
No sé si lo saben, pero bajo determinadas condiciones, la luz se comporta como el agua de lluvia.
La luz se desliza y se multiplica en reflejos y contrarreflejos dorados y púrpuras, en destellos imposibles cuando acaricia la superficie curva y metálica de la fachada. Acompaña a las gotas de agua cuando estas se paran en las juntas de cada pieza brillante. Parece quedarse quieta, inmóvil al sol de la mañana. Y cuando se asoma tímida entre las nubes perennes de la ciudad, la luz resbala en lágrimas hechas de fotones por los planos plegados de la cara lisa y centelleante de un edificio que ha puesto en el mapa del mundo a una ciudad que, hasta ese momento, era oscura y gris.
Hay que ver lo bonito que es el Guggenheim de Bilbao, ¿verdad? Desde luego, es un edificio como no hay otro en el mundo.
1. Hay varios edificios iguales en el mundo
Lo que pasa es que sí que los hay. De hecho, la descripción que han leído en el primer párrafo podría ser la del Museo Guggenheim de Bilbao, pero también podría ser la del Museo de Arte Weisman en Minneapolis, el Walt Disney Concert Hall en Los Ángeles, el edificio Peter B. Lewis en Cleveland, o casi cualquier otro edificio proyectado por Frank O. Gehry desde 1990. Y es que el arquitecto nacido en Toronto ya había realizado obras muy parecidas antes del Guggenheim y las sigue haciendo después.
A menudo se suele decir que el Guggenheim es una construcción que entiende perfectamente el espíritu de Bilbao, que las superficies alabeadas de titanio reflejan, literal y metafóricamente, el significado de una ciudad turbulenta, una urbe industrial que vivía de cara y, simultáneamente, de espaldas a la ría que la cruza. Y que toda esa turbulencia fabril desapareció de Bilbao para concentrarse en el brillante y curvilíneo edificio de Gehry. En definitiva, que el Guggenheim es una obra única, que nace de Bilbao y que está atada y cosida a la ciudad de manera íntima e inseparable.
Sin embargo, lo cierto es que el proyecto de Gehry no tiene nada de único y mucho menos de íntimo e inseparable de Bilbao. Como acabamos de ver, la producción del arquitecto norteamericano es enormemente similar desde hace más de dos décadas; formas retorcidas, espacios ondulantes y volúmenes alabeados recubiertos de materiales metálicos y brillantes. A él le da igual que sea titanio como en Bilbao, que sea acero inoxidable, aluminio, chapa cromada o cualquier otro elemento que haga que la fachada, ejem, reluzca. Esta elección de los materiales no es una mala decisión per se, más allá de los prejuicios o el paladar estético que tengamos ante la contemplación de un edificio. De hecho, ni siquiera la adscripción a un determinado estilo, y más cuando es un estilo propio, es un hecho censurable. De igual manera que hay grandes arquitectos como Rafael Moneo o Jørn Utzon que han hecho de la multiplicidad formal y estilística y de la adaptabilidad al lugar uno de los motivos definidores de su carrera, también ha habido maestros cuyos edificios son perfectamente identificables dondequiera que se hubiesen levantado. Piensen en Alvar Aalto, que construyó espacios en abanico en Helsinki, en Jyväskylä o en Rovaniemi, y le daba igual que fuesen auditorios, museos o bibliotecas; o en las fachadas blancas y los volúmenes delicadamente intersecados que plantea Álvaro Siza en cafeterías, iglesias, oficinas o universidades, estén en Oporto, en Alicante o en Santiago de Compostela.
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No entiendo bien. Gaudí también hacia edificios y casas, unos asin, otros asá… tenia un estilo marcado, y ajolá tuviesemos uno de esos o muchos en Sevilla, pero no.
Eso de si no es único no mola, me parece una solemne majaderia de escaso recorrido intelectual.
Comparto la visión del autor del artículo sobre la obra de Gehry.
Siguiendo el ejemplo que ha citado, Gaudí tenía un estilo particular en el que es fácil identificar ciertos elementos similares en sus obras. Otra cosa es, tal y como dice el autor de este artículo, que las obras sean prácticamente iguales entre sí y que compartan materiales constructivos, diseño… independientemente de la ciudad en la que se ubican (las obras de Gaudí en la provincia de León, por poner un ejemplo, no tienen nada que ver con las de Cataluña aunque compartan algún elemento identificativo del estilo del arquitecto).
Soy Bilbaina y siempre se ha comentado que el arquitecto se inspiró en la ciudad parala elección de los materiales y para su diseño, cuando tanto los unos como los otros, son una constante en su obra.
El artículo da en el clavo cuando enmarca el efecto del museo en un cambio general bastante amplio de la ciudad sin el cual no se entiende el éxito del Guggenheim. Sin embargo, no queda claro (sobre todo porque no lo explica) por qué considera al museo un mal edificio arquitectónicamente hablando.
No soy ningún experto pero aparte de la belleza o el impacto exteriores me parece que exteriormente se integra bien en el lugar, conecta bien con el Puente de la Salve, salva con solvencia la ladera hacia la ciudad dejando pasar carretera y tranvía por debajo, tiene buenos accesos, etc. Interiormente mezcla espacios enormes con salas más acogedoras, un vestíbulo espacioso inundado de luz, pasillos elevados por los que impacta recorrer el edificio, un estupendo espacio de servicios (tienda, cafetería, el restaurante anexo).
Tampoco se entiende bien calificar de mera cáscara a un museo que además de ser bonito por dentro también alberga exposiciones tremendamente atractivas de forma recurrente. En mayo pasado he podido ver el mismo día una excelente de Kandinski y otra multidisciplinar magnífica sobre los años 20 (aún en exposición), aparte de los fondos propios del museo. Quizás si uno vive en Madrid a 3 pasos de Thyssen y Reina Sofía no valora lo que significa tener un museo así en Bilbao para la ciudad e incluso para el norte de España en general
Desde hace algún tiempo se viene criticando, en el mundo de la arquitectura, a lo denominado «arquitectura espectáculo», de la cual el Sr. Gehry es uno de los mejores ejemplos.
Sin entrar en consideraciones estilísticas o estéticas, son edificios que supeditan su diseño a su función y no son sostenibles y su mantenimiento resulta muy costoso por sus grandes dimensiones.
Entiendo que, a lo que se refiere el autor del artículo cuando habla de «mera cáscara», es que en cualquier otro espacio expositivo, puede exhibirse lo mismo y que la fama del museo, no es por su contenido, lo es por su continente. ¿Cuántas de las personas que se acercan a visitarlo acaban entrando?
El interés que suscita no es debido a lo expuesto y creo que esto resulta todo un fracaso para un museo.
En un comentario posterior dan el dato: es el tercer museo más visitado de España por detrás del Reina Sofía y El Prado. 1.170.000 personas en 2019. Siendo Bilbao una ciudad de tamaño medio, parece lógico pensar que buena parte de esta cifra serán visitantes.
La crítica a la arquitectura espectáculo tendrá que depender, en mi opinión, de si es un buen o mal espectáculo, si ese edificio singular que ofreces tiene un sentido, funciona, devuelve la inversión, vende la ciudad o el edificio en sí, etc. Creo que en todos esos parámetros está bastante claro el resultado.
En cuanto al espacio expositivo, que en cualquier otro espacio puede exhibirse lo mismo, es una crítica que sirve un poco para cualquier museo o edificio representativo. Si vamos al extremo, se puede dar misa en un espacio muy sencillo y barato de construir y mantener pero las ciudades construían una catedral gótica, porque el objetivo no era solo dar misa, no?
Y otra cosa: en este mismo artículo se menciona al Museo Guggenheim de Nueva York como ejemplo de buen edificio etc. La fama de este, ¿no es principalmente por el edificio? ¿Cuántas personas conocen la silueta del edificio de Lloyd Wright pero no sabrían nombrar ni una sola obra de su magnífica colección?
Intuyo cierta intención provocadora por parte del autor. En esa pretensión el texto creo que nos presenta verdades a medias y alguna omisión notable.
Con ocasión de una estancia temporal en Bilbao tuve ocasión de presenciar la inauguración del museo. Recuerdo como algunas calles trasladaban su reflejo metálico a muchos rincones de la ciudad. Me acuerdo particularmente de mi camino diario por la Gran vía y la imagen de la calle Iparraguirre con el museo al fondo. Años más tarde volví a Bilbao y disfruté de nuevo del Guggenheim y de la calidad de sus exposiciones. Así que no es el edifició y nada más. Es la obra de Gehry en su entorno que no es el mismo que el de Toronto o el de Bollullos Par del Condado y en una ubicación concreta de la cual el autor no nos ha sugerido nada en cuanto si situación en la ciudad de Canadá o el pueblo de Huelva.
No solo es un caparazón. Se trata del museo más visitado de España después del Reina Sofía y el Prado. El edificio vino con el convenio firmado con la fundación Guggenheim para aportarle un contenido. Y las veces que lo he visitado me ha dado también imágenes imborrables de su interior. Este pequeño detalle es el que diferencia a este edificio de la Cidade da Cultura de Santiago, levantado casi a espaldas de los santiagueses y de los turistas que apenas encuentran motivos para visitarlo
Y luego es la rentabilidad de la inversión pública, medida en visitantes, en tiempo medio de estancia y en gasto. Y su retorno en forma de mayor recaudación.
Vale que las obras de Gehry se parecen entre sí y que el Guggenheim Bilbao no fue la primera ni es la más icónica pero sí que sirve para retratar a una ciudad y ofrecer una imagen a sus visitantes. Estoy seguro que hay un antes y un después en número de turistas desde la apertura del museo. De ello nada nos cuenta el autor.
Definitivamente creo que no entiendo ESA arquitectura moderna…a Gaudì lo entiendo, me interesa, le encuentro algo…pero esos edificios tipo Guggenheim de Bilbao de qué van? Siempre me ha parecido lo que queda en el piso después que un Transformer ha tenido diarrea (tal vez Optimus Prime)…
El efecto Guggenheim ha sido que todo quisque quiere un museo con un edficio singular, que luego generalmente suele estar vacío. Aquí tenemos el Niemeyer……
El mito del efecto Guggenheim, no es tal mito, es una realidad. Esta denominación responde a la simplificación en la forma de hablar, del proceso de transformación de una parte de la ciudad, pasando de enclave de restos industriales obsoletos a nuevo lugar atractivo en la ciudad. Comprende la modificación de la movilidad, la eliminación de barreras funcionales, la recuperación paisajística, la transformación de usos y la implantación de elementos de referencia, edificios, puentes y urbanización general.
La idea de que la obra de una sola persona, del autor, cambia la realidad y transforma nuestro entorno, solo tiene sentido en las actividades individuales, la literatura, la pintura, la escultura. Carece de sentido hoy en materias más complejas, como la música, la danza o la arquitectura. Y en asuntos aún más complejos como la economía, el urbanismo o el medio ambiente, está fuera de lugar, porque el resultado exige de la participación y aportación inteligente de gran número de personas y organizaciones con la firme voluntad de lograrlo, por lo tanto, de numerosas participaciones, colaboraciones y aportaciones para que tenga éxito.
Son procesos, sin autor, procesos colectivos con muchos impulsores y creadores.
Por eso se denomina efecto Guggenheim y no efecto Gehry.
Es de agradecer la concentración de inteligencia y de planificación que ha tenido Bilbao durante mucho tiempo, para poder lograr esta transformación, y es de agradecer la constancia y la voluntad de sumar de tantas personas durante al menos 16 años, con un objetivo semejante. Es un excelente ejemplo de inteligencia, voluntad, constancia y generosidad encaminada a una transformación que disfrutan tantas personas, y que se conserva adecuadamente, porque se mantiene hoy ese objetivo de mejora.
Un edificio no hace urbanismo, un autor no hace ciudad, una persona no transforma nuestro entorno y el museo está bien no por tener un contenedor único, sino porque en esta gran obra de transformación de la ciudad cada parte ha hecho y está haciendo bien su trabajo y con inteligencia. Debemos felicitarnos de la participación de muchos autores anónimos que han hecho posible esta transformación urbana de Bilbao. Los que lo planificaron sucesivamente, los que lo dotaron de viabilidad y medios, los que ordenaron quienes serían los diseñadores de cada elemento, los que lo construyeron con pericia, los que lo mantienen con calidad día a día, y los que lo dotan de contenidos de calidad.
En todo caso, estos comentarios son la evidencia de que la transformación interesa, y unos opinan sobre puppy, otros sobre los fosteritos, otros sobre Gehry, por tanto no tiene nada que ver con la cita de Venturi sobre la hiperrealidad, esto es una realidad y, podemos disfrutarla, opinar al respecto, e incluso, estar agradecidos a todos los autores anónimos que lo lograron y que lo mantienen.
El artículo es una crítica a la arquitectura espectáculo pero precisamente utiliza al edificio espectáculo cuyo efecto/ resultado ha sido más brillante, sugerente, icónico, exitoso, emblemático, acertado, apropiado, rentable, fascinante, etc, etc.