Arte y Letras Entrevistas Literatura

Adan Kovacsics: «Yo tengo de toda la vida terror a las banderas. Veo a la gente bajo la bandera y huyo»

Adan Kovacsics para Jot Down 0

Esta entrevista es un adelanto de nuestra revista trimestral Jot Down #55 «Modernismo», ya disponible aquí.

Cuando Lászlo Krasznahorkai participó en las Converses del premio Formentor, celebradas en Marrakech en septiembre del año pasado, meses antes de ser reconocido con el premio Nobel, el escritor no se separó en ningún momento de un tipo desconocido para la mayoría: alto, bigote cano, casi siempre sonriente. Aquella sombra que acompañaba a todas partes al autor de Tango satánico no era otro que Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953), su traductor al español.

Formado en Viena y afincado en España desde 1980, Kovacsics ha traducido también a autores como Karl Kraus, Arthur Schnitzler, Stefan Zweig, Franz Kafka, Imre Kertész o Ádám Bodor, lo que le valió el Premio Nacional de Traducción en 2010. Pero también es artífice de una obra muy personal, que incluye títulos como Guerra y lenguaje, Karl Kraus en los últimos días de la humanidad, El vuelo de Europa, Las leyes de la extranjería, El destino de la palabra y el más reciente Acaece, sin embargo, lo verdadero. En una soleada tarde en su pueblo, Vilanova i la Geltrú, Kovacsics brindó por los éxitos de su ilustre compatriota, que también son un poco suyos, y compartió con Jot Down algunos recuerdos de su vida.

Esta entrevista tiene lugar al cabo de una semana de la concesión del Nobel a Lászlo Krasznahorkai. ¿Cómo ha vivido usted estos días?

He dado más entrevistas estos días que en toda mi vida [risas]. Curiosamente me llamaron media hora antes, de un periódico, y me dijeron: «Oye, si le dan el premio a Krasznahorkai, ¿estás dispuesto a escribir un artículo?». Y dije que sí. Entonces, al cabo de media hora me llaman: «Sí, que sí se lo han dado. Adelante». Bueno, estaba en la calle y tuve que volver a casa a cumplir con mi compromiso.

Estuvieron rápidos…

Sí, sí, ¡intuición! Bueno, subí a casa con una alegría enorme, con mi mujer, que también es amiga de Krasznahorkai, porque nos conocimos hace muchos años. Esa tarde fue un poco de agobio también, con llamadas y todo. Digamos que, de pronto, yo era especie de virrey de Krasznahorkai.

El médium con el Olimpo, ¿no?

Exacto [risas].

Pero ya había aparecido su nombre en las quinielas hacía mucho tiempo. Con él, ¿había hablado alguna vez de la posibilidad de que lo ganara?

Sí, sí, habíamos hablado desde tiempo atrás de esta posibilidad. A él le gustaba la idea, evidentemente, pero tampoco era un tema central en su vida. Nosotros nos hemos ido viendo, nos hemos escrito, pero tampoco tanto en los últimos años, con la pandemia en medio y todo eso. El año pasado nos vimos en Marrakech, nos vimos unos años antes en Pamplona, en unos encuentros, y en Budapest… No recuerdo el año en que nos vimos allí, digamos, dos o tres años después de la pandemia, en 2022 o algo así. Tampoco era un contacto tan fluido. Por mail y por teléfono, sí. Tampoco es que haya trabajado para eso, pero digamos que como posibilidad le parecía bien.

Yo siempre había pensado en él como un autor desentendido del mercado, en el sentido de que no sigue ninguna línea de moda ni nada parecido, pero, claro, por muy al margen que estés de todo eso, aspiras siempre a ser leído, ¿no?

Pues sí, él se alegraba mucho, siempre, de los lectores que él tiene, por ejemplo, en Estados Unidos, en América. Eso le gustaba mucho, le importaba. También en España, en el ámbito de lengua española, también. Tiene lectores que siguen su obra o que incluso preguntan por qué no ha aparecido tal y tal libro, y esas cosas… Tiene lectores en todos los países.

Vivió también de cerca el Nobel para Kertész. O sea, no era una situación extraña para usted, ¿no?

No, no, para nada, para nada. Y sí, me acuerdo de Kertész, me acuerdo también de cómo fue todo, los días aquellos que siguieron al premio.

¿Él también de alguna forma sabía que estaba en la quiniela y lo esperaba?

Kertész no lo sé, creo que no tanto. Con él no lo había hablado tanto porque, claro, nosotros nos conocíamos desde hacía poco. Claro, en 2002 recibió el premio y yo lo conocí en 2000. En cambio, con Krasznahorkai son veinticinco años desde que nos conocemos. Lo conocí el mismo año en que conocí a Kertész, en 2000 o 2001, no me acuerdo. Con Kertész nunca lo había hablado, pero sí supe después que él, digamos, sabía, por supuesto, de esa posibilidad.

Son dos autores muy diferentes, ¿no le parece?

Son muy diferentes, pero Krasznahorkai siempre ha dicho que sus modelos literarios húngaros han sido dos: Kertész y Mészöly, un autor al que no se lo conoce para nada en el ámbito de lengua española. Creo que habrá, a lo mejor, alguna obra traducida del húngaro. De Kertész, él me decía que era por su postura, por su radicalidad en su apuesta de seguir un camino literario.

¿Y como persona? ¿Eran muy distintos?

Sí, creo que sí, son distintos. Las experiencias son diferentes. Claro, Krasznahorkai es más joven. Tiene exactamente mi edad. Decíamos siempre: los dos somos serpientes en el horóscopo chino. Porque él nació en enero del 54, es decir, todavía en el año chino. Y yo nací en junio del 53. En cambio, Kertész era del año 29, imagínate la diferencia de edad. Y diferencia de experiencias, claro. Había conocido el campo de concentración. Krasznahorkai no, pero todo eso está en su obra, está de alguna manera.

Hay quien piensa que detrás del premio Nobel siempre hay, además de una apuesta por una manera de entender la literatura, alguna cuestión política detrás. En este caso, ¿usted cree que el perfil de Krasznahorkai es, o puede ser empleado como una respuesta a Orbán?

La verdad es que no he seguido mucho cómo es el mecanismo, cómo funciona la Academia Sueca y los premios Nobel. He pasado años sin saber ni siquiera quién lo recibía o no, pero, en este caso, digamos, si había alguien a quien premiar como contrario al gobierno de Orbán, era él, claro. Aparte de que se ha manifestado más de una vez en diferentes medios, y de forma directa a través de la literatura… El barón Wenckheim vuelve a casa es toda una invectiva contra los húngaros y contra esa concepción nacionalista que es la que impera en el gobierno de Orbán. Así que, digamos, ha hecho manifestaciones tanto en su literatura últimamente como públicamente.

¿Y en su país, en Hungría, cómo está considerado?

Bueno, digamos que es considerado un autor que abrió un camino importante. Hay cierta literatura a la que él le abrió el camino, a través, por ejemplo, de Tango satánico, de La melancolía de la resistencia, toda esa descripción muy punzante de la realidad en la provincia, en el ámbito rural, dentro de un régimen político, en el sentido de que para él muchas cosas no han cambiado y no podían cambiar. Es decir, él considera que todos esos años, esas décadas de gobierno dictatorial, han dejado una huella casi indeleble en el alma húngara. El paso a la democracia, la incapacidad de actuar con libertad y en libertad, eso es lo que él ha constatado.

¿Y su etapa estadounidense-neoyorquina, qué importancia cree que tiene? Lo pregunto en el sentido de que, de la misma forma que Borges decía que para triunfar en Europa él tenía que pasar por París, ¿no parece que para triunfar en algunos sitios, para llegar a determinados puertos, hay que pasar por Nueva York, por las capitales del mundo anglosajón…?

Sí, creo que ha tenido importancia. Él admira a la gente a la que conoció, le tiene una admiración enorme a Patti Smith, a Allen Ginsberg, los ha mencionado muchas veces. ¡Y a Pynchon!

Que es el que más mérito tiene, porque es el más escondido de todos…

Sí, sí, sí, sí, lo conoció. Pero también diría que muy, muy importante, más importante todavía, es su relación con Oriente, con Japón, China… Ahí ha indagado a fondo, así como su relación con Estados Unidos ha sido de admiración, y le ha parecido importante también para su trayectoria, pero lo que lo ha impresionado de forma muy profunda es la cultura oriental, japonesa en particular. Hasta el punto de que la ha conocido tan a fondo que incluso ha podido desilusionarse un poco. Ocurre con las personas también, con los padres, por ejemplo.

Adan Kovacsics para Jot Down

Después de veinticinco años traduciendo a alguien, ¿llega un momento en que surge la amistad y la admiración de forma espontánea, o eso va cambiando también, va habiendo momentos distintos?

Bueno, sí, ha habido periodos más intensos de relación, yo creo que en los primeros años y luego, por razones varias, porque durante un periodo no traducía nada de él, pues la relación era menos frecuente y menos intensa, pero siempre ha estado allí. Es decir, nosotros nos hemos visto aquí en Vilanova, nos hemos visto en su casa, en Budapest, en el campo en Hungría, vino a vernos donde teníamos una casa. Nos vimos en muchos escenarios.

¿Y toda esa relación da también para discutir alguna vez?

Sí, ha habido momentos de ciertas tensiones, porque él tiene su carácter, ¿eh? [risas] Ha habido momentos, sí, sí.

Hay quien defiende el papel del traductor hasta considerarlo el coautor del libro, ¿usted cree que es para tanto?

Yo me entrego a la obra, a cualquiera, de él o de cualquier otro, totalmente, y no tengo esa obsesión por pensar que, digamos, una parte la he escrito yo y todo eso. Pero hay algo de verdad. Pensándolo fríamente, esa obra en español la he escrito yo, pero en el fondo no hay ni un pensamiento en esa dirección. Esa obra me atraviesa de alguna manera; al atravesarme pasa a ser algo en castellano, o sea que la idea del médium me parece casi más aceptable.

Usted ha traducido a mucha otra gente, no solo del húngaro, también del alemán. ¿Es lo mismo cuando traduces del húngaro o del alemán?

Yo empecé como traductor del alemán, luego incorporé el húngaro. Y procuro tener siempre entre manos un libro en alemán y un libro en húngaro. No es que los traduzca al mismo tiempo; a veces sí, a veces un libro en alemán por la mañana y en húngaro por la tarde. Ahora bien, yo diría que hay una diferencia, y está en que mi alemán es más sólido y más trabajado que mi húngaro. ¿Por qué? Porque mi húngaro es, en principio, un húngaro doméstico, lo tengo de casa, no tengo una formación filológica, académica, en húngaro, para nada. No hice el bachillerato en húngaro; en cambio, sí lo hice en alemán. Entonces, es mucho más sólido mi conocimiento del alemán que del húngaro. Tanto que, por ejemplo, yo he dado clases de traducción de ambos idiomas, pero en mis clases de alemán mi autoridad podía decir: esta palabra es tal y tal, con absoluta seguridad; en cambio, cuando traduzco del húngaro no lo es tanto. Ahí mi seguridad es absoluta luego en castellano, ahí sé qué palabra suena como tiene que sonar, pero no tengo esa autoridad cuando se trata del húngaro, y la busco, pregunto más. Tengo dos o tres personas, escritores o traductores en Hungría, a las que he ido preguntando, al principio más a menudo, cuando empecé a traducir del húngaro, en los años noventa. Ahora menos, porque ya son muchos años de traducir del húngaro, ya tengo cierta solidez.

Y cuando traduce del alemán, viendo autores como Karl Kraus, Schnitzler, Stefan Zweig, imagino que no solo hay un trabajo lingüístico, sino también un trabajo de índole moral muy importante. Kafka también está ahí. ¿Cuáles han sido más importantes para usted?

Los autores centrales para mí, en mi trayectoria intelectual y literaria, han sido para empezar Karl Kraus, que me ha marcado muchísimo.

Escribió un libro sobre él, además…

Sí, y he traducido Los últimos días de la humanidad, que vuelve a aparecer ahora en estos días en una editorial pequeña de Barcelona, la traducción que hice en su día para Tusquets. Es un autor al que he trabajado muchísimo y de alguna manera he contribuido a introducirlo en España. Luego Kafka, lo he leído y releído muchas veces. Esos, en el ámbito de la lengua alemana, para mí son centrales. Luego, en Hungría, los otros dos son Kertész y Krasznahorkai. Kertész por su elaboración literaria de lo que fue el Holocausto, y Krasznahorkai por su mundo literario tan particular. Hay una especie de culto al yo, esa literatura del yo que se ha impuesto mucho en estos últimos tiempos. Él es totalmente opuesto a eso. No es una literatura del yo, es la creación de ficción que constituye una especie de figuras míticas.

Schnitzler y Stefan Zweig. ¿Te han dejado algún tipo de nostalgia o de melancolía por ese mundo de ayer que ya nunca va a volver?

Lo conozco bien, incluso conozco el hecho de que tuviera que venirse abajo, los porqués… Pero bueno, un poco convivo con ese mundo. En mi casa aquí, en Vilanova i la Geltrú, hay un poco ese mundo…

¿En qué sentido? ¿Solo bibliográfico?

Bueno, también mental. Continuamente están allí. Schnitzler, por ejemplo, traduje sus diarios. Los diarios los traduje porque yo quería… Se publicaron en Chile, son diez volúmenes; yo hice de esos diez volúmenes uno. Hice una recopilación muy interesante.

Remontándonos a su infancia en Chile, y a su bilingüismo natural: hablando con gente que ha sido bilingüe desde niño, a veces me decían que nunca lo habían vivido como una riqueza, que puede llegar a ser fastidioso. ¿Le ocurrió a usted?

Claro, yo lo vivía como algo natural, digamos, que estaba allí. En Chile es curioso porque en casa hablábamos húngaro, la familia era húngara, había mucha relación con la colonia húngara de Santiago. Mis padres, la mayoría de los amigos eran húngaros o austriacos, croatas, había de todo, pero digamos, eran muchos amigos centroeuropeos. Y yo, claro, yo vivía con compañeros chilenos, entonces había como dos mundos. Tenía esa sensación, ¿no? Tanto que a veces me acuerdo: yo iba en el autobús, la micro se llamaba, en Santiago, a la escuela, y a veces coincidía con mis padres, que tomaban el mismo autobús porque iban a trabajar más allá, yo me bajaba antes. Yo no quería sentarme con ellos, porque entonces tendríamos que haber hablado húngaro. Yo lo que quería era fundirme con el medio.

¿Y recuerda que hubiera algún tipo de rechazo a la comunidad forastera allí?

No. Al menos yo no lo recuerdo.

Eso es un lujo que nos permitimos los europeos y los americanos, ¿no?

Sí, sí, a lo mejor eso viene después. Ahora me hablan de Chile, dicen que hay problemas, también un poco manipulados, digamos, con los venezolanos, porque hay gran afluencia en toda Sudamérica, miles de desplazados. Pero en nuestro caso, para nada.

En su vida juega un papel importante su paso por Viena, de la que en uno de sus relatos dice que «es para mí música y llanto». Lo de la música lo entendemos, pero ¿el llanto?

Allí, en el libro, hay un personaje, ese fantasma que tiene parte de mí y parte que no es de mí. Soy más de crear personajes que de estar volcando únicamente experiencia propia, ¿no? Pero digamos, música y llanto viene también por el hecho de que al volver —yo pasé mi juventud allí— de pronto hay recuerdos, no necesariamente malos ni buenos, pero recuerdos que te impactan tanto que te sueltan lágrimas, claro. El llanto viene de la sensación de pérdida.

Ese personaje dice también que conoció a Niki Lauda y no me resisto a preguntarle si…

Sí, lo conocí.

¿Cómo fue eso?

Yo tenía una amiga, que era en realidad amiga de mi hermana, y ella vivía en una casa en cuya primera planta, en la planta de abajo, había un pariente suyo, un bailarín de la Ópera de Viena, y esta gente era amiga de Niki Lauda. Todavía creo que corría en Fórmula 3 o algo así. Charlamos un poco, me fijé en su porte y en su cara, y qué sé yo, tampoco me acuerdo muy bien, eso fue hace muchísimos años. Después ya no lo vi más.

En las páginas en las que habla de Kertész y todo esto, hay una serie de reflexiones sobre Auschwitz y sobre el Holocausto, por la conexión húngara con el mundo judío. También has traducido a algunos grandes autores judíos, ¿cómo conecta eso con tu sensibilidad, con tu compromiso también?

A Kraus y a Kafka quería traducirlos, pero otros me han llegado y los he hecho míos.

Sí, considero que hay una espiritualidad judía que se configura a finales del siglo XIX y va hasta su destrucción en 1933. Ahí es destruida de una forma, para mí, consciente.

Ese absorber la realidad que había en aquel momento, en el final del Imperio, después en la república en Austria, en los años veinte y todo eso, absorber esa realidad y, por otro lado, aportar todos esos siglos y siglos de espiritualidad judía, que también estaba allí…

Eso se ve en Joseph Roth, al traducir Job, ¿no? Lo mismo lo veo también mucho, mucho en Kafka. Esa percepción muy limpia de la realidad, lo que está pasando, pero al mismo tiempo ese aporte de siglos, de milenios del que te hablaba. Que a nosotros nos cuesta, digamos, entender, pero a mí me importa mucho.

Creo que era Kertész quien temía que los judíos volvieran a ser perseguidos. En Francia hay un debate sobre si, de fondo, el antisemitismo está volviendo. ¿Usted lo cree?

Yo creo que sí, que está volviendo el antisemitismo. Digamos que es algo muy, muy profundo, que no se elimina así de un plumazo, no se elimina simplemente con el recuerdo de Auschwitz. Está volviendo porque una pequeña chispa lo hace emerger de nuevo. Y en España lo que yo he percibido siempre, desde que llegué, es que hay un antisemitismo muy fuerte. En comentarios de gente, que los judíos tal, que el lobby judío, que esto y lo otro, te lo dicen de una forma en apariencia ingenua e inocente, pero en realidad peligrosa… Aquí en España lo he notado desde que llegué, lo he notado de una forma que tú en otros países, en Alemania, no lo podrías decir sin que la gente piense: «Eh, aquí está pasando algo». Yo creo que se tiene que decir, por ejemplo, que España fue uno de los últimos países occidentales en reconocer a Israel y que el régimen de Franco nunca lo reconoció. Por algo era.

Bueno, teníamos además la conspiración judeomasónica…

Sí, sí, exacto. Por algo era así.

¿Cómo ha vivido usted la última invasión de Gaza? ¿Le afecta que alguien vea el telediario y diga: «mira lo que hacen los judíos»?

Exacto, exacto. O, por ejemplo, decir: «en el fondo la culpa del antisemitismo la tienen los propios judíos», cosas así que se oyen de pronto. He vivido con mucho dolor todo esto. Me acuerdo precisamente que Krasznahorkai y yo, muy al comienzo, poco después del 7 de octubre, hablamos, dolidos y preocupados. Y comentamos: haga lo que haga Israel, será malo. Si no hacía nada, malo. Si hacía algo, malo igualmente. Aquí ha habido mucha ceguera, y hoy en día lo noto también en ese abrazar de forma, a mi juicio, irreflexiva la causa palestina. Porque en la ecuación palestina está Hamás, está Irán, tan simpáticos ellos, tan progresistas, tan comprometidos con los derechos humanos y, en particular, con los derechos de las mujeres.

¿Tiene la sensación de que al frente de los dos, de las dos comunidades, de los dos pueblos, ahí se han puesto los extremistas?

Claro.

Bueno, a la derecha de Netanyahu hay gente aún más extremista.

Sí, sí, claro, son los que también empujan a su gobierno, en el que hay personas como Itamar Ben-Gvir.

¿Cree en la solución de los dos estados?

Desde el punto de vista abstracto, sí pienso que la solución sería la de los dos estados. Es lo que se pensaba desde los comienzos del problema; luego, en los años 90, ese gran esfuerzo por la paz que hubo fue extraordinario y al final se truncó. Pero desde el punto de vista real, ¿están los dos pueblos capacitados para soportar eso de los dos estados? En este momento no lo veo. No sé, es que no sé cómo puede acabar. No lo sé. Además, no soy quién para saberlo. Sin embargo, la idea de los dos estados es, en todo caso, al menos una idea, que es lo que hoy en día no existe. La independencia del espíritu es hoy más necesaria que nunca para desmontar décadas de odio y mentiras y, además, porque nunca en los últimos tiempos ha estado el poder, en todo el mundo, tan alejado de todo eje moral.

La otra pregunta sería, ¿cuál es la alternativa?

Claro, claro. Yo creo que es posible que, después de todo esto tan traumático que ha sucedido para ambos, a lo mejor precisamente eso ayude a que haya un proceso de paz para empezar, porque todavía no lo hay. Que haya un alto el fuego. Que haya primero un proceso de paz y luego un intento de consolidar eso, de dar estructuras sólidas, las que sean, con las debidas garantías, para esos pueblos. Porque también he leído alguna vez algo de una confederación jordano-palestina, no lo sé… Ellos también tienen un papel, está Líbano, está Jordania.

Adan Kovacsics para Jot Down

Usted, hablando de Kertész, hablaba de la experiencia de deshumanización acompañada de la pérdida del lenguaje. ¿Cree que eso ha sucedido? ¿Cree que desde Auschwitz el mundo judío ha perdido el lenguaje o hay una batalla por recuperarlo?

Lo que él veía era que se instaura un determinado lenguaje político, histórico, de relato y todo eso, que no transmite la realidad de lo que allí ocurrió, las realidades vividas. Y él lo que intentaba a toda costa era recuperar eso. A toda costa. Pero recuperar eso, ¿qué lenguaje tiene? Es lo que veía: que el lenguaje vigente, con su discurso pomposo, repetitivo, no rozaba esa realidad.

¿Eso es lo que lo hace, si no recuerdo mal, criticar a Spielberg?

Claro, claro.

¿Hizo como una carta o algo así?

Hay un texto suyo, creo que en Un instante de silencio en el paredón. Allí hay un pequeño ensayo que habla de eso. En Spielberg todo está en su sitio, todo está exactamente donde tenía que estar: la fábrica, el campo, todas estas cosas están en su sitio, pero no está la realidad. Y él decía: «Hay más realidad de Auschwitz en Benigni que en Spielberg». Eso me impactó mucho. Revivirlo, a lo mejor, solo se puede hacer a través de ficción, a través de mito.

Me interesa también cuando usted hace una impugnación de la información, que a mí como periodista me pone en guardia… Usted viene a decir que la información es un bloqueo del pensamiento. ¿Lo puedes explicar?

En mi libro El destino de la palabra, en el que auguro a esta un mal destino, hago aparecer el uso de los porcentajes: todos, absolutamente todos, extraídos de la radio, de la televisión, de los periódicos y de algún medio de internet, pero en general de radio y periódicos. Y lo primero es: ¿qué vivencia hay en esa proliferación de datos, de cifras? Nada, cero. No hay nada. No hay nada vivenciado. Solo datos, cantidades. Tampoco hay nada pensado. Simplemente se transmite algo que al día siguiente hemos olvidado.

Y después lo otro es, digamos, que el pensamiento —el pensamiento literario, el pensamiento poético, el pensamiento filosófico— necesariamente ha de prescindir o ha de apartar la información. Vivimos en medio de un bombardeo informativo, y yo pienso: bueno, a ver, en 1880, ¿había este bombardeo? No. El bombardeo comienza con la irrupción masiva de la prensa. Eso Karl Kraus lo detectó ya a comienzos del siglo XX. Y entonces ya empieza la frase hecha, el tópico, la palabra no pensada; ya viene entonces el pensamiento prefigurado a través de determinadas palabras.

La palabra genocidio, que veo por todas partes, yo creo que de tanto decirla y de tanto usarla y de tanto estar obligado a usarla, de tanto decirla y de tanto imponerla, al final va a perder significado. Se vacía de contenido. Se volatiliza. Pasa con genocidio, con armas de destrucción masiva, con la misma palabra Holocausto. Entonces es como que hay que empezar a pensar de nuevo.

Usted añade: «El relato es magia, la información es fe».

Claro, si tú escuchas la radio o tú lees el periódico o la información a través de las redes, es esencial que tú creas ese dato. Si te dicen que el treinta por ciento de los jóvenes consume alcohol a los diecisiete años, eso tú tienes que creerlo. Tú tienes que creerlo.

Se llama fuente fiable.

Sí, exacto. «Según fuentes fidedignas…». El experto, la figura del experto. Ahora, si tú lees, por ejemplo, que Ana Karenina se tira a las vías del tren, no es cuestión de creer o no creer. Tú lo imaginas. Tú lo vives. Ahí está la diferencia.

En el caso de la información, tú no visualizas. «El treinta por ciento de los jóvenes consumen…». Yo creo el dato o no lo creo. Ahí está la cosa. La cosa es entre creer y no creer. Pero no está la magia de la imaginación que se pone en marcha. No está la compasión.

Sin embargo, los defensores de la información ahora lo que lamentan es que el público le ha dado la espalda a la información y pasamos a la era de la opinión, que es una opinión desinformada, porque es una opinión que la autoridad que tenía la información ahora tiene en lo que le falta al dato: las emociones. ¿Eso no entraña otro peligro?

Yo creo que sí, pero al mismo tiempo creo que una cosa viene de la otra. Ahora, para provocar esas emociones, para estimular la ira o la indignación o lo que sea, se transmiten datos falsos. Pero la manera de funcionar es la misma, el esquema es el mismo, el lenguaje es el mismo. La desinformación viene de la información.

Y de esta manera, vaticina, llegará un momento en que no se entienda nada de Shakespeare o que no se entienda nada de Sófocles. ¿Cómo imagina ese momento o ese proceso?

Yo lo imagino como algo muy cercano. Pero especialmente por la pérdida de los relatos complejos. La incapacidad de entender relatos complejos, uno de estos parlamentos de Shakespeare, de algunos personajes de Shakespeare… En aquel momento, cuando se hicieron, supongo que se entendían. Ahora yo creo que pones uno de estos parlamentos shakespearianos ante un público y no lo entienden. Y creo que esto irá más. Se entienden las frases simples.

Bueno, de hecho, dicen que un altísimo porcentaje de ingleses, angloparlantes, no entienden.

Ellos mismos también han contribuido a eso, a la simplificación del lenguaje. O el mismo Homero. Yo imagino que Homero era cantado, por lo cual quiere decir que se entendía. Pero no se entiende. No se entiende la complejidad. Y de ahí también que ahora podamos volver a Krasznahorkai: él busca la complejidad precisamente por eso. Él dice, en algún momento: «Yo escribo para lectores inteligentes. Yo creo en el lector inteligente. Creo en el lector capaz de entender la complejidad».

Hay una insistencia en que la obra de Krasznahorkai es oscura, difícil. Son como etiquetas que se ponen en la obra. ¿Tú crees que es así?

Habiéndolo traducido mucho, diría que hay un proceso en él hacia una transparencia cada vez más grande. Yo creo que Wenckheim, por ejemplo, es más transparente y limpio que Tango satánico. Y esta última novela que traduje, Herscht 07769, que no está publicada, lo es más todavía.

¿Con Béla Tarr ha tenido relación?

No, no. Lo he visto alguna vez en Barcelona, nos hemos saludado y eso, pero no lo he conocido, salvo en ese momento. Sí creo que ha hecho una buena traslación de las novelas de Krasznahorkai al cine. Y Krasznahorkai se implicó mucho. Él iba a los rodajes; aparte de ser inspirador de la obra de Tarr, participó mucho. Yo creo que hasta El hombre de Londres, y ahí hubo un distanciamiento entre los dos. Luego fue El caballo de Turín. El caballo de Turín fue posterior. Krasznahorkai me dijo: «Creo que es la mejor película de Tarr. Quizá porque ahí no intervine». Todo el guion es suyo, pero no intervino en los rodajes, en el día a día de la creación de la película.

Usted se instala en Cataluña, es su casa. ¿Cómo ha vivido también, como hombre europeo y afín al mundo de ayer, todo lo que ha pasado en los últimos años con el procés y la exaltación de los nacionalismos?

Lo viví mal. Aterrado, con ganas de irme.

Hubo mucha gente que se fue, de hecho.

Sí, sí. Y gente que estaba a punto de irse y no se fue. Entre ellos, nosotros.

¿Y ha llegado a explicarse qué pasó?

Creo que hay un fondo que se mantiene y puede volver a aparecer. Bueno, lo que también me dice todo lo que pasó es que España es un país muy especial, muy curioso, con todas estas nacionalidades. Nunca lo ha resuelto… Bueno, tampoco en otros países. Algunos actuaron de manera draconiana, como Francia, ¿no? Actuaron de manera drástica y no lo han resuelto. Y aquí en España, por el tipo de burguesía, de poder que ha habido y todo esto, tampoco se ha resuelto. Y está ahí, latente, sigue ahí. Pero al mismo tiempo creo que la gente también se dio cuenta de que aquello iba a la nada. Aquello era un viaje a la nada. A ninguna parte. Peligrosísimo. Porque llegar a ninguna parte, llegar a la nada, habría sido bastante dramático.

Es curioso cómo a veces los políticos —no voy a decir de qué signo ni de nada— son capaces de levantar una bandera y con qué facilidad se hacen seguir por las masas. Es algo que ha funcionado siempre, pero que ahora nos sigue asombrando, ¿no?

Yo tengo de toda la vida un terror a las banderas. Veo a la gente bajo la bandera y huyo.

¿No hay ninguna que no esté manchada de sangre?

De sangre o de locura.

Para terminar, le pido su idea del futuro de la traducción. ¿Va a convivir con la tecnología, va a ser erradicada por ella?

La verdad es que no lo estoy viviendo en primera línea, siento que pertenezco a una época anterior. Pero sí percibo por traductores jóvenes que hay inquietud. Ahora, lo que sí creo, y lo he dicho varias veces, es que traducir es un deseo muy profundo, muy innato. El deseo de apropiarse de una obra, de un poema, a través de la traducción. Y eso no lo hace la inteligencia artificial, eso lo haces tú.

No sé qué ocurrirá, pero ese intento de hacer tuyo un relato o un poema, por el hecho de pasarlo de un original a tu lengua, de apropiarte paso a paso de un texto, no va a desaparecer. Hay una parte —la comercial, económica, práctica— que harán las máquinas. Luego, además, puede ocurrir que un cierto tipo de traducción más creativa, más innovadora, que se aparte de la línea que siga la IA, llegue a existir y tener sus adeptos… No hay que creer tanto en la IA, hay que creer en uno. Y la IA, por otra parte, a lo mejor promete más de lo que en realidad puede. Hay ahí mucha publicidad, mucha propaganda. De hecho, la publicidad y la propaganda dominan nuestro siglo.

Adan Kovacsics para Jot Down

Compartir:XWhatsAppTelegramBluesky

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

105 comentarios

  1. Refernte a la infancia chilena de este señor (somos coetáneos), quisiera comentar que en aquel entonces (años anteriores al golpe militar de 1973) Chile era un país de acogida, especialmente en la década de los 50 y 60, para los inmigrantes de Europa. Había una importante colonia española, de ambos bandos, y los extranjeros tenían toda clase de garantías para radicarse y prosperar.
    Al igual que el entrevistado yo tuve compañeros en clase de todas las nacionalidades o etnias. Ninguna discriminación por su origen.
    Todo cambió con la llegada de los fascistas al poder. Me sorprende que este húngaro-chileno no hable de ello. Dice que los migrantes actuales sí son discriminados pero no dice cómo y porqué.
    Chile es una nación con una gran base de inmigrantes, especialmente de raíces vascongadas. También de suizos y alemanes y otros centroeuropeos que recibieron tierras en el sur a principios del siglo XX. Expropiadas a los aborígenes nativos, por cierto. El racismo ha existido desde siempre contra ellos, no con los descendientes de europeos. También hay racismo con los fronterizos bolivianos y peruanos. Y actualmente con los ciudadanos provenientes de Colombia o Venezuela. Como aquí en España, vamos.
    Respecto al Nobel húngaro, me ha interesado poco el artículo. No figura en mis listas de lectura.

  2. El censor ataca de nuevo.

  3. “¿Por qué será que hoy me acuerdo de mi abuela?, india pía y silenciosa que paría hijos, bien erguida forcejeando con una soga que venía de lo alto, como si quisiera hacer sonar las campanas de su iglesia pobre de madera, ventisca y chapas. Un cojín de oveja a sus pies, una palangana de agua tibia, cristalina y pura, dos tijeretazos, el fajado, una sonrisa resignada y al trabajo. Chile, Chile, Chile ¿Por qué será que hoy me acuerdo de la geografía de la mitad de mi persona?” Supongo que será por el comentario de Alex Solar, que no merece una respuesta, la de Maju, que no se entiende. Traducción por favor. Excelente entrevista. Muchísimas gracias.

    • Francisco Jiménez

      Hola, Roberto
      Yo tampoco lo entiendo y no me gusta. Pero no es la primera vez, ni mucho menos, que hay respuestas en otros idiomas. A veces, en francés o inglés y unas cuantas veces en catalán (que se entiende ocasionalmente, como el francés, por ser romance, pero no es esa la cuestión).
      Por cierto, enhorabuena, en general, por tus intervenciones.

    • ¿para cuándo una entrevista a E. Roberto? ¿Y a McNaughton? Cada comentario que traen encierra una novela.

    • Me alegro por su comentario. Ud. seguramente sabrá de lo que hablo.
      Ni caso hago del nuevo comentario. Como si es en ruso, chino o gaélico. Bastante tuve haciendo entrevistas a políticos que contestaban en su lengua vernácula. Cortesía nacionalista.
      Las entrevistas tan largas me cansan, todo se puede decir con menos tiempo o palabras.

    • alagoritmo

      Si tan ofendido se siente, puede usar los traductores GRATUITOS que ofrece la red.
      Si no lo hace por curiosidad, que no le venza la vagancia.

      • Ofendido y vago; bueno, esta es nueva, pero son tubérculos de su cosecha, no la mía. Todo se puede decir, pero con elegancia y sensatez para mayor enriquecimiento cultural. Por otra parte le confieso que, para ofenderme se necesita más que una frase que no entiendo y pido explicación; y miro con cierta simpatía lo segundo, pero me pregunto, cómo se hace, qué circuitos se meten en movimiento para expresarse con tanta autoridad contundente sobre alguien a quien se conoce solo por los comentarios. Las redes con sus fantasmas agrios han sido una decepción para mí, con discusiones inútiles, superficiales o estrafalarias, que más tienen que ver con el ego que con la cuestión en si, una decepción que me la reasumo para consolarme dando vuelta ese icona negro y masculino con el mono a la izquierda y el moderno a la derecha. Volver a la cueva, al garrote y al arrastre de las mujeres por los pelos, si es que fue así. Es desasogante. No creo que el comentarista de marras no sepa el español. Qué le costaba poner la traducción de diez palabras, habría quedado como un señor, de reverenciar. Uno viene a duras penas entendiendo el meollo, derivados y reflexiones excelentes del artículo, luego un comentario sensato y de golpe, paf, un galimatías. Se piere el hilo, el encanto de la lectura, y como soy medio torpe para la tecnología me quedo en ascuas.

        • josé garcía

          entiendo lo que dice, pero que tampoco costaba tanto traducirlo. si al final se trata de acercarse al que está en un rincón empalmándose con su propia filosofía e invitarlo a un vino.

        • Bueno, es lo que yo he hecho, pues no se euskera. Y si, me ha costado un tiempo, pero menos que escribir este comentario. No quería faltarle, al contrario!

  4. José García

    Como dice el gran politólogo Lorenzo Morales «nacionalismo solo es fascismo».

  5. José García

    Que vuelva el sánscrito por dios la virgen y todos los santos del subsuelo.

  6. José García

    Estamos por la droga, quiero decir, por los comentarios

  7. José García

    Estamos aquí por la droga, quiero decir, por los comentarios

  8. José García

    Por cierto que el primer comentario en euskera se entiende perfectamente en castellanomanchego.

  9. José García

    Me acuerdo cuando un extremeño me explicó qué es el castúo y acto seguido quería pegarme por reirme del nombre de su banda de rock punk anglosajoide

  10. José García

    La bandera blanca y verde, vuelve tras siglos de guerra, a pedir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra.

    Bueno, eso de nuestra…

    • Y nos quieren enviar a la ikastola.

      • josé garcía

        la ikastola también tendrá sus cosas buenas, aunque ya los lendakaris muertos no advirtieron a los enamorados del euskalpunk de sus inconvenientes.
        por cierto me encantaría visitar Chile.
        un abrazo a to kiski que es viernes y acabo de descubrir a Henri Bergson.

        • A mí también, a veces, más que nada para abrazar a los míos que van quedando y a los benjamines de la familia. Pero me contengo al ver lo que allá ocurre a diario. Me refiero a la inseguridad, a los fascistas que han vuelto a gobernar, a la destrucción de todo lo que amé y viví hace mucho tiempo.
          Suerte, amigo.

  11. Las banderas representan a países o a causas. Hasta los propios impugnadores del Estado, los anarquistas, tienen sus banderas, rojinegras o amarillas y negras.
    Las banderas son como nuestras familias: (casi) todos o, al menos, muchos las amamos y estamos dispuestos a sacrificarnos por ellas, sin que ello quiera decir que seamos corruptos morales.
    Para mí significan algo la bandera española, la de mi patria chica, la Tricolor republicana y la roja. Eso no quiere decir desprecio a las demás ni falta de límites en la defensa de aquellas.

    • josé garcía

      hombre supongo que algunas representan unas cosas y otras, otras. yo me quedo con el juego de banderas de sheldon cooper. ahí no falla nada, todo cabe.

      y por cierto que el anarquismo está muy equivocado desde siempre, la anarquía no impugna el Estado, sino a los arcontes que dominan el Status Quo. Y además los comunistas también quieren superar al Estado, con lo que también se equivocan, porque el Estado es lo que hay, de una manera u otra.
      Recuerdo a un catedrático de Derecho Político (después lamentablemente se llamó Constitucional) que me decía que no había mucho escrito sobre teoría del Estado. Pues yo ya he hecho mi aportación. Y sinceramente, siendo el más ignorante y cazurro, la afirmo con honestidad.

      Saludos a los sin patria.

      • Muy bien, muy bonito. Pero incurre en idealismo.
        Si el Estado es lo que hay (desde luego que es así), negar el patriotismo es contradictorio. No hay patria sin Estado y para defender al Estado (o pretender crear uno nuevo), de un modo u otro, hace falta patriotismo.
        A no ser que quiera negar el Estado (es decir, todos los Estados), sin embargo, usted mismo decía que el anarquismo está muy equivocado desde siempre (lo cual también es cierto).

      • Se usan para todo. Para quemar libros, para quemar seres humanos, para manifestarse de manera violenta contra otros seres humanos. Y conozco a un fascista valenciano que usa la bandera de España hasta de mantel.
        Yo…las quemaría todas.

      • alagoritmo

        Miguel Bosé, Fernando Alonso y el Campechano, por unas razones, y Musk, Zuckerberg o Gates por otras, muestran que los Estados son para pobres.

    • josé garcía

      otra cosa, perdona la tabarra, pero los amarinegros herederos de rothbard que metieron las narices en chile no son anarquistas, porque solo ven dinero y entonces son esclavos del dinero, y cuando eres esclavo por equivocación no eres muy consciente y entonces de anarquista nada.

      bueno yo es que he venido a fundar el nuevo anarquismo, eso que quede claro también. la anarquía es la república fíjate lo que te digo. pero vamos que lo del anarcocapitalismo es un secuestro del lenguaje como el que describió el historiador onubense profesor de la UPO Antonio Orihuela.

      • De secuestro del lenguaje, nada.
        El anarquismo de derechas con sus variantes es un discurso ideológico formado hace décadas y coherente con unos principios de rechazo del Estado, individualismo y una exaltación del libre mercado. Yo no lo comparto ni de lejos, pero lo que es es.

        • José García

          Sinceramente, no le encuentro el sustento etimológico ni político, me resulta una falacia

          • Lamento su equivocación. Saludos.

            • José García

              ¿Puede demostrar mi equivocación?

              Saludos

              • Está embrujado por el lenguaje, moraliza una palabra y le da penita que el anarquismo (la organización sin poder, el horizonte social sin Estado), pueda plantearse intelectualmente sin igualitarismo.
                Desde hace décadas demuestran lo contrario Rothbard o Hope.
                Liberalismo e individualismo extremos, mitificación del mercado, antiigualitarismo… De todo eso se construyen esas teorías que, repito, no comparto, pero que existir existen sin idealismos de secuestros lingüísticos ni recurriendo a retóricas.

                • José García

                  Eso está ahí. Pero usted no demuestra más que su existencia, lo cual no contradice en nada lo que yo planteo. Yo no hablo de Viva Durruti. Hablo de Viva Zapata. El error del anarcocapitalismo es su nombre. Que lo llamen jungla de papel si quieren.

        • Rojo rojísimo

          Anarquismo de derechas. Te tienes que reír del oxímoron y de los ignorantes que viven en su abstracción austríaca. ¿Cómo se defiende la propiedad privada si el estado es el garante de la misma? ¿O que son los registros de la propiedad y el poder judicial y policial sino miembros del estado? ¿Y el «libre mercado»? Pero si es una es una creación moderna, permitida, promovida y abrazada por el estado en manos de privilegiados que se traduce en libre mercado para el pobre condenado a competir y proteccionismo del capital, de todo tipo y no solo económico también el simbólico, el social y el cultural, para las castas que ya lo tienen.

          A algunos les venden mercancía caducada con un nuevo envoltorio y vuelven a comprarla.

          • Ignorante lo serás tú, que no tienes ni p…. idea de lo que hablas en cuanto te sacan de tu propio marco mental.

        • James & Youngers

          Lo del anarcocapitalismo, en comparación, parece una propuesta unida a costurones que obvia lo que no favorece; local, en tanto ligada a la formación de los USA y de la progresiva extensión de su gobierno federal, idealizan su pasado romantizándolo, que no molaba aunque fueras el más mola de turno… -No obstante, Forajidos de leyenda de W. Hill es un peliculón-. No parece extrapolable a otros ámbitos.

  12. Manca finezza…

  13. La familia es lo que queda después de la herencia

    Gran parte (no todos, desde luego) de los desencuentros y «malas leches» provienen del hecho de hablar en diferentes lenguas, eso que algunos, cayéndoseles la baba, denominan embelesados como «la diversidad enriquecedora». Yo, que soy de Barcelona, comprendo a los castellanos cuando tuercen el gesto al oír hablar en catalán, vascuence o gallego. ¡Pero coño, si me pasa a mí, cuando en tv3 de Cataluña, cambian a la sección en aranés! Noto que me voy mosqueando poco a poco, sencillamente porque no entiendo la mitad de lo que me están contando. Al ser humano no le gusta encontrarse en inferioridad, que es lo que pasa cuando no te enteras de nada de lo que se dice a tu alrededor. Y dejémonos de historias, que la diversidad de las narices es otro de los muchos palos interpuestos en las ruedas del entendimiento humano.

    • Alogoritmo

      Hasta hace poco, el castigo que impuso el Dios de la Biblia, para evitar la construcción de la Torre de Babel, fue que todos hablarán distinto y no pudieran entenderse. Era el origen mítico de la diversidad de lenguas. La nueva encíclica nos advierte que, una sociedad al estilo Babel, busca un lenguaje único que reduce a las personas a meros datos, sacrificando a los débiles y aplanando las diferencias. Justo lo contrario, teme a que se deshaga el castigo volviendo a un lenguaje único.
      Incluso la iglesia ha constatado que, la diversidad, es una virtud.

      • La familia es lo que queda después de la herencia

        Monsergas.

        • En cambio, escucha a los Beatles, o a The Weeknd, ¿no es cierto? I, seguro, que está subscrito a Netflix, Prime, eso sí con versión doblada.

          • Imagine, de Lennon, me interpreta absolutamente.
            También las letras de la «Chanson».
            No sé por qué no se meten con el señor húngaro, que se quiso marchar a causa del fallido «proces».

            • Tanto que le preocupa el fascismo (debajo de la cama, en los cajones de la cocina, encima del armario del dormitorio) ahí un caso flagrante de peligro fascista y xenófobo que culminó en intentona de golpe de Estado parece que no le importa tanto.

              • A mí que me registren. Viví en Barcelona entre 1978 y 1980. Se vivía mejor entonces , había convivencia.
                No estoy con los independentistas. Tampoco con los españolistas.
                Todos me importan una mierda.

                • ¿Y les deja hacer a ambos por igual o no?

                  • No entiendo que quiere decir con eso.
                    Yo no pongo ni quito rey en esas peleas de banderas y terruños.

                    • Le da igual que Sáhara Occidental esté ocupado, es una pelea de banderas y terruños. Ídem, Palestina: un par de banderas y terruños.
                      Que Cataluña se separe o se deje de separar del resto de la comunidad de la que ha formado parte durante varios siglos es indiferente para bien o para mal para las clases trabajadoras y populares.
                      Muy bien, gracias.

                  • Ud. también me da igual.

                    • Ese tipo de comentario es bastante fascista.
                      Se está cubriendo de gloria con sus comentarios insidiosos a veces y a menudo prepotentes.

  14. Bueno, la cuestión del uso de otros idiomas en foros de este tipo no tiene más historia que la educación y el civismo, nada de filosofía sobre la diversidad, tema muy bonito para discutir, pero que aquí no toca.
    El lenguaje sirve para comunicar, pero también es performativo. Cuando en un contexto se usa un idioma, usar otro es una posición de fuerza, una reivindicación o ganas de dar por saco. Se puede alegar ”es que se entiende perfectamente» (entre lenguas de una misma familia) o ”solo con un pequeño esfuerzo se puede traducir». Excusas.
    Si usas otro idioma, sabiendo usar uno compartido, en realidad estás abusando o faltando el respeto.

  15. Me gustaría saber cuántos de los que están de acuerdo con la frase del titular están también de acuerdo con las banderas españolas en Ceuta.

  16. MacNaughton

    Es facil entender la aversion a las banderas, aunque tambien una simplificacion….

    La bandera se hace obligatoria con la aparicion del Estado nacion moderno en Europa, a partir de la Revolucion francesa de 1789, junto con una serie de cosas como la burocracia, un ejercito permanente, y el patriotismo o nacionalismo… el advenimiento del ciudadano / citoyen con sus derechos…

    Casi todo adquiere su forma con la Revolucion francesa, aunque sus lideres miraban a la Roma de la antiguedad como inspiracion…

    Que es lo que reemplaza el Estado nacion moderno? En casi todos los casos, la Monarquia absolutista, con un rey supuestamente nombrado por dios, una poblacion sin apenas derechos y con una lealtad al rey mas que al pais o al Estado…

    Visto asi, el Estado nacion es un avance en ciertos sentidos. En otros, ha propiciado los mayores desastres en la historia de Europa, pues en siglo XIX se empieza añadir calidades a la idea del Estado nacion, como un sola lengua, y no mucho despues, una homegenidad etnia nacional… ese concepto tan estrecho, inflexible, fanatico y divisorio, lleva al final a Auschwitz y los campos de exterminacion…

    Inquieta y mucho que esas ideas fracasadas de vincular la etnia / lengua con el Estado nacion de forma excluyente han vuelto a estar votable en Europa…

    Estamos otra vez en un Kulturkampf contra el nacionalismo excluyente y febril de antes, por ejemplo, el PP en Andalucia ha tragado con la idea de Vox de dos clases de españoles, los que nacieron en España y los que no…

    La UE, creado para que eso no pase, ni mu….

    • José García

      El PP se las está tragando dobladas. O quizá es que parte del PP sea vox y viceversa. Hay mucho señorito entoavía.

  17. MacNaughton

    PD: el caso es que cualquier Estado requiere de una ideologia, y la de nuestros tiempos en Europa, es el nacionalismo ( banal, civico, no exluyente) por lo general, y la bandera ahi es importante…

    Para mi, la UE tendria hacer mucho mas para promover la identidad europea, pero como aquello esta en manos de 27 paises nacionalistas, siempre era poco probable…

    Por que no puedo pedir la nacionalidad europea? Porque no existe. Existe solo a traves de los 27 Estados naciones…

    Tiendo a pensar que el nacionslismo banal, civico, no excluyente, siempre contiene el otro en potencia, el excluyente y asesino, como Jekyll y Hyde…

  18. José García

    Y piensas bien.

    Por mencionar una anécdota, hace unos años asistí a un curso que la facultad de derecho de Córdoba ofrece a sus alumnos. Se trata de conferencias anuales sobre el derecho de la UE.

    En un descanso le pregunté al ponente el porqué de la tardanza en la Constitución europea, y me respondió que la UE son feudos, reinos de taifas. Quizá en 2014.

    En España esto pasa en cada pueblo. Pero con Netflix incorporado y con Peter Thiel psicoanalizándonos entre bambalinas.

    • Realpolitik

      Ese pensar a lo grande pasó, en su lugar se expandió al este… No estuvo, y menos ahora, preparada pero no hay que despreciar el poder uniformizador de la norma de bajo rango… Como loca ucronía, se tendría que haber explorado la entrada de la Rusia del Putin temprano; quizás no hubieran ocurrido algunos conflictos menores del este y, sobre todo, nos habríamos ahorrado el desastre de la guerra de Ucrania, en el que nadie va a ganar claramente salvo algunos situados más al oeste; los que justamente más se hubieran opuesto, quizás de todas las maneras posibles.. y es que la UE debe ir superando a todos los efectos su dependencia trasatlántica.

  19. Alemania se nazifica.
    Rusia se estaliniza.
    Francia se lepeniza.
    Italia se mussoliniza.
    España se fascistiza.
    La UE se fue a la mierda.

    • Realpolitik

      Por ley, Alemania no puede nazificarse; diría que, como a la UE, se les están haciendo pesadas la digestión de sus respectivas ampliaciones… A pesar de que algunos métodos sobreviven a los regímenes, Vladimir es un zar, no tiene nada de comunista… Francia, Italia; aunque todo pais ha tenido históricamente su cuota de reaccionarios varios, su auge actual es injerencia externa, demérito propio o de la UE. España no fue fascista; el ganador de la guerra civil se encargó de ello. Y es que , para que el mal triunfe – y entiendo como EL MAL todo ideario que, simplificando la realidad, promueva el odio- solo hace falta que…

      • Chapeau!

      • Sajonia es el síntoma.
        Stalin es el maestro de Putin. Mata a sus oponentes, oprime a su pueblo, los mete en una guerra expansionista, intenta reestablecer la URSS y el telón de acero.
        Meloni es heredera del fascismo. No hay duda.
        Franco no era un fascista de manual como querían los falangistas. Pero en la práctica fue un aliado de Hitler.
        En cuanto a Francia, con un pasado colaboracionista, algunos filonazis en el frente lepenista, va camino, igual que España, a un neofascismo con rostro engañosamente «democrático».

        • Me repito, pero es que acerté: trotskista. De ahí el cansinismo y la intransigencia censora.
          Stalin no es maestro de Putin no tenía ni un año cuando Stalin murió y llovió mucho en la URSS tras su muerte. ¿Guerra expansionista? No, guerra defensiva. ¿Nuevo telón de acero? Es lo suficientemente hábil para saber que, por desgracia, ya no es posible.
          Hitler murió el 1945; el figura (y cabrón) de Franco duró hasta 1975 precisamente por no ser un hitleriano.
          Todos los países tienen en su pasado izquierda y derecha, reacción y revolución. No hay que reverenciar tanto lo pasado.

        • Realpolitik

          … El síntoma de un diagnóstico simplista, cómodo.
          -V. Putin ha mencionado en ocasiones quienes son sus referentes imperiales; algo patente en la escenografía de su régimen, el cual, a pesar de todo, es probable que cuente con más apoyos entre su pueblo de los que el occidente político querría..
          -Meloni, en un alarde de postmodernidad, es postfascista a la carta; Italia entera dejo de ser fascista con el ajusticiamiento de Benito y la Pax Norteamericana posterior.
          -Franco ALIADO de Adolfo?; juraría que -afortunadamente- no acordaron nada parecido cuando se vieron… Hay que reconocerle cintura político/ táctica en el manejo de la situación, desembarazándose incluso de los elementos más «ardientes» de su movimiento..
          -Un «exaltado» francés, salvo casos dignos de estudio, no puede ser filonazi; más de un milenio de enfrentamientos con su vecino lo impiden.. Tampoco lo necesitan; en el devenir de su s.XX se encuentran las claves que, a algunos, les sirven…
          -Neofascismo «democrático»; todo un oxímoron; con el abuso de determinados conceptos, se desgastan, pierden su significación, difuminando su diagnóstico y eventual tratamiento.

          Que la realidad no le estropee un buen titular!.

          • No estoy, no estamos para diagnósticos y ensayos de ciencia política.
            Decimos en pocas palabras lo que pensamos en base a evidencias. Y ésas son insoslayables. Como que , como observa Alba Rico , la ilustración ha fracasado y el «niño nocturno», es decir el activismo político y el lenguaje anti democrático se muestra con toda su injusticia y desprecio. Trump, Netanyahu, Bukele, Milei, Kast y demás fascistas de nuevo cuño.
            Si no lo ve, es porque no quiere y es uno de sus seguidores.

            • Otra vez.
              ”O piensas como yo o eres un fascista.”
              Intolerante y sectario.

            • Realpolitik

              Pues es una pena, oiga!. Alguien dijo que la historia no se repite pero la música suena parecida; En este caso a mi no me lo parece: Lo que digo es que quedarse en «la reductio ad fascismus» no aporta al conocimiento de hecho político/social alguno y de lo que importa: sus causas, de quienes las promuevan, desde donde y por qué lo hagan.
              No sea fúnebre!, perdurarán, modestamente, en sintonía con lo que es Europa actualmente en el tablero mundial…; ya lo dice Von Der Pfizer a estos que ganan elecciones agitando las bajas pasiones: «que no me piséis lo sembrao!…».

    • Alex Solar se troskiza.

    • Gutiérrez del Vasto

      Rusia no se estaliniza, es un país en la actualidad ultracapitalista. El franquismo en España fue algo cuartelero, nacional-catolicismo dictatorial, pero de fascismo hubo poco. Vox es ultraderecha posfranquista, pero no ultraderecha fascista.
      La UE ha sido siempre un chiringuito franco-alemán para mantener la paz, una organización económica favorable al norte, sin ambición política ni social. Empezó sin ambición de discutir al amigo americano y así sigue. Ni tan mal que desaparezca si no cambia.
      Yo no me olvidaría de Trump, Bukele, de la Espriella, Kast, Milei y Fujimori.

  20. José García

    Pero qué más da el nombre que le pongáis, son todos unos fachas. Quieren la involución.

    Dejaos de tontunas que están aquí en lo alto.

    Madre mía que cacao cinematográfico.

  21. Redio Dell’Oro

    Decía un amigo comunista que en la Guerra Civil fusilamos a pocos… de los nuestros.
    ¡Cuánta verdad!
    La izquierda política tiene ese baldón del ultramoralismo de anarquistas e izquierdistas (en sentido leninista).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*