Geopolítica

Trump, León XIV y la perspectiva mesiánica del orden mundial

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El papa León XIV llega al Palacio del Quirinal para una reunión con el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella. Roma, Italia, 14 de octubre de 2025. Crédito: Francesco Fotia / AGF / SIPA / 2510141142

Hay una viñeta cómica que circula estos días en redes y que lo resume todo mejor que cualquier editorial. En ella, Trump, vestido con túnica blanca y sandalias, le dice al Papa León XIV: «Tuve más gente que Jesús en mi resurrección.» El Papa, con la mano en la barbilla, le responde: «Se pronuncia insurrección.», haciendo referencia al asalto del Capitolio en enero de 2021. El chiste de Michael de Adder, caricaturista canadiense conocido por sus viñetas políticas, funciona en dos idiomas y en tres niveles simultáneos: es político, es teológico y es, por encima de todo, un diagnóstico cultural de un momento donde las fronteras entre lo sagrado y lo profano se han vuelto completamente permeables.

La viñeta no es ficción especulativa. Es crónica. Horas antes de publicar esa imagen de sí mismo como Cristo sanador, Trump atacó en Truth Social al papa León XIV llamándolo «DÉBIL con el crimen y terrible en política exterior», añadiendo que no quiere «un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear», una afirmación que el Pontífice nunca había hecho. León XIV, estadounidense como Trump, había respondido días antes a la amenaza del presidente de destruir la civilización iraní con una frase sin ambages: «Los ataques a infraestructura civil van contra el derecho internacional. Es también una señal del odio, la división, la destrucción de la que el ser humano es capaz.» Trump, por su parte, había escrito en Truth Social que «toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás». El intercambio resume con precisión brutal la naturaleza del conflicto: uno habla el lenguaje de la potencia militar, el otro el de la responsabilidad moral. Y ninguno de los dos parece dispuesto a cambiar de idioma.

Pero este intercambio de declaraciones inédito entre dos estadounidenses con cargos de máxima responsabilidad también pone el foco en la sacralización del liderazgo político, que tiene una historia larga y, en muchos casos, sangrienta. Pero lo que está ocurriendo en Estados Unidos tiene una especificidad que merece análisis: no es simplemente que Trump use la retórica religiosa (algo habitual en sus mandatos atrayendo el voto conservador evangélico), sino que una parte significativa de su base la ha interiorizado hasta el punto de que algunos de sus defensores más acérrimos han comenzado a preguntarse si, en lugar del ungido de Dios, están ante su antagonista definitivo.

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2 comentarios

  1. Manuel Queimaliños Rivera

    Seguimos con el mesianismo de la edad media. Ya sólo faltan los disciplinantes.

  2. Cuanto más vocinglera y desesperada más débil es su «fortaleza». Trump terminará cayendo más pronto que tarde, lo que me preocupa es que de tanto cruzar líneas rojas las acaba difuminando.

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