
En la mitología griega, quimera (Χίμαιρα) significa «animal fabuloso» y era un ser feroz que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las gentes y devorando sus rebaños. Era un monstruo híbrido del que hay descripciones diferentes, la más común dice que tenía la cabeza de un león, el cuerpo de una cabra y la cola de serpiente o de dragón. A veces tenía también alas o escupía fuego por la boca pero siempre era un mal fario y, si no fuera suficiente con los estragos que causaba por su cuenta, solía ser avistada antes de naufragios, tormentas y erupciones volcánicas. Afortunadamente, el héroe Belerofonte montado en Pegaso acabó con ella metiéndole una flecha con plomo por la garganta que, al derretirse por su fuego bucal, obstruyó sus vías respiratorias y la asfixió.
Lydia Fairchild aprendió sobre las quimeras muy a su pesar. Esta mujer estaba embarazada de su tercer hijo cuando ella y su marido, Jamie Townsend, se separaron. Cuando ella le reclamó una pensión alimenticia en 2002 para sus hijos, Townsend pidió una prueba de ADN que demostrara que era el padre. Los resultados de los test confirmaron que sin duda él era el padre de los dos muchachos, pero indicaban también algo sorprendente: que ella no era la madre. Inmediatamente el juez tomó cartas en el asunto y acusó a la Sra. Fairchild de buscar beneficios usando a los hijos de otra persona o de participar en un engaño usando falsos embarazos o madres de alquiler. Aunque las historias clínicas de sus visitas al hospital recogían las revisiones ginecológicas durante los embarazos, no fueron tenidas en cuenta. La fiscalía pidió que la custodia de sus dos hijos mayores pasase a los servicios sociales y el juez ordenó que un testigo independiente estuviera presente cuando diera a luz al tercer niño y cogiera en ese momento muestras de sangre del bebé y de la madre. Dos semanas después del parto los test de ADN indicaban algo aún más sorprendente: que tampoco era la madre de ese niño al que había dado a luz bajo vigilancia judicial.
En 1998, Karen Keegan, una mujer de cincuenta y dos años, fue a ver a su médico, la Dra. Margot Kruskall, con su vida patas arriba. Necesitaba un trasplante de riñón y sus familiares más cercanos se habían hecho pruebas para ver si había algún donante compatible. Los test de ADN mostraban que su marido era sin duda el padre de sus tres hijos pero ella no era la madre de dos de ellos. Las primeras posibilidades pensadas fueron un error en los test, que rápidamente fueron repetidos y los resultados confirmados, o algo aún más aterrador cuando tus hijos son mayores: que fueron cambiados en el hospital por el hijo de otra mujer. Sin embargo, la probabilidad de que eso sucediera dos veces en la misma familia parecía ínfima. Pero es que además los muchachos eran hijos de su marido, con lo que ya la pobre mujer no sabía qué pensar. Los médicos examinaron otros tejidos, incluyendo folículos pilosos, células epiteliales del interior de la boca e incluso analizaron muestras archivadas de pequeñas operaciones quirúrgicas anteriores pero nada parecía encajar. Kruskall envió los datos a varios colegas y las explicaciones planteadas fueron pintorescas: uno propuso que Keegan había tenido un tratamiento de fertilidad a escondidas con una donante de óvulos; otro proponía que ella y su marido habían pactado con una hermana de ella que tuviera hijos con esperma de él y ahora les hacían pasar por suyos. El matrimonio negaba con rotundidad todas estas conspiraciones y los médicos, que conocían bien a la paciente, no creían en esas explicaciones retorcidas, pero había un problema básico, el ADN de ella no encajaba con el ADN de sus dos hijos.
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Realmente interesante, tus artículos valen la pena. Gracias por contárnoslo.
Gracias, Javier. Me gusta el trabajo de documentarme, leer sobre un tema y luego contar una historia. Me anima mucho recibir unas palabras amables, como tu comentario. Un abrazo dominical
Muy interesante. Me ha gustado mucho el artículo. He leído bastante sobre intersexualidad (hemafroditismo) y creo que está relacionado, sólo que en el caso de los hemafroditas los cambios en el cuerpo son bastante considerables.
No tiene nada que ver con el hermafroditismo, ni a nivel biológico ni celular.
Me ha encantado. Gracias por la explicación tan clara y amena que haces sobre el tema. Un saludo.
Muy interesante el artículo y muy ameno. Muchas gracias
Maravilloso artículo.
Me ha quedado una duda en lo que hizo Tyler Hamilton. Si uno extrae su propia sangre para guardarla y posteriormente se la vuelve a inyectar en él mismo, ¿puede detectarse a través de un análisis? ¿Y cómo es eso de que las cálulas transfunddas desaparecen al cabo de un tiempo? Entonces, no sólo desaparecen las transfundidas, sino todas, ¿no?
¡Gracias!
Me ha gustado mucho el artículo, gracias.
¡Cielo Santo! ¿Por qué no todos los artículos son así? Esto demuestra que es posible combinar la divulgación con rigor y buen gusto. He pasado un rato muy agradable leyendo y aprendiendo con este artículo. Gracias.
Un artículo fabuloso. Una forma genial de empezar el dia. Me interesé por el tema después de un capítulo de alguna serie en el que hacían referencia a las Líneas de Blaschko, contigo aprendí más.
Gracias
María, Ricardo, Antonio, Ana… ¡Mil gracias! En esto de internet todos conocemos a los «trolls» que usan el anonimato para demostrar su estatura intelectual y moral pero habría que inventar otra palabra para los que animan, ayudan, refuerzan el trabajo de los demás, disculpan los errores y hacen críticas constructivas. Es un honor tener lectores así y que encima el artículo os haya gustado.
Gracias de corazón.
Me saco el sombrero, genial artículo.
Interesante. Desconocía el tema. Eso de tener el ADN de otro ser en tu cuerpo da cosilla.
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Hay casos especiales que la ciencia no puede explicar, por lo poco común, pero no da razón para que sea irrevocable su teoría, se refiere a la situación, que require por necesidad lógica, de la categoría de autoridad, y más concretamente de una decisión autoritaria que resulte una razón de carácter obligatorio para actuar, por citar el caso de quimera, por otro punto hay medios materiales que determinan que invariablemente la ciencia no tiene la respuesta, me parece que es algo inquisitivo,
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