
Hablemos de charlatanes que llegan al poder. No de los habituales politicastros que, bien a base de financiarse por el jurásico método de la comisión consuetudinaria, bien a base de presentarse en los platós de todas las televisiones que las maravillas del mercado han puesto a nuestra disposición, consiguen un escañito aquí, una maquinita de vomitar decretos ley allá y, comiéndolo mucho y bebiéndolo aún más, mediante una transformación topológica cuya función compleja es conocida por todos pero muy pocos nos atrevemos a utilizar, se convierten en altas esferas del poder. Queden por ahora las geometrías imaginarias en paz. En su lugar, pensemos en esa gente con la mirada sospechosamente ida o concentrada que consigue tener influencia en las instituciones más prestigiosas; que se dan el gustazo de ser adulados tanto por sus hasta hace poco compañeros como por sus ancestrales rivales, por el pueblo llano — ¡la gente normal!— y por los ministros y vicepresidentes de gobiernos y emporios multinacionales, algunos de ellos a su vez subsidiarios de otros gobiernos y otras corporaciones aún más gigantescas.
Sujetos que alcanzan un nivel de autoridad lo bastante elevado como para imponer las teorías más locas que se les pudieran ocurrir a, pongamos por ejemplo, cualquier grupete de amigos y amigas reunidos en un semisótano de Oslo que, ya cansados de explorar todas las variantes del teto para animar las eternas noches del invierno subpolar, se dedicaran a saciar sus ansias lisérgicas y, ya de paso, vender su alma al diablo, liarse a hacer el mal y reinventar el método científico. Eminencias que sueltan discursos desde púlpitos catedralicios y comisiones de parlamentos democráticos y asambleas más democráticas todavía, siempre ascendiendo, siempre medrando hasta que, zas, el día menos pensado sienten llegar la iluminación y declaran que el mundo, que ya se sabe que es plano e infinito, se creó un 22 de octubre del año 4004 antes del Cristo (1) y así debe ser enseñado a partir de ese momento en todas las escuelas elementales y superiores, ya sean de biología, geología o ciencias de la parafernalia.
Enseguida se nos va la mirada hacia el cinturón bíblico (2), con sus lecciones de creacionismo en sus distintos niveles. Tierra joven, Tierra antigua. Los fósiles como huellas de ángeles caídos. Etcétera. O hacia la paquidérmica reacción de la fe de Roma ante cualquier avance de la ciencia, unas veces esquivada sin habilidad mediante una disculpa por parte del infractor, y otras muchas veces manifestada con un auto de fe. Pero, una vez más haciendo un requiebro que quizás nos cueste caro, fijémonos en otras latitudes. En esas sociedades donde creemos que la ciencia no se corromperá jamás en manos de los políticos, pues la política, como parte de la historia, es una ciencia en sí misma; con sus leyes y sus teoremas, sus variables y sus coeficientes, sus tratados y sus guías de uso que, si las seguimos al pie de la letra (3), nos llevarán al paraíso terrenal y a una sociedad justa. Veamos cómo en la científica Unión Soviética, hasta bien entrado los años cincuenta del siglo XX, gracias a la labor del eminente Trofim D. Lysenko (4), cualquier investigador que fijara su atención en los principios de la herencia genética sería rápidamente recompensado con una estancia prolongada, pongamos que hasta la muerte, a orillas del río Yeniséi, no muy lejos de su desembocadura en el océano glaciar Ártico.
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Buen artículo. Con el permiso del Comité Central, y desde mi más inquebrantable lealtad al Partido Jot Down, tengo una sugerencia técnica: si usáis notas al pie de página, usad enlaces internos, como en los artículos de la Wikipedia: es más cómodo que andar haciendo scroll. Es solo una humilde sugerencia en aras del Hombre Nuevo.
Por favor, medalla de Héroe de Jot Down a Drywall ya.
No se apure estas pseudoteorias se defendian en Cuba bajo la Mirada del Comaandante, imagino que en Corea del Norte tambien.
Buen artículo, PERO ¿está seguro de lo que dice, de que «todos ellos eran convencidos comunistas y defensores del sistema soviético”? Entiendo que no se basará en sus opiniones cuando vivían en el seno de uno de los estados más represivos de la historia, en el que la más leve discrepancia estaba castigada con la muerte o el destierro a Siberia.
Me baso en lo que cuenta HJ Muller en los artículos citados en la nota 12. Ahí asegura que todos ellos, a quienes conocía bien, eran comunistas convencidos.
Cualquier día se repite en mayor o menor medida. Esto se ha de enseñar. Me lo llevo a clase.
buen articulo, pero tb hay trigo de primavera.
Muy buen art. Solo una pega en el título que debería ser en mi opinión:
Ciencia y comunismo: el caso de Trofim. D. Lysenko.
Por cierto ¿se sabe si, es cierta, la anécdota del estudiante ruso que preguntó a Lysenko, por qué si su teoría era correcta, todas la mujeres rusas nacían vírgenes?. en cualquier caso si no es cierta, debería serlo.
El protagonista de la anecdota era Landau, premio Nobel, y quizá uno de los mayores genios de la fisica. La frase que le solto fue genial «¿Como es posible que nuestras hijas sigan naciendo virgenes si llevamos generaciones follandonos a sus madres?»
Hola Pepe/
Gracias por el apunte. Efectivamente existe el trigo de primavera. Sin embargo, en la URSS, en aquellos años, disponían sobre todo de trigo de invierno. Por razones políticas y económicas obvias, no importaban semillas de la variedad de primavera.
Además del trigo de primavera y de la genética, hay algo que se llama epigenética, que está revolucionando todo el darwinismo (Lamarck está entrando por la puerta de atrás sin negar la selección natural).
Que yo entiendo lo que muestras en el artículo acerca de las animaladas que se han cometido en este mundo hacia personas que desafiaban la cultura oficial, incluso que esa cultura oficial ha bailado en ocasiones con lo esotérico un par de temas. Pero meter en el chiste a Lamarck, Darwin y la modificación genética me parece ir un poco lejos.
Que no basta con desear el elongamiento de un miembro para que éste se produzca, hace mucha risa, pero igual falta aceptar que sólo la suerte no rige el que este logre la longitud que interesa. Con cada vez más estudios sugiriendo el estrés como modo de buscar soluciones a problemas que aparecen ante un ser vivo, aumentando exponencialmente las mutaciones en busca de sobrevivir, el sistema tiene más de Lamarck que de Darwin, desde mi punto de vista. De entre esas mutaciones multiplicadas sobre lo normal por causas externas, efectivamente acierta Darwin al decir que una de ellas sobrevive y mejora la especie, y que esta viene dada por azar y no de manera dirigida. Pero el principìo del azar se ve alterado por causas externas, aumentando o disminuyendo por el estrés generado las probabilidades de dar con líneas genéticas más adaptadas a nuevos retos.
Del tema de la modificación genética tan sólo por vías naturales, Monsanto entavía se debe estar mondando de risa. Muy grande el señor Lysenko.
«En agosto de 1948, hace poco más de 60 años, el presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS, T.D.Lysenko (1898-1976), leía un informe ante más de 700 científicos soviéticos de todas las especialidades que desencadenó una de las más formidables campañas de linchamiento propagandístico de la guerra fría.
Lysenko no era conocido fuera de la URSS hasta que la guerra sicológica desató una leyenda fantástica que aún no ha terminado y que se alimenta a sí misma.
Más de medio siglo después lo que concierne a Lysenko es un paradigma de pensamiento único y unificador. No admite controversia posible, de modo que sólo cabe reproducir, generación tras generación, las mismas instrucciones de la guerra fría.
Así, lo que empezó como polémica ha acabado como consigna monocorde. Aún hoy en toda buena campaña anticomunista nunca puede faltar una alusión tópica al agrónomo soviético…»
Quien esté interesado por conocer en profundidad una perspectiva muy diferente a la aquí expuesta:
http://www.natureduca.com/blog/lysenko-la-teoria-materialista-de-la-evolucion-en-la-urss-1/
Es obscena la forma en la que se habla de ‘represión científica’ durante todo el artículo, propia de quién entiende el poder como mecanismos negadores/represivos, olvidando que el poder también se ejerce produciendo, a través de mecanismos positivos/permisivos. Al mismo tiempo que tenían lugar esas coacciones a científicos soviéticos, la caza de brujas comunistas impregnaba las instituciones de medio mundo. Estrategias de control posiblemente mucho más agresivas y efectivas (prueba de ello es que todavía nos cueste reconocerlas como tal) se aplicaban en el terreno de la producción científica en países como EE.UU. y Reino Unido.
En cualquier caso, objetar el trabajo de un autor tal y como se plantea aquí, es como negar los extraordinarios aportes de Charles Darwin por su ambigüedad con respecto al creacionismo. Echo en falta una contextualización que vaya más allá de los cuatro estereotipos apolillados sobre la antigua URSS.
Eso que se proclama como ‘Ciencia demostrada, real y verdadera’ se está derrumbando, y más todavía si cabe en el terreno de la genética y la evolución. Ahora el tablero está cambiando con la aparición de la epigenética; que relativiza a Darwin, anula la soberbia mentalidad del biologicismo del siglo XX y hace que eso que aquí se llama ‘variante de la magia simpática’ pueda ser un planteamiento más que interesante. Así que ya pueden los portadores de la verdad científica ir asumiendo que Lamarck ha vuelto y que obras como la de Lysenko (con sus luces y sombras, como la de muchos otros científicos laureados en el mundo anglosajón; o si no, que le pregunten a Rosalind Franklin) tienen mucho más que decir de lo que nuestra ideología mercadotécnica puede llegar a imaginar.
Interesante artículo, muy amenamente escrito. Por cierto que, aunque el lamarquismo ya hace muchas décadas que está completamente desprestigiado como mecanismo evolutivo, a escala genético-molecular suceden cosas que muestran características que no serían del desagrado de los lamarquianos – sin que ello quita para que Darwin siga llevando la batuta con firmeza, evidentemente.
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La superstición y la superchería nos lleva a creer memeces. La religiones organizadas no mejoran mucho las cosas (ya se sabe, vírgenes y santos milagreros por doquier y dios interviniendo siempre a última hora – le gusta hacerse esperar, se ve – a favor de los buenos, léase nosotros). Y luego vienen el marxismo y el nacionalismo como prueba fehaciente de que cuando uno deja de creer en dios pasa a creer en cualquier cosa: lo de Lysenko es paradigmático
Me congratulo de la vuelta de Olalquiaga, se mustra poco prolífico
El chiquillo estaba en la cubierta en llamas,
su prieto culo pegado al mastil
no se movería un puto centimetro
hasta que hubiera pasado el malvado Percy.
Ahora, el malvado Percy, hijoputa muy astuto,
le tiró al suelo un duro
y cuando se agachó a recogerlo,
se la metió por el culo