
Yuri Olesha nació en Ucrania, cuando el siglo XIX terminaba. Veintitrés años después estaba en Moscú, a la vanguardia intelectual de la Revolución rusa. Era escritor. Y era bueno, pero no indispensable, a juicio de críticos e historiadores de la literatura. También era comunista. Como Gorki, este sí (se supone) indispensable. Una noche estaban reunidos en su casa. Les acompañaba Joseph Stalin. Olesha, al parecer, se refirió a los escritores, a los artistas, como «ingenieros del alma». A Stalin le gustó la expresión y la hizo propia. Es gráfica, es precisa, y al mismo tiempo ofrece un contraste entre lo tierno y lo sólido, lo impredecible y lo calculado, lo difuso y lo preciso, todo ello en construcción controlada. En un arranque, el dictador soviético llegó a decir que «la producción de almas es más importante que la producción de tanques». Corría 1932.
Unas pocas décadas después, Isaiah Berlin nos dijo que la noción de la perfección total, la solución última en la cual todo lo bueno convive, le parecía no solo inalcanzable (eso, pensaba, es obvio), sino también conceptualmente incoherente. Algunos bienes supuestamente universales, superiores, no pueden coexistir. Consideraba esto una verdad conceptual. «Estamos condenados a escoger, y cada elección significa una pérdida irreparable». Pero para escoger necesitamos conocer la variedad, ser conscientes de ella, estar sumergidos en ella y poder dirigirnos intelectualmente hacia donde consideremos. «Manipular a los hombres», enuncia Berlin en otro lugar, «impulsarles hacia objetivos que tú, el reformista social, ves, pero que ellos quizás no, es denegar su esencia humana, tratarlos como objetos sin voluntad, y, por tanto, degradarlos». Un ingeniero de almas diseña caminos por los que deberás transitar. Un cartógrafo de ideas deposita un mapa en tus manos y te anima a explorar el mundo a tu alrededor.
La historia del mundo está mucho más llena de ingenieros de almas que de cartógrafos de ideas. Las religiones monoteístas y su dominio casi absoluto se bastaban hasta el Renacimiento, o incluso hasta la Ilustración. El fascismo y el nacionalismo se unen al comunismo soviético como explicaciones unívocas de la realidad que excluyen cualquier visión alternativa. El respeto institucionalizado a la pluralidad es un invento bastante reciente, y tiene condiciones muy exigentes. La principal es asumir que, aunque existen los hechos, resulta imposible establecer un consenso político y social en torno a la verdad. Esta aparente paradoja se resuelve asumiendo la idea, que a nadie resultará ajena, de que todos actuamos movidos por cierto interés. Y que, por tanto, la idea de «pueblo» o de «bien común» no son sino ficciones construidas para embridar el pluralismo, acotando los mapas de la libertad conceptual.
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» Cómo se atreven los periodistas a relatar los hechos» El problema no es relatar los hechos, es el cómo. Supongo que el que recrimine a los periodistas por traidor de la patria no necesita demasiadas razones para votar, pero para defender al periodismo hoy en día hay que echarle bemoles y más cuando se trata de un personaje tan fácil de atizar como Trump.
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De hecho que haya tanto exaltado pro Trump(y vamos a decirlo, que Trump sea presidente) tiene la culpa la prensa por dedicarse a criticar hasta el nudo de la corbata. Si toda esa energía malgastada en intentar humillar a un tío que no tiene verguenza alguna y que pasa de todo lo que le digan, se hubiese utilizado en una editoral con un poco de ética(la objetividad hace bastante que la dí por perdida) quizás hoy Trump seguiría a sus hoteles, a su pressing catch…
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Pero claro, cómo se atreve la gente a tener una opinión diferente a lo que digan los medios.
Decir, primero, que Putin y »La oligarquía económica (que incluye a una parte de los dirigentes comunistas) la domina de tal modo que puede suprimir el pluralismo con una efectividad considerable» y decir, finalmente, que» Efectivamente, ya no estamos en 1932. Ni Trump ni nadie, ni siquiera Putin en su dominio autoritario, puede imponer a fuego el pensamiento único», es decir, exponer una tesis (y hechos) y su CONTRARIA en el MISMO articulo, solo puede significar una cosa: escribir por escribir, por ganarse las lentejas, con poca o nula idea sobre lo que habla este ingeniero/cartografo (lo que le paguen más, se supone..), Ingeniero que, por si acaso, por las lentejas, no considera a Trump una oligarquia.
«Estamos en 2019, así que basta con producir realidades a medida para el número necesario de almas.»