Ciencias

Las estructuras de Manterola

Manterola
Puente de la Constitución de 1812, Cádiz, 2015. Fotografía: Gogo Lobato / Getty.

Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes.  (Isaac Newton, físico)

Seguimos con la eterna lucha y el tema de esta trimestral nos ha dejado el balón franco en boca de gol sobre un cojín de terciopelo. Recordemos una vez más: si montamos una encuesta improvisada y preguntamos a los transeúntes por el nombre de un autor de puentes, en el mejor de los casos nos rociarán con espray de pimienta en los ojos y se marcharán corriendo o responderán, agarrando la cartera con las dos manos por si las moscas, el nombre de un arquitecto. Si los apellidos Roebling, Virlogeux, Freyssinet o Maillart son refractarios al conocimiento popular, qué decir entonces de Fernández Casado, Martínez Calzón, Fernández Ordoñez o Fernández Troyano, grandes profesionales de nuestro país y casi desconocidos (nota: no son árbitros de fútbol). Así que, asumiendo y despreciando el riesgo de encasillamiento, vamos a hablar sobre Javier Manterola (Pamplona, 1936), nuestro mejor especialista en puentes de todos los tiempos, y esto, hablando del país que ha dado al mundo a Eduardo Torroja o Juan José Arenas, es una cosa tremenda. Es tal su legado que es muy complicado que el lector no ya desconozca, sino que no haya transitado en persona por un puente, viaducto o incluso un edificio en el que Manterola haya estado involucrado: pasarelas, nudos viarios, estructuras importantes en las principales autovías del país, viaductos en la red de alta velocidad, puentes urbanos o incluso edificios emblemáticos. El apellido de este proyectista de puentes, catedrático de la misma especialidad y académico de Bellas Artes, los puede llevar por error a tararear la canción Que el ritmo no pare, pero puede que también les suene porque fue trending topic apenas unos minutos hace un lustro gracias a la mediática inauguración de su penúltimo gran puente: el de la Constitución de 1812 de Cádiz. Pero no empecemos por el final. 

Número seis de la promoción de 1962, comenzó a trabajar como ingeniero de caminos antes de finalizar la carrera, pero, en lugar de desarrollar lofts ilegales con afán de especulación inmobiliaria, tan en boga en los medios, su primer trabajo fue el cálculo del que es, para muchos críticos, el rascacielos residencial más bello de nuestro país: Torres Blancas, del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza. Unas complejas formas con voladizos de planta circular apoyados en pantallas en lugar de los clásicos pilares, y todo ello calculado a mano: así se forja el carácter a los veintitrés años. No ha sido la única edificación en altura en la que ha colaborado, ya que también participó en el cálculo tanto del Banco de Bilbao de Madrid (1976), también de Oiza, y en las Torres Colón (Madrid, 1973), en este caso del arquitecto Antonio Lamela.

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7 comentarios

  1. Excelente artículo, uno de cuyos méritos es no mencionar siquiera al nefasto Calatrava (valga el comentario paradójico, pues lo menciono para decir que no hay que mencionarlo).

  2. Javier Manterola es el orgullo de cualquier ingeniero de puentes de este país, y debería serlo también de cualquier español.
    Necesitamos personas con su arrojo, dedicación, y forma de ser.
    Su capacidad técnica traspasa límites que en su humildad nunca aceptará.
    Gracias por tu obra, maestro.

  3. ¡Qué bellezas de construcciones, señor! Admirable artículo, no obstante la fatiga de tener que recurrir al diccionario cada vez que los leo para rememorar el significado de esos términos técnicos.
    P.D: Una coincidencia, Carlo. Hace algunas horas terminé de leer un libro que hablaba de ese mecanismo retórico que vos denominás “comentario paradójico”. Tenía un nombre en latino que ahora se me escapa, pero era algo así como “metalisse” o similar. Cicerone lo usaba indiscriminadamente y con perfidia, especialmente contra sus enemigos políticos. Con respecto a Calatrava, yo no tendría que decir que sobre su tenso y engreído puente de Venezia, para cruzarlo, uno tiene que andar con pies de plomo para no resbalar sobre el piso de vidrio, o que solo por motivos de esnobismo haya cambiado las naturales y tradicionales medidas de los escalones, en anchura y altura que nos obliga a reprogramarnos mentalmente antes de acometerlo. Es una desagradable aventura transitarlo, recurrente cada vez que leo algo sobre puentes

  4. Jorge Aparicio García

    Muchas gracias por el artículo. Muy bien escrito, como todos los suyos. Espero pronto el de Julio Martínez Calzón y el de Leonardo Fernández Troyano. Con Juan José Arenas y José Antonio Llombart (el gran desconocido de entre los grandes diseñadores de puentes) son un ejemplo de honestidad, capacidad intelectual y motivo de sano orgullo colectivo.

    Son, los cinco, generadores de nuevas sintaxis constructivas y dignos sucesores de Torroja y Fernández Casado. Hay veces que pienso que, los que vamos cronológicamente después, hemos involucionado. Pero recuerdo la reciente ampliación del puente atirantado de Rande y cambio de opinión.

    Sabe, por otro de mis comentarios, que no participo de la propaganda, no precisamente bien intencionada, y en mi opinión ignorante, sobre Santiago Calatrava, a quien deberíamos restituir, en honor a la verdad de los hechos y a pesar de sus errores. Cuento con usted, que está realizando una labor impagable de promoción cultural de nuestra ingeniería y nuestra arquitectura.

    Hay que felicitar al maestro Manterola y a todos y cada uno de los integrantes de sus equipos. Agradecido. Sólo sus artículos justifican mi suscripción.

    Saludos cordiales

  5. En la Historia de Los Puentes de España de los últimos 200 años hay muchos Ingenieros Magistrales: MANTEROLA es uno de los indiscutibles, con muchos más. Pero la influencia de las formas de Los Puentes de Calatrava (Santiago CALATRAVA VALLS), en los últimos 40 años en algunos «imitadores» no es un aspecto menor.

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