
(Este artículo contiene diversos SPOILERS)
David Lynch es el mejor dándole al espectador lo que no espera; algo que, a lo largo de su carrera, ha provocado todo tipo de reacciones, que van desde el desconcierto (o incluso la irritación) a la rendición incondicional. El tiempo lo ha convertido en una especie de «clásico» viviente, pero este hecho no ha restado a su obra un ápice de provocación. La segunda temporada de Twin Peaks mantuvo el suspense sobre la posesión del agente Cooper durante veinticinco años. El cliffhanger más largo de la historia de la televisión ha sido ahora relevado por un final todavía más abierto y misterioso, que reescribe las reglas del universo de la serie y, de paso, las de la ficción televisiva al completo.
Desde su fecha de estreno, la nueva temporada ha ofrecido un aluvión de sensaciones de difícil interpretación. Quizá por eso algunos críticos han insistido en describirla como un mero trip visual. Sin embargo Lynch y Mark Frost nos han brindado durante estos meses una serie de imágenes pregnantes, intercaladas con otros momentos de distensión, para que aventuremos posibles soluciones —todas ellas forzosamente incompletas— al gran enigma planteado. En un magnífico análisis visual del célebre capítulo 8, Aarón Rodríguez Serrano señalaba con tino la importancia de los significantes en la serie. De ellos emanan diversos temas y simbolismos recurrentes, que han ampliado hasta límites insospechados el «campo de batalla» de Twin Peaks. Ahora ya no se trata de desmontar los clichés del viejo serial policiaco o de adentrarnos en los claroscuros morales de una comunidad regida por fuerzas sobrenaturales. La nueva temporada narra fundamentalmente el (imposible) regreso al hogar del agente Cooper (Kyle MacLachlan), que es también un viaje en busca de la identidad perdida. Pero su particular odisea tiene más que ver con la revisión iconoclasta y desmitificadora de un rupturista como James Joyce que con el «viaje del héroe» tradicional. Digámoslo claro: Twin Peaks no es exactamente una serie de televisión, sino una «novela-monstruo», como el Ulises, dividida en dieciocho partes que convocan una amplia variedad de tonos, géneros y humores. Joyce dijo que con su novela había conseguido proporcionar quebraderos de cabeza a los críticos que durarían siglos. Lynch y Frost, hagámonos a la idea, apuntan en la misma dirección.
Primero como tragedia, después como farsa
Ya en los primeros capítulos descubrimos que el relato central de búsqueda de Cooper se bifurca en una sucesión imparable de subtramas que renuncian a conectarse del todo entre sí, componiendo un collage narrativo articulado por fuerzas sutiles. Los fragmentos cobran sentido como bellos puntos de fuga, que ensayan otras posibles vías de desarrollo que sus autores optan por desestimar. Lo que antes era abordado como tragedia es ahora pura farsa, como demuestran diversos momentos llenos de ironía y exceso, como la solución mágica a la relación imposible entre Norma Jennings (Peggy Lipton) y Ed Hurley (Everett McGill) (una parodia de las escenas románticas azucaradas de las series convencionales, y también un bello momento de efusividad sentimental; así de ambivalente es Lynch) o la eternamente dilatada tensión entre Audrey Horne (Sherilyn Fenn) y su marido Charlie (Clark Middleton), incapaces de salir de casa como los personajes de El ángel exterminador.
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mmmm creo que te equivocas en una cosa, los döppelganger no son en sí un desdoblamiento de personalidad, son quizás una forma de que el mal pueda salir al exterior. En ese sentido la Diane que desaparece es una tulipa, «una especie de döppelganger?», no, pero está en cierta manera poseída ya que ella no es capaz de controlarse al igual que Leland Palmer. Tu explicación en sí es bastante convincente en ciertos aspectos, pero es difícil atar todos los elementos ya que por ejemplo me ha dado la sensación de que la madre de Laura se ha convertido en Judy o algo así, porque no se entiende que de pronto se vuelva mala. Hay elementos que yo creo que el propio Lynch los utiliza que ni él mismo sabría explicar, y por eso deja todo a la libre interpretación, en plan Kubrick con 2001.
Interesantes observaciones, Xanti. Ciertamente puede ser difícil diferenciar entre tulpa y döppelganger. La tulpa, de acuerdo con los textos budistas, sería una creación mágica, una ilusión (por lo que sería razonable pensar que los seres que habitación los espacios como la Habitación Roja puedan ser tulpas). El döppelganger podría ser el doble de un ser humano vivo (como Bad Cooper, por ejemplo). No sé si lo estoy complicando, pero quizá podríamos considerar la Diane que ronda por la Tierra como el döppelganger de la Diane previa a la violación y a Naido como su tulpa. Respecto a Sarah Palmer hay muchas teorías. La más razonable me parece que sí está poseída por Judy, como confirma la escena en la que se retira el rostro como una máscara y muestra un interior maligno. En cualquier caso, estoy totalmente de acuerdo: una de las cosas fascinantes de Twin Peaks es su capacidad de generar multitud de interpretaciones.
Sí, un poco mis tiros van por ahí, pero también me da la sensación de que Lynch ha pasado un poco de algunas cosas que establecía en las dos temporadas anteriores y la película (ya no ha vuelto a utilizar la Garmanbozia por ejemplo, una de las cosas más aterradoras a mi entender de la lo que había hecho antes en Twin Peaks). Todo puede tener un poco una interpretación abierta, pero en general estoy bastante de acuerdo con lo que planteas, pero como diría Ricoeur (aunque no sé si fue Gadamer), a la hora de interpretar siempre hay matices que se nos escapan, siempre se puede perfeccionar la interpretación. En el universo Lynch ya uno da por supuesto que es imposible atinar al 100% xD
Totalmente de acuerdo. Lynch tiene toda la historia en su cabeza. Y un 90% (o más) sabe perfectamente como explicártelo -aunque obvio no quiere- y te da pistas para que tú completes su obra. Incluso de muchas maneras distintas puede ser válido.
Luego hay otra parte que ni el mismo sabría explicarte porque son eso, ideas, unas desarrolladas y otras sólo planteadas.
Tengo mi explicación a la serie, excepto al tema Audrey, y mis dudas (NORMAL), acerca de Sarah Palmer (aka Judy), Laura (Carrie), y ese nuevo Cooper mezcla del viejo y de su lado oscuro. Pero en general Lynch ha sido bastante explícito y nos ha regalado 18h de film con un buen final (17) y un final más sombrío (18) para los seguidores más comprometidos.
Entiendo, por lo visto, que las tulpas son creaciones («alguien te ha manufacturado con un propósito», decía Mike). A Dougie lo crea Bad Cooper para que, cuando el Cooper real vuelva a su realidad, el que salga no sea él, si no esa tulpa, cuyo lugar ocupa un Cooper catatónico tras 25 años en la logia. La tulpa de Diane es también creación de Bad Cooper, una especie de espía que le envía las coordenadas correctas hacia el final.
El döppelganger es el otro yo, el oscuro. Si Cooper es todo corazón, bondad rectitud, su doble es todo lo contrario, un despiadado guerrero del mal que hace y deshace a su antojo imponiendo temor allá por donde pasa. Además, ocupado por Bob.
El final cerraría completamente Twin Peaks. Laura es salvada y, aunque va a parar, a causa de la ruptura temporal o, a volutad de Judy, a esa realidad alternativa, el «hechizo» se rompe cuando Cooper la lleva a la que sería su casa, pregunta por el año y ella, finalmente, recuerda cuando suena la voz de su madre (el mismo «Lauuuraaaa» que pronunciaba desde la cocina en el capítulo piloto de hace 25 años).
En cualquier caso, maravillosa temporada llena de humor raruno, escenas surrealistas, situaciones imposibles, silencios eternos, estética propia del director y algunas actuaciones muy destacables. Además, el jodido Lynch se reservó para él el personaje más carismático.
Ojo: Laura no es Sherilyn Fenn, sino Sheryl Lee.
He visto la última Twin Peaks de Lynch y me reafirmo en lo que siempre he pensado: Hay que percibir su trabajo como las extraordinarias comedias que son y bajo este punto de vista, sus películas y series son fabulosas. Te puedes partir la caja viéndole a él «actuando»y dando esas voces imitando a Jimmy Stewart, así como esa galería de personajes que desde un enfoque realista, no habría por donde cogerlos pero como comedia a lo Buster Keaton (Kyle) son resultonas. ¡Ánimo, David! Sigue así, a lo tuyo y no hagas ni puñetero caso a esos agoreros que dicen que eres gilipollas.