
Cinco sílabas para que cualquiera levante las cejas. Una palabra pronunciada al inicio por unos pocos que ahora sale de muchos. En cualquier parte y a cualquier hora. Se expande, se hace propiedad de cada uno de nosotros. Da igual el quién y el dónde, capaz de cambiar la conversación y hacer de una sonrisa el preludio de la incertidumbre más absoluta. Porque la envolvemos de miedo y la vestimos de duda. Porque nos permite juzgar y hacer de la imaginación una herramienta que sabe de apocalipsis. Y nos atrae pensar en un final mayúsculo, rodeado de esos errores que usted y yo, expertos en opinar con red, sabíamos inevitables. Porque decir «ya lo dije» es un premio estupendo cuando son otros los que se han equivocado.
Cinco sílabas.
Ni más, ni menos.
Porque si dibujas con los labios un discreto orificio no hace falta mucho más para que lo que viene detrás se acompañe de unos segundos de silencio.
¿Estamos listos?
Repita conmigo.
Co-Ro-Na-Vi-Rus.
Se hace un punto y aparte para cinco sílabas que ahora son discurso para amantes de puntos suspensivos.
Porque hablamos de un virus que ya estaba ahí. En nosotros, claro, pero también en ellos. Un virus ARN que se sirve de espículas para hacer diana y fijarse en las células que le ofrezcan el mejor plan de pensiones. Habitante de animales varios que también tienen infecciones y leucocitos que caen buscando derrotar a un enemigo que presume de corona. Virus que se cambia el disfraz, optimiza su maquillaje, para pasar quizá de un murciélago al ser humano. Allí, en Wuhan, tan lejos, en un mercado. En esa ciudad de más de once millones de habitantes que usted todavía hoy no sabe poner en un mapa sin mirar Google. Allí esos animales con sus virus de maleta preparada para el embarque. Vertebrados, alimañas varias, que se ofrecían como un producto fresco y distinto para todo el que tuviera ganas de comprarlos. Tratados por manos expertas abriendo su carne, quitando su piel para ser derramados. Mezclándose animal y hombre, sangre y vísceras. Humanos haciendo lotería biológica sin saber siquiera que estaban jugando. Y el animal muerto o atrapado. Y el virus dueño de una mutación que hace de pasaporte y le permite abandonar el lugar que le vio crecer para llegar a otro donde todo es de estreno.
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Estas pandemias que sin duda se repetirán, junto al calentamiento y expolio del planeta, las tormentas solares y sus previsiones, y hasta un eventual meteorito que se ciernen sobre toda la humanidad, no alcanzan para hacer reflexionar a los potentes de turno. Continúan a invertir billones en el desarrollo de nuevas armas. Muy buena divulgación y excelente lectura. Gracias.
El coronavirus es el arma. Si se pudiese extender por países como Arabia Saudí o Irán o Iraq causaría un daño enorme. Y no soy el primero que sugiere esa posibilidad.
Esta habiendo demasiada histeria con esta enfermedad. Comparando con la epidemia de gripe de 1918 que seria el caso extremo y donde se infectó más del 30% de la pobalcion mundial y con una tasa de mortalidad de más de un 10% llegando a mas de 50 millones de muertos, está claro que tanto la tasa de mortalidad, como la de infeccion hasta ahora, son mucho menores y que probablemente pueda llegar como mucho a los valores de infectados y muertos de campañas anteriores de gripe, y eso suponiendo que las medidas de control no funcionasen.
La psicosis invade por completo a nuestra sociedad y en algún caso la dejadez. No hay termino medio para abordar esta crisis que parece haberse ido de las manos. Lo único que tengo claro es que no estamos preparados para este tipo de escenarios.
No hay psicosis ni alarmismo. La situación será peor que la predicha por los llamados «alarmistas». Es lo que pasa cuando los políticos de todos los partidos discuten memeces mientras los asuntos importantes ni se tratan.