Cine y TV

Flashforward: el desmayo de la humanidad

Flashforward
Flashforward. Imagen: ABC.

Atención, contiene spoilers.

De repente te desmayas. No estás enfermo, no llevabas unos días encontrándote mal, no has tenido ningún síntoma previo. Simplemente, y sin avisar, tu cabeza funde a negro mientras bajas la basura, conduces hacia el trabajo, coges un vuelo a Singapur o pruebas las lentejas para ver si les falta sal. El mareo dura exactamente dos minutos y diecisiete segundos, y en ese tiempo ves dónde vas a estar y experimentas lo que vas a sentir, justo seis meses después; como un viaje relámpago de ida y vuelta que te lleva a asomarte por la mirilla del futuro cercano.

Esa es la premisa con la que empieza Flashforward, una serie que cayó fulminada —perdón por la broma fácil— tras su primera temporada. Y no es que fuese decepcionante, ¡al revés! Tenía todos los ingredientes que hacen salivar a quienes nunca dicen «no» a los dilemas y paradojas espaciotemporales, por muy chapuceros que estos sean, ni a las distopías de serie B donde una tecnología recién nacida y de la que todavía no se conocen a fondo sus riesgos se sale de madre y pone en jaque a la especie humana. Sin embargo, y a pesar de todas sus buenas intenciones (subtramas de alcoholismo, amores imposibles y un villano egocéntrico que es buenísimo jugando al ajedrez), Flashforward fue incapaz de transformar una idea bastante original en una historia sólida y entretenida que tuviese recorrido más allá de los únicos veintidós episodios que se emitieron.

Ah, por cierto, no te lo he dicho. El desmayo no te ha pasado solo a ti, no eres tan especial. Toda la humanidad —o casi toda, ahora lo veremos— se ha quedado inconsciente durante los mismos dos minutos y diecisiete segundos, y en ese lapso se han desplomado aviones, descarrilado trenes y estrellado incontables coches. De hecho, el cuarto episodio abre con una sublime escena a cámara lenta, a la altura del mejor Terrence Malick, donde un autobús urbano pierde el control con el conductor y todos sus ocupantes desmayados mientras suena «It’s Oh So Quiet» de Björk y hay gente muriendo atropellada sin saberlo.

En este punto es normal que te surjan un montón de preguntas, y probablemente una de las primeras sea si todo este alboroto ha desembocado por fin en el colapso del sistema y ha dado lugar a formas alternativas y no explotadoras de organización social. Lamento decirte que no. En la serie se habla de más de veinte millones de muertos, pero parece que hace falta algo más para que el capitalismo financiero neoliberal se desmorone. De hecho, es una megaélite de científicos y paramilitares superricos la que ha organizado todo el tinglado del desmayo para sus fines espurios, y que se libra de él porque tiene unos anillos cuánticos superhorteras. Vamos, el uno por ciento del uno por ciento manejando el cotarro a costa del sufrimiento del resto. Nada nuevo bajo el sol.

Flashforward
Flashforward. Imagen: ABC.

Otra cuestión que quizá también se te haya pasado por la cabeza es si hay alguien que no ha tenido la visión de su futuro. ¿Hay alguien que no ha visto nada? Pues sí, hay un montón de gente que al ser preguntada por su visión baja la cabeza y se siente avergonzada, da una respuesta esquiva o miente. No han visto nada, están asustados. Normal. Aunque sus amigos y familiares intentan consolarlos diciéndoles que dentro de seis meses estarán dormidos, ellos saben que el motivo es mucho más obvio: no vivirán para entonces, y por eso su visión es tan negra como la túnica de la muerte.

Los no visionarios se convierten automáticamente en unos apestados que infunden compasión y temor a partes iguales. En seguida se los conoce como los ghosts (fantasmas), y es que realmente se han transformado en una especie de horda autolesiva triste y temeraria que intenta llevar el carpe diem al extremo. Incluso se organizan entre ellos y forman su propia sociedad secreta —Mano Azul—, algo así como una rave constante en la que corren la juerga y las drogas, y donde no hay ni un segundo que perder.

El desmayo ha sucedido en todos los rincones del mundo, pero por alguna razón es el FBI, y únicamente el FBI, el organismo encargado de investigarlo. Y aquí aparece uno de los detalles en los que se nota que Flashforward es hija de su tiempo. En 2009, el asunto de la privacidad y la protección de datos online eran una tierra aún inexplorada, y por eso a los señores encorbatados del FBI se les ocurre crear MOSAIC, una base de datos gigantesca donde, a través de una web, cualquiera puede introducir lo que vio durante el mareo dando su nombre, su dirección e incluso subiendo una foto.

¡Ay, los primeros 2000! Quién nos iba a decir que esos años de webs torticeras montadas con Flash, correos de Hotmail, SMS y móviles con politonos iban a ser la cúspide del bienestar social en Occidente. Entonces a nadie se le ocurría dudar de que la Tierra es redonda; la gente compraba revistas y periódicos en papel (incluso existían, qué excentricidad, sitios específicos donde los vendían); Donald Trump solo era un millonario extravagante que hacía algún cameo en sitcoms de segunda fila; y aún había margen de sobra para salvar al planeta del desastre climático.

Por aquel entonces también se había inaugurado en Suiza el acelerador de partículas, y empezó a correr el rumor —salido de la clandestinidad anónima de los foros, que era el lugar al que quedaban relegados los bulos, la desinformación y las conspiraciones— de que trastear con partículas subatómicas para entender qué pasó en el big bang podría abrir un agujero negro que nos engulliría a todos y a todo en menos de una milmillonésima de segundo. Y es justo en esta fascinación temerosa por las posibilidades que promete una tecnología tan potente y compleja sobre lo que arma la historia original el escritor canadiense Robert J. Sawyer, y de lo que bebe después la adaptación televisiva de Flashforward.

No obstante, detrás de la irrupción testimonial de esta historia en la pequeña pantalla hay algo mucho más mundano. En 2009 la cadena ABC llevaba cinco años viviendo del pelotazo de Perdidos —este sí, un fenómeno tan planetario como el desmayo—, a la que ya solo le quedaba una temporada para terminar. Encontrar un sucesor a la altura de un producto con tantísimo éxito es prácticamente una quimera, y a pesar de que ABC rescató de la isla a algunos secundarios, fracasó en el intento de reeditar su impacto.

Han pasado los seis meses. Ya es el futuro. El momento que millones de personas vieron durante el desmayo se acerca. ¿Será el fin? Para empezar, lo que vieron no era un sueño ni una fantasía de sus cerebros. Era real, se ha cumplido. Hubo muchos que se opusieron a su visión, que se negaron a aceptarla, que creyeron estar remando en la dirección opuesta y se esforzaron en tratar de evitar o cambiar su destino. Pero no. Todas sus acciones y decisiones los han conducido exacta e inexorablemente a lo que ya les fue anticipado.

En el acelerador de partículas empieza la cuenta atrás. Las escenas se suceden rápidamente mientras suena una melodía tensa. Las luces parpadean y la imagen tiembla. Hay secuencias a cámara lenta de gente corriendo y papeles volando. Una recreación digital muy conseguida de lo que parece un átomo explotando nos da a entender que se ha producido un nuevo desmayo, y nos lo confirma el plano general de la Tierra recorrido por una onda expansiva como un tsunami. Ahora la música cambia a una balada indie rock melancólica y aparecen imágenes del Taj Mahal, el Kremlin y grandes espacios públicos llenos de gente desplomada, coches siniestrados y mascotas deambulando solas. De nuevo, unos pocos elegidos con el anillo hortera se libran del mareo, y se muestran visiones aleatorias que nos dejan la miel en los labios de cara a una segunda temporada que nunca se grabó.

Flashforward
Flashforward. Imagen: ABC.

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2 comentarios

  1. La idea era buenisima. La ejecución fue bastante pobre. Una pena, aunque yo la disfruté (en privado y en silencio).

    Creo recordar que el futuro se podía cambiar , ¿no? Que incluso alguien se suicidaba porque no le gustaba lo que veía sobre su futuro, y para forzar que no ocurriera se quitaba la vida. ¿Puede ser?

    Por cierto, nada que ver con esta, pero otra serie que merece ser vista y que también duró poco: Counterpart.

  2. No había ni oído hablar de esta serie, parece interesante, pero por lo que cuentas se quedó en agua de borrajas.

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