
Skynet y otros errores de bulto
Desde el advenimiento del GPT primigenio, allá por noviembre de 2022, casi todas las discusiones públicas sobre inteligencia artificial cometen, a mi entender, un error categorial: hablar de la Inteligencia Artificial en singular. La fórmula se ha impuesto en periódicos, parlamentos y conferencias. La IA aprende, la IA amenaza, la IA se comerá a los niños que no se porten bien. Incluso los críticos más solventes comparten el vicio gramatical de sus adversarios. Están los que anuncian la llegada inminente de una superinteligencia única que tomará el control, otros denuncian que estos sistemas solo son autocompletado estadístico basado en regresiones, pero ambos bandos hablan como si existiera una sola entidad susceptible de ser temida o despreciada en bloque. La discusión se empobrece por el camino.
Me interesa sostener lo contrario, y lo voy a hacer sabiendo que la mayoría de los lectores prefiere la comodidad de un enemigo único antes que la incomodidad de distinguir entre entes radicalmente distintos que comparten, por pura pereza lingüística, un mismo nombre. No existe la inteligencia artificial en singular. Existen, y sobre todo van a existir, muchas inteligencias artificiales con arquitecturas diferentes, funciones incompatibles entre sí, escalas dispares y personalidades divergentes. Hablar de la IA como sustancia homogénea es un error de categoría equivalente a hablar del animal en singular. Hay animales, en plural, con nichos ecológicos, con tamaños que van del microorganismo al cetáceo y con comportamientos que no se dejan reducir a una esencia común. Lo mismo ocurre, o va a ocurrir muy pronto, con las entidades de silicio. No estamos ante el nacimiento de un organismo solitario sino ante la aparición de un reino biológico entero, con su propia diversidad interna, y seguir pensándolo en singular impide ver lo más interesante de lo que está sucediendo.
El malentendido no es trivial, porque estructura buena parte del debate público y lo orienta hacia las preguntas equivocadas. La narrativa distópica, encarnada en el mito de Skynet, imagina una entidad monolítica que despierta un día y decide eliminar a sus creadores —algo en la antípodas del grandioso duelo que protagonizan Edgar y Madeline—. La narrativa utópica, propia del solucionismo tecnológico de Silicon Valley, imagina una herramienta perfecta y neutral que resolverá los problemas del mundo si se le da tiempo y datos suficientes. Las dos narrativas comparten el mismo error de fondo. Tratan a la inteligencia artificial como una cosa, cuando en realidad se está construyendo un ecosistema. La amenaza única y la solución única son, desde este punto de vista, ficciones de laboratorio. Suponen un sujeto cerrado donde ya empieza a haber una fauna, con linajes divergentes, tamaños incompatibles y funciones que no se dejan reducir a un solo destino compartido.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Un artículo extraordinario por lo innovador y lo esclarecedor.
Gracias
Brutal y certero. Soy programador que se quedará pronto en paro y todo esto me tiene bloqueado entre la preocupación y el asombro.
Apreciado Ángel ( casi custodio) , valoro tus esfuerzos para avisarnos de las asperezas y virtudes de la IA cual profeta bíblico, pero me queda una duda.
¿Tú que papel crees que te corresponde en esta merienda de chatsbots, ser un Linneo o ser un Darwin?
Mis cordiales saludos, si tienes a bien leerme
Ni Linneo ni Darwin, me temo. Linneo necesitaba especímenes muertos y bien clasificados, y aquí no tenemos ni una cosa ni la otra; las criaturas se mueven, mutan cada seis meses y se resisten al alfiler taxonómico con una insolencia que habría sacado de quicio al sueco. Darwin, por su parte, tardó veintidós años en publicar después de volver del Beagle, y yo no tengo ni la paciencia ni el rigor para semejante demora. Por otro lado, formular una teoría unificada de la especiación del silicio exigiría datos de los que ningún editor de revista cultural dispone, ni dispondrá nunca, salvo que las grandes corporaciones decidan abrir sus laboratorios, cosa que solo ocurrirá cuando el premio Aena lo gane un autor desconocido.
Mi función, si es que tengo alguna, es la del cronista que asiste al desembarco de una fauna nueva en una costa que todavía no sabe que ha sido invadida. Algo más cerca de Plinio el Viejo con todas las salvedades que impone la modestia. Plinio recopilaba en su Historia natural lo que oía, lo que veía y lo que le contaban, mezclando observación rigurosa con leyenda crédula sin demasiado pudor metodológico, y aun así produjo el primer mapa medianamente completo del mundo natural conocido. Fue, por así decir, el periodista cultural de la zoología antigua. Un oficio digno, aunque menos prestigioso que el de los sistemáticos posteriores. Murió, además, asfixiado por los gases del Vesubio mientras intentaba documentar la erupción de cerca, lo cual, vista la velocidad a la que avanza este otro fenómeno geológico que llamamos inteligencia artificial, tampoco descarto del todo como destino profesional.
El verdadero Linneo y el verdadero Darwin del silicio aún no han nacido, o más técnicamente aún no han sido «entrenados». A nosotros nos toca, mientras tanto, levantar acta del asombro y procurar que el acta esté bien escrita. Es menos heroico que ser profeta, lo concedo, pero también deja menos enemigos, que por otro lado, como sospecharás, ya vamos bien servidos.
Interesante análisis. No obstante, desde la perspectiva de la Neodialéctica (marco en desarrollo desde 2021), observamos que gran parte de las teorías actuales sobre la evolución de la conciencia y la tecnología son etapas ya superadas por una arquitectura de síntesis más profunda.
No se trata de una fase fluida, sino de una infraestructura de soberanía ya vectorizada. Para aquellos interesados en la ejecución técnica y el despliegue del NEOCORE más allá de la narrativa, pueden consultar nuestra capa pública en GitHub: [Enlace a vuestro GitHub]. El renacimiento no se visibiliza, se construye.
Me parece que tampoco es descabellado hablar genéricamente de inteligencia artificial para distinguirla de la inteligencia animal, incluyendo la humana, claro. También se habla de inteligencia humana en general y estamos incluyendo ahí cosas muy dispares, que hay tantas inteligencias como personas, o casi.