
El 26 de abril de 1937, entre las 16:20 y las 19:40 horas, veintisiete bombarderos y treinta y dos cazas de la Legión Cóndor nazi bombardearon el pueblo de Gernika, causando miles de muertos y la destrucción de más del ochenta por ciento de los edificios. Entre mayo y junio del mismo año, respondiendo a un encargo de la República española para la Exposición Universal que iba a celebrarse en París ese mismo 1937, Pablo Picasso pintó el Guernica. El 10 de septiembre de 1981, el cuadro llegó a España, siguiendo las instrucciones del pintor, que señaló que el cuadro debía volver a su país una vez tuviera un gobierno democrático. En 1992 se trasladó ya de forma definitiva al Museo Reina Sofía. En esos once años estuvo expuesto en el Casón del Buen Retiro, adscrito al Museo del Prado.
En 1997, el Museo Guggenheim solicitó el préstamo del cuadro para su inauguración, prevista para ese mismo año. Por razones técnicas, se denegó el préstamo.
En marzo de 2026, Imanol Pradales, lehendakari del Gobierno vasco, solicitó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el préstamo del Guernica de Picasso al Museo Guggenheim de Bilbao del 1 de octubre de 2026 al 30 de junio de 2027, con motivo del nonagésimo aniversario del bombardeo de la ciudad. El presidente del Gobierno señaló al lehendakari que, desde su Gobierno, se trasladara la cuestión formalmente al Ministerio de Cultura. Ese mismo mes, Ibone Bengoetxea, vicepresidenta y consejera de Cultura del Gobierno vasco, solicitó formalmente a Ernest Urtasun, ministro de Cultura, el préstamo, y este se comprometió a realizar las consultas pertinentes para estudiar si era viable mover el cuadro. El 7 de abril, el senador Igotz López, del PNV, preguntó en el Senado a Ernest Urtasun, ministro de Cultura: «¿Por qué se niega a estudiar las condiciones necesarias para materializar el traslado temporal del Guernica a Euskadi, tal y como ha planteado el Gobierno Vasco?». Urtasun respondió señalando los informes técnicos que señalan los numerosos riesgos para el cuadro que conllevaría el traslado y que lo desaconsejan de forma tajante.
Hay muchos focos desde donde analizar esta reiterada petición. Empecemos con lo que casi podría ser una anécdota: las fechas. Las solicitudes de préstamo de obras de gran peso patrimonial, artístico o simbólico se suelen realizar con al menos un año de antelación, como poco. Pedir en marzo para octubre del mismo año el préstamo de una obra como el Guernica, a cuya calidad, simbología y peso en el discurso expositivo del Reina Sofía se suma el gran tamaño del mismo, es sencillamente ridículo. Los técnicos y directivos del Guggenheim saben perfectamente que, con esos plazos exiguos, es imposible gestionar el traslado y todo lo que conlleva: seguros, diseño de transporte, análisis de sala y numerosos informes. Todo esto es sencillamente imposible hacerlo en apenas seis meses. Y, como diría aquel, lo saben. Tampoco resulta creíble que el equipo del museo bilbaíno no haya trasladado al Gobierno vasco la imposibilidad de gestionar el préstamo en tan corto plazo. Entonces, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué piden algo que saben que no van a conseguir? Algunos podrían apuntar al intento de crear otro agravio comparativo con el Estado, que tanto gusta a los nacionalistas. Pero, sin unas elecciones a la vista en el País Vasco, dudo que la cosa vaya por ahí. Intuyo que lo que quieren precisamente es controlar bien los plazos. Los noventa años del aniversario, pese a ser una fecha con cierto peso simbólico, no son una efeméride redonda. Tiene más sentido que lo que se busca sea abrir el debate de cara a los cien años de celebración. De hecho, la pregunta del senador del PNV va por ahí: le pide al ministro «estudiar las condiciones necesarias para materializar el traslado temporal del Guernica». O lo que la consejera vasca de Cultura le pide también al ministro: un informe que analice bajo qué condiciones sería posible mover el cuadro y trasladarlo temporalmente a Euskadi. Si ya es imposible cumplir plazos para un préstamo «normal», si encima hay que estudiar esas condiciones, el mes de octubre es absolutamente inviable. Tiene toda la pinta de que lo que el Gobierno vasco quiere realmente es conseguir ese préstamo para dentro de diez años. Curiosa forma de empezar una negociación. Veremos si en estos años el Guernica se convierte en otro agravio electoral para los nacionalistas.
Otro foco, que también tiene mucho que ver con la forma de gestionar desde el nacionalismo, es el lugar para el que piden el préstamo, Bilbao. Esto está vinculado directamente con el argumentario que dan para la solicitud: «Sería un gesto de memoria histórica y reparación simbólica hacia el pueblo vasco». Empecemos por lo básico: Gernika no es Bilbao. No hace falta un doctorado en geografía para darse cuenta de esto. Si se quiere recordar el bombardeo, el cuadro debería ir a Gernika. La excusa de que no hay un espacio con las condiciones necesarias para albergar el cuadro, si bien es cierta, no es un muro infranqueable si se quiere, ni mucho menos. Y el peso simbólico con el que reclaman el traslado sería completo y coherente. Desde el Gobierno vasco son conscientes de esta incongruencia y por eso han creado una extraña efeméride para envolver la petición: los noventa años del bombardeo se juntan con los noventa años del primer Gobierno vasco, que tuvo su sede en Bilbao. También podrían haber añadido a la efeméride los noventa años del fallido Pacto de Santoña, por el cual miembros del PNV se rendían a los militares italianos que servían a Franco porque ellos «no se batían por la República, sino por la libertad de Euskadi». Esto también es memoria histórica. Más allá de la doble voltereta argumental para justificar la petición del préstamo a Bilbao y no a Gernika, resulta ya cansino lo de la reparación histórica al pueblo vasco. Gernika se bombardeó porque la zona estaba controlada por la República española, no por ser territorio vasco. Se bombardeó Gernika como se masacraron muchos otros pueblos y ciudades en todo el territorio. Además, fue la República española la que encargó el cuadro y fue un artista español el que lo pintó. El agravio, el drama, el dolor y la memoria es algo compartido por todo el país, no va por comunidades, ni pueblos, ni barrios, ni códigos postales. No seré yo quien defienda el centralismo de la ciudad con más cañas y menos exparejas por metro cuadrado de toda España, pero tiene todo el sentido que el Guernica esté en el Reina Sofía.
Y además tiene todo el sentido que el cuadro esté y no salga del museo, ni a Gernika, ni al Guggenheim ni siquiera al MoMA de Nueva York, que lo solicitó en el año 2000 y al que le fue también denegado el préstamo. Se trata, por un lado, de la pieza más importante de la colección del Reina Sofía y, por otro, de la obra que articula y estructura el discurso narrativo y artístico del museo, que gira, consciente e inconscientemente, en torno a la obra —y a la sombra— del Guernica. Dejar esa pared vacía no sería solo un problema museográfico —un problema sin duda menor—, sería un problema de discurso museológico muy difícil de solventar y justificar durante casi un año, salvo que se tratara de trabajos de restauración, que, por otra parte, difícilmente durarían tanto tiempo. Por no mencionar las pérdidas de visitantes que conllevaría perder la pieza señera, sobre todo en un territorio con tanta competencia museística como Madrid. Y no olvidemos que parte de las cuentas de museos como el Reina Sofía o el Prado depende de los ingresos de taquilla. Estamos hablando de un cuadro inamovible para este o para cualquier otro centro de arte. Más allá de los riesgos físicos para el cuadro, el Guernica no se debe mover por los mismos motivos por los que la Gioconda no sale del Louvre.
Pero no olvidemos que, si quitamos de la ecuación los argumentos expuestos en este artículo, sigue quedando el principal. El Guernica ha hecho más de treinta viajes, muchos de ellos enrollado, lo que ha dejado la pintura en un estado de extrema delicadeza que dicta su permanencia e inamovilidad bajo una constante supervisión técnica de mantenimiento. No se trata de una obra oculta, ni siquiera tras un cristal. No hace falta moverla para poder contemplarla y entender el grito contra la violencia, contra las violencias, que Picasso plasmó como respuesta al fascismo y al odio.
La del lehendakari es una petición mucho más política que cultural. Se pretende usar un cuadro de una simbología enorme, universal, que va más allá no ya del bombardeo de Gernika, sino de la propia guerra civil española, para cimentar un discurso nacionalista que convierte la desgracia de muchos, la violencia desatada por los golpistas durante la guerra civil en todo el país, en el agravio, otro más, de una comunidad concreta. No se deshará ningún agravio histórico por moverla. El desagravio frente al odio y la violencia se hace cada vez que se mira el cuadro, cada vez que hablamos de él y de lo que supuso y de lo que supone. Querer reducir el símbolo universal del Guernica a un terruño, a un trozo de tierra, a una u otra bandera, a una u otra nación, es no querer entenderlo, es no querer mirar de verdad un cuadro que merece ser mirado, contemplado y pensado por todos, porque a todos pertenece, porque todos, no unos pocos, fueron sus protagonistas y porque todos, no unos pocos, podemos ser sus protagonistas.
Ojalá que no lo seamos.








Una cosa… ¿Por qué el gobierno vasco no ofrece la restauración del Guernica a su cargo para consolidar un artefacto con vocación duradera, sea en Madrid o Bilbao? Con esta oferta, se abriría un debate desprovisto de excusas, aunque no de reverberaciones políticas. Del resto de argumentos expuestos en este artículo, se puede discutir, aunque personalmente me parecen poco consistentes.
¿Que el cuadro ha tenido más viajes de la cuenta y que está en un estado muy delicado le parece un argumento poco consistente? ¿Que en apenas 6 meses no da tiempo a gestionar el transporte en condiciones de un cuadro de este tipo tampoco le parece consistente? ¿Qué el Guernica vertebra toda la colección del Reina Sofia también es un argumento débil? No sé yo
Evidentemente que vertebra al Museo (el Prado nunca cedería Las Meninas por lo mismo). Evidentemente que es una pintura con un estado de conservación muy delicado (no es un lienzo sobre un bastidor). Evidentemente que seis meses no es un plazo viable (no hay más que pensar en cualesquiera otros trámites administrativos).
Paco, que el cuadro está mu malito, parece obvio. Y que nadie se arrima para curarlo, también. Al final, excusas para no soltar la tela.
Desde luego, está clarísimo hasta qué punto el politiqueo, los intereses creados y el papanatismo, pueden y de hecho lo hacen, desviar la atención sobre lo evidente, que es la enorme fealdad de ese inane bolo fecal que dejó salir el «gran Pablo Picasso». ¡¡Se quedó muy descansado después de expulsarlo, seguro!!
No creo haber leído o escuchado nunca nada como lo que ha escrito y que comparto. Le felicito por la valentía y prepárese para recibir palos.
Buen artículo, que retrata el espíritu provinciano y permanente victimista del gobierno vasco. El encargo del gobierno republicano fue hacer un cuadro del bombardeo de Guernica por motivos propagandísticos, igual que podría haber retratado la masacre de la carretera Málaga-Almería (la Desbandá), la peor de la Guerra Civil. Al final el Guernica es un símbolo universal, que representa los bombardeos indiscriminados contra la población, ya sea en la Guerra Civil, poco después durante la II Guerra Mundial o en Gaza hace pocos meses.
El gobierno republicano no encargó hacer un cuadro del bombardeo de Guernica. De hecho, cuando se produjo el encargo, no se había producido dicho bombardeo, pero Picasso no empezó a pintarlo hasta mayo de 1937.
Con lo del papanatismo tiene usted toda, toda, todita la razón
Artículo bien argumentado, no como la ayusada de turno sobre ello.
Madritttttt lucrándose una vez más con activos que no le pertenecen (robados al resto de una forma u otra) y mamporreros juntaletras de medio pelo a sueldo justificándolo como sea. Pero los paletos y nacionalistas los vascos…vosotros sí que sois ridículos.
Confunde usted una crítica razonada a un acto del nacionalismo vasco con llamar paletos a los vascos. Se ve que le motiva el uso del agravio como argumento será que no tiene argumentos de peso. De todas formas me alegro que le haya interesado el artículo ridículo
El cuadro es un encargo del gobierno de la República española cuyo autor había sido nombrado director del Museo del Prado (no ejerció por la Guerra Civil) por Azaña. Quiso que volviera a España tras la recuperación de las libertades públicas, en concreto al Museo del Prado de Madrid, así que no sé a quién narices te crees que se le ha robado el cuadro.
Podrían encargar una copia a Bansky o a Basquiat. El cuadro no se mueve y se matan dos pájaros de un tiro
Si alguien consigue convencer a Basquiat, que hace tiempo que cría malvas, para que pinte su versión de este cuadro, eso si que será la bomba, con perdón!
O ya puestos, en un taller de Dafen.
En todo caso, para ver bien el cuadro, sin colas y con tiempo, lo mejor es ir a la página web del Museo Reina Sofía. ¿Que no se aprecian sus verdaderas dimensiones? Cierto, la web impide hacerse una selfie como Dios manda. Para eso ya está la Ia
El cuadro es un gran bluff. Se podía haber titulado Tauromaquia o Pesebre, ya que aparecen un buey y una mula, y colaría. Claro está que no sería tan conocido.
«miles de muertos». ¿Ha comprobado usted ese dato?
La de gilipolleces que se están leyendo estas semanas de gente que no tiene ni pajolera idea del contexto ni la historia del cuadro y repiten cosas sin haberse parado ni cinco minutos a informarse sobre aquello de lo que hablan o los deseos del autor sí que es digna de estudio.
Hay también un factor en el ambiente que nadie habla pero casi todos sospechamos: si ese cuadro llega a Bilbao, jamás regresará a Madrid, del mismo modo que las pinturas de Sijena jamás volverán a Aragón.