
¡Odio a Tintín!
Viniendo de Hergé, la frase resulta desconcertante.
¡Odio a Tintín! ¡Usted no sabe hasta qué punto!
La soltó en un arrebato. Eran demasiados años soportando las exigencias de ese hijo mimado. Pero, en realidad, el dibujante era un padrazo. Para el cómic europeo por lo menos. Un adelantado, un virtuoso, un genio, un… «Estoy harto de esos elogios, estoy harto de volver a hacer por enésima vez el mismo gag, harto de hacer reír con chistes fáciles, harto de dar lo mejor de mí, mi esencia, mi vida, en una obra (que no menosprecio ni subestimo, por cierto), harto de ser una máquina de hacer historias…».
Nunca pensó en hacer del dibujo su profesión. «La profesión de dibujante no existía: o eras pintor y llevabas una gran chalina y un gran sombrero… y vivías en la miseria, o eras empleado de banca o de lo que fuera». Su padre trabajaba en un taller de confección; también la madre era sastre (por eso iba él siempre tan elegante), pero apartó su labor al nacer el pequeño Geo (se pronuncia dʒɔ), un 22 de mayo de 1907, en Etterbeek. En casa hablaban el neerlandés y un dialecto local que es el que chapurrean los sildavos y los arumbayas: el marollien. «Soy un bruselense auténtico». Como las coles, los waffles y Audrey Hepburn. «Mi madre hubiera preferido una niña. Por eso me dejaba crecer el pelo…». Tirabuzones rubios. Un bebé insoportablemente mofletudo. «Solo era bueno cuando tenía un lápiz en la mano y un trozo de papel». Hala, para que el niño se distraiga, que entonces no había iPads, a ver si así se calla y no da la tabarra. «Cuando tenía siete, ocho, diez años, en el colegio, dibujaba pequeñas historias en los márgenes de mis cuadernos». Asediaba con cowboys y soldados prusianos la libreta de literatura francesa; el manual de economía política le servía como campo de pruebas para barcos y avionetas; ataque por tierra, mar y aire a David Copperfield; los logaritmos, al paredón. Lo cual no quita que el chaval sacara sus matrículas de honor… Huyó en retirada de las clases de dibujo cuando un profe le puso ante una columna de escayola y, venga, copia. «No me interesaba, ¡yo quería dibujar monigotes, dibujar cosa vivas!».
Las primeras historietas que publicó fueron Las aventuras de Totor, jefe de patrulla de los abejorros. «Como yo era boy scout, me puse a contar la historia de un pequeño boy scout». Salían en la revista de su grupo escultista, donde Georges Remi firmó por primera vez como Hergé, sus iniciales al revés pronunciadas en francés (solía decir que se reservaba su nombre real para más adelante, cuando se sintiera maduro para el Arte en versales). «Aquello todavía no era un cómic de verdad…». Faltaban los bocatas, tan extendidos ya en la prensa norteamericana. «Se trataba de una historia escrita e ilustrada».
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Uff difícil decidirme por uno. Yo crecí con la serie animada que adaptaba los libros, que ya estaba genial. Luego, de la biblioteca de mi pueblo, pude leer toda la colección (la bibliotecaria flipaba conmigo porque iba cada día a alquilar un álbum distinto) y encontré las historias mucho más ricas en personajes y detalles.
Pero recuerdo de aquellos años, con mucho cariño, «La isla negra», «Los cigarros del faraón», «El cangrejo de las pinzas de oro», «Tintín y los Pícaros» y el díptico del viaje a la Luna. No puedo decidirme por uno de ellos.
Artículo bastante generoso con la figura de Hergé y Tintín. Supongo que no podía ser de otra forma. Pero insisto, bastante generoso con un personaje que ha envejecido muy pero que muy mal de cara a un análisis un poco riguroso y fijándose en los detalles. De hecho hay unos cuantos creadores belgas de la época que, será casualidad, pero parecen cortados por un mismo patrón bastante rancio ideológicamente hablando, empezando por Hergé o Edgar P. Jacobs (y algunos otros adscritos a la línea clara) hasta llegar al propio Simenon ya en el terreno de la literatura. En general de una forma u otra todos presentan bastantes claroscuros en su trayectoria vital. Si sus fans no quieren verlo o han optado por interpretar todas esas dudas que pesan sobre sus trayectorias vitales y sus ideas aceptando sistemáticamente la explicación más positiva, pues es su problema. A lo mejor tienen razón. Yo, personalmente, en este caso creo que cuando el río suena agua lleva.
A ver ese análisis riguroso y fijándose en los detalles, porque sin eso es bastante difícil darle la razón si es eso a lo que aspira con su comentario ¿no le parece?
Ni puedo adjuntar imágenes en los comentarios ni me pagan por extenderme lo que sería necesario. Dicho lo cual si usted busca en Internet pues va a encontrar información.
Yo de hecho tampoco pretendo convencer a nadie solo avisar al que pase por aquí de que sobre esos temas y algunos otros existen análisis muy diferentes en su valoración y que poseen como mínimo la misma base de pruebas, o tal vez más, dependiendo del punto de vista que se adopte. A fin de cuentas todo esto posee un componente subjetivo. Luego ya el que quiera buscar que busque y el que no, pues eso. Porque si nadie lo dice el lector neutral que pase por aquí igual se piensa que este es un tema cerrado o que esta perspectiva es mayoritaria e incontestada. Y eso solo pueden pensarlo legítimamente los fans. Pero es su opinión. Como yo tengo la mía.
Otra cosa que tenemos los fans es que nos compramos (y devoramos) biografías tan estupendas como la de Pierre Assouline, algo que nos permite reirnos a carcajadas de las soplapolleces de los tintinófobos, gente por lo general amargada y amante de los topicazos infundados.
Tintín en América, Stock de Coke, La oreja rota … Todos muy buenos
Los juegos de palabras se pierden en la traducción. La carnicería Sanzot, en francés suena como la carnicería sin hueso (sans os). Y tantísimos otros.
Muy grande Tintín Degrelle
Fundamental Tintin en el aula, por ejemplo: https://es.slideshare.net/mobile/aciudad120/tintn-y-el-loto-azul
Y también para desmontar los estereotipos coloniales europeos: https://www.slideshare.net/mobile/NaiaraVelasco/tintn-en-el-congo-82841786?ref=http://historiaiscoming.blogspot.com.es/p/lecturas.html
A mi me apasionan las aventuras de Tintín.
Durante mi infancia fué una forma de viajar desde mi cuarto por multitud de universos inaccesibles para mi en ese momento.
Durante mi adolescencia fué un modelo de comportamiento social y valores, claramente influenciado por los scouts.
En estos momento me sigo maravillando con cada relectura porque sigo encontrando detalles que no habia descubierto.
Es una obra que no te la acabas nunca, puede durar toda una vida, y en cada paso hacia tu madurez, las aventuras de Tintín te ofrecen una lectura mas madura.
Madre mía, qué articulazo! Un «fumetto» dentro de la historia personal de, por lo visto, un genio que no tuve la ocasión de leer. Yo nací y me crié con Patoruzú, el super héroe de las pampas. A proposito de historietas, recuerdo con nostalgia a El Principe Valiente. Qué ha sido de él?
¿En qué equipo juega usted, Eduardo Roberto?
Coincido.
Me equivoqué.
El coincido es para Nino Paredes.
No le dé vergüenza coincidir conmigo, chat@…!
Para mí Tintín era y es como inyectarme imaginación «por un tubo». Sus albums me los prestaban y yo hacía lo mismo con los míos en una serie de idas y venidas sin fín. Nunca terminaba de leerlos y verlos. Hergé fue con Enid Blyton el mejor descubrimiento de mi infancia y juventud. Bueno todavía me apasiona.
Felicidades a la autora. Un artículo algo iconoclasta pero muy bien documentado y sólido. Se agradece que se hable de Hergé y de Tintín más allá de tópicos y lugares comunes. Y qué bien nos sientan los 89 años…
Artículo muy ameno.
Yo también aprendí francés con Tintin y Spirou,y estos Reyes mis hijos me han regalado un bonito cuadro de Tintín.
Con decir que tengo para dormir un pijama de Tintín.
Repito, muy entretenido el texto y las imágenes también.
Curioso que en la bibliografía no se mencione el libro de entrevistas de Numa Sadoul cuando el artículo bebe bastante de esa fuente.
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