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Manuel de Lorenzo: Modelos desnutridos

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Hay cosas que me resultan especialmente difíciles de creer. Una de ellas es que nadie en todo el equipo de doblaje de El resplandor tuviese el valor de decirle a Carlos Saura o al propio Stanley Kubrick que aquello no tenía ni pies ni cabeza. Otra es que el aspecto de Jordi Hurtado sea exactamente el mismo si vemos el programa número 3 de Saber y ganar y si vemos el número 3000. Tampoco creo que un euro sean 166,386 pesetas, aunque me temo que esto, en realidad, no se lo cree nadie… Que Papá Noel sea capaz de repartir tantos regalos a lo largo y ancho del planeta en una sola noche es algo que me cuesta mucho creer, pero imagino que tendrá sus trucos y atajos —hasta ahora jamás me ha decepcionado—. No me creo que un nuevo detergente vaya a lavar aún más blanco. No me creo que Windows 8 no vaya a tener fallos. Hay muchas cosas que me resultan especialmente difíciles de creer, pero una destaca sobre todas las demás: el modelo atómico.

Tomando como referencia el modelo atómico de Bohr —el de Schrödinger no lo entiendo, así que es muy probable que no sea correcto—, expondré qué aspectos del mismo son una pura patraña:

A) El tamaño de un átomo es aproximadamente 100.000 veces mayor que el de su propio núcleo. En otras palabras: en el espacio existente entre los electrones que orbitan a su alrededor y los nucleones de su centro no hay nada. ¡Está vacío! Suele decirse que si considerásemos un átomo del tamaño de un estadio, su núcleo tendría el volumen de una cereza (así como de cualquier otra fruta de dimensiones semejantes, o incluso de un animal pequeñito). ¿Y entre ese núcleo y la —llamémosla así— carcasa del átomo no hay absolutamente nada? ¿Quién es el necio que puede tragarse tal embuste? Intentemos visualizar un átomo de hidrógeno. Su isótopo más común, el protio, está formado por un solitario protón alrededor del cual gira, tan lejos como las gradas de ese estadio, un miserable electrón. La lógica nos dice que tiene que haber algo entre ambos. Si el vacío ocupase la distancia entre el núcleo de los átomos y las nubes de electrones, ¿por qué no atravesamos el suelo? ¡La gravedad nos arrastraría a todos hasta el centro de la Tierra! El agua se filtraría a través de nuestras manos, las puertas serían el más ridículo de los inventos, ¡no serían necesarias las cesáreas, por el amor de Dios! Si esto fuese cierto, nuestro peso sería incalculablemente inferior al que las básculas confiesan. Todas las cosas flotarían cuales globos en manos de un viento caprichoso… Convendrán conmigo en que el modelo atómico es, a todas luces, la idea más disparatada de la historia.

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5 comentarios

  1. ¡Chochones y churruminos! he llorao de risa

  2. Brillante

  3. Este hombre no está bien…

  4. Nada bien.

  5. Alba Campos

    Simplemente genial.

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