Arte y Letras Literatura Teatro

Yorick, embajador de la muerte

oie RTwcWfBeTSrL
David Tennant en Hamlet, 2009. Imagen: BBC / Royal Shakespeare Company.

No hay nada que me guste más de la literatura que su capacidad para producir mitos. Y de todos los evidentes (los molinos de don Quijote y la locura, Moby Dick y la ambición del hombre, los anillos del infierno de Dante y el castigo justo por nuestras vidas), ninguno me seduce más que la calavera de Yorick, una imagen capaz de resumir toda una historia de la literatura.

Cuando una obra es tan popular como lo es Hamlet, en el momento en que el público se sienta en el teatro no acude a ver una representación, sino una actualización del mito. El espectador desea, de una manera consciente o inconsciente, que ese nuevo avatar del relato responda a la imagen idealizada que tiene del mismo. Como consecuencia, cada nuevo montaje de la obra lucha —desde hace siglos, no lo olvidemos— por defenderse a sí mismo como proyecto y a la vez establecer un diálogo satisfactorio con la memoria de cada espectador. La explicación sencilla del fenómeno es que contemplar un clásico en el escenario no se reduce al proceso de (re)conocer sino al de comparar.

En el mundo anglosajón, Hamlet ha despertado un culto tan profundo y perenne que ha inaugurado un aspecto único del teatro: el de las reliquias históricas relacionadas con su representación. La imagen de un actor sobre el escenario extendiendo el brazo y contemplando una calavera ha llegado a ser un icono tan universal que no se alza solamente como una realidad condensada de todo Shakespeare, sino de la magia del teatro en general. Mi fascinación por Hamlet se basa fundamentalmente en la capacidad de la pieza para ser una especie de trompeta de la muerte, de la de ellos y la nuestra. Shakespeare nos enseñó la enorme fuerza que encierran los símbolos: en la obra, Hamlet tendrá que enfrentarse a la muerte cara a cara, y eso es precisamente lo que hace cuando levanta el cráneo y reconoce en él los despojos del bufón Yorick. El valor del hecho es tan importante que el símbolo funciona en realidad como un anticipador del futuro: en las cuencas vacías de la calavera está ya inscrita la muerte del propio Hamlet.

La magia y contradicción del teatro es que es un suceso efímero, y como tal nada de lo que vemos en escena tiene por qué repetirse mañana, al menos de una forma exacta. Luchando contra esa tristeza de lo fugaz que actores y espectadores sienten, las reliquias teatrales actúan como objetos que fijan nuestro recuerdo de esas representaciones, y constituyen una especie de cristalización de lo pasajero. Como un primer ejemplo del fenómeno se encuentra documentado el paso de una espada utilizada para representar Ricardo III que recorrería la historia de los actores ingleses: de Kean a Irving, de Irving a Terry, de Terry a Gielgud, y finalmente de Gielgud a (este nombre ya nos suena) Laurence Olivier. Ya se sabe que el concepto de linaje entre las distintas generaciones de actores siempre ha estado muy presente en el mundo del teatro, y con respecto al honor que corresponde a quien es designado para interpretar a Hamlet la cuestión alcanza proporciones míticas.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

2 comentarios

  1. Enhorabuena por el artículo, muy interesante y bien documentado.

    Casualidades de la vida, justo anoche vi un fragmento del programa británico QI presentado por Stephen Fry en el que hablan del Hamlet de Tennant y el Yorick de Tchaikovsky en clave de humor. Lo dejo por aquí: https://www.youtube.com/watch?v=DDoyZzD5YNI

  2. Pingback: Yorick, embajador de la muerte – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*