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IArte. Transformaciones o cambio de paradigma en el mundo del arte

IArte (2)
IArte. Parte de la exposición MUSEO_IA| Aprendiendo del Olvido, 2021-2023. Fuente: 3Dinteractivo Artist Studio.

Este artículo es un adelanto de nuestra nueva revista Humanismo Digital 3, ya disponible en nuestra tienda online.

La inteligencia artificial (IA) ha supuesto una revolución, una ruptura explícita, un cambio cultural reactivo sin precedentes que inaugura una nueva época. Todas estas expresiones designan de distinta manera una realidad que, aunque nueva por su peculiar especificidad, ha tenido precedentes estructurales en el mundo del arte.

Así como en el paso al siglo XX la conocida vanguardia histórica generó una ruptura con la concepción clásica en la práctica, el entendimiento y la apreciación del arte, así también la llegada del XXI ha supuesto la incorporación relativamente reciente de la inteligencia artificial. Incluso quienes no hablan de ruptura sí reconocen una serie de transformaciones que han modificado, de manera notoria, su naturaleza y concepto, y también la experiencia estético-artística que tenemos de un arte que ahora es tecnológicamente inducido.

Tan marginales como aquellos primeros pintores rechazados en los salones de finales del siglo XIX lo fueron, de alguna manera, también en el último tercio del XX, las primeras manifestaciones artísticas generadas con una incipiente preinteligencia artificial. Harold Cohen y su sistema AARON, o el llamado arte evolutivo, que optimizó las reglas pasadas con algoritmos más evolucionados que se plasmaron en formas visuales, son ejemplos de ello.

Parece evidente hoy que con la IA, y con la ingente innovación tecnológica, ha habido una ruptura cuantitativa y cualitativa respecto a las formas artísticas precedentes; se puede hablar, pues, de un cambio de régimen artístico, que sucede o/y convive con el postmoderno, un régimen ahora que, al margen de la denominación que queramos darle (virtual, computacional…), se reconoce como hijo de la IA y que podemos rotular como IArte.

Es fácil reconocer esa ruptura en la acumulación de transformaciones cualitativas que han introducido esos nuevos procedimientos, también herramientas tecnológicas, en la realización de la producción artística (antes «obra de arte»). Una de ellas es la propia puesta en cuestión de la noción de autoría, pues la obra ya no es solo la consecuencia o el resultado de la materialización del proceso de ideación del clásico o/y moderno autor/artista.

La materialización de la obra de arte no solo se ha visto afectada por los procesos generados o apoyados estrictamente por la IA; obviamente, también su propia evolución ha subrayado su relación con la tecnología de materiales.

Las nociones mismas de sujeto y objeto artístico se han visto radicalmente transformadas en esta nueva dimensión, de la que tampoco ha escapado el receptor (público) o espectador partícipe (coautor). Igualmente se ha visto afectada la experiencia estética que, más allá del debate sobre su enriquecimiento o no, ciertamente ha sido ampliada: no puede decirse ya que se funde en una estricta relación sujeto–objeto. La concurrencia de agentes artificiales hace más compleja la relación. Buen ejemplo de ello son las llamadas exposiciones inmersivas, en las que el cuidado de la experiencia estética producida depende de la implementación tecnológica de lo producido. Más aún, en las más recientes experiencias personalizadas (algunas también inmersivas), en las que la experiencia se adecúa de manera diferente en función de las particularidades de cada receptor. Sea como fuere, la IA, en este ámbito, ha producido una consideración de la experiencia estética más dinámica y no tan solo —o no solo— (estáticamente) contemplativa.

El cambio de paradigma no solo ha estado propiciado y acelerado por el carácter multidisciplinar de los saberes y técnicas implicadas. Más allá de las bellas artes, la ingeniería informática y de comunicaciones, la filosofía y la historia y teoría del arte, otras disciplinas inciden interdisciplinarmente con las anteriores, y en los usuarios y receptores de las mismas: diseño, pero también antropología, psicología cognitiva, pero también sociología, estudios culturales, pero también estética.

Esta riqueza de fuentes incide todavía más en intensificar las transformaciones en el mundo del IArte. Todas estas innovaciones pueden apreciarse de distinta manera en diferentes propuestas, realizaciones y obras artísticas, de manera individual, en diferentes artistas, o también en equipos o proyectos colectivos, ya sean permanentes o puntuales. Así, en los trabajos de grupos como 3Dinteractivo se pueden reconocer no pocas de las aportaciones más representativas del trabajo artístico con y a partir de la IA, con un claro alejamiento de las limitaciones, deficiencias o efectos no deseados de este paradigma tecnológico en el arte. Volveré sobre ello una vez que abundemos un poco más, dentro de esta revolución, en el modelo de producción y recepción creativa. En estos otros dos procesos esenciales del mundo del arte merece atención la peculiar incidencia de la IA en la realización artística.

La presencia del artista clásico, caracterizado por su excelencia en el dominio del canon teórico-práctico-técnico o por su capacidad para generar nuevos cánones, o del artista moderno, aquel que contestatariamente replicaría con distintas alternativas (los llamados «ismos») a ese canon clásico, ambos tienen una presencia diferente, cuando no diluida o meramente testimonial, en el nuevo planteamiento. En ambos casos, y en sentido estricto, desde la IA carecen de sentido pleno sin el soporte, apoyo o implementación tecnológica.

Con la concurrencia de la IA en la producción artística, el artista ya no es el genio tocado por la naturaleza divina o el ser sobrehumano que crea per se obras geniales, únicas, referenciales e irrepetibles —auráticas—, pero tampoco es ya un productor de mercancías (no auráticas), como decía Walter Benjamin, asumiendo ya la sacudida que había supuesto la vanguardia histórica y los nuevos lenguajes artísticos (fotografía y cine) respecto a la tradición clásica. La creación IArte es per alio: la producción manual y técnica pueden acompañar, pero ya no son posibles sin el soporte tecnológico avanzado, tan desconocido e impensable en épocas anteriores como imprescindible cuando se mira al futuro… La genialidad es también tecnológicamente asistida o generada.

Así, el artista es hoy más bien, y utilizando la terminología de la museología actual, un curator, alguien que cuida de la materialización del proyecto hasta su puesta en sala. Se ocupa también museográficamente de que todo quede dispuesto para la recepción del público (aunque pueda otras veces centrarse en el cuidado del resultado obtenido, prescindiendo del seguimiento del proceso). En este sentido, puede decirse que el autor que se sirve de la IA es propiamente un coautor del proceso de ideación, consciente de la coautoría conceptual del resultado final en el que ha participado. Una transformación sin precedentes que apoya hablar de un cambio de paradigma, de un nuevo régimen artístico (IArte).

La transformación estriba no solo en el autor, también en la obra misma, o más precisamente, en si el resultado producido es producto, o no, de un apoyo en el proceso creativo de ideación de la obra o si es, en toda regla, un resultado generado exclusivamente por ese proceder (IA). Este carácter generativo, y no solo asistido, de la obra sí plantea serias reticencias a seguir hablando de autoría o de originalidad del autor en el sentido más usual o clásico del término.

El análisis de la incidencia de la inteligencia artificial en la producción y recepción artística en el mundo del arte requiere extenderse mucho más —de lo que permite esta somera presentación— en cada uno de los componentes (autor/productor, obra/producto, público/espectador) y procesos (ideación, materialización, comunicación) indicados.

La valoración de esta transformación suele oscilar entre la más negativa —el no reconocimiento como arte, ni siquiera para las obras que han sido asistidas por IA— hasta las más positivas, en las que el arte clásico, moderno y buena parte del postmoderno mantienen su realidad y valor, pero como expresión ya histórica, algo del pasado que hace referencia a unos modelos o paradigmas ya periclitados e incluso esencialmente agotados. Las posturas más extremas consideran que el calificativo de «artístico» es casi sinónimo de IA.

Afortunadamente, la consistencia de las propuestas del IArte ha crecido exponencialmente en los últimos años. Hay, pues, artistas y colectivos que atesoran ya una trayectoria firme y variada, con una calidad continuada en sus proyectos, que nos permite reconocer esa incipiente historia recorriendo su aún menor, pero ilustrativa, trayectoria, de la que forma parte 3Dinteractivo. El IArte permite una práctica artística coherente y fundadamente sólida y desarrollada que, sin ocultar limitaciones ni riesgos, insiste en los retos y «beneficios» de incorporar la IA a la cultura artística, respetando su complejidad y atendiendo, de manera coherente y compensada, los procesos artísticos fundamentales.

La riqueza de las obras de este colectivo se cifra en primer lugar en su completud: dan cuenta, abordan o también expresan producciones visuales generativas; no solo imágenes, sino también Paisajes, de carácter interactivo-ambiental e inmersivo, que incluyen arte sonoro y en los que el aspecto dinámico puede llegar a ser, si se pretendiese, claramente performativo, desde luego interactivo, como ocurre en Paisajes observables (2019), en donde, a partir de la recogida de datos, fotografías, vídeos y documentos de lugares específicos, se incide en la visibilización de la «España vaciada». Todo ese material sirve para transformar y recomponer —lo que recuerda tanto al collage moderno como a la apropiación postmoderna— un territorio tan reconocido como cambiado. La obra, así, dialoga entre el documento y el acontecimiento, transformando ese paisaje, ahora enriquecido, en una realidad aumentada por esos mismos datos. La experiencia hace visibles las hasta entonces estructuras invisibles en la rutina ordinaria del territorio. Aquí, el IArte amplía la experiencia perceptiva del espectador sin renunciar a sus cualidades estéticas, al tomar conciencia de lo documentado en relación con la experiencia o memoria personal de cada espectador (o ampliándola, como ocurre en Bosque_IA. Inteligencias en diálogo, 2024).

El colectivo 3Dinteractivo, fundado hace ya quince años por Ana Marcos (Bellas Artes e Ingeniería Técnica Industrial) y Alfonso Villanueva (Ingeniero Industrial y de Telecomunicaciones), junto a otros artistas e ingenieros, se enroló en la travesía de implementar el mundo del arte desde la tecnología más avanzada —o, para otros, en mostrar el potencial de esa tecnología en el mundo del arte—. Así, más allá de paradigmas anteriores, ven en la tecnología un inusitado potencial participativo —no fundamentalmente estético—, de implicación ciudadana en los procesos artísticos, y de toma de conciencia y reconocimiento de una realidad en la que cada vez se encuentran más imbricadas la inteligencia humana y la artificial.

El enfoque creativo del colectivo ha sido muy sensible al ámbito sociológico (como muestra su MADATAC, de 2013), pero sin descuidar las cuestiones identitarias y más personales, como su DATA / ergo sum, que en 2018 llenó de público, curioso e interesado, la Fundación Telefónica en la Gran Vía madrileña. Aquí la ruptura es clara con aquel paradigma moderno que tenía como lema el cartesiano cogito ergo sum. Bastaban veinte segundos de grabación para realizar un retrato personalizado, tanto biométrico como emocional (a partir de la teoría de Paul Ekman), de cada uno de los asistentes, lo que suscitaba una necesaria reflexión sobre el uso y cesión —no siempre consciente— de datos personales a terceros. También suponía una llamada de atención —en una actualizada relectura de la idea de vigilancia de M. Foucault— sobre el control autoinducido y las estrategias de cancelación que conviven en nuestro presente. Esa misma reflexión sobre el concepto de vigilancia, pero ahora en un fecundo diálogo con obras de otros regímenes artísticos y poniendo en valor los avances técnicos y tecnológicos, reapareció en DRON_IA.

La presencia de otros paradigmas artísticos y patrimoniales fue aún más evidente en MUSEO_IA. Allí, gracias a la inteligencia artificial, se pudieron apreciar, al recuperar digitalmente, cincuenta y siete pinturas «perdidas» del museo de Palencia. Todas ellas, en formato NFT y expuestas en un museo virtual —otra expresión del cambio de paradigma—, muestran, además de la recuperación de un patrimonio, la ampliación de la noción de experiencia, confirmando que la IA no es necesariamente una amenaza para la creatividad humana, sino una ocasión para ampliarla, también, en la recuperación de lo que parecía perdido. La excelencia de este trabajo ha recibido el premio F@IMP 2024-2025 al mejor proyecto de Investigación y Documental en Nuevos Medios, que otorga el Consejo Internacional de Museos (ICOM).

Este breve recorrido muestra algunas prácticas artísticas, cada vez más generalizadas, que subrayan el potencial del IArte como referente idóneo para apreciar la realidad, no ajena a la crítica, de la inteligencia artificial y la presencia de esta en el mundo del arte, ya sea como práctica asistida o generativa.

Queda constancia también del papel extinto de un público pasivo, que pasa a ser no ya un espectador emancipado, como decía J. Rancière, sino necesariamente activo, partícipe (insistiendo de manera fáctica en aquella idea de U. Eco cuando, en su Obra abierta, intuía ya entonces que la obra de arte es tal, o se cierra, cuando el espectador colabora en ella y no solo al emitir un juicio estético-artístico). Ahora es necesaria una participación medial, y no solo final, física y presencial, y no solo intelectual o contemplativa, pues el resultado final de la obra depende de las decisiones (elecciones, votos, acciones…) que genera cada persona que asiste activamente.

Ese desplazamiento hacia el espectador es inducido desde la propia obra, en la que se imbrican lo documental y lo acontecimental, lo local y lo global, lo empírico, lo tecnológico y lo creativo. Inducida y querida por los artistas, que además, en no pocas ocasiones, toman la palabra para hablar no solo de su obra o de su incidencia en el mundo del arte, sino, a partir de ella, para mostrar los problemas que plantea y sugiere (verdad, documentación, verificación, identidad, etc.) en y desde este nuevo paradigma contemporáneo. En fin, el IArte, con su tecnología cada vez más avanzada, no es ajeno al genio artístico ni a la sensibilidad necesaria para ofrecer una reflexión ético-política, desde la experiencia estético-artística, sobre las cuestiones naturales, sociales y políticas de nuestro mundo actual.

La práctica artística desde la IA no es ajena ni evita los problemas sociales o medioambientales, tampoco los identitarios. Con sus obras y proyectos nos «visibilizamos»; pellizcan nuestro sentido crítico al hacernos conscientes, también al incluirnos en esos procesos, en fin, al descubrirnos como parte activa y necesaria. Esa «coautorIA» (sic), en la que estamos involucrados, nos sitúa en otro lugar y nos impele a ver y pensar de otra manera, desde otro modelo.

Visibilizados artísticamente, los datos muestran que somos materia para observaciones y operaciones algorítmicas, para construcciones de inteligencia artificial, tal vez no deseadas, pero también quizá hasta ahora poco conocidas. Demasiadas transformaciones para no pensar en un cambio de paradigma.

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Una imagen del proyecto Bosque IA. Inteligencias en diálogo, 2024. Fuente: 3Dinteractivo Artist Studio.

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