
La edición número 91 de los Premios de la Academia otorgaba el pasado 24 de febrero las estatuillas de mejor película, mejor guion original y mejor actor de reparto (Mahershala Ali) a Green Book, una película dirigida por Peter Farrelly que narra los dos meses y medio que unieron al pianista Don Shirley y su chófer-guardaespaldas Tony «Lip» Vallelonga en una gira en automóvil a través de los Estados Unidos más meridionales a principios de los años sesenta.
Los Óscar no han sido los únicos premios que ha cosechado la cinta, que todavía se encuentra en las carteleras y acumula casi tantas buenas críticas como polémicas en un año en que el pianista y compositor, interpretado por Mahershala Ali, hubiera cumplido noventa y dos años, concretamente este reciente 6 de abril. El guion está basado, además de en este viaje, en la amistad entre dos personajes con un background, unos intereses y unas motivaciones tan diferentes que cuesta creer que se extendiese más allá de aquel periplo. Según familiares y allegados (aunque, como veremos en un momento, la vida privada del músico se encuentra plagada de incógnitas y continúa siendo, pues eso, privada), ambos fraguan una relación que se mantendrá hasta su muerte, con pocos meses de diferencia, en 2013. Este viaje, que tuvo lugar durante los dos últimos meses y medio de 1962, estaba patrocinado por la compañía discográfica Cadence Records, donde Don Shirley publicó su música durante casi toda su carrera. Según se narra en la película el sello encarga al pianista la búsqueda de un chófer-guardaespaldas-asistente, un papel que recae en el matón italoamericano Tony «Lip» Vallelonga, interpretado por Viggo Mortensen, que conducirá al músico afroamericano en un Cadillac azul claro a través del profundo sur de Estados Unidos con un pequeño libro verde en la guantera.
A pesar de que la película cuenta con Nick Vallelonga, hijo del Tony de la vida real, como coguionista y coproductor, tras su estreno han ido apareciendo algunos miembros de la familia de Shirley («ilocalizables», según los guionistas, durante el proceso de creación) que rechazan tanto el relato como la imagen que este proyecta del músico, así como la relación entre ellos. Esto contrasta con que los guionistas hayan afirmado basar su texto en entrevistas realizadas tanto a Tony como a Don mientras todavía vivían. Específicamente, Vallelonga hijo afirma que respeta deseos explícitos de Shirley sobre qué mostrar en la película y sobre mantener a su familia al margen. Familiares del pianista, no obstante, insisten en el daño que provoca la unilateralidad de la historia, contada desde la perspectiva del chófer, que aparece, consideran, como un «salvador blanco» para el músico.
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Muy interesante el artículo de Marina. Tan solo una apreciación al texto «Llega a afirmar que uno de sus standards más conocidos, «Lullaby of Birdland», es una «fuga en contexto de jazz».» Leído da la sensación de que este célebre standard haya sido compuesrto por el propio Don Shirley, caundo su compositor es George Shearing. Lo correcto creo que sería «Llega a afirmar que una de sus más conocidas versiones del standard , «Lullaby of Birdland»…» Es curioso lo poco conocido que llegó a ser este pianista en una vía musical que hasta tuvo etiqueta: «Third Stream» síntesis del jazz y la música clásica, donde muchos otros triunfaron: Don Ellis, Eddie Sauter, Andre Hodeir, Lalo Schifrin, Teo Macero, Jacques Loussier, el Modern Jazz Quartet, Turtle Island Quartet, Mary Lou Williams y, por qué no, Nina Simone, quien también tuvo que truncar una prometedora carrera como pianista clásica por problemas raciales, en este caso para bien de la historia músical.