
¿Qué pasa después de la guerra? Para ensayar una respuesta, Revista 5W ha lanzado su número 1, un libro de crónica y fotografía de 225 páginas escritas desde diferentes partes del mundo. Este es el primer texto que aparece en el volumen, que ya está a la venta: un perfil de Mónica G. Prieto de un activista sirio que acabó convirtiéndose en enterrador.
Revista 5W es una publicación de información internacional con una apuesta radical por la narración y la imagen, en web y en papel. Fue fundada en 2015 por un colectivo de periodistas y fotógrafos.
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«¿Por qué tú? ¿Por qué lo haces?». La pregunta no era profesional, pero fue la que me salió de las entrañas al ver a Hamza, de apenas dieciocho años y rostro aniñado, remangarse para lavar un cadáver. La escena despertó en mí una súbita corriente de indignación.
Hamza me había acompañado al hospital de campaña para documentar las consecuencias de los bombardeos indiscriminados en la población civil. Era una vivienda salpicada de manchas de humedad y de sangre donde un obrero de la construcción practicaba cirugía de guerra con la destreza que le confería la desesperación. Hamza estaba enfocando con su cámara de vídeo los rostros desgarrados y los jirones de carne humana cuando una voz resonó desde la entrada del hospital, pidiendo ayuda. Hamza desapareció brevemente para reaparecer sosteniendo por las piernas a un hombre al que le faltaba parte del vientre. Abu Sufían, considerablemente más corpulento, sujetaba el cuerpo sin vida por las axilas. Con un último esfuerzo lo depositaron, de un golpe seco, en la camilla de la entrada. «¿Dónde están los sudarios?», vociferó Abu Sufían mientras Hamza, de forma casi robótica, agarraba un trapo húmedo para adecentar aquel cuerpo desventrado.
Les miré hipnotizada por la visión de quien, para mí, seguía siendo un niño que asumía tareas que ningún adulto sin formación expresa debería acometer, y me pareció ver en su gesto la locura misma de la guerra. «¿Por qué tú? ¿Por qué lo haces?», le repetía. Ambos repararon en mi presencia, aturdidos por una pregunta para la que no tenían respuesta, y Hamza se encogió de hombros con expresión casi avergonzada: «Alguien tiene que hacerlo», musitó. Abu Sufían negó con la cabeza en un gesto de disculpa antes de caminar hacia la puerta y desaparecer, engullido de nuevo por la oscuridad, para recuperar nuevas víctimas.
Desconozco si Abu Sufían fue quien recogió el cadáver de Hamza cuando, días después de mi viaje, cayó abatido por una bala de un francotirador mientras grababa la ofensiva. No creo que lo admitiera jamás, pero como al resto de activistas, a Abu Sufían le consumía el precio que había que pagar por la libertad.
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Pingback: Abu Sufían, el enterrador de Homs
A todos los que sistemáticamente descalifican a «los periodistas» por lo que leen, ven o escuchan en los medios tradicionales de comunicación, les enviaría cualquier texto de Mónica G. Prieto, pero no sale en la tele y su nombre no es conocido entre espectadores. Una pena, porque dignifica la profesión.
Excelente artículo, triste pero con mucha dignidad en cada palabra ¿Se sabe algo de la vida de Abu Sufían?
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