshará» continúa haciendo reaparecer sus ¿premoniciones, deseos o amenazas? y el espectador se pregunta: ¿Qué es lo que va a pasar para que nadie se acueste en una cama recién hecha?
Acto seguido, Jenny fanfarronea de nuevo sobre su supuesta identidad secreta y pregunta directamente: «¿Quién soy yo? No hay ninguno que lo sepa». ¿Se trata de una engañifa? ¿Lo hace con una intención determinada? ¿Lo descubriremos a lo largo de la canción? ¿Es simplemente un recurso musical? En alemán, esta segunda vez aparece ya la ventana, pero adquiere una traza amenazadora. Jenny está de pie y no asomada, sino detrás, como emboscada. La frase completa es: «Und man wird mich stehen sehen hinterm Fenster / Und man sagt: Was lächelt die so bös?». Según la traducción inglesa de la versión grabada por Lenya para CBS6: «Y me verás de pie detrás de la ventana y preguntarás: ¿Por qué sonríe con tanta maldad?»7. Olmo se salta precisamente este verso, que es donde Brecht nos descubre que Jenny no es la pobre chica que hace camas por unas pocas monedas, sino que, en efecto, oculta aviesas intenciones. Su adaptador castellano prefiere conectar directamente a la protagonista con la cotidianeidad alterada, el jaleo en el puerto y la llegada de los piratas: «Me verán aparecer en la ventana y se dirán, “Algo sucede allí”». Ya no es una pregunta, sino una constatación.
«Destruirá la ciudad», dice sobre el barco pirata en la repetición del estribillo. Y continúa una tercera estrofa que Olmo lleva más lejos que Brecht: «Oh, señores, cuando sintáis cómo cruje la ciudad, os daréis por muertos», frente a «Meine Herren, da wird wohl Ihr Lachen aufhören / Denn die Mauern werden fallen hin / Und am dritten Tage ist die Stadt dem Erdboden gleich». Más o menos: «Señores, sus risas seguramente cesarán porque los muros caerán y al tercer día la ciudad será arrasada», según la citada traducción inglesa del disco8. Sin embargo, hay una excepción: «Este albergue quedará en pie aún entre escombros, entre sucias ruinas y miseria». Se repite el tema de la pobreza añadiendo el de la destrucción. La pregunta queda en el aire: «¿Quién vive allí?». Por cierto que Brecht ha indicado que es «Un hotel andrajoso» («Nur ein lumpiges Hotel»).
¿Y Jenny? ¿Cómo está capeando Jenny la destrucción? Escuchamos a Massiel declamar la frase «Hacia el alba me verán ir por la calle». Personalmente, me gusta mucho la versión inglesa de Marc Blitzstein cuando dice: «Y me veréis salir a la mañana muy guapa con una cinta en el pelo»9. La pobre fregona —que vamos a descubrir es una sanguinaria asesina— se preocupa de disfrutar su libertad y su venganza sintiéndose, además, bella. En alemán dice que sale por la puerta («der Tür»), lo que nos brinda esa sensación de liberación que connota una puerta abriéndose, lo mismo que el movimiento de una persona al salir o la luz del nuevo día que trae consigo un comienzo. A continuación, una pregunta: «¿Quién es la que va ahí?», otra referencia a la identidad secreta de Jenny con una pequeña diferencia respecto al original que aclara que el hotel sigue en pie porque es precisamente ella quien vive allí.
La venganza de Jenny
Pronto sabemos que, victorioso, «el navío pirata la bandera alzará» («Wird beflaggen den Mast», en el original). El monólogo de Jenny continúa exaltado cuando «cien hombres armados, tendiendo emboscadas, hasta aquí mismo vendrán». Estamos ya en la última estrofa y la rabia concentrada de una pobre chica trabajadora resulta imposible de disimular. Hasta ahora la canción era una mera descripción desde el punto de vista de una narradora no fiable. Ahora entramos de lleno en el marasmo de la maldad, el odio y el ajuste de cuentas: su rebelión contra su dura vida, pobre y servil. Y sigue: «A todos prisioneros los harán». La pequeña diferencia con el original, que explica cómo irán puerta por puerta, no impide entender lo que está pasando para conducirnos al momento crucial: «atados aquí ante mí los traerán».
En este momento de su narración hemos descubierto que Jenny sí que va a ser alguien importante en la ciudad, pero seguimos sin saber si es ensoñación, deseo… ¿O al final va a resultar que estábamos en la dimensión de lo real? «Y me preguntarán “¿A quién cortamos la cabeza?” Y el cañón entonces callará y alguien me preguntará “¿Quién debe morir?”». Una serie de preguntas decisivas —la última recitada, no cantada, por Massiel— dirigidas a alguien que hasta ahora se dedicaba a tareas serviles, cotidianas y socialmente despreciadas. La respuesta tiene toda la crueldad del odio y el resentimiento: «Y entonces se me oirá decir: “¡Todos!”» y concluye con un toque de sadismo y frivolidad presentes tanto en Brecht como en Blitzstein y Olmo: «Por cabeza cortada iré exclamando “¡Hurra!”», dice Massiel convertida en Jenny que, para expresar la satisfacción por el desquite y el triunfo definitivos de su personaje, elige una desconcertante emisión de voz menuda y casi infantil en vez del alarde vocal melodramático y declamatorio del que ha hecho uso en toda la canción. Parece que lo diga por encima del hombro, sin molestarse a volver la mirada: la muerte de sus antiguos amos no le afecta en absoluto.
Y el final: «Con velas y cañones el navío de Jenny dejará la ciudad»: es la propietaria y puede huir tanto de su vida pedestre y mísera como de la masacre que ha perpetrado, pero seguimos dudando si es su imaginación la que le ha brindado esa manera de escapar de su vida atareada, sucia y despreciada por medio de un barco metafórico y destructor.
Notas
(1) Die Dreigroschenoper es la adaptación de una obra inglesa de 1728, Beggar’s Opera, de John Gay, basada en personajes reales del hampa, que fue traducida al alemán por Elisabeth Hauptmann.
(2) Sobre la reedición de un disco que durante décadas fue inencontrable. Sobre Olmo,
(3) Ana Belén & Miguel Ríos Cantan a Kurt Weill. RCA – 74321 692732 (1999).
(4) Un primer estreno tuvo lugar en Broadway en 1933, pero se mantuvo pocos días en cartelera. Sobre Blitzstein.
(5) «Und man wird mich lächeln sehn bei meinen Gläsern».
(6) Kurt Weill/Lotte Lenya: Die Dreigroschenoper, solistas, coro y orquesta dirigida por Wilhem Brückner-Rüggeberg (textos y traducciones de Georg Kaiser y Pierre Malbas, 1982). Completado con Berlin Theatre Songs. Paris CBS 78279 US M2 37864, CBS Masterworks (1958/1982).
(7) «And you’ll see me standing behind the window and you’ll ask: why does she smile so wicked?»
(8) «Gentlemen, your laughter will certain stop, for the walls will come tumbling down, and on the third day the town will be razed to the ground».
(9) «And you’ll see me stepping out into the morning looking nice with a ribbon in my hair».







