
¿Estarán dentro o no estarán? Me asomaba cada mañana a la ventana del hostal, mirando a la casa de enfrente, y seguía igual, con todas las persianas cerradas. Era la casa de la familia de Bernardo Provenzano, el último gran capo de Cosa Nostra, en su pueblo, Corleone. En Corleone fue detenido en 2006, en un chamizo de las afueras. «Están, están», dicen unos en el pueblo. «No están, no están», dicen otros. En Corleone parece que las cosas no se saben, pero se saben. El que llega allí de fuera desde luego no sabe gran cosa, aunque crea que sí. Un continental, como dicen ellos, llega tan sugestionado, con tantas películas en la cabeza, que no está preparado, de entrada, a encontrarse con un pueblo extraño y retorcido. Ya antes de ir te imaginas escribiendo sobre la atmósfera pesada, las miradas furtivas, los silencios misteriosos. Los tópicos te vienen naturales. Ves mafiosos en cada esquina, pero claro, también es que sales a la calle a las ocho de la mañana y todo el mundo va con gafas de sol. Me han mandado para contar cómo es Corleone de verdad, pero ese es el problema: ¿quién demonios sabe cómo es verdaderamente?
Corleone está a una hora de Palermo, por la antigua vía consular que unía la capital con Agrigento, en la costa sur de Sicilia. Se esconde en un anfiteatro montañoso, en medio de una llanura de cereal, rodeado de peñas vertiginosas donde todavía hay nieve a principios de primavera. En uno de los cerros hay una torre vigía sarracena. En medio del pueblo, en lo alto de un colosal monolito de roca, se alza un diminuto monasterio de monjes, como los griegos de Meteora. En cada cima despuntan cruces oscuras. En Corleone, que era ciudad real, hay ciento veinte iglesias y conventos. Antes de llegar la carretera bordea un bosque profundo, la Ficuzza, con un palacio borbónico del siglo xix que era la finca de caza, y por algunos años residencia, de Fernando III, español, hijo de Carlos III y primer rey de las Dos Sicilias. Se yergue severo, solitario y fantasmal en una explanada vacía. En estos parajes se escondían los capos fugados y cuentan que hay por ahí enterrados unos cuantos cadáveres. El padrino mafioso de El día de la lechuza, de Sciascia, la primera novela que descubrió a la mafia, describía la humanidad, la democracia, como una muchedumbre de cabestros, «un bosque de cuernos más espeso que el de la Ficuzza». Sobre ellos saltan hábilmente los elegidos y los hombres superiores, como los mafiosos.
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Colosal relato. Merece acabar en libro, lo compro sin dudarlo. Felicidades!
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Que la mafia te denuncie por difamación tiene que ser realmente curioso, sin embargo, en este nuestro país, el Poder Judicial da la razón a un exregidor, corrupto que pide 40.000 euros al Estado por no evitar el juez que la prensa captara su imagen esposado, no es de Corleone, es del PP…. quizás deberíamos profundizar en nuestros ayuntamientos o centros de poder antes de mirar el arbol que nos tapa el bosque, pero claro es mas facil taparse la nariz…
No sé como funciona en España; en Italia, el problema de la ley sobre la difamación es que no prevé grandes castigos cuando la querella acaba en nada, lo que pasa bastante frecuentemente… a diferencia p.ej. de Reino Unido o EE UU donde les toman el pelo a los que hacen querellas de ‘libel’ sin motivos reales. De esta manera, al rico o poderoso siempre le conviene denunciar. Especialmente para aquellos periodistas que no tienen detrás una cabecera importante, que puede pagar los gastos legales, es un gran deterrente. Las amenazas de las mafias son la razón principal porque Italia se queda entre las naciones con una prensa ‘parcialmente libre’ según los ránkings internacionales.
y don Iñigo cuando va a hablar de las mafias españolas
Aqui no hay mafia, aqui hay jueces.
Los miami en los 90-00 no eran una mafia en Madrid?
aunque las mafias españolas son diferentes, cómo son las mafias españolas, cuales son sus características, se las puede llamar mafias o son características especiales, con grandes componentes de hipocresía. Qué nombre propio tendría la mafia italiana que no sería mafia sino qué nombre le ponemos
¡Qué cantidad de absurdos! Todo el mundo sabe que La Mafia es como los vampiros: NO EXISTE.
Felicidades, Sr. Domínguez. Simplemente maravilloso. Creo que los libros y las películas, especialmente las de Puzzo, han dado un halo, una aureola de falso romanticismo y creencias sobre la mafia y cómo impartía ‘justicia’, concepto y circunstancias absolutamente falsas.
De nuevo, enhorabuena por una relato espectacular, por su contenido y su materialización
Cómo se trabaja este tío los reportajes.
¿El mejor artículo de Jot Down junto al de Bobby Fischer?
Como el amigo Íñigo Dguez. ya nos ha deleitado con varios artículos más sobre la mafia en el pasado, además de haber escrito un libro excelente al respecto (ya saben qué deben hacer los que aún no lo hayan leído…), uno casi que ni debería sorprenderse. Pero no es así, por suerte. Sr. Domínguez, ha vuelto usted a clavarlo, ¡¡enhorabuena!! Y siga así, que nos tiene contentos ;-))
El libro buenísimo, el artículo lo mismo. Enric González e Iñigo Domínguez son imprescindibles, lástima que se predigan poco
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¡Gracias!