Si un restaurante se encuentra en medio del campo, entre palmeras, con espacios ajardinados, con detalles de jardín botánico, con flores, plantas y pequeños riachuelos, nos está preparando los sentidos para la degustación gastronómica. Si el edificio está íntimamente iluminado, jugando a mezclar las luces, revestidas sus paredes de piedras y estucados, con diferentes ambientes y salones, nos está preparando para la experiencia interior y social del arte del comer. Igual que un VIP en una obra de teatro, se me permite entrar por el backstage de La Finca, en Elche (Alicante), de la mano de Irene García, sommelier e hija de Susi Díaz, a quien he venido a entrevistar; una de las pocas mujeres con una estrella Michelin. Desde un ricón de una moderna cocina iluminada con luz natural contemplo a una sutil directora de orquesta, vestida de blanco en vez de negro, lápiz en lugar de una batuta, con sus cocineros y pinches siguiendo sus indicaciones para una coreografía de sabores. Pero pronto descubro que antes es compositora, creadora, primera violinista, cuando se coloca bajo las lámparas y sobre el acero bruñido de su mesa de trabajo, ella misma pasa a tocar las partículas elementales, a hacer alquimia de olores, química de aromas. Y así, con sus propias manos, va en busca de la belleza en el plato y en la boca proponiendo la sorpresa, el placer y la experiencia vital.
El tópico dice que en casa las mujeres cocinan y los hombres lo disfrutan, mientras que en el mundo de la restauración y hostelería sois muy pocas las mujeres que brilláis en el mundo de la gastronomía.
Siempre ha sido así, pero el futuro va a ser otro, se ve venir. Las escuelas de cocina están llenas de mujeres, recibo más currículums de mujeres que de hombres. El mundo de la mujer en la cocina está en auge. Y, en casa, el hombre está cogiendo afición, se está convirtiendo en cocinillas. No sé por qué, pero está cambiando el concepto. El amo de casa está cocinando cada vez más mientras que la mujer entra en el mundo profesional. Antes la cocina era muy dura: se hacían ollas muy grandes que una mujer no podía mover, estaba en el culo del mundo, no estaban muy limpias ni preparadas… no era un mundo en el que la mujer se sintiera cómoda. Ahora ya no se hacen aquellas grandes marmitas, la cocina está limpia, clara y alegre… la mujer ha encontrado su hueco. Yo tampoco me veo en las cocinas de hace cuarenta años. Además, hoy en día, la responsabilidad del hogar y los niños casi está al 50%, y la cocina son muchas horas. Por eso, optaba por buscar trabajos que le permitieran estar más horas en casa. Pero, como ya digo, a corto plazo van a salir grandes cocineras y va a ser un mundo muy reñido entre ambos sexos.
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