
Eso. ¿Cómo? ¿Alguien lo sabe? Dijo Faulkner o, mejor dicho, dice internet que Faulkner dijo: «No seas escritor, escribe». Y, dada la auténtica devoción que sentimos por Faulkner en este pueblo, nos parece de lo más apropiado que suba al escenario y nos orine encima en plan Beastie Boys. No ser escritor, dice, a estas alturas, cuando vamos lanzados a toda velocidad en nuestro Pontiac Firebird hacia un muro de Facebook. Kitt, te necesito. Personalmente, siempre he pensado que lo dejaré de la misma forma en que comencé: un buen día, sin avisar y con la idea de que es para siempre. Puedo dejarlo cuando quiera, lo que pasa es que todavía no quiero. De todas formas, si hay algo compartido por la mayoría de aquellos que se dedican o intentan dedicarse a escribir es justamente la sensación de que estás de paso, de que algún día alguien te va a pedir que no insistas —a pesar de esa idea buenísima para una novela que lo va a petar— y te acompañará hasta la puerta, dándote palmaditas en la espalda y con cara de circunstancias. Que vaya bien. Gracias por su colaboración.
Para mí no es una sensación del todo extraña porque soy de esa clase de personas que nunca se sienten cómodas en ninguna parte y que prefieren estar solas la mayor parte del tiempo. La literatura, el hecho de que alguien lea las ocurrencias generadas por tu loca cabecita —de dudosa originalidad, por cierto— y todo lo que implica la mercantilización de la obra y de uno mismo: presentar tu novela y la de otros de manera coherente y laudatoria, asistir a una sesión de firmas, mantener charlas y debates… supone una montaña rusa de emociones a la que cuesta acostumbrarse. Yo lo hice. No es imposible. Pero siempre con esa sombra gélida, ese John Rambo prescindible ejerciendo de wingman. Tiempo después descubrí que tal sensación tenía un nombre: síndrome del impostor.
The impostor syndrome
Tampoco es que sea una enfermedad mental ni nada de eso —porque no está catalogado como tal—, pero sí que se ha escrito bastante sobre el fenómeno y popularizado mucho en los últimos años. Se supone que cuando uno es incapaz de aceptar su valía y sentirse satisfecho con los logros y los éxitos personales sufre de síndrome del impostor. Vamos, que todo te sale de chiripa y da gracias a que tus amigos te hacen RT, porque si no de qué ibas tú a hacer algo decente, anda, tira pa casa.
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Me has roto
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Por tu culpa me salté la parada de autobús. Con el frío que hace.
Calma, eres escritor.
Sepa usted que acierta. Y me agrada el tono casi tanto como las salpicaduras que dejó usted en la pared. Gracias por decirlo abiertamente
Voy a dejar de ser escritor…
Cualquier comentario que haga no hará otra cosa que alimentar tu adicción a los comentarios en las redes.
De todas maneras ahí va y dosis de droga: Brillante, sencillamente brillante.
Pan, circo y apariencia. Magistral Guillem.
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Se resigne, señor escritor. Usted, como tantos otros, sufre del mismo sindrome del personaje de «La Grande Bellezza»: el bochorno de existir en este mundo desbordante de bla bla para no dar a conocer nuestras debilidades. No afloje, no se angustie por el parecer de los internautas que no son más que un montón de personalidades inaferrables y poco confiables, y dele pa’lante con esta narración que me ha llenado de zozobra y no puedo imaginarme cómo sera el epílogo. Además, todos deberíamos ser escritores, por lo menos de un solo libro, como bien lo afirmó un nuestro presidente del 800, Domingo Faustino Sarmiento: todo hombre cabal debería tratar de hacer tres cosas en la vida: Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Como van las cosas parece que las dos primeras ya no valen. Gracias por la lectura
Crudo, valiente y visceral. Enhorabuena. No coincidimos en casi nada, pero me has llegado hasta el tuétano.
En la sobremesa de los domingos, solía decir mi difunto tío una frase por la que el resto de mi familia siempre lo recordará: «Ah, amigos, he aquí el asunto del feedback. ¿Cómo podemos sobrevivir si la respuesta del entorno es contradictoria y disfuncional?» Yo creo que tú tienes un lío en la cabeza —si, realmente, piensas y sientes todo lo que has escrito en tu artículo— del que me temo no podrás desembarazarte nunca. Tratas de dar respuesta a una cuestión vital, la cuestión de a qué dedicarse en la vida, a través de recursos o herramientas ‘anclados’ en diferentes (¡múltiples!) niveles. No solo abarcas el germen, no, no hijo, no, tú estableces, además, un isomorfismo con el resto de las cosas. No solo mezclas las churras con las merinas sino que has construido dentro de tu mente el arca de Noé. A mi juicio eres como un niño pequeño con los ojos vendados que con un palo —y a través del griterío de los demás niños— intenta romper la piñata. Ser feliz es una cosa. La influencia, el poder y el peso en la sociedad, otra. Otra, distinta también, es vender muchos libros. Otra cosa no menos distinta de las anteriores —y no menos distinta de todas entre sí— es la de entender la ficción. Y otra, escribirla. Si te quieres dedicar a escribir, vas a tener que mutar. Mutar como muta el mundo: en unos años las novelas dejarán de existir, en cierto modo ya están desapareciendo, pero estoy convencido de que la narrativa nunca morirá. ¿Quieres saber el lugar o el medio que la contendrá? Yo no lo sé; no descarto el papel del graffiti, el arte urbano, el guión de cine o alguien vociferando vete tú a saber dónde. Escucha a Bach. Piensa. Serénate.
Fascinante.
Llegué a tu artículo porque, hastiado en mi trabajo ingenieril, gugleé la frase «soy escritor y quiero romper todo». Tu texto, tu reflexión que de a ratos me provocó carcajadas de aceptación, es mayormente un estado de ánimo. Cuando veo en facebook la cantidad de escritores noveles (y no), desplegando sus flyers y fotos con presentaciones de sus libros recién editados, lo veo como una cristalería poliédrica: frágil y a punto de hacerse añicos bajo su peso expansivo. ¡Y yo no estoy ahí, ni siquiera reflejado! (y eso que publiqué libros, y fui famoso por 15 minutos algún vez que ya ni recuerdo) ¿Tanto trabajo en la red hay que hacer para subsistir? Y la escritura es un trabajo de soledad, prácticamente gratuito y, muy probablemente, condenado al silencio.
Pero hay algo que peca en tu brillante desesperación: sigue poniendo la importancia en la mera publicación (no importa el qué: el libro, tu imagen, la actividad o el vivir como escritor) y no en el hecho de la escritura como una de las tantas actividades irracionales a las que nos dedicamos hasta sumirnos en el silencio.
Henry James, en «La lección del maestro», decía que podía escribir para dos o tres personas (por supuesto, cuando vió las ventas de la edición de sus obras reunidas, suspiró entristecido). Pero qué placer cuando uno lee «The spoils of Poynton» y sueña escribir un libro que haga temblar tu espina dorsal como lo hizo como éste, y enterrarlo en la web para que siglos después tenga la oportunidad de encontrar ese lector que no lo cierre porque no trae fotos de su autor en las solapas.
Un poco largo Guillem, pero hay que seguir meditando cómo salvamos la literatura para las generaciones hedonistas que vienen en camino.-
Un abrazo desde Argentina,.
Sencillamente eres GENIAL y estas tan claro como el agua, aparte que me he reido a gusto. Que iimporta que no te reconozcan como escritor si bien sabes que el arte de saber escribir esta en ti aunque ante el mundo literio parezcas que no eres escritor. La mayoria de las veces, y mas, en esta era, las editoriales son un negocio personal que llaman, » literatura». Los tiempos han cambiado, y hoy para darte a conocer no necesitas una editora, aunque siguen activas gracias a los escritores.Los escritos tuyo o de cualquier escritor tienen su minuto de fama, que es ese entusiasmo que te invade, como te proyectes por esfuerzo propio y cuantos te hayan leido y por minimo, te hayan hecho comentarios, y como puedes leer, tu lo has tenido con este articulo. Recuerda que nadie te quita,lo bailado , y menos si lo que escribes lo haces con los pasos que genera esa pasion por escribir.
Pues menudo tocho has soltado para no ser escritor…
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