
La vida es imposible sin ilusiones. (Ortega y Gasset)
Un tranvía llega a Nueva Orleans envuelto en bruma, ilusiones, cartas de póquer, locura y vodka. De fondo suena la «Varsoviana». Queda al descubierto un escenario en blanco y negro semiiluminado.
Thomas Lanier Williams III, rebautizado como Tennessee Williams, observó la sociedad del sur de Estados Unidos durante la posguerra y la representó con realismo, mostrando su decadencia mediante personajes desarraigados, psicópatas, degenerados, dementes, morbosos, masoquistas, caníbales, alcohólicos, drogadictos, prostitutas y homosexuales disimulados. Freaks y outcasts de la época que ilustraban las contradicciones del mítico sur americano. Su creador fue también su alter ego. Tennessee vivió en un mundo en crisis permanente. Las tensiones de su entorno se unen en su historia personal y en su obra literaria. Nació en 1911 en Columbus, Mississippi, hijo de madre cuáquera y nieto de pastor episcopal. Su padre era alcohólico y su hermana se quedó esquizofrénica tras una lobotomía, lo que le marcó fuertemente para el resto de su vida.
Si su infancia y adolescencia terminaron, en palabras de T. S. Eliot, «Not with a boom but with a whimper» («No con una explosión sino con un lamento»), su vida acabó trágicamente entre ginebra y pastillas en una habitación de hotel. Murió solo, igual que había vivido. «El tema principal de cuanto he escrito es la aflicción de una soledad que me persigue como una sombra agobiante, demasiado pesada para arrastrarla de continuo a lo largo de todos mis días y mis noches», confesaría en 1975 en sus memorias.
Todo lo que aparece en su obra formó parte de su vida. Él mismo fue un iluso, un desarraigado, un alcohólico, un drogadicto, un enfermo y un hombre abrumado por un tremendo complejo de culpa debido a su homosexualidad. Se enfrentó con la sociedad puritana en que vivía, creó un universo propio y pasó mucho tiempo sumido en una depresión. Odió primero lo que amó después, y no fue capaz de deshacerse del lastre de su historia y del cartel que le colgaron cuando entró en el olimpo de la fama. La sociedad que le vitoreó en sus comienzos le tachó de «narcisista» (Raymond Rosenthal), «falto de talento» (el crítico Walter Kerr) y «ventrílocuo» (su biógrafo Alan Brien) en sus últimos años. Solo su amigo y compañero de oficio Arthur Miller le supo comprender, y tras su muerte en 1983 proclamó: «Mientras haya actores en el mundo, las obras de Tennessee Williams vivirán. El autocrático poder del gusto veleidoso no importará en su caso; su textura, sus personajes, su personalidad dramática son únicos y están firmemente asentados en el panorama teatral de este siglo como las estrellas en el cielo».
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Gracias por el articulo!!!!
Gran momento
Gracias por el articulo!!!!
Gran momento.
Ayer tuve la suerte de ver la película » El árbol de la vida » y hoy de leer este artículo.
Aún hay esperanza, sin duda.
Gracias, de nuevo.
Nunca me gustó Kowalski, su lado femenino, su chismorreo, su secreto amor por Mitch, ese si un hombre pero falla también al no casarse con Blanche no matter what y no tumbarle los dientes a Stanley, pero en fin es solo una obra, como justicia poética se podría que Kowalski recibió su merecido cuando Eli Wallach le rompió la nariz en el backstage de Streetcar en New York en 1947, Me parece recordar que Paul Bowles cita a Williams en Tánger diciendo que después de la caída final en la obra, Blanche se folla a los enfermeros y los médicos y sale sana del hospital y funda una casa de modas con algunas muchachas trabajando para ella, la vida nunca termina. Una cosa cierta, el inglés de Williams es bellísimo y poético.
Quise decir Eli Wallach le rompió la nariz a Brando en el Backstage de «a streetcar …» en 1947.
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Magnífico.
Pero vamos a hablar de alguien más. El violador, Stanley «el realista». ¿O un psicópata? ¿Por qué se tacha a Blanche de loca después de todo lo que le ha pasado, y ni una palabra en contra del violador, bruto y neandertal de Stanley? Hay alguna pelotuda que todavía se moja cuando escucha a Marlon gritar ¡¡¡¡Stellaaaaa!!!!! Yo cuando vi la película sentí gran compasión por Blanche, no así por Stanley. No era realista: era un violador, un psicópata y un manipulador. ¿Quien está más loco? Dedica la próxima un post tan largo como éste a Stanley, a ver si te sale.
Saludos
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