Política y Economía

La lógica del lado oscuro

lógica lado oscuro
Horace Greasley al paso de Himmler – c. 1940. (DP). lógica

Una delegación de obreros de una fábrica de tractores de los Urales visita el Kremlin. Iósif Stalin los recibe en su despacho, y les anima a superar los objetivos del plan quinquenal. Los obreros se retiran contentos de haber hablado con el líder de la Unión Soviética. 

Una vez se han ido, Stalin tiene ganas de fumar un poco, pero no encuentra su pipa. Inmediatamente coge el teléfono y llama a Lavrentiy Beria, el jefe del NKVD, la policía secreta.

—Camarada Laverntiy, la delegación de obreros de la fábrica de tractores de los Urales han estado en mi despacho y se han llevado mi pipa.

—Me ocupo de esto inmediatamente, camarada secretario general. 

Stalin cuelga el teléfono, y se dedica a revisar documentos y leer informes. Decide enviar algo de vuelta a un ministerio, así que abre un cajón para buscar una sólida grapadora soviética. Para su sorpresa, su pipa está ahí, en el cajón. Nadie la había tocado. Llama de nuevo a Beria:

—Camarada Laverntiy, no te preocupes por la delegación obreros de la fábrica de tractores de los Urales. Ya he encontrado mi pipa.

—Qué lástima —contesta Beria— Tras interrogarles un rato, todos ellos confesaron haber robado la pipa y ser enemigos de la revolución hace apenas diez minutos. 

Este viejo chiste de humor soviético (probablemente) no parte de una anécdota real, pero su mensaje implícito es más que conocido: en un régimen totalitario el Estado a menudo ejerce sus poderes represivos de forma indiscriminada. Entre 1937 y 1938 el NKVD detuvo a 1 548 366 personas, ejecutando a 681 692 de ellas. Muchos expertos han indicado que probablemente estos datos son incompletos, al no incluir a todos los «afortunados» que fueron deportados a Siberia y cambios posteriores en los archivos del KGB. 

Es fácil caer en la tentación de pensar que esta clase de violencia política a gran escala es fruto de la irracionalidad de los dirigentes que la llevan a cabo. Los dictadores, corrompidos por el poder absoluto, se lanzan a ejecutar traidores reales o imaginarios simplemente porque creen que pueden hacerlo. Ciertamente, ha habido dictadores muy chiflados con ideologías alegremente homicidas y otros que eran simplemente unos sádicos. Stalin probablemente combinaba ambas cosas. Eso no quiere decir, sin embargo, que las matanzas, detenciones, deportaciones, torturas y demás barbaridades se hagan de forma completamente aleatoria. La represión, si se hace «bien», tiene una sólida lógica interna. 

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Un comentario

  1. José Antonio

    Muy buen artículo, como siempre señor Senserrich. Recientemente he leído un libro que profundiza en estos temas, en las relaciones que debe mantener el dictador con las clases que lo mantienen en el poder, llamado «El manual del dictador: Por qué la mala conducta es casi siempre buena política», muy buena lectura de verano, aunque acabas desazonado viendo que esas dictaduras dificilmente desaparecerán, y que los culpables en gran medida somos nosotros mismos.

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