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Historia de la estupidez humana

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Tras la pista de la Pantera Rosa (1982). Imagen: United Artists / Cordon Press.

Entre los sabios de nuestro tiempo siempre ha existido la disputa sobre qué enseña más, si los campus de la universidad o la universidad de la vida. Es extraño que muy pocos, entre doctorados y hazañas de barrio, se hayan interesado por una tercera vía como fuente de conocimiento: la estupidez.

Bien es cierto que para aprender de la estupidez propia antes hay que ser inteligente para saber que se es tonto, aunque la inteligencia es un bien escaso y la estupidez abunda. Borges entendía directamente que el primer síntoma de la inteligencia es la estupidez, de modo que podría ser que la estupidez no fuese tan tonta. No se mareen, que se lo explico.

Parece un acertijo budista, pero el propio Buda eligió a Nanda, el único discípulo que no le entendía, para difundir su palabra entre los hombres, a los que veía en su misma línea. Seres provistos de esa cualidad mágica y misteriosa, la estupidez. Porque los animales o nuestros antecesores, como el Homo erectus, no eran necios, más bien todo lo contrario. Es solo el hombre actual, el sapiens, merced a la civilización y la sociedad, el que es capaz de alcanzar ese estado sublime: la gilipollez.

Sin embargo, esta ha sido poco estudiada. Lo que más abunda son colecciones de aforismos, citas de escritores célebres y ensayos drama-queen sobre lo estúpido que es todo lo que nos rodea. Vaya por delante que el primer gran tratado sobre lo memo, Elogio de la locura de Erasmo de Róterdam en 1511, está firmado como recurso literario por la propia estupidez. Ella es la autora de la primera gran obra sobre sí misma. Es una autobiografía. Y, como tal, está llena de elogios.

A ella le debemos todo, dice la estupidez de sí misma. Sin estupidez, ni siquiera hubiéramos nacido. Le debemos la vida al matrimonio de nuestros padres. El matrimonio, sin estupidez, no existiría, pensaba Erasmo. Sin «la adulación, el juego, la paciencia, el engaño y el disimulo», servidores de la estupidez, la unión de por vida sería imposible. Y los matrimonios se deben al enamoramiento, que es el estado más estúpido posible. «Cuanto más absoluto es el amor, mayor y más feliz es su delirio». Nacemos gracias a la estupidez y, tras la muerte, no quería Erasmo ni imaginar la existencia celestial si se supone que era el amor pleno.

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7 comentarios

  1. Seguir escuchando y leyendo el término «hombre» como un concepto que pretende abarcar mucho, y a la vez, tan limitado que resta importancia y credibilidad a lo que realmente pretende transmitirse. Dentro de estos límites la estupidez, sigue siendo un círculo vicioso.

    • Roxana, todos estos filósofos y pensadores del pasado que afirman la estupidez a la que el «hombre» puede llegar, al menos solo parecen referirse a los varones, y dejan fuera de esos niveles de estulticia a las mujeres, quizá por ignorancia o por considerar a la mujer incapaz de alcanzar los mismos niveles de estupidez que sus pares masculinos. En el fondo esa imagen restringida de la necedad asociada en todo caso al varón no las dejaria tan mal a ellas.

  2. Tras leer este magnífico artículo y, por si no me quedaba claro el concepto de estupidez, mi cerebro me lo demuestra repitiendo continuamente en mi subconsciente la palabra «Cipolla».

  3. Les he dicho todo esto
    pero pienso que pa’nada,
    porque a la gente azonzada
    no la curan con consejos:
    cuando muere el zonzo viejo
    queda la zonza preñada

  4. Les recomiendo «Porqué las las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas» de Robert Sternberg, escrito por reconocidos investigadores de las distintas áreas de la inteligencia humana que analizan ejemplos de gente que sabotea su propio éxito.

  5. Ataúlfo Llàdor

    Es difícil que Luis XIV tuviera una fístula con posterioridad al primer embarazo de María Antonieta si esta nació en 1755 y aquel murió en 1715.

  6. Daniel Chaves

    Y Bonhoffer?

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