Arte y Letras Literatura

Las anfetaminas de Ricardo Piglia

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Ricardo Piglia. Fotografía: Casa de América (CC).

Hay que vivir en tercera persona (R. Piglia)

No siempre puede uno saber a qué ha dedicado una mujer o un hombre los últimos años, meses o días de su existencia. La vida se parece entonces a uno de esos filtros degradados en los que apenas se perciben los límites del final. Uno solo sabe que se acaba.

Fin.

El tercer y último volumen de los diarios de Ricardo PigliaLos diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida, publicados por la editorial Anagrama— se parecen a ese final difuso; se desvelan como el epílogo de una obra emocionante dedicada a rastrear el lenguaje, la lectura y la emoción en los textos.

***

I. ¿Adentro de qué?

Somos animales siniestros. (R. Piglia)

A Ricardo Piglia nunca le interesó demasiado lo que estaba afuera. «Salir afuera nunca fue una tentación para mí», reflexiona Emilio Renzi al comienzo de este libro. Renzi, como ya conocerán sus lectores, es un trasunto del propio autor. Tampoco a Piglia le gustaba estar adentro. Lo cierto, sin embargo, era que en los últimos años de su vida, desde que supo que padecía E.L.A («una dolencia misteriosa, cuyos signos eran visibles —por ejemplo, le costaba mover la mano izquierda— pero cuyo diagnóstico era incierto, entonces, como decía, dijo Renzi, empezó una tarea interior, hecha adentro, o sea, sin salir a la calle»), Piglia comenzó a replegarse. Su última energía la gastó en releer, revisar y revisitar sus diarios con la íntima convicción de que se convertirían en su obra más importante.

No se equivocaba.

En este libro póstumo se confirma la teoría anteriormente acariciada del autor como investigador, del autor también como sujeto de la investigación y del diario, finalmente, como escenario literario en el que investigar. Si el primer volumen estaba dedicado a «los años de formación» y el segundo a «los años felices», en este tercero —subtitulado Un día en la vida— los años que reflejan son los de un cierto fracaso, una tristeza adherida a cada una de las páginas que resulta imposible de despegar.

Todas las características que convirtieron los diarios pasados en obras emocionantes están también ahora presentes en este último volumen: la relación fallida con la familia, la ausencia del padre, las preocupaciones económicas, las reuniones de intelectuales, la vida en pareja, el oficio de escritor, la docencia como modo de profesionalizar la lectura, la ambición de pasar a la historia de la literatura, etc. Entre todas ellas desataca la lectura como artefacto romántico: Piglia comenzó a leer libros por amor. Fue La peste de Albert Camus. El argentino utilizó este libro para contarle su versión de aquello que había leído a una mujer. Quería así conquistarla. Leyó, por tanto, con pasión. Fue la primera vez.

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2 comentarios

  1. Adrianopoulus

    Muy fuerte lo de la anfeta, sí. A mi me pareció de lo más interesante de los libros, estoy muy de acuerdo con el título del artículo. En cambio el último párrafo… telita.

    Recuerdo que hace un tiempo El país sacó durante un par de meses una selección de fragmentos de los diarios, hecha por el propio Piglia. Era una página de periódico enterita que salía mensualmente, con una serie de fragmentos sin fecha y con ilustración chula al medio, y un día de repente dejó de salir. Fue una pena.

    Porque joder, el diario de Piglia era un mito! Esos cuadernos encerraban la mística del escritor, que por supuesto el propio Piglia alimentaba con declaraciones en entrevistas y demás. Era como que te dejaran echar un vistazo al cofre del tesoro y luego lo cerraran de un golpe.
    Unos años antes lo había visto hablar en una conferencia en granada, y la verdad es que me pareció un tipo sumamente inteligente, un orador brillante. En respuesta a una pregunta sobre el fenómeno del microrrelato, contestó que una vez había escuchado una frase por la calle que resumia el genero: ‘encontró a la mujer con un flaco en su cama’ (la clave, creo recordar, estaba en el uso de los posesivos). El auditorio temblaba con cada frase, lo juro. Nos tuvo en la mano. Reímos y nos emocionamos, y esa noche soñamos cosas raras. Pero fueron sueños de la inteligencia.

    No estoy de acuerdo con que con esta publicación de sus diarios seleccionados Piglia haya demostrado que fue un gran escritor. Después de sus cuentos y de la ciudad ausente ya lo sabíamos. Lo que han demostrado sus diarios es que Piglia fue un psicópata de la literatura, un intelectual incapaz para la empatía. No uso la palabra psicópata en vano, a lo largo de los diarios no se ve una sola relación significativa, ni con sus familia ni con mujer u hombre alguno. De hecho las partes más brillantes de su obra refieren a máquinas (como en su mejor libro, la ciudad ausente) o a objetos culturales (respiración artificial, hitler y kafka).
    En fin creo que el diario revela que el tipo era psicopático, pero he disfrutado el artículo, salvo el último párrafo que madre mía.

    • Adrianopoulus

      Hostias qué borracho estaba cuando comenté esto… shame on me..
      Realmente no creo que Piglia fuese un psicópata, pido disculpas… pero sí que creo que los diarios nos muestran a un intelectual y que la figura del intelectual devora a la del escritor.
      La sensación que tengo con su obra es que le costaba mucho relacionarse con el mundo, y que cuando lo hacía lo hacía a través de su gran intelecto, lo cual sin duda fue para él motivo de angustia. Su mejor herramienta fue también su condena, diría yo.
      Nuevamente, he disfrutado el artículo, así que gracias a Loreto.

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