Arte y Letras

Te amaré cuando no estés

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John Lennony Yoko Ono after, 1968. Foto: Cordon.

Nadie tiene ni puta idea de lo que es el amor. Quizá sea por eso que casi todo el mundo lo persigue a ciegas, chocándose contra las paredes del mundo. De toda la vorágine de constructos sociales que nos envuelven, que nos revisten como si fuésemos cuerpos desnudos ávidos de ser cubiertos por cualquier cosa, no hay ninguno tan complejo, tan inaccesible, tan sórdido como el amor. Se trata de una cuestión impermeable a las generaciones, a las vidas y las muertes. Es el mástil, el epicentro de todos los temas que existen. La cumbre de la conversación, el pensamiento último.

El amor, esa cosa invisible, es la columna vertebral del arte. Se extiende a través de él como una mano enorme, una mano de dimensiones desproporcionadas. Uno puede pensar que una obra escapa a su yugo, para encontrarse entonces con el perfil desdibujado de su sombra eterna, por el vértice carcomido de sus restos, de las huellas que deja en la espalda de cualquier creación. Alrededor de él han pivotado movimientos completos tanto en el campo de las artes plásticas como en el de la literatura. Es algo común a todos los creadores del mundo, a lo largo de todo el tiempo y el espacio: hacer lo que decía Lennon en el arranque de «Julia» (half of what I say is meaningless, but I say it just to reach you, «la mitad de lo que digo no significa nada, pero lo digo solo para llegar a ti»). Todos han escrito, han pintado, han compuesto a ese ente inconquistable, esa cima imposible de coronar.

Las derivaciones temáticas del amor son infinitas. De sus raíces surgen todas las ramas posibles; de ellas brotan la pérdida, la memoria y la identidad. De ellas nace la muerte. Nadie ha enfrentado jamás la muerte como una cuestión ajena al amor. Como línea de creación se la vincula, de hecho, con el romanticismo. Morir es un desgarro, la culminación eterna de los amores extraviados. El adiós es el último adversario del amor, o su consecuencia. Trabajan ambos siempre en consonancia, indisolubles. Escribió García Márquez en El amor en los tiempos del cólera que lo único que le dolería de morir es que no fuese de amor. Ahí, en esa frase, se recoge todo lo que se ha escrito sombre ambos temas; de ella se deduce que el amor es una vía lícita (de hecho, la única) para alcanzar la muerte. Morir nunca estaría justificado de otro modo, sería algo banal, estúpido.

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11 comentarios

  1. Un tiburón que necesita comer y avanzar continuamente. Continuamente.

  2. Yaney Osorio

    Excelente artículo, la deconstrucción de un tema del que se ha hecho un lugar común hasta la banalización, un signo de cursilería cuando, al final, todo converge en él. Muy bien escrito,además. Felicitaciones a su autor.

  3. No acostumbro a comentar, pero el texto es tan cojonudo, que quiero felicitar al autor.

  4. «complejo, tan inaccesible, tan sórdido como el amor. Se trata de una cuestión impermeable a las generaciones, a las vidas y las muertes. Es el mástil, el epicentro de todos los temas que existen. La cumbre de la conversación, el pensamiento último.»

    parece la definición de una droga

  5. Gran articulo, felicidades para la profundidad de las reflexiones, la poesía de la prosa, la variedad de los ejemplos y la orinalidad con la que se trata un tema potencialmente cursi. Felicidades al autor.

  6. Jot Down sigue dando con perlas como este tipo. Muy bueno.

  7. Brutal, grandioso, épico, espeluznante…
    El motor del mundo solo lo es cuando no está presente: cuando no es visible a los ojos ni a cualquiera de los sentidos. El amor no presente, por fuerza mayor o misma naturaleza, es el único real: la única razón para vivir y la única salida digna para morir.
    La vida sería un mero paseo, una sucesión de casualidades que carecerían de sentido alguno… el amor nos dota de vida y de razones para permanecer en ella.

  8. FELICIDADES al autor. Un texto increible

  9. Muy interesante, sin duda lo sería más si escribiese «exacerbada» con b en vez de con v:

    «Charlie Kaufman, en Olvídate de mí, otorga a su personaje principal el anhelo de elegir ese momento, casi como quien se entrega a un acto de ¿exacervada ?heroicidad».

  10. Adrián Viéitez, vaya estilo neng… no se que te dieron tus padres de comer o quizás tiene algo que ver con el Atlántico, pero chico, no se, pero sigue escribiendo y no pares.

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