
Hoy, día de afelio, paradójicamente el día de mayor alejamiento entre el Sol y la Tierra, nace el Movimiento Plagiarista en la sobremesa de El Greco. Borges es el Padre, Bolaño es el Hijo, y César Vidal es el Espíritu Santo. Más allá de eso, padrastros ni en los dedos.
Así comienza el Manifiesto plagiarista que firmaron hace casi diez años los escritores Leandro Romaña y César Ruiz-Tagle, dando lugar al Movimiento Plagiarista, que «nació» en el punto más alejado posible del Sol, de la órbita literaria, con el objetivo de ir acercándose progresivamente a él. Desde las primeras charlas etílico-creativas subidas de tono que mantenían esos dos jóvenes escritores en un bar de Madrid (El Greco), hasta la reciente publicación de su segunda obra, Los escritores plagiaristas (Bandaàparte, 2017), la distancia entre tierra firme y el astro rey, entre el extrarradio de la literatura y el establishment, ha disminuido tanto que resultaría cómico si no fuera algo necesariamente trágico. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia, como misterio, o como monólogo cómico, pero ya no nos reímos. Bolaño dixit.
¿Quiénes son Leandro Romaña y César Ruiz-Tagle? Durante años solo fueron dos escritores anónimos que, escondidos bajo estos dos seudónimos, escribían cuentos, debatían sobre literatura y bebían mezcal. Romaña cuenta qué pasó el día de la fundación del Movimiento. «Cuando terminamos de escribir el Manifiesto nos reímos como dos niños que acaban de hacer una gamberrada, hicimos fotocopias, las repartimos por las calles de Malasaña el Día del Libro, y cuando nos cansamos de hacer el ridículo quemamos las hojas que nos quedaban en una esquina que olía a meado».
El Manifiesto plagiarista es el meollo de todo este asunto, el big bang, el aleph escondido en un sótano entre dos escaleras. Contiene diez puntos, diez epígrafes, diez sentencias que condensan y explican las motivaciones, las deudas y los compromisos de los escritores plagiaristas. «El Manifiesto —dice Ruiz-Tagle— es probablemente la pieza más lograda que hemos creado. Es la puerta de entrada al Movimiento. Si te gusta el Manifiesto, te encantarán nuestros libros. Pero si no es así, bueno, no es necesario que te molestes…».
1. El plagiarismo y el humor son cosas muy serias.
Desde su fundación, el Movimiento Plagiarista ha seguido ciertos patrones prototípicos de las vanguardias europeas de principios del siglo XX. La clandestinidad, la subversión, el ensalzamiento de la literatura y la parodia, la necesidad de regeneración y el hastío generalizado. Hasta que apareció su primera publicación, Romaña y Ruiz-Tagle llevaron a cabo varios actos plagiaristas, acciones pseudovandálicas que poco o nada repercutían en la vida literaria, pero que conmovían a sus participantes. Según cuentan ellos mismos, publicaron entrevistas falsas con autores reputados; se hicieron pasar por un escritor de autoayuda en la Feria del Libro de Madrid y firmaron docenas de ejemplares; sustituyeron, en las placas conmemorativas que hay en algunas calles de la capital, los nombres de los escritores homenajeados por los nombres de escritores birmanos que nunca existieron; reventaron recitales de poesía entrando a gritos con el rostro tapado por un pasamontañas.
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Habría mucho que matizar. Qué es plagio, qué es intertextualidad, qué inspiración, qué derechos de autor (esto último es la causa de la retirada de El hacedor).
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