Eros Ocio y Vicio

Fraternidad

Imagen: DP.

Este relato forma parte de nuestro libro Tócate.

Cuelo mis dedos bajo el nudo del coletero que sujeta la maraña de su cabellera alquitrán y lo deslizo hasta que se pierde. Recojo un mechón furtivo y lo coloco tras su oreja, resiguiendo el contorno de esta y continuando por la cornisa que el maxilar inferior delinea. Me lanzo al vacío del pliegue de su cuello, aparto con mi mentón la cortina de cabellos que en vano lo resguardan de mis dientes. Muerdo. Un gemido logra escapar de sus labios e inunda el ambiente de su aliento. Deslizo dos dedos por la piel ahora herida y me abro paso por el cuello de su camisa. Desabrocho un botón más y extiendo la palma de mi mano sobre su pecho que cede al contacto. Se tensa en un alarde de orgullo defensivo. El músculo endurecido se contrae en una actitud altiva. La estampida de sudor que anega su vello le delata.

Sonrío.

Le envuelvo entre mis brazos y noto cómo la piel de su espalda empapa la mía. Ciño mi atadura y él sujeta mi muñeca en un gesto que no retiene: reafirma la contundencia de mi iniciativa.

Ahora, sonríe él. Incapaz de mantener una mirada directa, me refugio en la imagen que el espejo me revela: su desnudez. No hay respuesta física ante el estímulo de esta visión y es él quien reacciona frente a mi inmovilismo atrapando con su dedo uno de los rizos que se enroscan en mi barba. Estira obligando a mi cabeza en un movimiento descendente con el fin de retomar el contacto visual.

Estoy perdido.

En una huida desesperada caigo en una trampa de mayor peligro. Un leve brillo de saliva asoma en la comisura de sus labios, hipnotizándome. Indómita, mi lengua serpentea alrededor del perímetro de su boca. Cabalga hasta la mitad del labio inferior cuando es sorprendida y capturada por fauces ávidas. La pasión se desborda en hincaduras de las que emanan hilos de sangre.

Sorbo.

Me gusta llenarme de su boca. Los dos somos conscientes de que la inocencia de unos besos, por muy sicalípticos que sean, no van a aplacar un sentimiento latente.

Actúo.

El duelo de virilidad que se desata se retransmite desde el espejo. Es una lid de fuerza, agilidad y resistencia. El baile de cuerpos describe un vaivén agresivo. Los muslos tropiezan, los brazos se enzarzan. Los dedos son espinas que rasgan la carne. El dolor nos aviva, nos empuja.

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5 comentarios

  1. Pingback: – Fraternidad – ESPANTALHO

  2. Por su imprevisibilidad final tiene su encanto este ensayo, pero, cómo añoro los diálogos!, en este y en otros del mismo tenor que he leido en JD. Así y todo hay que aceptar que tiene riqueza de lenguaje y las imágenes que transmite son vívidas y contundentes, pero tanta orografia corporal y dinámica, que más se parece a una receta culinaria sin imperativos y en primera persona no es santo de mi devoción. (Y hay recetas que no tienen desperdicio). Gracias por la lectura y aplausos a la fantasía desencadenada

  3. Una ‘mariconez’ entre váteres y retretes publicos, pura estética sadomariconil… Lástima que su autor no describa los sórdidos efluvios del lugar

  4. Muy setentero. La sexualidad gay es tan suave, dulce , natural y plena como cualquier encuentro hetero.
    Me cansa leer relatos eróticos gays en donde siempre parece que están luchando con salvajismo. Es muy alejado de la realidad de hacer el amor.

    PD a no ser que este sea un relato de vampirismo donde retiro lo dicho

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