Ciencias

Pinto así porque puedo

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Yves Klein. Fotografía: Autor desconocido (DP).

¿Podríamos contar la historia de la pintura a través de la ciencia? Desde los recipientes que Rembrandt utilizaba para conservar sus pinturas al óleo, al acrílico de los muralistas mexicanos y su influencia en el expresionismo abstracto, pasando por los tubos de pintura que sirvieron a los impresionistas para pintar a la intemperie. Artistas de renombre como Claude Monet, Jackson Pollock o Yves Klein, supieron ver en la ciencia una herramienta poderosa.

Trabajar con Rembrandt era un privilegio. Los jóvenes aprendices que pasaban temporadas en su estudio pagaban para poder recibir formación como artistas. Al principio se encargaban de preparar lienzos. Tensaban las telas y las fijaban sobre bastidores de madera. También preparaban pinturas tal y como se hacía en el siglo XVII, moliendo pacientemente pigmentos, en su mayoría piedras de colores, y mezclándolos con aglutinantes. Los aglutinantes de la época eran aceites que, mezclados con pigmentos y disolventes, dan como resultado pinturas al óleo.

Las pinturas están formadas esencialmente por dos componentes: el pigmento, que las dota de color, y el aglutinante, que es el que determina la técnica —que una pintura se llame óleo, acrílico, gouache, acuarela, etc.— Estas pinturas, a su vez, se pueden mezclar con disolventes que modifiquen la viscosidad, el tiempo de secado o la transparencia.

Si no se hubiese descubierto el aceite como aglutinante, nunca se habría pasado de la pintura al temple, hecha con huevo, a un tipo de pintura más luminosa, basada en capas superpuestas y que mantuviese el tono al secar.

La pintura al óleo pierde elasticidad con celeridad. Los disolventes se secan de forma física, perdiendo agua por evaporación, mientras que los aglutinantes oleaginosos secan de forma química, por medio de reacciones de oxidación. Toda la pintura que se preparaba debía de utilizarse en el momento para que no se echase a perder. Pero Rembrandt empleaba un método muy ingenioso que le permitía conservar sus pinturas más tiempo e incluso llevárselas ya preparadas para pintar en otro lugar. Lo que hacía era rellenar vejigas de cerdo con pintura fresca y anudarlas para que el aire no entrase en contacto. Cuando quería utilizar alguna, pinchaba la vejiga y la exprimía.

No poder pintar en cualquier lugar y en cualquier momento limitaba las opciones creativas de los artistas. Esa imagen bucólica de artistas pintado al aire libre no fue posible hasta el siglo XIX. Que Manet y otros impresionistas pudiesen pintar sus obras en el exterior fue gracias a un avance tecnológico: el tubo de aluminio para pintura. Estos tubos eran análogos a los actuales tubos de pintura al óleo. El aire no entra en contacto con la pintura y se cierran herméticamente, permitiendo que la pintura pueda usarse durante varios días sin que se estropee. Renoir decía que sin estos tubos no habría existido ningún Monet ni ningún Cézanne.

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3 comentarios

  1. Interesante artículo.

  2. Muy bueno! Aporta mucho a los profanos en el tema, sin liarnos demasiado. Enhorabuena.

  3. Muy interesante el artículo. Solo una puntualización: la obra de Morris Louis no pertenece estrictamente al expresionismo abstracto si no a un movimiento posterior que el crítico Clement Greenberg denominó abstracción postpictórica (al loro con el nombre.

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